Mónica Naranjo – Mimétika

Aunque, en lo personal, tengo en estima artística a Mónica Naranjo desde el glorioso Palabra De Mujer y, poco después, más todavía con Minage, es cierto que el hecho de que se cruzara por su camino el compositor, director de orquesta, multinstrumentista y productor musical Pepe Herrero -curtido en nombres propios del metal nacional e internacional como Stravaganzza, Rage, Mago de Oz, Saratoga, Carlos Escobedo (Sôber), Skizoo, Leo Jiménez o Rafa Blas, entre otros muchos- le hizo ganar presencia y reputación en el público más heavy. Después de que Tarántula (2008) ya tuviera mucho de goticismo y rock sinfónico y electrónico (‘Europa’, ‘Amor y Lujo’, ‘Usted’…), Mónica se abrazó al género convirtiendo a Herrero en uno de sus hombres de confianza total. Es el director musical de sus giras desde Adagio (2009-2010), pasando por Madame Noir (2011-2012), Ídolos (2013), 4.0 Tour (2014-2015), Grandiosas (2017), Renaissance (2019) y Puro Minage (2020-2022), además de ser productor y tener mucho que ver en las composiciones de los discos Adagio (2009), Lubna (2016), Madame Noir, los dos epés Mes Excetricités, los directos editados de las mencionadas giras. En todos esos trabajos se ha apreciado siempre un endurecimiento de sonido, acompañando con eléctricas y bases contundentes más propias del metal (histórica foto la que circula posando junto a Alberto, guitarrista de Def Con Dos y Ankhara, con el bajista de Hamlet y con el propio Herrero) los recursos vocales de una artista venerada por casi todo cantante amante de agudos afilados y cortantes. Ahora llega este Mimétika, como una evolución que se intuye un tanto más híbrida y menos asfixiante que aquel complejísimo Lubna. Una ópera rock desbordante a la que algún día le dedicaremos una crítica remember.

Por si fueran pocas las conexiones con el mundo del heavy, para este disco encontraremos como uno de los letristas principales y en los coros de casi todos los cortes a Israel Ramos, el que fuera vocalista de Avalanch tras el regreso de su primer parón, después de que Ramón Lage sustituyera a Víctor García, quien fuera encargado de regrabar el imprescindible El Angel Caído y su posterior defensa en gira.

Según la propia Mónica, Mimétika se define como «un trabajo que a la vez que se dibuja, me desdibuja. Es un ejercicio de surrealismo, de contención y exposición, de rienda suelta a la imaginación, de medida improvisación, de no negarle nada a mi parte más onírica, de trabajar con calma y dejarme fluir, de hacer crecer un proyecto paso a paso, canción a canción, de ser tan Naranjo y tan Mónica a la vez, más que nunca, quizás. En un contexto de detención, de retención, la mente vuela libre, más que nunca, sin ningún tipo de atadura, sin límites para crear, para construir historias, para transformar la nueva realidad a través de los muros que conformaron nuestro encierro».

Parece, por tanto, que estamos ante un disco marcado por la necesidad de liberación que determinaron las medidas más restrictivas de la pandemia y lo cierto es que la escucha de esta decena de temas refleja una complejidad bastante enrevesada. No tanto porque el álbum contenga desarrollos complejos o esos arreglos rococó de antaño, sino que melodías vocales y ritmos se suceden sin ninguna intención de acercarse a lo que podríamos reducir como ‘convencionalidad al uso’.

No hay ningún atisbo de dar la menor concesión a una supuesta comercialidad que ayude a vender el disco. Son canciones que, sin necesidad de tener multitud de capas y pistas en primera línea, hace del menos es más para que le demos vueltas y vueltas al reproductor para intentar extraer intencionalidad y fruto de cada uno de los cortes. «Mimétika está repleto de canciones y de historias. De aquellas que nunca acaban, que parece que siguen construyéndose con el tiempo (…).Historias que arrancan pedazos de nosotros, que maldecimos y bien logramos, historias que se convierten en las piezas de un caleidoscopio que –según quién, según cómo y según cuándo– muestran una realidad u otra», concluye.

