Viña Rock 2018. Sábado, 28 de abril

Dentro de las amplias posibilidades que ofrece la variedad que da contar con seis escenarios y una pista de baile, la jornada que tenía programada para la primera jornada de cartel ‘oficial’ era una de las más variadas y novedosas de los últimos años. Especialmente porque era la primera vez que iba a ver a grupos que, en sus respectivos géneros, son de lo mejor que hay en el momento, como Toundra y Aphonnic; otros a los que por fin les iba a poder ver de principio a fin, Angelus Apatrida; o el regreso de Segismundo Toxicómano desde dos años en el dique seco. También me estrenaría con el punk carismático y clasicista de Josetxu Piperrak & The Riber Band… y para completar la jugada Mala Reputación y por primera vez en muchos años –tantos que no recuerdo cuándo fue la última vez- reunidos, en el mismo día y escenario las tres bandas ‘colegas’ que protagonizaron aquella gira inolvidable que fue ‘Ni Un Paso Atrás’. Esto es: Porretas, Boikot y Reincidentes. Eso sí, la fiesta ya comenzó el día antes (jornada que siempre ‘perdonamos’ por motivos laborales y personales y que tuvo a Gatillazo como grandes triunfadores y a Poncho K como gran expediente X puesto que su actuación se interrumpió durante 20 minutos… Un presagio de lo que vendría los tres días después. (FOTOS: Marina Ginés para RockSesión). Crónica del domingo 29. Crónica del lunes 30.

Piperrak es de esas bandas del punk que sin grandes alardes de rabia, ni de distorsión, ni de técnica fue en su día, tras su retiro, con su vuelta y su revuelta, una de las formaciones más carismáticas y ‘queridas’ por el público especializado en el género. Realmente, no son los que más en nada, pero sí que hay algo de mágico en las líneas melódicas de la voz principal que le dan un punto de urgencia que hace que su mensaje suene más a desahogo que a rebelión. Además, la progresiva generalización de medios técnicos de calidad permite que, a día de hoy, el grupo reunido en esta resurrección suene casi mejor que los originales. Ello, por supuesto, guiado por la veteranía de un Josetxu entregado a la causa, recuperando himnos para las gargantas como ‘Qué Le Voy a Hacer’, ‘¡Basta Ya!’, ‘Prototaino’ sin que faltaran para cerrar la versión original de ‘Kualkier Día’ (escucharla en directo más veces cantada por Boikot que por ellos, tiene su rareza perversa) y ‘Mi Primer Amor’, siempre el alcohol como GPS de la banda.

 

En términos numéricos objetivos, se puede considerar una bajada de escalón el hecho de que los asturianos Mala Reputación pasaran del escenario principal en 2017 (casi a la misma hora) al lateral. Eso sí, en los musicales y emotivos no hubo ninguna consecuencia con ello y, quizá, hasta hizo que su mensaje sonara más cálido, cercano y con mayor receptividad y comunicación entre el cuarteto y su público. Abriendo con fuerza y regalando a la segunda ‘Para Que Jueguen Los Gatos’, su actuación se pareció más a la de 2015 que la de 2017. Con ‘Polvo En El Viento’, ‘El Fuego’ y ‘Salgo a Buscar’ la batalla ya estaba ganada. Tanto es así que uno tiene la impresión al escucharles sobre un escenario que hay muy pocos grupos como ellos, de hecho diría que son incomparables. Un rock que se aleja del cliché poeta, de lo urbano, de toques punks sin caer en el tres por cuatro, de muchas emociones en el momento justo en que son asumidas, nunca con excesos de melancolía. Equilibrio, en suma. Viaje al pasado con ‘Ansiedad’, viaje opresivo con ‘Cristal’, viaje de Caronte en ‘Que La Tierra Te Sea Leve’, de evasión en ‘Ceremonia’, de explosión en ‘Juegos Prohibidos’, eterno en ‘Abriendo Camino’. Gran tarde.

 

Y de lo imprevisible a lo de siempre, entendido como algo que no tiene siempre que ser malo. Porretas suma y sigue en su mantenimiento de la firma con su bulliciosa y divertida filosofía coral, de rock donde el montante es siempre más agradable si se canta en grupo y huele a cerveza. Es cierto que sus directos han evolucionado, que hay reflejos de grandeza mayor en algunos arreglos de guitarra, pero la esencia sigue siendo la del estallido al abrir un botellín. Los de Hortaleza iniciaron su servicio, precisamente, recordando los orígenes barriales, constante en sus textos. Y es que es lo que la gente espera de ellos: danzar al son de ‘Si Somos El Futuro’ y su escarceo jotesco, el costumbrismo peterpanesco de ‘Joder Qué Cruz’. Entiendo que el ritmo festivo es muy tentador, pero empieza a sobrarme del repertorio ‘Tripis’. Guiños al último de estudio hubo dos, las dos esperadas, el ‘Resistiré’ e ‘Insurrección’… qué gusto dio ver a medio Viña cantar una canción de El Último de la Fila. Cuantos menos límites y remilgos, mejor. El lado serio permanece latente en ‘Última Generación’ y ‘Aún Arde Madrid’, donde no faltó el recuerdo a Rober y la esencia Burning. Sin riesgo para el tramo final, Pajarillo, Bode, Luis y Manolo se despedirían con ‘El Deudor Del Condado De Hortaleza’, ‘La Del Fútbol’, ‘Solo Fui a Mear’, ‘Marihuana’ y ‘Porretas’, alargada con un tramo instrumental (de dibujo) animado.

