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Juan Antonio Canta – Las Increíbles Aventuras de Juan Antonio Canta (1996)

Ayer os traje la crítica del libro ‘Héroes Malditos’, de Eduardo Izquierdo. Un volumen que viene a repasar la trayectoria profesional y biografía de 33 artistas tocados por varita mágica de la desgracia. Fracasados en su empeño de hacerse querer a través de sus canciones, lograr el reconocimiento que con mucho menos calidad otros conseguían sin el menor esfuerzo… o incluso aprovechándose del suyo. Perdedores de la música como los hay en la vida. Cadáveres que pueblan el mundo sin la necesidad siquiera de que hayan fallecido. La típica estampa de el viandante al que acompaña un nube negra con rayito de tormenta mientras a su alrededor lucen destellantes y dentelladas de sol. En esa historia negra de la música, nuestro país también tiene una importante serie de nombres que se encuadrarían en una hipotética edición doméstica que su autor entrevé prometer. Hace unas cuantas semanas (el Viernes Santo, no hace tanto, y me parece un mundo) escribía de Silvio Rodríguez Melgarejo (citado como opción plausible en el propio libro), eso le impedía protagonizar de nuevo la sección, así que, como segunda posibilidad (demonios, ni para eso, Juan Antonio) llevo días recordando a Juan Antonio Canta, nombre popular para las listas negras de Juan Antonio Castillo Madico. Un cordobés que después de ‘triunfar’ en el rock más gamberro, canalla y vigoréxico como Pabellón Psiquiátrico (les debo una remember, recuerdo lo del “le metí una mano, le metí una pierna” como uno de los recuerdos musicales más impactantes gracias a una cinta de cromo azul y negra de mi hermano, diez años mayor) se embarcó en solitario, manteniendo la guasa, pero reforzando su porte póetico, irónico, de sabio gestor de las palabras (característica, por cierto, denominador común de otros tantos autores humorísticos, como Krahe, Juan Abarca o Antílopez). El caso es que el bueno de Juan se suicidó a los 30 años (fijaos, ni se le puede meter en el club de los 27 ni en la muerte de Jesucristo, se quedo a mitad de camino) por el escarnio popular de los 40 limones. Perra vida.

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Motxila 21 – Ama Lurra. Madre Tierra

En Navarra se respira tanto el rocanrol que hasta la Asociación Síndrome de Down de Navarra tiene entre sus principales herramientas inclusivas una banda llamada Motxila 21. Un nombre que os sonará desde hace un tiempo (realmente es un proyecto nacido en 2005 y que renueva su estructura con el paso del tiempo) porque referentes como Kutxi Romero de Marea o El Drogas han colaborado en con ellos (también El Piñas, Ara Malikian, Fermín Muguruza, Jesús Cifuentes, Fito Cabrales…) y, a través de Enrique, también aparecieron en Un País Para Escucharlo en la visita que Ariel Rot hizo a la región. Lo cierto es que dicha banda, formada por una quincena de chicos y chicas síndrome de down. Y evito el ‘con’ porque hay que recordar que el síndrome no es una enfermedad, sino una alteración genética del cromosoma 21 y, de ahí, el número que aparece en la cabecera de la banda. Guitarras, voces, batería, bajo, sección de saxos… La música con todo su carácter inclusivo ha vuelto a hacer de las suyas para el nuevo álbum de Motxila 21, que viene a suceder al EP No Somos Distintos. Y como la experiencia es la mejor manera de sentir el dolor de la discriminación y la importancia de inculcar buenos valores, Ama Lurra está lleno de canciones que cantan por el respeto al medioambiente, a la integración, al amor, al compromiso social y al feminismo. Un disco que tiene la nobleza de la ausencia de segundas intenciones y que es en sí mismo un puro ejercicio de celebración y alegría. Con ese espíritu, nos unimos al canto de Motxila 21 y su Madre Tierra.

