Archivo del sitio

#Mis10de Aterciopelados

 

El estallido del grunge salpicó a la música en todo el mundo a principio de los noventa y hasta casi la salida de la década, siendo el primero de sus lustros el momento más álgido del género. Ese ruidismo en las guitarras y la actitud belicosa en las formas fueron asimiladas en las escenas de distinta manera y con desigual acierto. En el caso de Colombia, un joven dúo, formado por Andrea Echeverri y Héctor Buitrago, perfilaron lo apuntado en su primigenia banda juvenil Delia y Los Aminoácidos. Llegarían tres años después la trilogía de rock y actitud hardcoreta, pero con fuerte raíz de folclore autóctono, he aquí la original asimilación de la moda imperante, formada por Con El Corazón En La Mano, El Dorado y La Pipa De La Paz, que ya abría la puerta a arreglos más sofisticados y programados, con Phil Manzanera como productor. El cambio se hizo notorio y mucho más patente en Caribe Atómico, que termino de romper las fronteras musicales del grupo, que todavía despacharía un excelente Gozo Poderoso, para seguir su camino con Oye, Río y su último Claroscura, de sonido vigente y actual. Por el camino, muchos discos en solitario, Grammys, mucho activismo social y colaboraciones por decenas. Como tantas bandas del otro lado del charco, grandes ‘desconocidas’ (con mucho respeto las comillas) donde podríamos incluir a gente como No Te Va a Gustar de Uruguay o Café Tacvba de México… entre otros muchos. Hoy vamos con #Mis10de Aterciopelados. Salud. (FOTO: Aterciopelados.com – Juan Andrés Moreno)

Lee el resto de esta entrada

#Mis10de El Puchero del Hortelano

 

El sábado 17 de octubre de 2015 El Puchero dijo adiós. Casi 18 años de emociones, sentimientos, canciones de género dispar pero con los denominadores en común de la honestidad, de la sinceridad, el corazón, la esperanza, el buen humor, la autocrítica… La vida, en suma. Era la primera vez que el Palacio de los Deportes de Granada ponía un ‘sold out’ con una banda de la tierra. Ni Bob Dylan, oigan. Cerca de 8.000 personas para una noche histórica. Seguidores y amantes de la banda de toda España acudieron al rebato final. El Puchero, como los más grandes, se fueron en el momento más álgido de su carrera, sencillamente porque necesitan nuevas experiencias. Y ahí tenemos a Antonio Arco cimentando una carrera en solitario con dos discos maravillosos y uno tercero que se viene fraguando a golpe de single previo. Una decisión, la del adiós, que cualquier rentista de gráficas de rendimiento calificaría de locura, pero que es respetada con resignación por quienes vibran con sus formas. El Puchero dijo adiós, pero el recuerdo de la última noche permanecerá indeleble y fresco en la memoria para todos los que estuvimos allí. Las luces se encendían en el Pabellón y se apagaron para siempre en El Puchero. Los asistentes elogiaron el esfuerzo, los años, la dulzura y la alegría. Porque su música es ilusión y bondad sin imposturas. Un último concierto mágico, “quién tuviera para vivirlo otros 80 años”. Hoy, le metemos pala al #Mis10de El Puchero del Hortelano que hice en twitter en julio de 2013. Nos sobran los motivos. (FOTO: Marina Ginés para RockSesión)

Lee el resto de esta entrada

#Mis10de Leonard Cohen

 

