Archivo de la categoría: Críticas Remember
Los Carniceros del Norte – 13 Cuchilladas/2º Acto (2008)
Nos acercamos al fin de semana cercano al consabido Halloween y en RockSesión, que nos gusta más una fiesta que un bombín a Sabina, aprovechamos cualquier ocasión para quitarnos la careta de normalidad y que se nos vea la cara de monstruo. Si hace unos años os traje una playlist con una terrorífica selección musical para atormentar vuestra fiesta la noche del 31 de octubre, en otra ocasión hice un #Mis10de la mujer más inquietante de la música, como Diamanda Galas, este viernes me pide el cuerpo traeros en la crítica remember este conjunto 13 Cuchilladas y 2º Acto, dos discos en uno que está formado por 18 canciones que hacen las 18 correspondientes invocaciones a películas de terror históricas. Todo ello con el estilo pegadizo de Txarly Usher, Nando Fausto y H. Zombie que despliegan su horror-post-punk, deathrock y una sonoridad que recuerda a grandes como The Damned, Bauhaus, The Cramps o hasta el mismísimo Nick Cave, sin olvidar los trágicos Parálisis Permanente. Un buen aquelarre para la queimada. Por cierto, este fin de semana dedicaré #Mis10de en Twitter a The Killer Barbies y Misfits. Que no decaiga.
Tonino Carotone – Mundo Difficile (2000)
Con Renato Carosone como referente claro hasta en el nombre artístico (con permiso de Celentano), Antonio de la Cuesta fue progresivamente adaptando su trayectoria musical hasta crear en el cambio de milenio un personaje que cayó en gracia a las primeras de cambio. Su ‘Me Cago En El Amor’ conectaba con su mandolina con el mundo de la Radio Bemba (Manu Chao, con el que haría el ‘Caí En La Trampa’, tan efectista). Un pelotazo irónico-burlesque-decadente que en los garitos sonaba en el pack junto al ‘Que Te Den’ de Amparanoia, el ‘Ojalá No Te Hubiera Conocido Nunca’ de Muchachito Bombo Infierno y al que yo solía sumar ‘El Que Tenga El Amor’ de Eskorzo para completar el despecho y el rechazo. ‘Toni’ venía de rozar a los punks de Tijuana In Blue y de pasar junto con Eskroto y otros cuantos gamberros tiempos de corridos en Kojón Prieto y Los Huajolotes. Musicalidad italiana, crapulismo napolitano conexión navarra de adopción. Tonino Carotone, un desahogo sin distorsión cargando las copas de la canalla.
La Banda Trapera del Río – La Banda Trapera del Río (1979)
Inflamables por naturaleza. Igual que hace un par de semanas me dejaba llevar por la gira 30 aniversario de Sopa de Cabra para aprovechar y traerlos al escaparate de las críticas remember de los viernes, no va más, la gira cuarenta aniversario es excusa perfecta para coger el debut de La Banda Trapera del Río. (Confieso que realmente lo tenía previsto para la pasada semana, pero el tiempo no es elástico). No salimos de Barcelona. Nos vamos a Cornellá que, bastante antes que Estopa, vieron nacer ‘Del Polvo De Un Borracho y Del Coño De Una Puta’, parafraseando el título de la última canción del disco, a una banda salvaje. Considerados como el verdadero germen del punk en España, realmente ellos eran más rockeros que otra cosa. Su bajo trotón, sus solos destartalados y su voz lijosa tienen el toque urbano del que se adueñó Leño, lo que pasa es que sus maneras ‘asalvajadas’ y mucho menos ‘correctas’ en las letras (solo hace falta leer los títulos) les dieron la categoría nihilista. Lo que está claro es que fueron unos de los primeros en romper las reglas y en mostrar la rabia incontrolada del extrarradio a manos de su trío principal: Morfi Grei, aún vivo y en activo, y los desaparecidos Tío Modes y Juan ‘Raf’ Pulido.
