Archivo de la categoría: Críticas Remember
Alameda – Noche Andaluza (1979-1983)
A nadie se le escapa el movimiento surgido en la década de los 70 y principio de los ochenta en el sur en torno a lo que se denominó ‘rock andaluz’. Un cajón de sastre, como también lo era el Rock Radical Vasco, La Movida y otras etiquetas que en muchas ocasiones se convierten en un reverso tenebroso cuando se utilizan de manera simplificadora. Esto es, ni toda La Movida fue ‘una mierda de grupos de niños de papá’, ni todos los grupos del RRV eran lo mismo, ni todo el rock andaluz se basaba en punteos de guitarra y solos de batería larguísimos. Alameda vivió de alguna manera (vive, porque la formación ha ido y vuelto a lo largo de los años aunque, claro está, lo mejor y su esencia principal está en los años citados) a la sombra de Triana por ciertas similitudes. La primacía de teclados, el lenguaje cimentado en un flamenco popular y de corte existencialista, los largos desarrollos. Pero si Triana era una bomba progresiva, en Alameda encontramos mayores incursiones al mundo de la improvisación jazz, con menos distorsión. La elección del disco es un recopilatorio de canciones de sus cuatro primeras entregas (las mejores) para que tengáis una referencia amplia de lo mejor de la banda, consciente de que no es tan popular ni tuvo tanto recorrido como los propios Triana o, poco después, Medina Azahara.
Extracto de Lúpulo – El Agua Pa Los Peces (2009)
Esta semana hemos conocido su regreso. La banda punk de Tarragona lanzarán disco en el mes de septiembre, para lo que han abierto el proceso de crowdfunding de rigor, al que todavía te quedan casi 30 días para sumarte. Será su segundo disco, siete años y medio después de este El Agua Pa Los Peces, un debut que salió en el mes de marzo y que tuvo una excelente acogida por la alegría generalizada de sus canciones. Ritmos rápidos, colaboraciones de altura (Alberto y Juankar de Boikot, Evaristo Páramos, Manolo Kabezabolo, los Apelo…) y la sensación de ir con el cuchillo entre los dientes en todo el metraje. Es cierto que algunas canciones son el típico catálogo de repertorio ‘antisistema’, pero hay otras que se quedaron a vivir en mi maleta de pinchar y a las que recurro con frecuencia. La mayoría de las canciones fueron escritas y compuestas Oriol Giné (Uri), que un año más tarde de la salida de este disco pondría en funcionamiento los ahora extintos Bongo Botrako, que tuvieron su momento álgido al rebufo de gente como La Pegatina, pues pocos festivales había que no contaran con ellos si estaban aquellos. Habrá que ver en qué dirección apunta dicho segundo disco, pero a mí me vale para traer este debut a la crítica remember de los viernes. Al final, ¿dejarás que el lúpulo se te suba a la cabeza?
Gran Banda Mandinga – Gran Salto Adelante (2007)
O no. La formación canaria anunció hace tres añitos su marcha por desidia entre un cúmulo más de factores. Al final es lógico. Si para una banda de la Península ya le es difícil de por sí obtener bolos y cierta rentabilidad, imaginad lo que puede ser para banda de las islas esa limitación geográfica. Llega un momento en el que el circuito se te acaba, no salen los números para volar y un largo etcétera que acaba minando la ilusión. Es lo que le pasó a este numerosa formación que llegó a mis manos hace casi una década y a la que hoy me apetecía dedicarles este recuerdo. Gran Salto Adelante fue su primer disco oficial y oficioso, después de granjearse experiencia con tres maquetas que les dieron relumbrón por la zona. El disco era bueno, un 73 le clavé en la revista número 3 de Rock Estatal, en la que la portada se la llevaba Boikot, con el balcánico Amaneció recién sacado a la calle. Un brindis de recuerdo para esta banda de rock, punk, ska y mucho más que si no llegó más lejos fue por pura mala suerte.
Pistones – Persecución (1983)
Los que menosprecian los tiempos de los ochenta en la música en España agrupados en el manido término de la Movida, con frecuencia, se llevan por delante a grupos que, por su coetaneidad sí merecían un mayor reconocimiento y trascendencia. Ejemplos hay decenas. Los hay que después el tiempo les dio la oportunidad de continuar, endureciendo o perfilando más su sonido a finales de década y en los posteriores noventa. Los hay que no. Pistones parecen entrar en la categoría de ‘perdedores’. Después de dos singles más cercanos a la new wave del moderneo de los primeros años de los ochenta, Pistones se sacudieron los factores limitantes y se marcaron un larga duración como debut que jamás superaron y que tiene un encanto perdedor acusado. Entonces y ahora. Producido por Ariel Rot, que también es el encargado de grabar buena parte de los instrumentos junto a Fabián Jolivet, baterista también de Tequila, las composiciones de Ricardo Chirinos, su vocalista, ofrecen en este álbum un delicioso compendio de letras que escapan de la absurdez y buscaban un público al que no encontraron. A pocas horas de ver a 091 en su regreso, veinte años después de su despedida, hoy me apetecía acordarme de ellos.