¿Dónde está la salvación que el mortal busca?, cantaba Roberto Iniesta en una de las canciones viscerales de los primeros discos de Extremoduro (a quienes este fin de semana, entre otras cosas, debería haber visto por tercera y cuarta vez en esta aplazada gira de despedida). Quizá la única manera sea conseguir el tres en raya que supone la paz de corazón, cabeza y alma. No es poca cosa si por el viaje llevas acumuladas ‘muchas lanzas’, como canta el otro poeta Kutxi Romero con Marea, “y sus trozos fabricaron mi esperanza, tan sedienta porque al fondo de mi alma hay un pozo pero la soga no alcanza”. #Mis10de hoy vuelven a ser una necesidad. Quizá mi vida entera esté en esta web y en otras creaciones musicales a las que les doy acceso a muy pocos elegidos. Culmino la presentación con un fragmento del artículo que escribí por la muerte del canadiense, que también os comparto también aquí, al completo: Vivo con la obra de Leonard Cohen desde que tengo memoria musical. Me es grato ir encontrando a personas que, sin saber por qué, sintieron fascinación por él también desde niños. Entonces no se entienden los motivos, claro, pero da una sensación de comunidad reconfortante. Uno de los ilustres de esa lista es Igor Paskual, pero también muchos amigos tuiteros que durante años han confesado esa iniciación. Como en el caso del músico, fue mi madre la que lo escuchaba con frecuencia y, como mi tocayo Krahe, forma parte de mis recuerdos de las tardes de colegio mientras hacía los deberes (sin quejarme, sin quejarse). Ironía fina, tanto Krahe, como Cohen: voces cavernosas, cantantes tardíos, por casualidad hasta la H intercalada y, de postre, Javier casado con una canadiense. Recuerdo un casette, una cinta, ‘de las buenas’, de las negras, con sonidos que nunca le había escuchado a nadie. Llévenme al final.

Lee el resto de esta entrada

#Mis10de Estirpe

 

La música cubre en miles de ocasiones necesidades emocionales que otras cosas no logran alcanzar. Así, llevo unas semanas aprovechando eso para traer aquí a bandas que a lo largo de los años, que ya son muchos, han supuesto una descarga y sacudida en distintas direcciones. Lo hice con EUKZ y Radiohead la semana pasada y hoy, sábado, de nuevo día para nuestra escena, nos vamos con una de mis bandas fetiche y, siempre diré, del todo infravaloradas cuando tienen incluso elementos que le permitirían andar en lo mainstream si no fuesen de Córdoba. Funk, metal, arreglos líricos, electrónica, emoción descomunal, algo de rap… Una coctelera explosiva capitaneada en la voz por Mart, el hijo de Manuel Martínez de Medina Azahara. Más de quince años me costó conseguir poder verles en directo porque en el circuito de salas lleva casi ese tiempo agonizando y porque los grandes festivales que he cubierto siempre los han ignorado. Pero quien los probó lo sabe. Somos pocos, pero lo sabemos. Estirpe llega hoy con diez dardos (tienen más, os lo aseguro) que escucho a todo volumen para fundirme con sus melodías vocales, sus metales, sus guitarras y su batería. Si los conocen, disfruten. Si no los conocen y quieren dedicarles 45 minutos, sean bienvenidos. Cuando pienso en abandonar esto, y van unas cuantas y cada vez con mayor intensidad, siempre recuerdo “que no tengo más aspiración que morir viviendo el rocanrol”. (FOTO: Juan Jesús Sánchez Santos para RockSesión).

Lee el resto de esta entrada

#Mis10de Radiohead

 

Aunque en esta casa le damos sobre todo al espectro nacional, los domingos nos reservamos la mirada al circuito internacional con la sección de #Mis10de. Y, después de darme el gusto de reeditar a El Último Ke Zierre, EUKZ, ayer, su compañero de baile también es una debilidad personal hasta el punto de que es uno de esos pocos grupos extranjeros que escucho con la misma habitualidad y con el mismo conocimiento de causa que grupos de nuestra escena. (En esa categoría, ya saben los viejos del lugar, incluyo a Muse, Mastodon, SOAD, Rammstein, Zeppelin, Manson, Metallica, Dylan, Cohen…) Y es que Radiohead siempre me ha servido para estimular emociones y conexiones cerebrales donde no llegan otros grupos. Esa es la grandeza de la música cuando te dejas absorber por ella, cuando su esencia te atrapa. Quizá por eso mi alta estima a la banda de Thom Yorke y compañía, que inicialmente se iban a llamar On A Friday. Llegan donde otras no y, cuando quiero esas sensaciones, no tienen casi rival. Además, comulgo con ellos en el punto intermedio. Sí, me gustan los primeros discos, más guitarreros, que tendrán fuerte presencia en la selección, pero su progresiva experimentación electrónica y la ruptura de los estándares completaron mi admiración por ellos. Sí, OK Computer es uno de los mejores discos de la historia, pero para mí Kid A se lleva poco con él, y Amnesiac es una delicia. Sea como fuere, cerramos mayo con #Mis10de Radiohead. Que lo disfruten.

