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#Mis10de Joaquín Sabina

Compañero del mismo canalleo que Peret, aunque más de Bambino (culpable), Sabina nunca ha estado muerto, sino casi siempre de parranda, salvo en aquella recuperación del susto marichalero. Y es que da la impresión que cada a cada álbum publicado, el jiennense parece resucitar y/o despedirse, según apetencia del oyente y/u opinador. Como dato objetivo, es cierto que jamás Joaquín había dejado pasar tanto tiempo sin publicar un nuevo disco al uso (Recordemos que a mitad de camino está La Orquesta del Titanic, con Serrat). Más de siete años se antojaban a algo así como una prejubilación, abocado al tiempo que hace que los cuarenta y diez ya se aproximen a cuarenta y treinta. Por ahí anda Serrat con sus “fa vint anys que dic que fa vint anys que tinc vint anys” también caduco. Por suerte, la lectura del libro de Juan Puchades sobre el 19 Días y 500 Noches desvela que Sabina está escribiendo para un nuevo disco y que, este sí, considera que será el último de verdad. Así que si Lo Niego Todo ya sonaba un poco al “I’m ready, my lord” de Leonard Cohen, podemos intuir que el próximo va a ser más oscuro todavía… You Want It Darker, ya saben. Y en esta selección sí que se han quedado fuera ciento y la madre (volando) así que, hoy más que nunca, hoy que ponemos fin a este maratón de reediciones de #Mis10de durante todo el mes de julio, recuerdo que las ausentes no es que no me gusten, es que no me caben. Sean felices, que la sección volverá en septiembre para quedarse.

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#Mis10de Robe

Como una tormenta perfecta, como una pequeña bola de nieve que comienza a rodar por la cima hacia el desfiladero, como un efecto mariposa… el proyecto de Roberto Iniesta al margen de Extremoduro fue cogiendo cada vez más poso y lo que era un ejercicio de loca valentía, con el primer álbum, ganó hechuras de directo en el segundo álbum, hasta lanzarse a una gira, primero en teatros (otra apuesta sin coraza ni armadura) y después al aire libre. Piedra con piedra, pluma a pluma, Robe volvió a conquistar una vez más a su público y a otros nuevos hasta el punto de acceder a registrar varios de sus conciertos para su edición posterior en DVD. Como guinda, se cruza por el camino la posibilidad de hacer un estreno en cines y El Dromedario Records se lía la manta a la cabeza hasta desembocar en un preestreno de esos con alfombra roja y una colección de músicos y artistas invitados que podría ser impensable hace apenas una década. Rompiendo fronteras, como siempre. Tanto es así, que hasta Pancho Varona, del círculo Sabina (quien definió a Extremoduro como “rock con ladillas”), se ha rendido a su talento. Nunca es tarde para asumir errores. (Foto: Juan Jesús Sánchez Santos para RockSesión).

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#Mis10de Ilegales

Ilegales se forjó en la dureza minera, como una isla de donde sólo emergió Jorge y los compañeros de viaje que, dentro de sus problemas varios de la indigestión de éxito y drogas, siempre han dado lo mejor de sí en la banda (por la cuenta que les traía), siempre el acorde y el pulso certero, siempre evitando que el grisú de la efervescencia innecesaria matara silenciosamente el poder de la palabra de Martínez en sus letras. Porque en el mundo del rock se alaba (me incluyo, por supuesto) el poetismo de la vía Dylaniana, Vegas y Manuel, sin salir de Asturias, y los consabidos Iniesta, Sabina, Domínguez, Romero o Íñiguez, pero siempre se ha olvidado y dejado de lado la cruda fotografía congelada por gente como Jorge Martínez, capaz de conseguir el frame perfecto de lo que está alrededor y de lo que quema en el interior. Detrás de Jorge Ilegal hay un mundo interior inmenso, alimentado por su especial pasado, con palacios y generales de por medio, y con una eléctrica hiperactividad cerebral. Se le nota en la mirada y en el discurso. Y la precisión quirúrgica se traslada a sus canciones, donde casi siempre menos es más. Podríamos quedarnos con muchísimas canciones de la banda, pero hoy, son estas mis diez.