Transfer – Fin De Siglo (1997)
Tanto hablar de que Transfer es, junto a otros nombres como Tako o Stafas, uno de los grupos de rocanrol cuyo reconocimiento no es acorde a su grandeza y aún no le había dedicado una crítica remember completa de los viernes. (Sí un #Mis10de con un elogiable resultado en twitter, con muchos de vosotros reconociendo el sorprendente descubrimiento). La primera intención de la banda parece ser una jugada irónica del destino. La formación quiso llamarse Mala Suerte en el verano de 1990, fecha de su fundación. Problemas legales con el nombre les llevó a Transfer. Su discografía es muy regular y ello me ha dificultado la elección. En sus ocho trabajos hay grandes canciones. Enormes canciones. Vibrantes, sinceras, llanas, sin ánimo alguno de ampulosidad ni delirios de magnificencia. Liderados por un Aris que es pleno corazón y cercanía, Transfer se mantuvo vivo hasta en pie hasta que en 2011 el hartazgo les llevó a poner fin. Les guardo un cariño inmenso y llevo a gala tener la suerte de poder haberlos visto aunque solo fuera una vez. Hoy me apetecía acordarme de ellos y, ¿por qué este disco? Porque los conocí con el tema que lo abre, ‘Falsos Dioses’, una canción de la que me enamoré y me di cuenta de que había muchas formas de vivir el rocanrol.
Santelmo – Santelmo (2010)
No es fácil abrirse camino en ningún género del Rock, así, con mayúsculas, de nuestro país. Pasa en el punk, en el metal, en el rock… y también en el heavy. A los Obús y Barón Rojo de hace varias décadas, podemos añadir grandes nombres que, unos con más merecimiento que otros, siguen inamovibles de la primera línea: Warcry, Mägo de Oz, en su día Avalanch (no así Alquimia, que le está contando entrar), Tierra Santa, Saurom, Medina Azahara, Lujuria, Saratoga… Así por ejemplo, Dark Moor vio claro que era más fácil el reconocimiento fuera que dentro. Ahí queda una supuesta segunda fila con nombres meritorios como Ópera Magna, Zenobia, Dunedain… Santelmo ha muerto. Lo han anunciado hace escasos días. No han trascendido los motivos porque no se especifican en el comunicado, pero sin duda que sembrar mucho y recoger poco tiene siempre una dosis de influencia. La banda deja tres discos, este Santelmo, El Alma Del Verdugo y Mamífero, para el recuerdo, publicados en apenas siete años de una vida con demasiados cambios de formación significativos. La crítica remember de hoy valga como reconocimiento a tantas bandas que se han quedado atrás. Como diría Warcry, “brindo por ellos”.
Gris Perla – Siempre Gris (1991)
Sin glamour de postureo, ni padrinos, ni artificios. Gris Perla irrumpió a comienzos de los años noventa desde la ría bilbaína, con un género y una actitud que les hacía ir a contracorriente. Alejados del punk, demasiado heavys para los rockeros, demasiado rockeros para los heavys. En verano de 1990 ganaron un concurso en la localidad burgalesa de Trespaderne, sede del Tresparock, que sigue manteniendo su concurso, además del propio evento, que les permite realizar su primera grabación seria con la que rularla por casas discográficas (sí amigos, esas cosas funcionaban a veces en aquellos años). Es la gallega Edigal, que por entonces contaba en sus filas con Los Suaves (aunque más adelante terminaron tirándose los trastos a la cabeza), quien decide apostar por ellos. No demasiado dinero, pero sí con una larga continuidad: cinco discos. Así, del tirón. Pedro de la Osa a la voz y guitarra, Josu Villanueva a la guitarra, Jacin Calvo al bajo y Koldo Mikel Pizarrro en la batería grabaron Siempre Gris. Un álbum que tiene una magia indiscutible.
Breed 77 – Un Encuentro (2007)
Confieso que el rollo gibraltareño en las bandas de rock nunca me ha molado demasiado (el caso de Melón Diesen – Taxi es el más flagrante), casi con el mismo repelús que me da el rollo californiano superazucarado. No llega a los niveles de Los Planetas, pero nunca me han caído en gracia. Breed 77 es la bella excepción que confirma la regla. Banda formada en Londres con cuatro componentes del peñón, mezclan en su música desde su nacimiento una potente base metalera que no llega a atronar en ningún momento, una dosis no excesiva pero muy melódica de componentes flamencos y una enorme capacidad para conseguir melodías vocales adictivas. Después de Kharma y Cultura, In My Blood fue el disco con el que consiguieron dar el salto definitivo, vendiendo a buenos niveles tanto en el Reino Unido como en nuestro país. Poco después y como un regalo a sus seguidores, la banda editó Un Encuentro, un disco en el que remozaba una buena tacada de canciones al castellano, subrayando la raíz flamenca y dando un grandes éxitos indiscutible que en su versión iTunes (y Spotify) además añadía otros ocho cortes. Un pelotazo.
Le Punk – La Logia De La Canalla (2003)
Hace unos días hablaba de nuevo, al hilo de la aparición de unas maquetas grabadas en el estudio en directo, de Buenas Noches Rose. Una banda de talentos gigantes como Rubén Pozo, Jordi Skywalker (en este caso mal canalizado, recordad que cogió una carreta y se fue a caballo a Francia, si bien se marcó otro discazo en su regreso) y Alfredo Fernández, Alfa. Antes de emprender carrera en solitario bajo dicha cabecera, Alfa conjuntó en el cambio de milenio a una banda llamada Le Punk, completada en los tiempos de este primer disco por Joe Eceiza, de Malos Pelos (ambos tocaban juntos en Perros de Paja), ambos a las guitarras, Daniel Fernández al bajo, y David Rico, Datz, a la batería que, por cierto, entró sustituyendo a un tipo llamado José Miguel Conejo… Leiva. Después de granjearse una notoria fama en locales nocturnos, la banda decide autofinanciarse la salida de su carta de presentación, La Logia de la Canalla. Un disco de rock bastardo, de tango y de pasodoble, de swing y bohemia. De crapulismo y malas compañías. Una jodida maravilla.



