Los De Marras – Peligro Esperanza





Que la música cumple una finalidad determinada es algo tan intrínseco al concepto del arte en sí mismo como un aprendizaje que uno incorpora a la escucha de los discos a poco que se toma el asunto medianamente en serio. Los hay que optan por la búsqueda de la melodía y canción perfecta y lo más cercano posible al canon de belleza platónico. Los hay que buscan hacerla lo más estruendosa posible para que su mensaje contestatario lleva su dosis plástica de rabia. Los hay que buscan rondarle a su enamorada musa ficticia con los más arrebatados versos de amor y desamor, de engaño y desengaño, hasta el fin de los tiempos. Hay quien, en una henchida capacidad trascendental busca trascender a su propio tiempo con obras que persiguen la atemporalidad del genio inalcanzable. Los hay que buscan el verso perfecto a sabiendas de que nunca van a logarlo. Los hay que encuentran emociones universales a partir de experiencias individuales. Tantos ejemplos. Las canciones, siempre las canciones como latido. En esa infinita casuística, el caso de Los De Marras jamás podrá engañar a nadie. Escuchar a Los De Marras es coger un corazón, meterlo en el reproductor y darle al play. Todo lo que escucharemos será pura transparencia. El mayor o menor grado de visceralidad, la mayor o menor cantidad de poética vendrá determinado más por el estado de ánimo en el que fueron escritas las canciones que en un intento impostado de nada. Con ellos no hay ni trampa ni cartón. Eso es así desde su nacimiento y el público ha sabido verlo en una última década de escalada progresiva. Peligro Esperanza bebe del mismo caldo que todos sus discos. Si Surrealismo era hijo de la crisis inmobiliaria y Reamanecer era el primero nacido de las mieles del éxito, Peligro Esperanza lo es del crack covídico. Y, frente a eso, lucha almada con sello Los De Marras: superación, energía, valor, mirada social, caer para emerger y respeto a los que no están. Si toda música tiene una finalidad, la de Los De Marras es contagiar vida, por muy jodida que sea en ocasiones.

Los De Marras siguen siendo Agus en la voz, Iñaki en la guitarra, Nelo y Warrior en guitarras y coros, Dani al bajo y Pau en la batería. Por si hubiese alguna duda, el grupo lo deja claro en el interior de la fantástica portada, de nuevo obra de Elena Tormo, con una cita de Julio Cortázar: “probablemente, de todos nuestros sentimientos, el único que no es verdaderamente nuestro es la esperanza. La esperanza le pertenece a la vida, es la vida misma defendiéndose”.

En los datos técnicos encontramos que la producción de este disco ha sido realizada por la propia banda desde febrero de 2020 hasta abril de 2021. Todas las canciones del disco han sido grabadas y mezcladas por Jorge Bernabé en Estudio Elefante, excepto ‘Contágiame’, grabada por Mon en el local de ensayo en mayo de 2020 (es decir, nada más terminar la etapa más dura del confinamiento) y los coros infantiles de ‘Jamás’, grabados en L’andana 13 por Mon. La masterización corre a cargo de Enrique Soriano en Crossfade Mastering.

Tres canciones acumulan las colaboraciones del disco. Cuarteto de cuerdas de violín, viola, violoncello y contrabajo en ‘Cunetas’ y ‘Adiós’, a cargo de Marta Burriel, Marina Gramaje, Claudia Panach y Pablo Ballester, respectivamente. ‘Cunetas’ tiene también las percusiones añadidas de Víctor Traves. Amaia y Noa Alcázar aportan coros infantiles en ‘Jamás’, bajo la dirección musical de Sílvia Queralt, como ahora veremos.

Como si de un corolario se tratara, el disco arranca con ‘Incertidumbre’, que reúne varias de las características comunes del álbum… y también de la banda. Con Los De Marras no hay medianías. Tener tres guitarras dando cera les da un empaque sonoro descomunal, nervioso y robusto. En un tiempo en el que parecen andar en desuso, dejarse llevar solo por ellas es un ejercicio que bien vale una escucha individualizada solo para centrarse en ello. También tenemos a Agustín, tan voraz y locuaz como siempre quiere transmitir tanto que de su boca brotan estrofas y estrofas y versos cambiados hasta en cada uno de los fraseos y puentes… y un estribillo con doble estrofa. Tanto es el mensaje, tantas son las ganas de comunicar. Un corte chispeante donde entre el armazón se desliza alguna armonía más emotiva para terminar de redondear la carta de presentación.