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Airbag – Alto Disco (2008)

Siete y seis minutos de la mañana. Suena el despertador y tras esa primera parada de autoconfianza en volver a despertar tras el lapsus momentáneo de cerrar los ojos para terminar de reunir las últimas fuerzas necesarias para levantarse, la mirada que todos hacemos al móvil para mirar las notificaciones de nuestras redes sociales (¿todos? Vale, igual no tanto, pero vivir gestionando tantas cuentas distintas lo ha convertido en un hábito insano –nunca se sabe cuándo puede escribir el hater de turno-). Entre en Facebook y Airbag publica que se cumplen diez años de la salida de su aclamado y punto de inflexión Manual De Montaña Rusa. Hoy es viernes, no tengo decidida la crítica remember de la semana todavía (curiosamente, la de la semana que viene sí, por eso de ser Viernes Santo). Pienso en que ‘se la debo’ y que bendita casualidad haberlo tenido ya marcado desde primera hora. En la ducha, repaso mentalmente la canciones de aquel álbum con el que la banda termino de subirse a la ola de la popularidad para saltar del circuito underground más reducido para entrar en un territorio más mainstream, abrazándose ya para siempre a los territorio más melódicos, medios tiempos más popero, menos estruendosos, aunque con el mismo encanto. Pienso un poco más… Joder, si es que a mí el que me flipa es el Alto Disco. Reviso mentalmente el cancionero. Sí, si en RockSesión nos movemos con la honestidad de escribir de lo que queremos, si he de hacer una primera crítica remember de Airbag, tiene que ser del disco que tiene la mayor cantidad de mis temas favoritos de la banda. Donde están a dos aguas (siempre entre olas) entre la velocidad y furia punk y los territorios más pop por la vía sesentera nacional y Beach Boys internacional. Sea.

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La Cinta Del Canci (1999)

Como sabéis los más asiduos y longevos por estos lares, la crítica remember de los viernes tiene en sus centenarios una cita obligada con aquellos míticos recopilatorios que a tantos nos sirvió para descubrir y conocer nuevas bandas sobre las que indagar y, también, tender compilados a los mejores grupos del género como caja que tener a mano a la hora de pinchar música con los colegas. Me estoy refiriendo, claro está, a los míticos Los 100 de Tipo, de los que salieron tres volúmenes de cinco discos cada uno de ellos. Cuando la crítica de los viernes llegó a su primer centenario traje aquí el volumen uno y cuando llegamos al segundo centenario fue el turno del volumen dos. Está claro que el volumen tres llegará cuando lleguemos a las trescientas críticas recordatorias. ¿Y por qué esta introducción hoy? Claro está que no hemos llegado todavía a esa marca pero, hoy, con esta nueva entrada, llegamos al ecuador de ese camino. Esta es la crítica remember número 250 y ¿por qué no celebrarlo con un ‘hermano menor’ como este mítico recopilatorio con el título de otra sala igual de simbólica para la escena del rock más independiente y combativo? Podemos entrar en disquisiciones sobre ausencias, pero no sobre presencias: La Cinta Del Canci (demonios, si es una sala, ¿no debería haberse llamado La Cinta De La Canci?) reunía en un cedé a, posiblemente, las 16 bandas más populares del rock de trinchera, visto con los ojos de aquel entonces. Al loro: Reincidentes, Extremoduro, Ska-P, Platero y Tú, Soziedad Alkohólika, Rosendo, Tahúres Zurdos, Mamá Ladilla, Porretas, Boikot, Los Enemigos, Leño, Los Suaves, Mägo de Oz, Barricada y Siniestro Total. 1999. Están todos los que eran en ese momento.

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Vantroi – ¡¿…Otra Vez Frijoles?! (2001)

