Drunken Cowboys – Invocatio Ad Deos Etilicorum

 

Igual que el eslogan de aquel viejo anuncio, que venía concluir con la frase que fue directa al acervo popular, “el algodón no engaña”, tampoco lo hace ni el nombre de esta ya curtida formación aragonesa ni el título del que es ya su cuarto trabajo discográfico de estudio. Proceso al que le tienen cogido el punto si tenemos en cuenta que han despachado ya hasta cuatro entregas en poco más de cinco años. El primero fue una suerte de semi maqueta estreno que ya dejaba a las claras la base musical y conceptual del combo, Western Etílico en 2014. Después, años más tarde, llegaría Whisky Con Soga, con más dosis de ironía entre la típica escena de los spaguetti y el saloon, con sus dos os correspondientes, y L.A. Jodimos, en 2018, terminó de romper ese aire localista para aumentar su capacidad de alcance. Ahora, bajo el subtítulo añadido, por si faltaran pocas pistas, de ‘ópera bufa’, se completa el póquer con Invocatio Ad Deos Etilicorum. Un viaje de sutil argumento guiado por el rock, la diversión, la cerveza y la gran fiesta que todo ello, junto, provoca, a ritmo de aires americanos, tabernarios, polvorientos y con una importante dosis de guasa. Todo ello, aquí el mérito, tomado con la seriedad suficiente como para que el resultado esté muy por encima de la media de los discos ‘chistosos’.  Buenas noches, bienvenidos, hijos del alcohol. Os presento a los Drunken Cowboys.

Más allá de aderezos de la puesta en escena, técnicos, colaboraciones y demás, el quinteto titular de la banda, en este disco, está formado por (motes propios según dejan claro en sus propias páginas oficiales): Juancho, el lagarto de Tijuana en la armónica, banjo y voz; Julio, la mofeta de Huesconsin en la guitarra y voz; Ismael, el pirómano de Chicago, brutal barbudo, mejor bajista y técnico indispensable; Jose Luis, Hurricane duck Mc Carthy, ‘El puño de Illinois’, a la batería y percusionista del establo; y Víctor, el balkalacrán beodo, violín. Como decía, no hay elemento que no esté lo suficientemente integrado en las emociones y sensaciones que quieren transmitir con esto de los rocanroles.

Para empezar, dos elementos que nos hacen albergar buenas expectativas nada más comenzar la reproducción de Invocatio Ad Deos Etilicorum. El sonido, de lo más empacado y orgánico, como bien merece una instrumentación cimentada en banjos, armónicas, violines… El responsable de ello, en esta ocasión, ha sido Diego García (habitual de alguien tan reputado como Ara Malikian, estudios PKO) en el estudio Audio Feeling y mezclado por José Manuel Huerta y Alberto Espí. (Como dato extra, el anterior producido por el guitarrista ‘mariachi’ del Cabaret Ambulante de Bunbury, Rafa Domínguez). El segundo elemento para tener confianza en lo que viene es una ‘Obertura’ sin grandes complicaciones compositivas, pero con bastante finura y elegancia. Nada de caer en lo chabacano.

Y esa constante se mantiene con ‘Invocatio Et Salutatio’, tema que coge prestada la primera parte del conocido estribillo de Miguel Ríos pero, no se engañen, no es una versión. Resacas anticipadas, personas medidas al gramo y una dosis de lenguaje inclusivo “buenas noches, bienvenidas, hijas del alcohol”. Sí, las formas y la voz os recordarán mucho a Javier Andreu, vocalista de La Frontera. El turismo etílico no se puede abordar con más arte que en ‘Empirismo Sajón’, “tal vez sea un pájaro, tal vez un avión, es otro inglés que ha saltado por el balcón”. Como guiño localista, usar el ‘co’ como expresión, como bien nos ha enseñado el bueno de Manolo Kabezabolo.

En ‘Queen Of The Road’ la fiesta se aplaca un tanto para ponerse algo más estilosa. Un medio tiempo de unas armonías reposadas y estilosas. Veremos más adelante que la banda, cuando quiere, también destila licores de tono sobrio. Esta va en ella. Una canción de carretera y camión pero… conducido por una mujer. El estribillo es puro country americano. Otro certero ejercicio de estilo. Arpegios nada sencillos nos reciben en ‘Alas De Cera’, historia de verano con septiembre como fecha de caducidad, símiles constantes de apuestas y una moneda que reparte irremediablemente la cruz para una de las dos partes.

En el punto central, como los Celtas, un interludio instrumental que, a la postre, es el corte más extenso del álbum. ‘Jerusalemn Groove’, con aires orientales que, de inicio, con los primeros movimientos de arco, casi parecen preludiar una tormenta más rollo Gogol Bordello. Pero aquí puede más el seso que lo cerril, aquí que se marcan un buen desarrollo que hace juguetear cuerdas de violín y buenas guitarras. La segunda parte, así, arranca con ‘Los Ojos Del Cuervo’, corazón y razón se debaten en un duelo argumental que se mueve entre ataúdes, olvidados y mordidas de polvo. La épica del solo de guitarra y de violín son dos poderosos argumentos que refuerzan lo dicho desde el inicio, esto no es solo una banda de gracietas.

Que se retoman en ‘No Sin Mi John Deere’, tema acelerado de carreras de tractores, aderezado con segundas voces que casi rozan lo brutal-death demoniaco. El resultado, sin lugar a dudas, es explosivo y efectivo. En ‘Three Barrels’, la zapatilla vuela a toda velocidad con un tema cervecero y angloparlante, una balada country con toques de despedida crooner-country nos pone a tararear en ‘Gracias, Amigos, Gracias’. Mientras que ‘Bajo La Tormenta’, como apuntaba, es un corolario de lo más serio como un canto de aires casi gospelianos en los coros femeninos y de superación ante las adversidades: “me cuentan que cantaban, descalzos en la tierra, que no puede durar mucho si se llama temporal”.

Media hora de lo más agradable, entretenida y con su contrapunto de seriedad nada impostado para un disco que ofrece muchísimo más de lo que uno podría esperar sin conocerles antes. Brindo por ello.

 

Lista de canciones – tracklist:

  1. Ober
  2. tura
  3. Invocatio Et Salutatio
  4. Empirismo Sajón
  5. Queen Of The Road
  6. Alas De Cera
  7. Jerusalem Groove
  8. Los Ojos Del Cuervo
  9. No Sin Mi John Deere
  10. Three Barrels
  11. Gracias, Amigos, Gracias
  12. Bajo La Tormenta

 

Publicado el abril 28, 2020 en Críticas Discos y etiquetado en , , . Guarda el enlace permanente. 2 comentarios.

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