Archivo del Autor: elchayi
Eveth – Entelequia
Heavy metal sin artificios. Igual de mágico y complicado es conseguir innovaciones que aporten modernidad a tu música como hacer bien lo que ya está inventado. Los mallorquines Eveth siguen perfeccionando su sonido álbum tras álbum y en esta tercera ocasión parecen haber conseguido la fórmula definitiva. Su nuevo Entelequia, que sucede a los anteriores La Condena Del Tiempo (2011) y El Legado De Los Sueños (2013), nos trae diez cortes y una introducción en los que, partiendo con el heavy como base clara, podemos encontrar tintes de power metal, con su correspondiente dosis de épica, hard rock, algo de progresivo que aún les queda de su debut y hasta algún ramalazo de thrash. Es decir, los vecinos más próximos de un género que en ellos tienen un baluarte de continuidad una vez escuchadas sus nuevas canciones. Una muy buena producción, gorgoritos y punteos, arreglos de cuerda y las ideas claras hacen de este un disco certero, rotundo y consistente.
Fumangie. Teatro Apolo. 9 de junio
En septiembre de 2012 Fumangie se proclamaba ganador de la primera edición del Rock In Lei, certamen para el apoyo de bandas noveles. Un galardón que les sirvió para iniciar su camino con la grabación de un EP titulado La Paz De Los Idiotas. Casi cinco años más tarde, la banda, más curtida, volvía al mismo escenario para presentar su primer larga duración, Nunca Volveremos a Ser Los Mismos, una manera de cerrar el círculo y completar así una evolución constante que ha hecho que sus canciones, ya de por sí cuidadas en música y texto, hayan ganado una luminosidad y energía especial en esta nueva entrega. Así quedó reflejado en el concierto de anoche, una de las últimas citas del programa para la ‘Primavera Cultural’, puesto en marcha por el Área de Cultura, Educación y Tradiciones del Ayuntamiento de Almería.
Nacho Vegas – El Manifiesto Desastre (2008)
Decía un viejo amigo (tan viejo amigo que, de tan antiguo, posiblemente ya ni lo sea) que era un amante de defender causas perdidas. No diría yo tanto o quizá el carácter me ha vuelto más condescendiente con algunas cosas, pero el caso es que algo de eso marca muchas semanas mi elección de las críticas remember de los viernes. Sin pensar demasiado (agenda apremia) traje a Triana en el inicio de la polémica de Eduardo Rodríguez Rodway con el grupo tributo (hace un año, aunque algunos medios especializados han parecido enterarse ahora), hablé del Minage de doña Mónica tras la vengativa crónica de El País, hablé de Ramoncín en pleno juicio, hice la remember de Albert Pla en plena cancelación masiva de conciertos… Vamos, que si hay un fuego igual voy con azufre en lugar de con manguera. De un tiempo a esta parte a Nacho Vegas se le está repartiendo por los titulares que distintos medios van salpicando por ahí. Que si la derrota de clase obrera enciende a la izquierda premium, que si declararse antimadridista porque de niño recordaba la testiculina patriota de Juanito… El caso es que lo que más me enerva es ver comentarios a su música cuando, en la inmensa mayoría de los casos, ni siquiera han escuchado un disco suyo. España, país de tertulia de bar, hoguera de Twitter y de opinólogos que no son capaces de leer un párrafo, como para leer entre líneas. Hoy hablo de El Manifiesto Desastre, porque es un terrible y absoluto discazo. Tanto, que me inspiró una novela que ya casi doy por imposible.
