Viña Rock 2019. Sábado, 4 de mayo

Con los datos ofrecidos por la organización en la tradicional rueda de prensa de la última jornada, Viña Rock, en su vigesimocuarta ocasión en este 2019, cerraba con la gran fiesta final una edición en la que se han cifrado en 240.000 los asistentes. (Hay que se suman las cifras individuales de los cuatro días, por lo que si tú fuiste a la fiesta de bienvenida y a las tres jornadas, cuentas como cuatro en esa cifra global). Tengo la impresión de que lo que se anunció en septiembre como ‘la mejor edición de la historia’ se fue desinflando con el paso de los meses hasta culminar en una gran edición, pero lejos de aquellos ‘sold out’ de hace un par de años. También es cierto que igual la organización cayó en la cuenta de que el próximo año serán las bodas de plata y que había que guardar naves para entonces. Ahí sí, esperamos que echen el resto y no haya duda alguna sobre sí hubo mejor edición. Creo que la ocasión lo merece y hay por ahí (dentro de nuestro Rock, el punk y el heavy) muchos nombres que así lo harían. Veremos. Contando que la ubicuidad es imposible y los descansos necesarios, el plan para el tercer día fue, por orden de intervención, Las Sexpeares, Bocanada, La Fuga, Saurom, Segismundo Toxicómano, Stravaganzza, Soziedad Alkohólika, Ska-P y Los De Marras. Las fotos, un año más, son de Marina Ginés para RockSesión. (Se pueden usar libremente citando al medio y a la autora).

Tal y como tuiteé ‘en vivo’, le tengo un cariño especial a Las Sexpeares porque, no es que fuera uno de los primeros encargos que hice para la revista Rock Estatal, pero sí que me cayó en gracia la crítica y entrevista que les realicé con motivo de su EP ‘Qué Asco de Gente’, publicado en 2010. En estos años fui siguiendo su trayectoria hasta que resultaron ser las ganadoras del concurso de bandas del Juergas el pasado año. Así que tuve claro, al ver que coincidían con ‘PakoEskorbuto’, que las prefería a ellas para abrir la sesión de sábado. Y me gustaron todavía más que en el festival de Adra. Quizá tenga que ver que han limpiado de manera definitiva el inglés de su repertorio, aunque supongo que también influye mucho la confianza. Las Sexpeares empezaron como un grupo eminentemente grunge y poco a poco se lanza al punk melódico, incluso a un rock de tinte oscuro. Es una mezcla indefinida que esconde un potencial que espero que exploten de manera definitiva de la mano de El Dromedario Records. Temas como ‘Mi Otro Yo’, ‘Desgracia’ o ‘La Rémora’ son buenos ejemplos de potencialidad. También tiran de escarnio punk en ‘Mejor Me Callo’, ‘Me Fui de Casa’ o ‘No Vuelvo A Beber’. Mientras que cerraron con ‘Alerta!’ y ‘Combustión’. Seguiremos encontrándonos en el camino a buen seguro.

Mientras ultiman sus nuevas canciones y calientan los motores para acompañar a Marea en prácticamente la mitad de la gira, los navarros Bocanada volvieron al Viña al mismo horario y escenario que en 2017. Es de esos casos curiosos en los que a la organización no le importa la oportunidad o no, quiero decir, hay bandas que son fijas o asiduas al festival pero que, curiosamente, no van el año que precisamente han sacado disco (véase Hora Zulú, Gritando En Silencio…). Sea como fuere, Bocanada tenía ganas de Viña y el Viña de Bocanada, a tenor de lo visto. Y es que la banda de Martín Romero y los suyos callan cualquier crítica en cuanto la música suena al rugido de ‘Ratones’, ‘Cuesta Arriba’ o ‘El Voladero’. Poesía con denominación de origen familiar y unas guitarras que se mantienen briosas y maestras, como demuestran en ‘Más Animal’, de mis favoritas’ o en ‘Comiendo Soles’. Naturaleza y compadreo omnipresente, para cerrar su notable concierto al son de ‘Río’, ‘La Madriguera’, ‘Mala Hierba’ o ‘Campo a Través’, sin olvidar ‘Tu Nombre’. Nos veremos en la gira de Marea también, amigos.

Decía lo de las críticas más arriba… Si de eso entiende alguien en nuestro rock es La Fuga. Desde el comienzo, pero más si cabe desde ‘la escisión’ de 2009. El caso es que han pasado ya diez años de aquello y se pegaron en esta nueva edición del Viña (donde muchos le cuestionan) un enorme reventón del público. Creo que ni ellos mismos lo esperaban, lo que da muestras de la imprevisibilidad que a veces tiene el mundo musical. Y respondieron a lo grande. Tal y como apunté con Sínkope, si no apoyamos y vemos a los que dan sentido al apellido del Viña, conseguiremos perder más terreno si cabe. Los de Cantabria respondieron al envite armando ‘Jaleo’ y pasando noches ‘En Vela’, empañando y echando ‘Humo y Cristales’, antes de pillarse tal ‘Pedazo de Morón’ que es obligatorio pedirse la ‘Baja Por Diversión’. Con un público coreando cada uno de los temas, se bajo el pistón con ‘Al Cantar’, antes de apretar el riñón en la cuesta final con ‘Buscando En La Basura’ o ‘P’aquí P’allá’.