Sopa de Cabra – Sopa de Cabra (1989)
Los aniversarios redondos tienen como ventaja que animan a los grupos a volver a coger la carretera. Lo ideal es disfrutar de los grupos en su momento, claro, pero cuando por edades diferentes o por otros motivos varios no has podido hacerlo nunca, es algo que, en cierta manera, es agradable. Por mucho que diga Fito para no reunir a Platero que si se suben al escenario ya no son los mismos de entonces. Claro, pero reconforta y apacigua. Sopa de Cabra (nombre tomado del disco de los Stones, Goats Head Soup) es un grupo nacido en Girona allá por 1986, tras despachar miles de copias de su maqueta, este disco homónimo y epónimo, marcaría su debut y el inicio de una época dorada que le llevaría a meter más de 60.000 personas en tres citas en el Palau Sant Jordi, a sonar en Los Cuarenta (‘Si et quedes amb mi’), a vender 30.000 discos fuera de Cataluña, 110.000 allí, y un largo recorrido de méritos para un grupo que, mayoritariamente, canta en catalán. Y no pasaba nada. Ya en este debut había canciones en castellano… y en el 93 les llamaron vendidos por fichar por BMG Ariola. Nada nuevo bajo el sol. El caso es que ese resurgir de Sopa de Cabra me vale de excusa para que pasen por la pasarela de la crítica remember de los viernes, sección que todavía no habíamos abierto en este curso.
Triana – Hijos Del Agobio (1977)
Andan las aguas revueltas por el Guadalquivir simbólico de la memoria de Triana, la banda que, formada por Jesús de la Rosa, Eduardo Rodríguez Rodway y Juan José Palacios «Tele”, sentó cátedra en la conjunción de las tendencias progresivas del rock británico de la época, con la raíz andaluza, mezclada entre la ‘pena negra’ y el existencialismo lisérgico. El caso es que a Rodway, el que fuera guitarrista del trío, compositor y único componente vivo del grupo (tras el trágico accidente de Jesús de la Rosa en el 83 y el fallecimiento de Tele hace poco más de 14 años, en 2002), a sus 71 años (con todo lo que eso conlleva) le ha dado por ponerse belicoso y emprender una campaña para que no se utilice el nombre de la banda en vano. Y es que en los últimos tiempos no es extraño ver de nuevo el nombre de Triana en algunos carteles. Aunque la noticia la incluía tras verla en redes en Rock Estatal el 27 de junio, ayer fue publicada por Eldiario.es y subida a Menéame… Parece ser que legalmente tienen todo el derecho a hacerlo, pero qué queréis que os diga para los que sentimos veneración por los seis discos de estudio del grupo, para quienes para siempre nos volaron la cabeza con su sonido, ver el nombre de Triana sin que esté en la banda ninguno de sus componentes originales, auténticos, verdaderos. Llámenme romántico. El Patio fue una de las primeras críticas remember de esta web y ante tanto ruido, me apetecía seguir la senda del camino alumbrado por la vela de Triana con su sucesor, Hijos del Agobio.
Undershakers – Sola (1997)
Hubo un tiempo en el que en el indie español no todos los grupos querían ser una copia, con mayor o menor grado de intento de originalidad, de Vetusta Morla, que guía el triunfo de popularidad con verdadera calidad. Hubo un tiempo en el que el indie no era solo una pose en el que ser el más raruno gana. Hubo un tiempo en el que el rock y el indie podían hacer buenas migas. Ese tiempo coincide con la explosión de algo que se llamó Xixón Sound (también Donosti andaba cerca), y que nos daba grupos que coqueteaban con el rock, el garaje, el beat… Australian Blonde, Doctor Explosión, Nosoträsh, Manta Ray –de donde saldría a solas después Nacho Vegas-, Los Sangrientos, hasta Babylon Chat bebe de ahí –donde se curtiría Igor Paskual antes de relanzar la carrera de Loquillo en el inicio de milenio, podría tener ciertas conexiones con ese sonido libre y fresco. Entre los nombres se cuelan Undershakers. Una formación que vivió desde el año 1994 hasta el año 2000 y que, en ese tiempo, dejó tres discos y este EP que elijo por su carácter compendioso de los registros de la banda.