La lista se abre con ‘Eterna’, un tema donde el carácter percutor de las bases apoyan el desarrollo de un canto de autoafirmación anhelante y, también, desafiante. Más allá de un fraseo más o menos lineal, es la escala vocal de la coda creciente la que destaca en el tema, cerrada con reposo de piano, casi conectando en atmósfera (casi que hubiera enlazado los cortes) con el delay inicial de ‘Lágrimas De Un Ángel’. Un tema donde se intensifican sobremanera los graves, que se verán atemperados por algunos efectos de carácter sinfónico (sin serlo) con cierta épica y, de nuevo, dejando el protagonismo a una línea vocal que quizá quedó demasiado asfixiada o subrepticia en algunos cortes de Lubna.

En el tercer corte encontramos la esperada colaboración, desde que se anunció, de Bunbury. El tema, ¡Ey!’, sin embargo, se queda en un ejercicio que quizá cumple la función de su mensaje reivindicativo (muy en la línea de los últimos tiempos del maño) pero cuya forma musical no queda tan redonda. Con todo el respeto a ambos, me parece una oportunidad bastante desaprovechada. Por su parte, ‘¿Quién Me Salvará De Mí?’ ofrece todo lo contrario. Una mirada al interior llena de asperezas y de, palabra de moda, resiliencia, con unas formas que suceden la escala aumentando la intensidad, hasta desarrollar su melodía propia tras los primeros dos minutos y medio. La primera parte se cierra con ‘Aire’, un tema donde percusión y eléctricas establecen un diálogo para acompañar la más narrativa de las canciones (escrita en mayor parte por Isra, de ahí que por eso tenga una fácil traslación imaginada a territorios de hard rock) con resurgimiento de pantera incluido.

‘Polvo Vacío’ abre la segunda parte del disco con lo que posiblemente será la mejor letra y canción del conjunto. Tanto como con esta versión original, bastante arropada en coros sinfónicos y con buen desarrollo, como en la que cerrará a modo de bonus track, donde se encuentra la colaboración de Mastodonte, el muy recomendable grupo electrónico de Asier Etxeandia y Enrico Barbaro. Con una coda alucinógena y descabalgada.

Por el camino entre ambas, nos recibirán los toques orientales y base entre lo reggaetonero y lo urbano de ‘Sherezade’, con una parte semi rapeada, incluso; la balada poderosa de la despedida de amor de ‘Se Acabó’, que quizá guarda el mensaje acallado de tantas vidas perdidas en los momentos más duros de la primavera de 2020; la enésima rebelión contra el destino en ‘Medusa’, la más metalera y agresiva en guitarras, por lo que es fácil cogerle cariño; y la canónica balada de paz y calma, voz y piano, ‘Dame Alas’.

Así, Mónica Naranjo vuelve al formato de disco completo bordeando el universo conociendo de los últimos tiempos (lo conceptual, el rock electrónico, los guiños sinfónicos…) pero sin caer en el exceso ni sobrepasar los límites en cada uno de los casos, dando como un resultado un disco bastante abierto que puede que, en su indefinición y en la exigencia de escuchas para encontrar el grano, pueda dejar frío a los oídos más acomodaticios.

Lista de canciones – tracklist:

  1. Eterna
  2. Lágrimas De Un Ángel
  3. ¡Ey! (con Enrique Bunbury)
  4. ¿Quién Me Salvará De Mí?
  5. Aire
  6. Polvo Vacío (versión original)
  7. Sherezade
  8. Se Acabó
  9. Medusa
  10. Dame Alas
  11. Polvo Vacío (con Mastodonte)

Publicado el julio 6, 2022 en Críticas Discos y etiquetado en , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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