WarCry – Donde El Silencio Se Rompió…
Levantado el pedal del acelerador desde unos años, recordemos que en los primeros tiempos la media de tiempo transcurrido entre un lanzamiento y otro apenas pasaba de doce meses, WarCry vuelve con nuevo disco en estudio, el noveno de su intensa carrera, Donde El Silencio Se Rompió… Como en cada una de sus entregas, los asturianos dan un pequeño pero apreciable vuelta de tuerca a los cánones de su sonido, consiguiendo a la vez que el álbum no sea ni continuista ni rupturista. Como seguidor incondicional desde sus inicios, avanzaré que a la banda le ha sentado bien estos casi cuatro años sin publicar nuevas canciones. Había algo de collage en Inmortal que no le permitía brillar en su plenitud y que, para mí, le convertían en el disco más flojo de la banda (nunca prescindible en cualquier caso, pues recordemos que tiene algunas joyas como ‘Siempre’, ‘Como Un Mago’, ‘Huelo El Miedo’ o ‘Mi Tierra’). Con un concepto más meditado y trabajado Donde El Silencio Se Rompió… nos ofrece cierta novedad en la estructura de las canciones, pequeños detalles en las mezclas, un sonido muy compacto y contemporizado. Más de golpe certero que de técnica.
Código Vinagrio – En Las Alturas
A veces un debut, y más en estos tiempos en los que la autoedición y las redes hacen más sencillo tener a nuestra disposición una constante oferta musical, es solo un ejercicio iniciático, en el que suele haber más ideas que buena ejecución. Determina a qué grupo poner esa ‘muesca de seguimiento’ para ver la lógica evolución, si la hubiere al cosechar la medida atención, o por el contrario otros muchos se quedan en ese estreno ante la decepción o la falta de diferenciación. Hace unos días llegó a mis oídos este En Las Alturas, un disco de ocho temas que despachan los madrileños Código Vinagrio, de los que tampoco tenía demasiadas referencias. La primera escucha ya te gana en calidad, pero es que las dos siguientes uno acaba satisfecho por la variedad, sobriedad, versatilidad y distintas aristas que le dan a un sonido bastante aguerrido y guitarrero, una voz sin alardes pero en su sitio y una base rítmica muy hardrockera y latente. Sin lugar a dudas, les digo que uno de los debuts del año y que tienen mimbres sobrados para tener un largo recorrido.
Zoo – Raval
No hay nada mejor para los que nos dedicamos a esto que cuando un grupo consigue hacernos cambiar de opinión. Como sabéis los más fieles del lugar, nunca he ocultado mi escepticismo o distancia ante ese boom de bandas levantinas que, en distintos grados y porcentajes de cada uno de los elementos, combinan vientos, electrónica y rap. Especialmente al hilo de dos hechos fundamentales: la despedida de Obrint Pas, el único grupo que había logrado trascender la regionalidad hasta hace muy pocos años, y la explosión de La Raíz, que ha marcado un hito generacional. No es que rechace el género en sí, sino que ‘las modas’ siempre me obligan a tomar una distancia prudencial y en estos términos es difícil distinguir qué os original y qué es tan solo un sucedáneo. Que eso no quita para que suene bien y entretenga, pero sucedáneo al fin y al cabo. El primer larga duración de Zoo, Tempestes Vénen Del Sud se me hizo grato pero poco más. Había algo que no me llevó a conectar con él. A raíz de la aparición del grupo en Los Conciertos de Radio 3 empezaron a ganarme y este Raval es el que, de manera definitiva, me hace rendirme ante sus capacidades.
Surfin’ Bichos – Hermanos Carnales (1992)
Llegué tarde al momento de Surfin’ Bichos, la banda manchega a la que muchos sitúan como germen del indie en España (con esa afán que tiene el indie menos cabal en buscar un pasado lustruso), como pieza bisagra entre el pop de los ochenta y el grunge de los noventa y no sé cuántas cosas más. Llegué a ellos cuando ya conocía a sus dos escisiones, Chucho y a Mercromina, que me interesaban bastante más que los primeros. Y lo hice porque vine rebotado y cuasi moribundo, después de que la discografía de Javier Corcobado y sus Chatarreros se me clavara en cada una de las vísceras, al que llegué después de escuchar al cada vez más odiado por los extraños y ajenos, Nacho Vegas (nótese la ironía). En resumen, un momento de búsqueda de sonidos desgarradores (también Diamanda Gallas es de esa época). Claro, con el recorrido anunciado Surfin Bichos entró fácil, especialmente este disco, que me pareció extremadamente melodioso para lo truculento de sus historias, donde el incesto, la tergiversación bíblica o el derrotismo campan a sus anchas en el universo conceptual despachado por Fernando Alfaro. La banda, con motivo del 25 aniversario de este disco, se reúne de nuevo, además de reeditar su discografía con extras y ese tipo de cosas que se suelen hacer cuando alguien le echa ganas (y hay respaldo).