Habeas Corpus – Otra Vuelta De Tuerca (2002)
La semana pasada se anunciaba de manera pública que Habeas Corpus dormirá sin fecha de una hipotética vuelta. Lo dejaban claro en un comunicado en el que no hay esperanzas gratuitas. “Porque nos marchamos. Porque necesitamos echaros de menos. Porque quizá también lo necesitéis vosotros tanto como nosotros. Porque son muchos años queriéndonos y a veces con eso no es suficiente. Porque hay tantos «porqués» que no acabaríamos nunca… Cuando termine este año tocará plegar velas. Tocará aparcar este gran grupo, tan vuestro como nuestro. Sin fecha de vuelta. Sin tan siquiera saber si habrá una vuelta. Sin saber qué otros proyectos habrá, pero sabiendo seguro que los habrá. Sin dejar de ser sinceros en ellos. Sin dejar nunca de llamar a las cosas por su nombre… Adiós, porque es lo que se dice cuando uno se va y no sabe cuándo volverá a encontrarse”. Más de 20 años de trayectoria, con Mars y Mr. Chifly como denominadores comunes y muchos compañeros de viaje y muchos discos, casi todos ellos diferentes, por el camino. Han sido valientes en el verbo y en las formas. Nunca parándose a contentar a nadie, ni repitiendo fórmulas. Unas veces con acierto, otras menos. Unas con éxito popular, otras con críticas duras. Habeas Corpus se merecía pasar la remember de los viernes.
Bushido – Bushido (2004)
Algún día tenía que llegar y ha sido hoy. Bushido es uno de esos desvíos momentáneos en la carrera de Enrique Bunbury que, como denominador común de amistad con el resto del componentes de este proyecto, reúne a otras tres fuertes personalidades para crear un disco único (porque no iba a tener vocación de continuidad). Una suerte de trabajo experimental (en el concepto, no en las formas, pues la producción es impecable) en los que reúne a Shuarma (al que ya conocía y que ya había producido y colaborado en Elefantes), a Carlos Ann (personaje del underground barcelonés con quien compartía una devoción absoluta por Leopoldo María Panero) y Morti (el vocalista que había despachado tres discos sobresalientes con El Fantástico Hombre Bala). Son cuatro caracteres muy marcados y casi inamovibles, como se puede ver antes de este disco y por cómo han seguido su camino los más de diez años que han transcurrido. Bushido quedará como una rareza de lo que un día se inventaron. Es un disco venenoso que no siempre entra, pero que nunca conviene dejar de lado.
CubodeRubik – Evolución de la Forma (2003)
“No hay palabra que merezca ser escrita ni pensamiento alguno que merezca ser dicho”. Con esta frase de Herman Hesse se describe el corte instrumental que da título a este disco de esta desaparecida formación aragonesa, de escaso recorrido, ‘acorde’ a lo complicado de su propuesta. Este álbum cayó en mis manos como uno de los primeros encargos profesionales del periodismo musical. La densidad del álbum es casi enfermiza. Textos filosóficos para explicar cada uno de los cortes, letras creadas por un componente en la sombra, que juegan entre la poética surrealista, la ambigüedad argumental y la poética más modernista y decadente. Arropen tanta carga conceptual con una música metalera, ruda, a veces cercana al punk, otras a Rage Against The Machine, Tool o Fear Factory. Pasajes casi recitados, estribillos deformes o ausentes y dosis de electrónica más impulsiva que luminosa. CubodeRubik fue uno de esos grupos que te descubren siempre se puede dar una vuelta de tuerca más a cualquier cosa. No está en Spotify y está descatalogado, pero tenía ganas de meterle mano de nuevo.
Cheb Balowski – Potiner (2003)
En unos años en los que el mestizaje estaba explotando en los oídos de las radiofórmulas y dando, por tanto, productos sucedáneos de dudosa integridad y propuesta artística, Cheb Balowski era algo así como la pureza del estilo que precisamente se caracteriza por todo lo contrario, la mezcolanza más bastarda en pos de un sonido festivo y multicultural. Justo en el año de su salida cayó en mis manos este, el segundo trabajo de los tres que atesoran (Bartzeloona en 2001 y Plou Plom en 2006), y me convenció desde la entrada. La pachanga tan característica de Mano Negra con toques de rumba catalana. Ska apuntado con ragga. Aires mediterráneos, con olor a mar portuario, y balcánicos, hasta algo de raï parece colarse por algunos momentos. Es un disco no apto para todos los oídos pero que tarde o temprano, por lo mucho que lo escuché en aquel tiempo, tenía que pasar por aquí.