El movimiento se demuestra andando. Si ayer en la entrada sobre Rompan Todo (donde me marco una relación y playlist de cerca de 1.300 bandas de toda Latinoamérica) comentaba que, pese a que siempre han estado presentes, quería reforzar la entrada de bandas del otro lado del charco (ya tenemos por aquí mucho en #Mis10de y críticas o crónicas de Andrés Calamaro, Bersuit, La Vela Puerca, Molotov, Café Tacvba, La Beriso, Bulldog, Rata Blanca, Ariel Rot, Sepultura, Milongas Extremas, Aterciopelados…), me he tomado la palabra y, al día siguiente, siendo viernes, la crítica remember de la semana viaja a México para recordar a Vantroi. Banda mexicana nacida en 1992 en el DF y que, con este disco, los dos anteriores (¡No Nos Moverán!, de 1996, Bajo Palabra, de 1999) y el posterior (Para No Morir De Locos, 2005) tuvieron una muy estrecha relación con bandas, sellos y festivales de nuestra escena. Pasaron por Viña Rock, Aúpa Lumbreiras, Extremúsika, Festimad, Derrame y tantos otros. Tuvieron muy estrecha relación con Boikot –no olvidemos que coincide con la trilogía de La Ruta del Che, con la que los madrileños hicieron ‘américas’- o Canallas, con Fernando Madina de Reincidentes, que las ha producido varios discos, tocaron con todos las bandas del momento (alguna entrada se puede encontrar por ahí siendo los teloneros de ¡Extremoduro! en varias fechas), hasta que de alguna manera y por vicisitudes extramusicales un frenazo en seco les paró el recorrido. Va por la memoria de aquellas canciones y momentos vividos (algunos de ellos peligrosos, con armas de fuego de por medio, en una noche en la que también actuaban Canallas en su gira de despedida y un todavía sin disco… Albertucho) y porque ya les iba tocando.

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Lendakaris Muertos – Miedo A Un Planeta Plano vol. 1

Siempre han sido necesarios. Tomado como un género menor, incluso en la música clásica con las óperas bufas, en el teatro con los sainetes o en el cine, la canción humorística siempre tendrá un hueco fijo en esta casa por lo necesario, por lo reconstituyente y por lo que aligera la mala hostia generalizada con la que uno se tropieza en prensa, radio, televisión, redes sociales, cafeterías, taxis, vecindarios, llamadas telefónicas… Y, por si hiciera falta recordarlo por enésima vez: no es necesario estar de acuerdo en plenitud con cada una de las letras ni los chistes. Ni que todos sean de un nivel de excelsa inteligencia… es una cuestión de actitud. Si esa mirada afilada es una constante habitual para bandas como Mamá Ladilla, El Reno Renardo o Lendakaris Muertos, estaba claro que una situación como la generada por la pandemia del Covid-19 también tenía que tener su particular punto de vista o, mejor dicho, unas cuantas coplas alusivas. Los de Juan Abarca ya se marcaron un pequeño single de dos temas (‘Epístola’ y ‘Saludos Cordiales’) y los del Reno hicieron lo propio con una canción, de casi 6 minutos de lo que tenían tanto que decir que hicieron dos versiones con letra cambiada, ‘Nueva Anormalidad’. La respuesta lendakárica no se ha hecho esperar demasiado y viene a darle una capa de masilla a los planes rotos por las medidas covídicas, si tenemos en cuenta que iban a publicar un poderoso nuevo LP, Spainkiller, con su correspondiente gira de salas. Miedo A Un Planeta Plano vol. 1 son un intro y tres temas temáticos que, vale, se queda en seis minutos, pero nos valen.

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#Mis10de Hammerfall

 

O lo amas o lo detestas. Poco punto medio existe con en el power metal épico. Ese que tira de colecciones de leyendas, caballos, espadas, mitología y todo lo que suene a batalla y a heroicidad. Claro, como en todos los géneros musicales, y casi que en cualquier disciplina, no todo vale. La delgada línea entre el bien y el mal, entre la autenticidad y la propia parodia o ridiculización es muy fina. Es decir, que hay que saber hacerlo para no acabar siendo una banda de friki metal… sin proponérselo. Porque de este tipo ya tenemos a unas cuantas como a Gigatrón o El Reno Renardo, sin olvidarnos que hasta Mamá Ladilla también le ha dedicado alguna coplilla al asunto. Y de entre todos esos grupos que lo hacen de manera sobresaliente, tenemos a Manowar, Helloween, Blind Guardian, Gamma Ray, Stratovarius, Rhapsody of Fire, Edguy, Sonata Arctica… y, por supuesto, la formación sueca que nos ocupa en el día de hoy. Revisamos la selección que hice un su día, con una nueva entrada, con cambios de posición, incluido en el número uno. Hoy, que tengo un domingo duro como aperitivo a un lunes peor, es hora de sacar el manual de los bárbaros germanos y ponerse a cortar cabezas de manera metafórica. ¡Deja al martillo caer!