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#Mis10de Leño

Considerados los padres de una forma de entender el rocanrol en castellano. Ya con desde su debut, en 1978, con un disco de cuarenta minutos que viene a ser algo así como la biblia del género. Un manual de instrucciones que revisitarán todos los grupos posteriores: Los Suaves, Barricada, Extremoduro, Marea, etcétera sin fin… Algo que reconoce hasta el puntilloso José Carlos Molina de Ñu… Mientras que todo el mundo venera la influencia de Leño, el se desmarca diciendo que “a nivel musical abrieron la puerta a la mediocridad musical del ‘todo vale y cualquiera del barrio puede cantar’. Gracias a eso se han forjado grupos que son un calco de Leño: (ojo a los sitios que cita) navarros, extremeños, gallegos… que vieron un filón en el ‘raca raca’” (Rock Estatal, nº 13). Concluye diciendo que sin Leño la música de este país hubiese sido más interesante… Más allá de lo impopular de la cita, tiene razón en que Leño animó a miles de chavales de la época a coger una guitarra (¿eso es malo?) y que su influjo es innegable e innegociable. Me parecía simbólico emparejarlo en el fin de semana con Led Zeppelin y también, cerrar el último domingo con ellos (aunque nos queden tres días de julio) con quien empezamos la serie, Rosendo.

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#Mis10de Led Zeppelin

Y aquí está la que considero la mejor banda de rock de todos los tiempos. Ganadores del Mundial RockSesión internacional de 2016, no había mejor opción para cerrar la vía foránea de esta maratoniana reedición diaria de #Mis10de en este mes de julio. La guitarra multiorgásmica de Jimmy Page, la voz de oro de Robert Plant, la imponente sobriedad de John Paul Jones y la batería que late como un corazón de John Bonham. No hay mejor grupo que ellos. Y estoy convencido por más que pasen los años. Por eso hay que sonrojarse un poco por la inocencia de quien quiere buscar sucesores constantemente, como ocurre con Lionel Messi, en este caso Greta Van Fleet. Considero que los americanos harían bien en buscar su camino en territorios un poco más alejados y menos colindantes con los Zeppelin, porque al final el tiempo hará que resulte algo grotesco. Nadie se puede igualar a ellos y a la riqueza de su sonido. Más duros que nadie, pero también terciopelo. Bases del heavy metal (término que no les gustaba demasiado), pura herencia de blues y mucha valentía azuzada por el exceso, a buen seguro. Una gozada volver a ellos. Siempre y en cualquier momento. Lee el resto de esta entrada

#Mis10de WarCry

 

A finales de 2001, Víctor García y Alberto Ardines eran vocalista y baterista de Avalanch. La formación de heavy asturiana había lanzado ese año El Ángel Caído, posiblemente el mejor disco de toda su discografía previa y posterior y uno de los mejores del género de nuestro país. Un disco temático (que no monográfico) sobre la relación de dios con el hombre, y musicalmente una mezcla de heavy y power metal con mucho sentimiento. Una gira de brutal éxito elevaba a Avalanch a grandes niveles de popularidad. Pero las incomprensión hacia, por otra parte, las lícitas inquietudes artísticas del frontman acabaron por romper la formación en su mejor momento de crítica y público. Nadie podía creerlo. Víctor García, en aquel momento una de las mejores voces del heavy metal, junto a José Andrea y Leo Jiménez (y Pacho Brea), era expulsado del grupo. Los seguidores que no vivimos aquello como un ‘contigo o con ellos’ ganamos a una banda más. Avalanch siguió su camino con Ramón Lage y nació WarCry para quedarse y brindarnos una decena de discos épicos, emotivos, de fraseos antológicos y estribillos para corear hasta el final. Aunque no vibro igual con todos sus ‘formatos’ de canciones (y no hablo necesariamente de velocidad y doble bombo), WarCry siempre será una de mis bandas de cabecera. Por respeto a lo sentido y vivido con sus discos y en sus directos. Podría hacer un triple CD de 40 temas, pero estos son #Mis10de… al menos, hoy.

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#Mis10de Iron Maiden

Dentro de la planificación que hice para todo el mes reservé para el último fin de semana, los dos días del bonus track internacional, a las dos bandas que llegaron a la gran final del Mundial RockSesión en 2016. Los subcampeones, como saben las personas más viejas y lectoras del lugar, fueron los británicos Iron Maiden, que hicieron un campeonato de escándalo. El no ser un acérrimo fanático de la banda me ha permitido a lo largo de los años disfrutar de todas y cada unas de las alineaciones que ha tenido, especialmente con el tema sensible de los vocalistas. Aunque, seamos serios, comparado con otras bandas nacionales (y se me viene a la cabeza especialmente Avalanch) podemos concluir que lo suyo es más o menos ‘estable’. Dicho esto, la banda de la doncella de hierro, la de Eddie, que tantas y tantas camisetas, portadas y giras ha adornado durante más de cuatro décadas tiene un repertorio descomunal, haciendo fácil lo difícil: hacer del heavy metal algo accesible sin perder por ello la integridad y las formas del género. Eso sí, que es de las listas que más controversia genera también lo tengo asumido, pero hemos venido a jugar. Suban al avión de los Maiden, que despegamos.