Asfalto – Crónicas De Un Tiempo Raro
Hay nombres fundamentales en la historia del rock en España y dos de ellos, indivisibles, son Asfalto y Julio Castejón. Tras una travesía por el desierto a mitad de los noventa y principios de la década siguiente, Asfalto vive un nuevo momento dulce en los últimos años, desde que saldarán la deuda pendiente del disco en directo en ¡Al Fin Vivos! (2008). El grupo celebró en febrero, al día siguiente del lanzamiento de este Crónicas De Un Tiempo Raro, su 45 aniversario con la grabación de otro directo con múltiples invitados (John Helliwell (Supertramp), Manolo García, José Carlos Molina (Ñu), Aurora Beltrán, El Drogas, Richie Benítez (ex cantante de Asfalto), Ángel Dry River) y con un gran ‘no hay entradas’ en La Riviera (esto es, cerca de 2.000 personas) y parece que poco a poco empieza a recuperar el reconocimiento que durante un tiempo se lleno del polvo del olvido. Este decimoséptimo álbum de Asfalto nos devuelve a un grupo con la chispa de la creatividad encendida y viva, manejando el gusto progresivo de Castejón con poses rockeras más dura y enérgicas, alguna derivación de jazz y hasta suntuosidad pop. Siempre desde el desencanto, siempre desde la filosofía crítica de su inconfundible líder.
Zancada – Murphy 14:20
Aunque el sonido enérgico, melódico y jovial puede hacernos pensar que estamos ante una nueva banda novel con jóvenes integrantes, el cuarteto que conforma Zancada se estrena en esta banda después de una amplia formación y experiencia musical. Este Murphy 14:20 es su estreno discográfico y en los doce temas que lo componen se desprende, de manera clara y tácita, un concepto musical amplio y con mucha tendencia al pop, si bien lo contundente de las guitarras y la base rítmica lo sostiene siempre pegado al rock. Así, desde Barcelona, David Ajona a la voz, guitarra, compositor de la música y autor de las letras; Aníbal Galán al bajo; Alfredo Méndez a la guitarra y coros; y Richard Castillo en la batería y coros, conforman este cuarteto que nos hace esbozar una sonrisa de aprobación en este primer álbum, siempre difícil primera toma de contacto con la realidad. Una solvente y latente forma de convertir la accesibilidad en algo que no tiene por eso que sacrificar la actitud.
Robe. Palacio de Congresos de Granada. 26 de mayo
Hay actos de valentía suicidas, como un tango, que están abocados al delirio de una locura transitoria y a un puntual desarraigo con el pasado. Actitud que hace que siempre se intente avanzar por un camino por descubrir, lleno de posibilidades y de nuevas sensaciones. Robe, animado y azuzado por el éxito de nuevos públicos en la evolución sonora de Extremoduro, decidió lanzarse de pleno, henchido de esperanza su espíritu imperecedero, a juguetear con instrumentos alejados de los convencionalismos del rock de trinchera, buscando una sublimación de las formas, del lenguaje y de las emociones. Como si una pulsión innata le hiciera saltar al vacío, mamando de esa voluntad sobrecogida. Pero ese salto mortal no es tal cuando en los interiores de su legión de seguidores ha encontrado comprensión a su propuesta. Una respuesta firme, borde y desafiante ante las ignominias endémicas que hace que la felicidad ante el triunfo final sea mucho mayor. Robe, después de dos discos de su proyecto personal, sale de gira y todo cobra sentido. Las canciones crecen, el público sonríe, salta, disfruta con cada uno de los pedacitos de paz que transmite el extremeño y su excepcional banda. Música blanca, delicada y preciosista, de corazón a corazón. (FOTOS: Juan Jesús Sánchez Santos para RockSesión. Se pueden usar libremente citando siempre a la fuente y al autor).


