Asfalto – Asfalto (1978)

Asfalto AsfaltoMenuda joya de grupo y de debut. Nuestro rock es tan inmenso (y yo estoy tan loco) que después de más de 120 críticas de discos remember, todavía no había pasado por este viaje en el tiempo de los viernes ningún trabajo de esta banda fundamental para la historia del rock en España. Julio Castejón (guitarra y voz), Enrique Cajide (batería), Lele Laina (guitarra y voz) y José Luis Jiménez (bajo y voz) formaban en los inicios el grupo que comenzó versionando a The Beatles, pero que poco a poco fue cogiendo un repertorio propio que, tras ser rodado en directo, conformó su debut epónimo. Fue el primer disco que se grabó en Chapa, el sello derivado de Zafiro, que comandaba Vicente Romero ‘Mariscal’, y que supuso una apertura para mucho buenos grupos que no encontraban apoyo en el panorama desolador de la época. Por allí pasarían Leño, Ñu, Cucharada, Moris, Burning, Barón Rojo, Kaka de Luxe, Bloque y también Topo (los que no lo han hecho, ya pasarán por aquí), la banda que fundarían Laina y Jiménez tras salir de Asfalto poco después de que este disco viera la luz, aún transmite magia cuando se le da al play.

El álbum contiene cortes que son leyenda viva del cancionero del rock en castellano: ‘Capitán Trueno’, ‘Ser Urbano’, ‘Días De Escuela’, ‘Rocinante’… En sus poco más de cuarenta minutos Asfalto es todo y nada. Se mete en terrenos progresivos, en el rock duro (y eso que la producción de guitarras es francamente penosa, al igual que le pasara al Perro Viejo de los innombrables Panzer), aires de folk, canción protesta, naturismo de corte hippy… Composición en libertad en una banda que sin los nombres citados redefinirían su concepción musical, pero que transmite una sensación de pureza animal bastante incorruptible.

El disco se abre con ‘Ya Está Bien’. Un tema que tras la introducción espacial deriva en un rocanrol muy rápido y bien marcado. De ascendencia clásica en su base, pero peleón nacional en su espíritu. El solo de la segunda parte del tema, aunque a un volumen demasiado bajo, al igual que la afectación vocal, dan pistas de cómo eran los directos del grupo. Hasta hay espacio para que el bajo se luzca. ‘Capitán Trueno’, con esa flauta que les acerca a Jethro Tull o a la juglaresca castellana, es un canto de, impensable en nuestros días, jovialidad, romántica e infantil: “ven Capitán Trueno, haz que gane el bueno”. Más desencantada, ‘Ser Urbano’ (cara B del single) es el ejemplo claro del rock urbano que comenzaba a gestarse en los barrios industriales de las grandes ciudades, si bien hay un cierto lirismo que no manejarían otros. Aunque se queda a medio camino por la producción, se intuye un puente musical potente, con unos intentos de chasquidos. También resaltan las guitarras dobladas tras es el estribillo. Un tema majestuoso en cualquier caso.

Pero sin duda la joya de la corona es ‘Días de Escuela’, seis minutos de infancia colegial sumida en los niños nacidos bajo la dictadura. La narración es tan perfecta y detallista que acaba transmitiendo a la perfección el estigma de una generación. El remate de la canción con “es a ti a quien canto hoy, enseña a tu hijo a amar la libertad” hiela las venas en su efectividad. ‘Todos Los Días’ es el más corto de la lista, dos minutos de puro costumbrismo urbano. Otra canción desencantada cuyo sonido recuerda vagamente a las mezclas de bajo de la primera época de Extremoduro. Ante tanta rutina en la masa uniforme de la gran ciudad ‘Quiero Irme / La Huida’ representan una escapada musical a través de un largo desarrollo de diez minutos. Todos tienen espacio para lucir, pero destaca especialmente el trabajo en la batería, en unos tiempos donde los discos en estudio daban pie a ello, si no recuerden el debut de Triana tres años antes.

El último tercio del álbum se abre con la sobresaliente ‘Rocinante’. La canción fusiona ese corte infantil que rezuma en otros cortes (‘Capitán Trueno’, ‘Días De Escuela’) con el mundo de la urbe. Es el choque de dos mundos que la banda entiende como contrapuestos: “Has de saber que yo soy Rocinante, vivo alejado, el coche me desplazó”. En ‘La Isla del Amor’ encontramos ese punto hippy que comentaba al inicio. Un viaje psicotrópico que queda claro en el texto: “Tras meses de navegar en un mar de limonada llegamos aquí. Una isla de caramelo con montañas de turrón, ríos de leche, cataratas de licor, bosques de fresas (…)Suena una guitarra dulce, hay un aroma muy sutil, todos hacen el amor libremente”. Haz el amor y no la guerra, está claro. Para cerrar el trayecto, ‘El Emigrante’ vuelve a llevarnos en la constante dualidad (Infancia-Ciudad; Amor libre-Rutina urbanita) al lado del desencanto. La canción acústica, con arreglos de chelo. Un canto crudo del mundo en el exilio. ”Envejeció con la esperanza de ver de nuevo su sol, sus caminos, sus cañadas. Sin libertad no podía soñar quería que su tierra fuera su hogar”, por si el mensaje no había quedado claro ya.

Asfalto, que aún vive en nuestros días con el empeño incorruptible de Julio Castejón, continuó su senda con momentos de grandeza y otros altibajos notables, pero siempre con un romanticismo utópico e ingenuo que nadie ha sido capaz de alterar.

 

En Spotify.

Tracklist:

  1. Ya Está Bien
  2. Capitán Trueno
  3. Ser Urbano
  4. Días De Escuela
  5. Todos Los Días
  6. Quiero Irme / La Huída
  7. Rocinante
  8. La Isla del Amor
  9. El Emigrante

 

 

 

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Publicado el noviembre 6, 2015 en Críticas Remember y etiquetado en , , , , . Guarda el enlace permanente. 1 comentario.

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