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Leo Jiménez – Mesías
A punto de llegar a los 40 años (cualquiera lo diría teniendo en cuenta que llevamos más de veinte viéndolo y escuchándolo en la primera línea del heavy metal de nuestro país), Leo Jiménez continúa perfilando su trayectoria en solitario, que ahora combina con el regreso de los anhelados Stravaganzza. Viendo su currículum y sus andanzas, es cierto que el ritmo es casi inhumano. Tanto es así que incluso tuvo que explicar en redes que sufría de algunas dolencias que le afectaban a sus capacidades vocales en directo, tuvo otro enfrentamiento por el tema de las fotos post-concierto que algunos seguidores se tomaron como una afrenta. En fin, problemas del primer mundo y alejados de lo que realmente importa en estos casos que es, sencillamente, la música. He considerado a Leo, desde 1999, como la mejor voz del heavy metal en España. Lo era con Saratoga, lo seguía siendo con Stravaganzza, incluso con LEO:037, pero reconozco que su trayectoria en solitario (después del ‘robo’ del nombre) nunca me terminó de llenar del todo. Discos muy heterogéneos, canciones con muchas luces y sombras… Pero poco a poco el camino, la banda, las composiciones… se encauzan. Si La Factoría del Contraste ya ofrecía algún momento brillante, en Mesías encontramos, sin duda, su mejor álbum de esta década.
Derby Motoreta’s Burrito Kachimba – DMBK
Tomado en el justo grado que un programa de La 2 puede tener, el nombre de Derby Motoreta’s Burrito Kachimba saltó al gran público en el estreno del programa con el que Ariel Rot nos está deleitando cada martes, visitando distintas zonas de la geografía española en ‘Un País Para Escucharlo’. El formato del programa, si es que aún vives en el error de no disfrutarlo, es que el bueno (porque es bueno, en lo personal y con una guitarra en la mano) de Ariel visita una zona de España donde un ‘anfitrión’ lo guía visitando a varios artistas y grupos de dicha zona. Lógicamente, disco formato presenta la laguna de que debería durar tres horas para no dejarse estilos y nombres fuera, pero, salvando la imposibilidad material del tiempo, es un auténtico cañón. En primer lugar por ser maná en un desierto y en segundo porque ver a Ariel, al anfitrión de turno y las bandas o artistas referenciados interpretar canciones juntos es una delicia en la mayoría de los casos. Fue ahí cuando, como otros miles de amantes de esto de la música y los rocanroles, apunté a fuego el nombre de estos sevillanos que, casualmente, lanzaron su primer larga duración apenas unos días después de su salida en el programa. Un cañón de los buenos.
Santero y Los Muchachos – Rioflorido
Su primer disco, Ventura, cayó a mis oídos demasiado tarde como para hacer crítica del disco como si fuese una novedad y demasiado pronto como para poder considerarse una crítica remember de los viernes. Con ‘la pestaña de seguimiento’ activada, los tenía en la lista para seguir sus pasos en siguientes lanzamiento, por si el nivel lo merecía, traéroslo a colación. Y así ha sido. A principios de este mes de marzo veía la luz este Rioflorido, el segundo larga duración de la banda valenciana Santero y Los Muchachos, que guarda los principios fundacionales de su debut, pero yendo un paso más en la ambición que da la seguridad de que se está apreciando lo que se ofrece. Autodefinido como rock reposado, la escucha de Santero en general y de este Rioflorido en particular debe considerarse como una suerte de delicatesen para momentos elegidos. Las guitarras eléctricas tienen la distorsión justa, se juega con terrenos semi acústicos y desenchufados al completo, aparecen sutilmente metales, dobros, contrabajos, lap steel y percusiones orgánicas. Si a algún despistado le contamos que algunos de sus componentes han formado parte de bandas como La Pulquería y Obrint Pas, no nos creería. Pero es que la música es así de grande, por eso nos tiene locos.
Los Zigarros – Apaga La Radio
Sin prisa pero sin descanso, Los Zigarros suman y siguen en su camino por el rocanrol más clásico y genuino destinado a públicos mayoritarios. Y es meritorio que lo hagan sin perder un ápice de autenticidad y que, incluso, como es el caso, sea con cierta valentía y arrojo para endurecer ciertos sonidos, sacrificar las tonadas más bailables y aprehensibles por otros territorios más de vieja escuela. A estas alturas, después de dos discos que se colaron ambos en las medallas de los Discos del Año de esta casa, negar que estos chicos valencianos nos caen en gracia es absurdo. Pero claro, el status (con Quo y sin Quo) hay que mantenerlo con buenas canciones, buenos álbumes y buenos directos. Y de todo ello siguen en plena forma Álvaro y Ovidi Tormo, a las guitarras, con Adrián Ribes a las baquetas y Nacho Tamarit al bajo. Diez temas en poco más de media hora con Apaga La Radio que les coloca un peldaño por encima de su propia dinámica. Textos accesibles, guitarras que nunca decaen y unos compañeros de viaje de lo más solventes para una banda que lleva camino de convertirse en imprescindible… si es que no lo es ya.