Lee el resto de esta entrada

#Mis10de EUKZ

 

Desde su debut discográfico en 1991 (la banda echa a andar en el 87), El Último Ke Zierre, EUKZ para los amigos, se ha forjado una leyenda de banda cruda. Alejada de cualquier redil que se les pretenda imponer. Han cimentando su punk rock en una batería muy rítmica, cercana al hardcore en ocasiones, unas guitarras cortantes y de melodías dolorosas y la potencia vocal de Rober ‘El Feo’, que transmite rabia y desazón según la necesidad. De sus once discos en estudio, ‘A Cara De Perro’, lanzado en 1998, el quinto disco de los castellonenses, supuso un salto cualitativo en su carrera. ¿Por qué? Porque aunque ya se apuntaba en las entregas anteriores, vino a ampliar de manera significativa el carácter de sus canciones. Si bien los primeros discos se centran en la crítica y rabia social (sin caer tampoco en los clichés del género) que les confiere una cierta marginalidad en la época, con canciones como el himno definitorio ‘No Tengo Miedo’, ‘Amor Obrero’ o los tempos de ‘No Veis’, ‘Eres Débil’ o ‘Soy El Hambre’ empiezan a tocar una fibra emocional que posteriormente explotarán con brillantez a lo largo de los siguientes discos (véase ‘Tus Bragas’, ‘Mis Calzones’, ‘Amor de Cuarto Oscuro’, ‘A Dónde Vas’, ‘Quemaste Tus Alas de Ángel’, etc.). Algunas de ellas estarán en esta reedición de #Mis10de, otras no. Es un grupo pasional, de los que más me han hecho llorar en directo, de forma más desconsolada. Las heridas del amor casi nunca cierran. (FOTO: Marina Ginés para RockSesión)

Lee el resto de esta entrada

#Mis10de Black Sabbath

 

Después del recordatorio musical al incuestionable legado de Barón Rojo, polémicas aparte, deslizando por el historial apareció pronto su compañero de baile internacional para compartir fin de semana: los míticos Black Sabbath, con su formación más clásica y fundamental, Terry ‘Geezer’ Butler al bajo, Bill Ward a la batería, Tony Iommi a las guitarras y Ozzy Osbourne a la voz. Y aunque la lista incluirá temas del siglo XXI (un par, no nos pasemos), está claro que el grueso y lo mejor de su carrera se encuentra en sus dos primeros discos, Black Sabbath y Paranoid, también Master of Reality y, como canto de cisne antes del desbarre final por las consecuencias de los excesos, el Volumen 4, que se iba a llamar Snowblind, por si hacía falta dar pistas sobre de qué iba la historia. Si Led Zeppelin puede ser tomado como el precursor del heavy metal por su sonido afilado y los agudos, Black Sabbath tiene el honor de aportar la oscuridad siniestra, algo impostada, pero impactante para aquellos años, completando el círculo y fundando, quizá sí, en mayor grado, el género. No sería el único porque lo denso y la tonalidad de las guitarras también inspiraron de forma clara al grunge. Su aura negra, casi con más recursos jazzísticos que de blues, caló hondo no sólo para el resto de formaciones de su generación, sino que su influencia ha llegado a nuestros días. Ave, Sabbath.

Lee el resto de esta entrada

#Mis10de Barón Rojo

 

