Sínkope – El Parque de los Poetas

Se nos viene acostumbrando de nuevo Sínkope a un alto ritmo de producción después de aquel obligado tiempo en barbecho que supuso el rifirrafe discográfico después de Esta Noche Se Merece Otra Ronda y Cuando No Te Pones Falda, que les llevó de alguna manera a cumplir contrato con aquel compendio de temas reunidos que fue, como bien definía su título el Canciones Repescás, Retocás y Arrejuntás y Otras. Este El Parque de los Poetas se llevó hace unos días (demonios, parece que ha pasado ya un mes casi) una de mis platas en Los Discos del Año de 2017 de esta casa. Más que merecido. Y es que tras el escarceo de creatividad técnica y en estudio que fue aquel Museo de Rejas Limadas (un álbum que quizá irá cogiendo poso con el paso de los años pero que en su momento me pareció algo irregular) en esta entrega la banda tira de riñón, de víscera, de orígenes. Las canciones han sido compuestas y pulidas en el local de ensayo, ha sido grabado ‘en casa’, como quien dice, y con la producción de su técnico de sonido en directo. Como Drácula, que para guardar todo su poder debía viajar en tierra sagrada de su lugar de nacimiento. Pocas influencias externas para los Sínkope más reconocibles y, ahora sí, tan acertados como suelen promediar.

Base contundente y guitarras pesadas, en lo que posiblemente tenga mucho que ver la entrada de un viejo conocido como Woody Amores tras la salida de ‘Chino’, priman en un disco que vuelve a ser generoso en emociones, vivencias, confesiones, locuras y metraje. Más de una hora de una banda que, tras darse un baño de masas en ¡¡¡Gracias!!!, el directo con el que cualquier grupo sueña en sus inicios y que ellos hicieron realidad con 25 años sobre las tablas, nos viene con las pilas cargadas de confianza y un sonido que suena vivo, como bien reconocerán quienes los han visto sobre los escenarios alguna vez. El quinteto lo completan, por supuesto Vito Iñiguez (Voz), Miguel Álvarez (Bajo), Alberto David (Guitarras) y Ferdi Hernández (Batería).

Con una integridad rockera a prueba de bombas (por más que le pregunten, ellos no conciben por el momento ninguna concesión completa a lo acústico y mucho menos a lo orquestal o reposado, como el proyecto de Robe, que les flipa, en cualquier caso), El Parque de los Poetas nos lleva por una colección de imágenes en las que la naturaleza vuelve a ser el gran amor a proteger. También hay esos tortuosos caminos de circunspección y meditación, casi siempre con demonios interiores o exteriores… los que han llevado a buena parte de la sociedad a la marginalidad. Cargados de energía. Haciendo camino a su cantar y tocar.

Se abre con una auténtica demostración de fuerza. ‘Los Bichos Que Alimento’ juegan con la épica de la melodía principal de las guitarras y mucha cadencia rítmica que igual le puede dar una impronta metalera. La coda final, sin embargo, son un aquelarre repetido que presagian mucha fiesta y efectividad en directo. Rugido rabioso de guitarras, aceleradas y con un punto de locomotora muy a lo Motörhead (echo tanto de menos a Lemmy, que igual lo veo por todas partes), ‘El Que Mata La Vergüenza’ habla, precisamente, de los excesos y sus efectos nocivos. ‘Mi Barca y Mi Mar’, elegida como single y primer videoclip del álbum, completa el robusto comienzo con unos tintes más melódicos y cuidados, muy notorios en el fraseo, así como en el crecimiento del puente. Reconocibles en un estribillo coral.

La canción que da nombre al disco, ‘El Parque de los Poetas’ nos expone un desarrollo progresivo, apuntando desde la balada al comienzo a un medio potente que va ganando empaque hasta llegar a la cima en su tramo final. Esa evolución juega muy bien con las sensaciones de densidad y ruina que evoca el texto, un alegato contra la codicia humana frente a la naturaleza. En ‘No Me Desastes’, aparece el anhelo al cambio personal, con un efectivo diálogo constante entre la voz y guitarra en los fraseos y las segundas voces del estribillo que son arrebatadoras y deliciosas en su última aparición. Así llegamos a una de las canciones que mejor reflejan la fuerza que desprende el conjunto, ‘La Tasca Donde La Poesía Es Bebía’, donde siento debilidad personal por ese verso, cargado de ironía, que dice “Caronte, date vidilla”.

La segunda mitad de los temas se abre con ‘Pan de Besos’, donde aparece la colaboración especial de Lorenzo González, conocido y aplaudido por su importante labor en los discos y directos del proyecto de Robe. La base rítmica y la sonoridad de los solos le dan un tono grave y circunspecto a una canción cargada de nostalgia y anhelos. Más directa al mentón aparece ‘Y Me Da Mucha Rabia’, que se despliega como una concatenación de estrofas referentes al agua, leit motiv recurrente del universo literario del grupo. Mientras que de ‘En Los Tejaos de los Gatos Sin Maullidos’ me quedo con el poderío musculoso de las guitarra, muy Fernando & Cereijo de Los Suaves, y el verso piedra Roseta de la canción: “la tierna infancia solo dura nueve meses”. Es decir, de bruces con la realidad desde el nacimiento.

En el tramo final, ‘En Parihuelas’ es un cañón que entra fácil por varios motivos y que muchos que vieron al grupo a final de la pasada gira sabrán, ya que era un tema inédito que incluían en el repertorio. Es una canción que tiene todos los ingredientes clásicos de los primeros Sínkope, con una exquisita fragilidad vocal por parte de Vito, que tira de querencia flamenca, y un armazón vibrante que le sienta como un guante. Y si de fragilidad hablamos, ahí está ‘Si Querer Me Va a Doler’, que también huele a clásico. “Habla sobre la capacidad del amor para hacer a la felicidad indistinta a la desdicha”, me comentaba la banda en la entrevista reciente que tuve con ellos y que podréis leer en el próximo número de Rock Estatal. El estribillo es puro enganche, así que cuidado. El cierre llega con ‘Abriéndose Un Claro’, un tema que Aurora Beltrán hace suyo, con esa tesitura inconfundible que la hacen ser una de las mejores voces femeninas que ha dado la historia del rock en nuestro país (en este mes hablaré de su reciente Ussiana). La llegada a la otra orilla, guiados por el halo de luz en la atmósfera generada.

El Parque de los Poetas invita a dejarse llevar por unos textos, unas bases rítmicas y unos destellos eléctricos y emotivos que ellos alcanzan. Entre los mejores, sin duda, de su discografía, al ladito del Humo.

 

Lista de canciones – tracklist:

  1. Los Bichos Que Alimento
  2. El Que Mata La Vergüenza
  3. Mi Barca y Mi Mar
  4. El Parque de los  Poetas (Construcciones La Ruina)
  5. No Me Desates
  6. La Tasca Donde La Poesía Es Bebía
  7. Pan De Besos
  8. Y Me Da Mucha Rabia
  9. En Los Tejaos de los Gatos Sin Maullidos
  10. En Parihuelas
  11. Si Querer Me Va a Doler
  12. Abriéndose Un Claro

 

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Publicado el enero 17, 2018 en Críticas Discos y etiquetado en , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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