King Sapo – Niño Gurú
Se nota a la legua cuando, como en este caso, el debut de una banda viene respaldado por la experiencia de sus componentes en grupos anteriores. En esta ocasión, es que es casi una remodelación casi completa de los extintos Eldorado, de quien ‘criticamos’ allá por 2015 su Karma Generator, después de las fantásticas sensaciones de su también gran disco Paranormal Radio. A King Sapo le da vida tres excomponentes de la citada banda: Jesús Trujillo a la voz y guitarras, Andrés Duende a la guitarra y Javier Planelles a la batería. Un trío que se completa, para ser cuarteto, con el bajista José Alberto Solís, que tampoco es un recién llegado porque también atesora currículum con SCR, Última Experiencia o Wyoming y los Insolventes. Todos ellos se han puesto a los mandos de Juan de Dios Martín, que grabó el álbum en dos intensas sesiones separadas varios meses en los Estudio Uno de Madrid. Rock and roll de corte clásico (de los setenta a los noventa) para que no se pierdan los patrones básicos del género.
Malos Vicios – Grietas
Aunque Al Mal Tiempo… Mala Cara ya cayó en mis oídos en su momento, como la inmensa mayoría, me rendí a Malos Vicios, la banda de punk rock castellonense, con el disco Por Amor Al Arte (resulta sorprendente que no haya estado todavía en las críticas remember de los viernes, pero bueno, así nos guardamos grandes joyas de cara al futuro). La Ventana Indiscreta me resultó buen disco, pero tras el directo perdí un tanto la pista al grupo. Tras esparcir en el tiempo otras entregas y EP’s, su regreso con El Fin de la Diplomacia tampoco me volvió loco (quizá demasiado panfletario para mi gusto), pero gente cercana me recomendó que prestara atención a este Grietas y, mira, me parece un álbum de lo más agradecido para que dé continuidad a una semana que nos está quedando de lo más punk, entre Kaótiko, Evaristo y La Polla Records y la crítica remember que os tengo preparada para mañana. Antes, nos dejamos deslizar por las diez canciones que conforman las Grietas.
Kaótiko – Aprende Violencia
Como nunca llueve a gusto de todos, no ha caído igual de bien la nueva entrega de estudio de la banda de Agurain, Kaótiko. Ni blanco, ni negro, detractores y defensores pueden tener cierta dosis de razón en algunos de sus argumentos pero, en términos generales, avanzaré que considero que es un álbum que mejora el nivel medio de su antecesor, Sindicato del Crimen, y también aplaudo su valentía por el hecho de dar una vuelta de tuerca más a sus sonidos e influencias para ofrecer algo nuevo, que ya de por sí es bastante mejor que repetir patrones de actuación y composición una y otra vez. Es decir, que quien quiera que la banda siga sonando como en el Raska y Pierde, que coja y le dé al play a aquel disco. ¿Qué ofrece, por tanto, Aprende Violencia, el octavo disco de Kaótiko? Por un lado, concreción (27 minutos), por otro homogeneidad en las formas (melodías, ritmos, fraseos, estribillos) y en el contenido (casi todos los temas giran en torno a la santa trinidad dibujada por Evaristo Páramos: religión, violencia desde el individuo y violencia desde los poderes fácticos. No ‘se vende’ como conceptual, pero podría serlo. Un disco que mantendrá viva a la banda otra larga temporada sobre los escenarios. Otra cosa que celebrar.
Osezno – La Bestia
Cuando digo que a un grupo le pongo ‘la pestaña’ de seguimiento es porque veo en ellos capacidades para ser ‘algo más’. “Estaremos pendientes, pues, de los siguientes pasos del plantígrado”, escribía al hilo de la reedición de su debut epónimo en junio del pasado año. En la entrevista que les hice en aquel momento para la revista Rock Estatal, me indicaban que tenían nuevo material y su intención era grabarlo a finales de año. Así que, como ellos han cumplido su palabra, yo también cumplo la mía. Este EP, La Bestia, viene cargado de cinco temas en los que los alicantinos-murcianos dan una vuelta de tuerca certera a su base de rock duro, bautizado como rock’n’core, que se cocina con Punk, Metalcore, Groove, Doom, Stoner, Rock… y Actitud. Abel Riquelme a la guitarra, Darío Marroquí al bajo, Grego Ruiz a la voz y Víctor Sala a la batería vuelven más curtidos, más descarados y con más potencia si cabe. Igual pocas veces el título del continente puede ser más acertado para el contenido.
El Altar del Holocausto – IT –
Pese al imponente título con el que uno puede imaginar cualquier tipo de atrocidad, la banda salmantina es una de las bandas de rock (en genérico) instrumental más sutiles, finas y precisas de nuestra escena. Su puesta en escena, entre la sobriedad y lo tenebroso (solo hay que ver el vídeo del ‘full album’ en YouTube que dejo al final), entronca con un post rock-metal-doom que, desde la primera vez que los escuché (confieso, por lo llamativo de su imagen), me parece sobresaliente. El Altar del Holocausto grabó este disco del 26 de noviembre al 1 de diciembre del pasado año en Sadman Studios, bajo los mandos de Carlos Santos. Masterizado por Jack Shirley en The Atomic Garden Studios en California. En solo cinco días, pero es que, y esta es otra de las particularidades y características del grupo, tocan tanto y en cualquier tipo de escenario que la conjunción entre los componentes es casi un ejercicio de sincronización maquinal perfecta. Se me escaparan en su día, pero tengo ganas de ver en acción al cuarteto, formado por Skybite al bajo, sintetizadores y efectos, Reaper Model en batería y percusión, Reverb Myles en guitarras y efectos y Weasel Joe en guitarra y efectos.