¿Está la creación artística por encima de las opiniones personales de su creador? Cuando ves una película, una serie, lees un libro, escuchas a una banda formada por tres, cuatro, cinco, seis o diez personas con sus creencias individuales, cuando escuchas a una orquesta sinfónica… ¿Te aseguras de que todas sus opiniones coinciden con las tuyas? Si no lo hace, ¿imposibilita eso que puedas seguir escuchándolo y disfrutándolo? ¿Pierde valor artístico? Las declaraciones de un tiempo a esta parte de Sherpa, el que fuera bajista y vocalista principal de la época más legendaria de Barón Rojo están provocando un revuelo generalizado que destapa una vez más el eterno debate. Loquillo, Calamaro… La discrepancia, la divergencia, el debate, la confrontación de ideas es de lo más sano que puede hacer el ser humano, siempre y cuando se guíe bajo unos mínimos criterios de educación y respeto. El problema es que vivimos en un estado de crispación constante en el que si no piensas como yo eres mi enemigo y todo lo que hagas y digas es el mal personificado. Me niego a vivir en un mundo polarizado de buenos y malos, lo siento. Aunque cada día pierdo más la fe en el ser humano y en todo lo relacionado con él. Hoy tengo un día gris, lo siento. Demasiadas lanzas en el costado ya.

Lee el resto de esta entrada

#Mis10de Depeche Mode

 

Siempre habían rondado por casa de mis padres, con la vertiente internacional de mi hermano mayor, que sé que los ha tenido siempre en alta estima. Pero no fue hasta mi primer año en Madrid cuando recuerdo con claridad que ‘me explotaron’ en los oídos escuchándolos en el discman (sí, amigos y amigas, ese artefacto donde se metían cedés y que tan bien me vino en los largos viajes de autobús a casa). Hoy es inviable, impensable y casi ignoto esa manera de ‘atender’ a cosas que no ‘comprendemos’ a la primera. Consumo rápido, no vaya a perderme el siguiente estímulo y a quedarme fuera de onda. El caso es que en un tiempo en el que el rock y el metal se me empezaba a consolidar como auténtica opción preferente, Depeche Mode ‘me confirmó’ que la electrónica no tiene nada de malo usado con seso, que va más allá del consumo rápido. Ya lo sabía, por Jean Michel Jarre o los apunkados Prodigy o Chemical, también por Kraftwerk, y otros muchos. Pero, de esas cosas sin explicación, fue el momento y el lugar adecuado. Las letras llevadas a un extremo que se alejan de lo acomodado, el desafío de melodías arrogantes, de las que te cogen de las solapas de la chaqueta y te zarandean hasta que se han metido en tu memoria. Como el Alien. Su influencia es tal que hasta gente ‘dura’ como Manson o Rammstein nunca han escondido su devoción por ellos. Tampoco el house. Hoy viajamos a diciembre de 2012 (día de Navidad, por cierto), para reeditar #Mis10de Depeche Mode. Salud.

Lee el resto de esta entrada

#Mis10de Sôber

 

Hay algo de perverso en el hecho de que el mejor disco de un grupo no sea el último. Que el aprendizaje que, este es el caso (parecido ocurre con su banda amiga, Mägo de Oz), han hecho de manera innegable los músicos que componen una banda, haciendo más complejas o con más matices las nuevas creaciones no lleguen al ‘status’ de popularidad de canciones más antiguas, las que han forjado tu leyenda y te llevaron al escaparate del gran público. Digo perverso porque convierte a ese conjunto, a ese álbum, en un imprescindible de la historia del rock y metal en castellano, pero también capan al resto de obras con el estigma de ‘nunca vas a repetir este cénit’. Y no hablo de calidad, insisto, sino, sencillamente, que no se volverán a repetir las circunstancias que hicieron que brotara ese resultado mágico. Paradÿsso es el caso. Después de un pujante Torcidos, de un excelente Morfología, de un contrapunto oscuro como SynthesisParadÿsso, el cuarto larga duración de Sôber, es el disco más vendido de la historia de la banda, el que los llevó a una cima desde la que seguirían oteando con Reddo para después llegar al consabido parón temporal del que brotaron Savia y Skizoo. Con motivo del decimoquinto aniversario de aquel trabajo, el trío de cuerdas de entonces (Carlos y Jorge Escobedo y Antonio Bernardini) junto con Manu Reyes a las baquetas, se marcan el lujo (para ellos y para el oyente) de regrabar aquel disco con orquesta sinfónica y con una gira que se verá magníficamente registrada en un directo que verá la luz la próxima semana, en preventa exclusiva ahora mismo, de la mano de El Dromedario Records. Nos vale de excusa para reeditar (con una nueva entrada) #Mis10de Sôber. Respeto eterno.

Lee el resto de esta entrada