Archivos Mensuales: febrero 2018

Rock-Servatorio – Con-cierto Secreto (1988)

Después del single promocional (no a la venta) de Barón Rojo, de 1983 (como añadido al Metalmorfosis) y el debut y único disco de Force (banda con el posterior vocalista de Saratoga y el bajista de Hamlet, entre otros datos añadidos), hoy cierro la trilogía de críticas remember de los viernes dedicada a los tres vinilos que me regaló por sorpresa el pintor de arte contemporáneo Raúl Muñoz, a quien conocí en un viaje por Estocolmo, Riga, Helsinki, Moscú y San Petersburgo. Se trata de este Con Cierto Secreto que, pasados los años, se ha convertido en mayor rara avis si cabe dentro la historia de nuestro rock y heavy metal. Nacido en el seno de la academia formada pocos años antes por Rubén Melogno y Hermes Calabria (baterista de la época dorada de Barón Rojo), este disco es una obra coral con muchos de los nombres más importantes del rock duro en España: a saber, Carlos Pina, José Antonio Manzano, los hermanos De Castro y Sherpa, Manuel y Ángel Arias, Jero Ramiro… Barón Rojo, Niágara, Banzai, Jerusalén, Ñu, Santa, Casablanca, Júpiter, Manzano, Panzer… Todos al servicio de una creación de diez temas donde plumas, guitarras, bajos y baterías se mezclan para dar como resultado dos temas que quizá representen, pasado el tiempo, el fin de una época dorada. Los pabellones dejarían de llenarse, los Barones romperían, Obús caería en la desidia… Pero que les quiten lo bailado.

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Narco – Espichufrenia

Se han visto arrasados por su propia dinámica festiva. Los sevillanos, que llevan de gira desde que volvieron hace ya cerca de diez años, han ido trasmutando su sonido dando mayor protagonismo a los graves y a la electrónica hasta parir un álbum como Espichufrenia, que ni siquiera da concesión al mono. Muy centrado en el mundo de las drogas, con bases limpias y estilosas del rap al punk oscuro, del rock al drum’n’bass, al ragga o los sonidos industriales que vienen de la mano de un amplísimo abanico de colaboraciones. Todo ello confiere al álbum un espíritu hedonista (pasote, diría yo) que hace que el tono generalizado sea de mucha, ¿demasiada?, diversión a cambio de sacrificar la oscuridad de discos pretéritos. Un moderno y efectivo ejercicio que (entiendo) ha de ser tomado como una compilación de estilo, de una necesidad puntual, que como una llegada a meta que marque la constante para tiempos venideros. Bronce en los discos del año de esta casa.

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