Poncho K – Calíope

Tal y como vino haciendo también su coetáneo, paisano, compartidor de apellido y canciones y compañero de andanzas durante algunos años, Capitán Cobarde, en Camino De Vuelta, el artista sevillano Alfonso Caballero Romero se embarcó y adaptó a la nueva tendencia de ir desgranando un nuevo disco casi al completo (cinco de diez en este caso) single a single desde el último trimestre de 2020 hasta junio de 2021… hasta su lanzamiento final. Aunque los compradores de la edición física del álbum pudieron tenerlo al completo un poco antes del quinto. Y es que, consciente de que las ventas de discos y el interés o vigencia de los mismos se ha reducido a proporciones enfermizas y anémicas, la primera intención era que este Calíope, que viene a ser el octavo trabajo discográfico de estudio de su carrera, viera la luz tan solo en formato físico. Una apuesta valiente (como sus cantes, retrotrayéndonos a aquella canción en la que tomaba el verso del rico acervo del flamenco) que, sin embargo, no ha podido mantener en demasía en el tiempo ya que la triste realidad es que si no tu música no está en streaming existes menos todavía. Fue en otoño, allá por el mes de octubre, cuando este álbum terminó de llegar a las plataformas. Una suerte experimental que ha hecho complicada su promoción habitual, más todavía si cabe si tenemos en cuenta los dos añitos pandémicos que llevamos a cuestas. Ahora ha vuelto a la carretera y Albacete, Ciudad Real, Cuenca, Cartagena, Murcia, Ibiza, Huesca, Badajoz, Zamora, Santander, Oviedo, Logroño, Bilbao y Madrid son sus fechas en sala. En festivales, solo Viña Rock, que por el momento sigue en pie.

Aproximadamente veinte años después de que cogiera el petate de su Sevilla natal hacia la capital (a la antigua usanza) y que debutara con No Quiero Empates, Alfonso es, tras Robe y Kutxi, el siguiente puntal en popularidad del rock poeta y el que sigue despertando en conciertos, comentarios a sus publicaciones y vídeos esas reacciones tan propias del seguimiento devocional de la vieja usanza, ese que compraba discos, se leía los libretos y un largo etcétera. Pero la realidad es la que es y eso no se ve traducido ni en repercusión mediática, ni en ventas ni en unos aforos cercanos siquiera a los que pueden manejar los dos artistas citados, ni en solitario ni con sus bandas.

De alguna manera ‘resignado’ a ello, su discografía y su forma de crear canciones ha seguido siempre la única doctrina, como él dice, “tenía claro que la senda de la individualidad era por la cual debía transitar y el lema sería hacer lo que me saliera de los cojones”. De ahí que poco se puede argüir en contra ante un disco de su autoría, porque siempre nace de la más pura apetencia.

Así viene forjando un camino que en Calíope suma un capítulo más. Y, sea por apetencia o porque querer llegar a más público dentro de su potencial más cercano, en términos generales se puede concluir que su nueva entrega busca de manera descarada ser complaciente con su propio público, utilizando formas que recuerdan a otras composiciones pretéritas o los arpegios que tanto recuerdan al tótem máximo que es Extremoduro o con un inmediatismo de las estructuras que hacen del contenido algo grácil y familiar.

El ejemplo más claro nos llega desde el primer corte, un ‘Inmortal’ de tempo veloz, de riff incendiario y un gusto transgresivo muy acusado. Se nota en las guitarras dobladas de la coda con el coro repetido, con un doble bombo incluido del todo infrecuente. Toda una declaración de intenciones que nos incluirá por sorpresa un break central más reposado para el protagonismo de piano. Es imposible también no ver cosas de ‘Golfa’ en ‘Ring Ring’ un tema repleto de arpegios y desarrollos muy de finales de los noventa y principios de milenio de Robe e Iñaki. También los hay en el puente de ‘Fijo En Las Paredes’, que nos evoca sobre todo a los tiempos del Cuantovaqueré, ahora sí sujetándolo en el estilo propio.

Y, de veras que siento la recurrencia pero, ¿quién no oye hechuras de ‘Tango Suicida’ en la intro y de Robe en solitario en el fraseo de ‘Catenario’? La cosa no deja de tener mérito porque también es necesario tener talento para acercarse al reto y salir indemne y despachar un estribillo más personal. Lo consigue, es innegable. La primera parte se cierra con los toques feroces, con arreglos casi sintéticos, de ‘Pasa’, que va ganando calor en la cadencia latina para un tema que retoma de manera más poética el tema de la libertad de expresión y acción que reivindicaba en el proyecto con Malsujeto en Hijos de Nacho Vidal y el tema ‘Malas Artes’.

La segunda parte nos recibe con la familiaridad de ‘Vente Aquí’, otra canción de esas en las que guitarra y bajo juguetean con luminosidad. Como es habitual, es el estribillo lo que ejerce el punto diferencial, aquí con una interesante contención. Los tiempos cambian también en la narrativa como demuestra ‘Manta y Ron’, donde Alfonso se marca un costumbrista y cuarentón tema con aquello de “yo solo quiero una noche de manta y ron”. Un tema agradecido para el público, sin duda, por su numerosa repetición de estribillos.

En el tercio final, ‘Títeres En La Tormenta’ se mueve también en un medio tiempo que combina territorios tranquilos con arreones melódicos, entre el vals y la épica. Una inesperada armónica nos da la bienvenida en ‘Esta Escuela’ con una letra que parece ser también hija de la pandemia. Un rock and roll bien cimentado y sostenido en un tempo voraz y con bien de guitarras y poderío. La despedida en ‘Cuento Sombrío‘ también contenta a quienes gustan de la sonoridad acústica con guitarra y voz, donde se mueve entre lo flamenco y el canto folclórico latinoamericano, según el giro.

Calíope busca en suma agradar de principio a fin, con plus enérgico, y no hay nada de malo en ello, aunque le echo en falta ‘un algo’ que soy incapaz de definir. Es cierto que el álbum viene a representar esa necesidad de volver a recuperar las sensaciones de viveza y de ‘normalidad’ que se han convertido en sucedáneas en este tiempo que no acaba y ese sea su principal valor. Como el que nos mantiene vivo y creativo a uno de los autores más importantes de nuestro rock de las últimas dos décadas… y eso que el tío sigue teniendo apenas 41 años.

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Lista de canciones – tracklist:

  1. Inmortal
  2. Ring Ring
  3. Fijo En Las Paredes
  4. Catenario
  5. Pasa
  6. Vente Aquí
  7. Manta y Ron
  8. Títeres En La Tormenta
  9. Esta Escuela
  10. Cuento Sombrío

Publicado el enero 19, 2022 en Críticas Discos y etiquetado en , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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