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Sanngre – Sanngre

 

Está muy bien eso de la cocina elaborada y compleja, para paladares que quieren degustar matices y dejarse sorprender por innovaciones o combinaciones creativas. Los hay que, a la hora de tomarse una copa, quieren el licor de moda, acompañado de cítricos de cultivo ecológico, de hierbas del Himalaya y de pétalos de flor de loto del Nepal. Esas zarandajas están muy bien si después sabes apreciar que hay momentos para otras cosas. Y, en la música, tanto disfrutamos composiciones sinfónicas complejas, desarrollos imposibles y sesudos mensajes encubiertos, como el trallazo directo, el puñetazo en el estómago, la copa de cazalla y el chorizo con navaja. Para los momentos del segundo corte vale este estreno discográfico de la banda Sanngre. Una formación que ha dado mucho de qué hablar en su ámbito musical (y geográfico) puesto que todos tenemos claro quiénes están detrás (y quién no) aunque todavía no se hayan quitado las máscaras tras el asalto a los oídos más preparados a la velocidad y la agresividad del hardcore y punk de la escuela locomotora. Diez temas que no dan tregua. No hay conciertos, sigue el misterio (al menos, públicamente, aunque algunos sabemos la verdad). ¿Hasta cuándo? Es la cuestión por resolver.

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The Buyakers – Donde Caben Dos…

…cabe la Asociación Musical y Cultural de la Banda de Música de Puertollano. El ‘sueño’ de muchas bandas de rocanrol realizado por una banda (relativamente) novel. Los manchegos The Buyakers, a quienes en esta casa seguimos la pista desde sus inicios, con Empieza La Función y El Bar de los Muertos, se dieron un autohomenaje el pasado 22 de diciembre (sí, el día de la Lotería de Navidad), llevando su repertorio (todavía no muy extenso) a territorio sinfónico y, para que todo sea más tróspido y trémulo, en el Auditorio Pedro Almodóvar. Así, sobre el escenario, los ocho componentes de The Buyakers, cuatro coristas y más de 60 músicos de la banda, dirigida por José Manuel García Pozuelo. Como resultado, un disco/DVD en directo que sorprende por la naturalidad y humildad con la que se pone en escena y se ejecuta un repertorio que deja más claro si cabe que es un grupo a los que tener una mirada de simpatía. Confiriéndole el lado sinfónico unos arreglos que refuerzan ese carácter visual que tienen sus canciones, casi todas propias de banda sonora, con un fino humor, con un rock limpio, matices de blues y algo de canalla.

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Legado de una Tragedia IV – El Secreto de los Templarios

Reconozco que es un hecho al que sucumbo con cierta facilidad. Siento una irresistible magia en la unión de palabras ‘ópera rock’ para que se me despierte la curiosidad y me acerque con más curiosidad si cabe a un nuevo disco si va guiado por ese calificativo. Desde el alfa y omega que es Jesucristo Superstar, pasando por David Bowie, The Who, Pink Floyd, Génesis, The Kinks, Queen, Dream Theater, Judas Priest, Avantasia… y, de aquí, los Mägo de Oz, incluso el Lubna de Mónica Naranjo y, cómo no, la saga de Legado de una Tragedia que, anunciada inicialmente como una trilogía alrededor de la figura de Edgar Alan Poe, sumergió al escritor norteamericano en un repaso biográfico en la primera entrega, en ‘La Divina Comedia’ de Dante en la segunda, y en el mito de Morfeo en la tercera. Cuando el círculo parecía cerrado, Joaquín Padilla, alma mater del Legado, emprende una cuarta aventura, desligada ya de Poe, donde pone el foco en uno de los temas más manidos y recurrentes de la imaginería del heavy metal: los templarios y la Edad Media. Caballeros, honor, guerra santa, secretos, traiciones… caldo de cultivo excelente para la épica del género, para los arreglos orquestales y para alimentar el mito.

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