Quienes optamos a la querencia del escenario metalero, seguimos la fiesta cantarina al ritmo del juglar metal y cervecero de Saurom, una de las bandas más perjudicadas por los problemas con la mesa de sonido el pasado año, junto con Stravaganzza. Más allá de los sobrados motivos que hay para que estén todos cada edición, la organización acertó de pleno invitando de nuevo a los dos grupos, que lo bueno también hay que reconocerlo. Los gaditanos respondieron con su habitual formato-festival. Todo el arsenal de canciones carnavalescas, azuzadoras de fiesta y de brindis espumosos, regado con (esta vez más comedidos) disfraces y aderezos varios para adornar temas como ‘Músico De Calle’, ‘Noche de Halloween’, ‘La Posada del Poney Pisador’ (ay, qué pena que nunca se decidieran a culminar la trilogía iniciada sobre El Señor de los Anillos), ‘El Carnaval del Diablo’ y las añejas ‘Fiesta’ y ‘La Taberna’. Mensaje claro y directo al gaznate. Misión cumplida.

RockSesión tuvo el honor de tener en exclusiva el anuncio de la despedida de los escenarios de Segismundo Toxicómano en 2015. Dos años y pico más tarde, el grupo anunciaba un regreso ‘selectivo’ que siguen cumpliendo a rajatabla. Esto es, seleccionar a eventos contados sus presencias para no acabar tirando el caché… Más o menos, lo que le pasó a los Zulú. Por eso, sus actuaciones son contadas, pero celebradas. Lo que ocurre, eso sí, que para los asiduos a este tipo de citas, resulta que en los últimos años los hemos visto varias veces y, nos gustan tanto, que les vamos echando en falta material nuevo. Eso sí, que nos quiten lo gritado con ‘Una Bala’ o ‘Pordioseros’, lo bailado con ‘Hoy Como Ayer’, lo sentido con ‘Electroshock’, lo incendiario con ‘Euskadi’ y ‘Sigue En El Destierro’ o lo recordado con ‘Las Noches Siguen Sabiendo a Sangre’, ‘En Este Infierno’ antes de rematas con ‘Las Drogas’. Me da la impresión de que el hecho de que no toquen tanto hace que la maquinaria no esté todo lo engrasada que les conocemos a Placi y los suyos, pero lo seguimos pasando bien con ellos.

Lo tenía marcado en rojo. Sabía que la cantaría. Sabía que dolería. Lo que no esperaba es que fuera la primera, que me pillara con la guardia baja y que me quemara por dentro. Pero es lo que toca. Leo Jiménez y su cohorte de Stravaganzza, Pepe Herrero, Carlos Expósito y Patricio Babasasa empezaron su repertorio ‘especial festivales’ con ‘Grande’ y, claro, mi concierto a partir de ese momento fue un intenso derrumbe emocional del que salí gracias al alter ego. El tema dedicado a Big Simon siempre me gustó, pero ahora tengo el motivo para que me haga romper. Como apuntaba con Saurom, Leo y los suyos volvieron a Villarrobledo a eliminar el disgusto de 2018, aunque lo hicieron sin el gigantesco coro (una pena) pero con un repertorio mucho más agresivo. Y es que tras la melódica ‘Máscara de Seducción’ la cosa se endureció por momentos con ‘Maldita Oscuridad’, ‘Impotencia II’ (prefiero la uno),  ‘Perdido’ o ‘Frustración’. Aunque Leo ha mejorado mucho su repertorio en solitario con los dos últimos discos, lo cierto es que como más lo he disfrutado es en este registro oscuro, visceral, sinfónico y teatral. Creo que es aquí, con el equipo que hace con Babasasa y Herrero (ya que a Expósito lo tiene siempre) cuando más brilla. ‘Miedo’, ‘Oveja Negra’, ‘Dios’ o ‘Odio’ son algunos ejemplos más que añadió a un concierto brutal y certero.