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#Mis10de Medina Azahara

Veinte discos de estudio, media docena de recopilatorios y otros tantos directos en varios formatos. Casi 40 años de actividad ininterrumpida, más de 200 canciones… No busquéis, no hay banda rock duro en España con un trabajo tan firme y constante como el de los cordobeses Medina Azahara. Ni parones indefinidos, ni demasiado tiempo sin nuevo material (de hecho, mirando su discografía, la fase más amplia fue del tercero, Andalucía (1982), al cuarto, Caravana Española (1987)), lo suyo es de auténtico récord. Lo han hecho además con una coherencia tan apabullante que es que, lo digo de la manera más sincera y sentida, es imposible reprocharles nada. Imposible escuchar su nombre y no sentir afecto, apego y respeto. Así, podemos perdonarles algunos recursos manidos (debe ser la banda que más veces ha rimado feliz-vivir-sentir en la historia del rock) o que los melismas de Manolo nos los sepamos de memoria, incluso su incansable romanticismo de ensueños y deseos de tiempos felices por más que la realidad nos lleve la contraria. Medina Azahara solo hay una y eso se sabe en la calle. Medina Azahara continúa en la brecha y dando conciertos. Que no se nos vayan nunca. Aunque el recuerdo siempre quedará entre los dos. Entre ellos y el público.

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#Mis10de Triana

Triana entró en la historia de la música a la primera. El listón con su debut, El Patio, estuvo tan alto desde el principio que lo que vino después no fue peor (y el Hijos del Agobio casi lo iguala) pero era imposible superarlo. Jesús de la Rosa a la voz, teclados y texto, ‘Tele’ a la batería y percusiones, y Eduardo Rodríguez a la guitarra española, son la esencia de Triana. Un trío de creatividad extrema que solo truncó un maldito accidente de tráfico. Como curiosidad recordaré que en aquel primer disco la formación para las grabaciones se completó con Manolo Rosa al bajo, y (ojo) Antonio García de Diego, quien años después sería uno de los músicos y compositores fundamentales para Joaquín Sabina, a la guitarra eléctrica. No hay palabras para definir su exquisita creatividad. Allá por 1975, con aún el dictador vivo, debutaron dos años antes que Leño, antes de la explosión hard rock y heavy de finales de los setenta. Si bien Miguel Ríos ya había hecho algún escarceo de fusión de rock con raíces andaluzas, y que Smash o Gong tenían cierto encanto y similitud, es con Triana cuando se produce un terremoto de creatividad que hermana el rock progresivo y el flamenco con una naturalidad pasmosa. Como si hubieran nacido para eso. Surgiría Alameda, Imán, Mezquita, Guadalquivir, Medina Azahara, Veneno con Raimundo y Kiko Veneno… Casi nada.

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#Mis10de Poncho K

Que Roberto Iniesta marcó un antes y después en la manera de escribir, cantar y componer en todas sus fases, más o menos cerriles o sutiles, con Extremoduro y después en solitario es innegable. Y creo que, por más que más de uno cite a Marea, su alumno más aventajado, el que más cerca está de él en espíritu y forma de escribir es Poncho K. Ojo, que no hablamos en ningún caso de ser un imitador. Hablamos de una innegable colección de guiños y referencias que recuerdan en la manera del contar, en toda su discografía, al poeta extremeño. El sevillano se ha convertido en casi leyenda del rock de autor, si tenemos en cuenta que ha despachado siete notabilísimos discos de estudio sin llegar siquiera a los 40 años. Nunca ha querido hacer lo que no es, ni ha cambiado su manera de cantar, ni de expresarse. Tampoco hace alardes de arreglos o complicaciones. Pero dentro de la homogeneidad hay muchos ‘ponchos’, el veloz de esencia punk y pogo, el romántico, el deslenguado y el que es capaz de hacer un exorcismo de miedos y dolor cantando a la muerte de su padre. Por eso su repertorio, por más que se eche unos 20 temas, deja siempre ‘himnos’, porque hay un trozo de alma en ellos. Es absurdo jugar en la misma liga cuando es difícil toser al mejor de los alumnos. Va un #Mis10de del que sigo dudando incluso a la hora de publicarlo. La certeza no me dura ni la noche. (FOTO: Juan Jesús Sánchez Santos para RockSesión).

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