 

Aunque es innegable cierta dosis de inmovilismo, llevar 100 grupos todos los años y la demanda de cierto sector de público es lo que tiene, hay que reconocer algunos pasos acertados por parte del Viña Rock. Uno de los mayores de este año es la inclusión de Toundra en el cartel. El, sin duda, mejor grupo de rock instrumental del país, en un marco que se antoja muy fuera de su hábitat natural. Qué gusto dio verlos tocar en uno de los escenarios principales (yo les hacía en el pequeño Smoking de arriba) a una hora muy buena y con una legión de seguidores que se dejó llevar por los paisajes sonoros que dibujan sus canciones. Porque hacer surf instrumental y vacilón es ‘fácil’ (comillas en negrita, por supuesto) porque los ritmos son accesibles y hedonistas, pero marcarse desarrollos de ocho o nueve minutos y mantener el pulso al respetable de un festival donde no hay nada parecido a ti tiene un mérito descomunal. No faltaron mis dos piezas favoritas de la banda, ‘Koschei’ y ‘Kitsune’. Eso sí, por momentos uno dejó volar la imaginación pensando en la que podían haber liado con Niño de Elche en el escenario, descerrajando la obra conceptual de Exquirla. Eso sí que ya hubiese sido romper la baraja.

 

En diciembre de 2015, anunciado en exclusiva en esta casa, Segismundo Toxicómano decidía colgar los trastos tras un intenso trabajo en la realización de aquella trilogía de Ep’s de siete temas cada uno. Lo hacían justo en el momento de mayor receptividad por parte del público y en el de mayor consideración de la crítica. Entiendo que todo esto se pervierte cuando, pese a eso, el caché se mueve en términos de grupo menor. Así que, como Hora Zulú, parecía razonable respirar y que las cosas se pusieran en su sitio. Tras su concierto puntual en el PintorRock de 2017, la banda se va a hacer cinco conciertos en este 2018, de los que veré dos. Juergas y ayer. Y se les echaba de menos, ‘En Este Infierno’, ‘Podredumbre’, ‘Gaupasa’, ‘Una Bala’, ‘Perros’ sonaron con la fuerza de antaño, quizá no tan bien hilvanadas o con una dinámica de metrónomo automatizado como los años previos al parón, pero pecata minuta para la satisfacción de revivir ‘Hoy Como Ayer’, ‘Odio’, ‘Nos Joden’ o ‘Murallas’. Con un Arnaiz elevado en una plataforma (normal, es un espectáculo en sí verle cantar y tocar) y una escenografía sencilla pero muy atractiva, el tramo ‘Vives’, ‘Atraco’, ‘Sospechosos’, ’12 Años’ y ‘Realidad’ sonó  con encanto añejo, antes de que el arreón final descabalgara con la impactante  ‘Electroshock’, la coral ‘Mi Vida’, la ácida ‘Por Ti’, la guerrera ‘Último Asalto’ y la vibrante ‘Las Noches Siguen Sabiendo a Sangre’. Como sorpresa, llegaría una versión del ‘Botes De Humo’ de Cicatriz y un ‘Las Drogas’ en la que apareció por sorpresa Grass de Boikot.

 

Con todo el respeto debido a El Reno Renardo y sus hordas, el cronograma me daba la oportunidad de ver por primer vez a los gallegos Aphonnic. Una banda a la que llevo siguiendo desde hace seis años y que se me ponía por primera vez a tiro de piedra, no era cuestión de desaprovecharlo. A la postre fue el único concierto que vería en el Smoking en todo el Viña, escenario copado casi en su 50% por grupos de ska-fusión con vientos. Ya saben, el molde… Los de Vigo en los discos ya presagian una difícil catalogación, pero verlos en directo refuerza esa sensación. Partiendo de una base metalera, se deslizan con coros infantiles o masivos, atmósferas casi electrónicas, algo de funk, algo de rap y, sobre todo, una entrega excesiva de energía que contagia con su atronador sonido. Todo muy al nivel 11. Lo único que falló del concierto (supongo que por el escenario en sí, como digo solo estuve en este) fue la por momentos escasa iluminación. Por lo demás, para quitarse la gorra con temas como ‘Amarga Despedida’, ‘Osos Color Salmón’, ‘Aquellos Maravillosos Años’, ‘Mi Capitán’, ‘Luz y Fer’, ‘Ombligos’, ‘Cunfia’, ‘Honrada Avestruz’, ‘Fruta Fresca’ o ‘Jerry’.