Dos adjetivos que le vienen al pelo a Soziedad Alkohólika. Sin volverse loco con grandes innovaciones, hay pocos grupos que despierten unanimidad de respaldo y pocas críticas como los gasteiztarras por más que la fórmula sea conocida en partes variadas al gusto de metal hardcoreta. Y ojo que, sin prisa pero sin pausa, han ido pasando la mopa al repertorio para incluir algunos temas no tan frecuentes. Que si ‘Estado Enfermo’ por allí, ‘Angustia’ por allá’, las recuperación añeja, tipo ‘Automarginado’, de ‘Civilización Degeneración’… Hasta el punto, incluso, de sorprender a propios y extraños con ‘Rumore’, la excelente versión del tema de Raffaela Carrá que creo que era la primera vez que les escuchaba en directo, antes del consabido final de ‘Nos Vimos En Berlín’, que conviven con las imprescindibles ‘Cuando Nada Vale Nada’, ‘Ratas’ o ‘Ciencia Asesina’. También hay que aplaudirles el acierto de las ráfagas de humo incorporadas en los últimos tiempos, que aumentan la sensación de explosividad tan características de su apisonadora sonora.

Igual que pocas veces se han cruzado los momentos álgidos de Marea con los de Extremoduro (la mayoría de los lanzamientos de los primeros coinciden en buena medida con ‘los parones’ de Robe) destaca el hecho casual de que el regreso de Ska-P haya coincidido con el parón indefinido de La Raíz. Y digo casual porque lo sé con conocimiento de causa. El caso, a lo que iba, es que es algo que le ha venido muy bien a los festivales más punteros del país, que han visto en los vallecanos el grupo perfecto para ocupar la cabecera de cartel que en los últimos años habían copado los de Gandía. Así, Ska-P era por merecimiento el grupo más esperado en esta edición del Viña Rock, más si cabe que en la de 2015, diría yo. Y Pulpul y los suyos me gustaron mucho más que entonces. Un repertorio que no fue a la velocidad de antaño, pero que sonó casi perfecto en su ejecución, sobrio, concentrado y sin demasiadas poses de cara a la galería. Incluso me dieron varios gustos, como mantener el ‘Mestizaje’ o ‘Crimen Solicitationis’ o ‘Vergüenza’ con puntos épicos interesantes, mantener la esencia rock de ‘Mis Colegas’ o ‘Niño Soldado’, el rollo tirolés de ‘Casposos’ o la inclusión (estaba claro que sólo ‘Jaque Al Rey’, ‘Colores’ y ella entrarían de las recientes) de la ranchera ‘No Lo Volveré a Hacer Más’, que acierten ‘quitándose de en medio’ ‘Cannabis’ bien pronto. Bien trabajado el rollo disfraces del que se encarga ahora Eloi Yebra, más libre Joxemi que en Lendakaris y bonitos homenajes al recuerdo al sonar ‘Gato López’ y también al aparecer Luismi, su baterista, de baja por un reciente susto al corazón. Al final, aunque envejecemos, escuchar ciertas canciones de nuevo conectan con un yo que sigue en el espacio tiempo. Sensaciones que son vívidas gracias a la música.

Nuestro Viña 2019 se cerraría con una pequeña gran satisfacción personal. Gracias a un buen puñado de canciones notables de los primeros discos, pero sobre todo con un ‘Surrealismo’ excepcional que dio una solidez descomunal a su repertorio, Los De Marras dejó hace unos años de ser un grupo ‘pintón’ y simpaticón para ser, sin variar su esencia, una figura de la baraja. Y por fin ‘cataron’ la gran ansiada noche del Viña. Tras dos años reventando la tarde, tocaron en el principal y tras S.A. y Ska-P, a ver quién les tose ya. Rock ‘Poeta’ que entra sin tener que usar de requiebros de diccionarios campestres, canciones lo suficientemente comprometidas para decirle a cualquiera ‘De Qué Se Ríe’, sin caer en la proclama sonrojante. Diversión sin recurrir a abusos de síncopas ni vientos. Guitarras cargadas, acústicas, bases hardcoretas al galope. Agus y los suyos van ganándose el respeto a la misma velocidad como si fueran ‘Cuesta Abajo’ y al grito de ‘Escápate’. ‘Melodías’ entre ‘Malabares’ que hacen preguntarse la eterna pregunta shakesperiana de ‘Ser o No Ser’, con la respuesta de que ‘Vivir Es +’ ‘Cada Día’. ‘Revolviendo’ como ‘Compadre’. Porque ‘A Tu Vera’ no estamos ‘Perdido’, porque el ‘Sexo En La Calle’ se hace con ‘Ruido’ y el aplauso fue unánime, ‘Hoy’ y en las próximas, que las habrá. Posiblemente para mí el 1 de junio.

Y así cerramos el octavo Viña que cubro con RockSesión y mi 11º consecutivo. Este año ha costado más por las cosas que sabéis los lectores más fieles. También la edad influye y uno masculla cuándo llegará la fecha de caducidad. Por lo pronto, ‘He Decidido’ (como dirían mis amigos de Benito Kamelas) que, por lo menos, estaremos hasta poder compartir un Viña con mi sobrino. Y para eso todavía queda un lustro.

¡Rock & Love!

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Publicado el mayo 9, 2019 en Críticas Discos y etiquetado en , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. 1 comentario.

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