Estribillo de aire punk para ‘Jugaremos’, que aborda la guerra desde la mirada de niños y niñas, que tendrán, marca de la casa, más referencias a lo largo del álbum. A destacar el punto afilado de guitarra en algunos versos del fraseo, el toque oriental de la melodía principal en el puente y mención especial también para la coda coral, doble bombo incluido. De ‘Venganza’, el original enfoque frente al Covid con mucho de urgencia y desahogo, cabalgando en la base rítmica de bajo (brutal) y batería hardcoreta y épica de guitarras. ‘Mal Me Pese’ es una de las canciones más sobrias del álbum y va incluido ahí tanto el majestuoso bajo de la introducción, como el corte de guitarras brusco y pautado, para un desarrollo lineal. Y es que parece difícil salir de “mal me pese necesito tu querer desde el día que me rozaste y fuimos un mismo me ser”.

Rendirse’ es de esos temas que hacen el esqueleto conceptual. Otro canto de superación y de rechazo al abandono, desafiante ante cualquier reto, “rendirse nunca fue una opción, mientras tenga fuerza siempre habrá una canción”, y que se cierra de manera abierta, acorde a esa actitud que nunca decae. Como eje central del disco, la memoria histórica de ‘Cunetas’, reposada con el cuarteto de cuerdas y con percusiones y un desarrollo narrativo novelado y sin artificios, crudo, como el drama que evoca. No es una canción fácil, pese a ese arrope instrumental. Y tras un descanso rítmico, el más veloz de la lista con ‘Jamás’. Historia de favelas, metralla palestina y menas señalados por indeseables en territorios metálicos que, por momentos, hasta casi nos recuerdan un tanto a los Motorhead de Lemmy, con los coros infantiles dándole el sentimiento necesario.

En el último tercio, más suerte metálica con la entrada y la muralla de ‘Me Arremango’. Y es que el tema, más allá del siempre enérgico Agus, destaca por el inmenso trabajo de guitarras, especialmente palpable en los tramos instrumentales. ‘Callejear’ cambia la armadura por el alma-dura y apunta a una de esas líneas vitalistas en las que la salida, en este caso, se alcanza a través del encuentro entre iguales. “Me vuelvo transparente, me fundo con la gente”. ‘Adiós’ es, quizá, mi favorita de la lista. Además de por el inicio de guitarras pantanosas, por la continuación distorsionada y doblada, por el tempo más reposado (para ellos podríamos decir que es casi un medio tiempo) y un estribillo majestuoso: “Ojalá te roce esta canción que es lo único que tengo. No te puedo dar calor, solo tengo cuatro acordes que acaricio como puedo”.

Casi a modo de bonus track, el álbum se cierra con ‘Contágiame’. Un tema nacido en los meses de marzo, abril y mayo, cuando pensábamos que la sociedad saldría mejor después de padecer tanta muerte y dolor en lo desconocido y que el grupo ha decidido mantener en su versión original, dando testimonio de un tiempo que se resiste a desaparecer.

Así, se cierra un disco en que Los De Marras han optado ‘centrar el tiro’ en cuanto al estilo, ofreciendo una sucesión mucho más homogénea que en su Reamanecer, donde tiraron de más variaciones, perdiendo un tanto ese carácter inmediato que tanto nos gusta.

Sus medios sí justifican el fin.

Más de Los De Marras en RockSesión.

Lista de canciones – tracklist:

  1. Incertidumbre
  2. Jugaremos
  3. Venganza
  4. Mal Me Pese
  5. Rendirse
  6. Cunetas
  7. Jamás
  8. Me Arremango
  9. Callejear
  10. Adiós
  11. Contágiame

Publicado el abril 20, 2021 en Críticas Discos y etiquetado en , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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