 

Y si de luces y de lo visual se trata, enorme mejora la que ha dado Boikot en los últimos tiempos. Y es que, si tú no tienes la culpa de que te llamen todos los años y que por ello haya seguidores que estén más que saciados de verte, dales algo más. Así, la escenografía de los últimos tiempos es generosa en gastos (podrían salir pelados a escena y nadie se quejaría) conscientes también de su papel de cabeza de cualquier cartel. Estrellas por aquí, tambores con leds por allá, pantalla con vídeos para cada canción, fuegos cual grupo heavy y papelitos de colores como La Pegatina. A todo ello, además, también se suma cierto adorno en las intros o codas de algunos temas. Así, tras abrir con ‘Despaldas al Mundo’, la recuperada ‘Carrascal’ regalaría un fragmento final de ‘Sarri Sarri’. De igual forma, tras ‘Lagrimas de Rabia’ y ‘No Callar’, ‘Pueblos’ incluiría otro guiño al ‘Stop Criminalización’. Con la actuación más larga de la noche, era tiempo de seguir con el generoso recorrido de una formación que a lo tonto enfila su tercera década. ‘Bubamara’, ‘Gasolina, Vidrio y Mecha’, ‘Bajo El Suelo’ (una vez más para La Manada), para coger el avión a Rusia con ‘Korsakov’, a Irlanda con ‘Jarama’, a Siria con ‘Inés’ y Turquia con ‘Naita Na’, puesto que el vídeo da más pie a justificar los sonidos enlatados como, en este caso, la colaboración de Bandista. Y para colaboraciones las de ‘Hablarán Las Calles’, su  nuevo tema que incluye cameos de La Raíz, Los Chikos del Maíz, Zoo y Aspencat. Sonó algo descontrolada, lo normal si tenemos en cuenta que sería la primera vez sonando en directo. ‘Skalashnikov’, ‘Bella Ciao’, introducida con el ‘Santa Bárbara’ minero, el vals ‘Amaneció’, ‘Sin Tiempo Para Respirar’ (celebrada como merece, increíble el crecimiento del tema con el paso de los años), ‘Hasta Siempre’, ‘Kualkier Día’ (llámenme iluso, no hubiese estado mal que apareciera Josetxu –al que se le citó-) y ‘Grito En Alto’ echaron el cierre para terminar en vítores con la pinchada final de ‘Hey Jude’. A Boikot no hay quien les mueva, fue el mayor lleno del festival junto a La Raíz.

 

Aunque reconozco que le tengo bastante aprecio a Muchachito, saber que voy a verlo abriendo para Fito el 15 de junio y tras su pasada visita al Juergas, opté por darle la actuación entera a Angelus Apatrida que, como Crisix, pasa por ser una banda de thrash metal de altos vuelos, con una calidad que nada tiene que envidiar a cualquier tótem internacional. De hecho diría que ambos son más conocidos ya fuera de nuestras fronteras. Podría pasar y teniendo en cuenta de que ya tenía dos adelantos conocidos, que cayeran esas dos novedades de lo que será su  nuevo disco (sale este viernes) ‘Cabaret de la Guillotine’. Lo que posiblemente no imaginaba nadie es que sonaran hasta cuatro cortes del mismo: ‘Sharpen The Guillotine’, , ‘Ministry of God’, ‘Downfall of the Nation’ y ‘The Hum’. Todo ello regado de la técnica afilada que les caracteriza (quizá por momentos atenazada por el frío) mezclado con su denominación de origen albaceteña de pura cepa, que parece como que le quita hierro al asunto, nunca mejor dicho entre tanto heavy. ‘Versus The Word’, ‘Vomitive’, ‘Of Men and Tyrants’ o ‘End Man’ fueron algunas de las concesiones a lo que podría ser un repertorio clásico de la banda que, sin duda, convenció una vez más a los suyos.

Tras la lección purista de Angelus, tocaba ver un rato a los sevillanos Reincidentes (ya con libreta en el bolsillo y recogiendo velas), que se plantaban un año más en Villarrobledo y con otro nuevo disco (raro es el curso en el que no tengan algo nuevo que ofrecer). Y de hecho puede ser que sea de las ocasiones en las que más temas recientes se incluyeron en el repertorio, algo que siempre deja descolocado al asistente festivalero que va más a himnos que a novedades, pero que, a la larga, se convierte en uno de los secretos por los que Reincidentes sigue manteniendo su vigencia después de más de treinta años. En cualquier caso, ajeno a su voluntad, no fue de sus mejores Viñas puesto que ellos pagaron el presagio inicio de mal tiempo porque durante muchos momentos se les fue el sonido en el frontal del escenario, dejando un tanto desangelado el recinto y su colección de temas.

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Publicado el mayo 2, 2018 en Crónicas Conciertos y etiquetado en , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. 2 comentarios.

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