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Ars Amandi – En Tierra de Castillos
En pleno auge o renacimiento del rock y heavy con matices celtas, que habituó a los oyentes a los sonidos de violines y flautas, Ars Amandi aprovechó su momento y de qué manera de 2003 a 2006, colándose entre la primera fila del género con la mayor de las seguridades y con una propuesta que resultaba, a la postre, mucho menos impostada y auténtica que ‘los clones’ que salieron por doquier al calor de esa hoguera. Se marcaron cuatro discos en cuatro años. Véase Autóctono (2003), En Tierra Firme (2004), Camino Al Destino (2005) y Desterrado Entre Sueños (2006). Todos ellos están regados de singles bastante reconocibles y de gigantes canciones. Después, el interés por el género comenzó a decaer y El Rincón De Los Deseos (2010) fue acogido con una frialdad que derivó en varias trabas en el camino, que hizo difícil mantener a la banda en pie. Fue en marzo de 2014 cuando se anuncia el regreso del grupo que, sin grandes delirios de grandeza, ha sabido ir paso a paso recuperando el pulso y haciéndose un nuevo sitio en una escena donde, insisto, ganan por la autenticidad de su folk. Al calor del escenario nacería el EP El Arte de Amar (2015) y en 2018 saldaron esa histórica deuda del disco en vivo con el DVD Directo Al Corazón. Ahora, con las armas afiladas y la maquinaria engrasada al cien por cien, En Tierra de Castillos es su conceptual consolidación desde el estudio.
Sandré – Ave Muñón
Seguro que voy a tardar más tiempo en escribir esta crítica que en lo que tardamos en escuchar todo el disco. Valga de referencia para el puñetazo que se ha sacado del cuerpo Sandré para su disco debut. Ave Muñón son once descargas de velocidad, acidez y animalismo sin menor concesión al resuello. Casi os diría (sin hacer demasiada memoria) que puede ser uno de los tres mejores discos de punk publicados este año en nuestra escena. Visceral, salvaje, con retranca, edulcorando la virulencia con las melodías de las voces femeninas que, eso sí, no rebajan por ello su energía. Los compartimentos estancos en los que se divide la música en nuestros días (aquí, resistiremos) me hacen intuir que, por temas de sonido o actitud, Sandré acabe entrando con mayor facilidad en los circuitos indies que en los del punk-rock al uso. Es decir, que veo más fácil que comparta cartel con El Columpio Asesino que con Gatillazo (de ahí que insista una y otra vez en que no rechacéis todo lo que sale en los carteles), pero os aseguro que la descarga vale la pena, para quienes gocen con la velocidad y lo cortante del género. No hay tregua, van a devorar al oyente en un auténtico atropello sónico que, lo peor de todo, engancha. De la portada, con en esos iconos que tanto recuerdan al libreto del ¿Cuándo Se Come Aquí? de Siniestro Total, ni hablamos. Con todos ustedes, desde Barcelona, Sandré.
The Dry Mouths – Lo-Fi Sounds For Hi-Fi People
Segundo álbum de los almerienses The Dry Mouths en este 2019 que, a buen seguro, jamás podrá olvidar, ni como personas, ni como músicos, ni como banda. El pasado mes de febrero (el mismo febrero que yo también maldigo), un rebato súbito se llevaba por delante la vida de Andy Reyes su bajista, quien dejó como legado, además de su propio gigante y buen recuerdo, dos discos grabados con sus compañeros de grupo, Christ O. Rodrigues (voz, guitarras, sintetizadores) y Josh Morales (batería y coros). El primero de ellos vio la luz apenas dos meses después, en abril, bajo el título de Memories From Pines Bridge. Un disco de preponderancia instrumental, que se ve completado ahora con Lo-Fi Sounds For Hi-Fi People, que combina cinco canciones con otros tres pasajes instrumentales. Como viene siendo habitual, el disco sale de la mano de una multitudinaria coedición, que reúne a Spinda Records, Aneurisma Records, Bandera Records, Desorden Sonoro, Odio Sonoro, Zona Rock Productions, Gato Encerrado Records, Fuzz T-Shirts y Violence In The Veins. La música de The Dry Mouths siempre ha tocado fibras de difícil localización pero, sin lugar a dudas, estas dos últimas entregas tienen un aura indescriptible que refuerzan las emociones para una banda repleta de matices y capacidad para la trascendencia.
Loquillo – El Último Clásico
Podemos debatir o no en si alguna vez ha metido la pata en alguna declaración (¿a quién no le ha pasado?), pero no voy a entrar en lo manido de si no compone las canciones en esa estúpida manía de cuestionar a los intérpretes. O en restar valor a la dirección de un equipo para la consecución de un fin. (Por esa regla, ¿para qué vale un director de una orquesta sinfónica si no es suya la partitura que están interpretando ni tampoco está tocando un instrumento?). Ni tampoco en que su voz no sea un prodigio técnico (¿Lo es la de todas las bandas rockeras y punks que escucháis?). Lo siento para los que escuchan su nombre y su voz y les sube el exabrupto a la boca porque les puede la bilis a una opinión discordante y a un análisis más cabal. Loquillo ha sacado (y se la) un señor disco de rocanrol en El Último Clásico. Podemos tener nuestro orden de preferencia en la decena de temas pero todos, absolutamente todos, tienen un poder hímnico y aglutinador que casi parece un fin de fiesta constante. Como las largas tandas de bulerías tras un recital flamenco. El hecho de haber confiado las composiciones a tantos y variados escritores y músicos amigos hace que todos hayan optado por buscar la canción total, el tema congelado en el tiempo y simbólico de una forma de vivir el rocanrol. Aires épicos, sonidos que recuerdan al rock español de los sesenta, country rock, algo de raíz negra por la vía Motown, también mucho de New Jersey. Una explosión de vitalidad que para un tipo que, con la previsible larga gira de presentación del álbum, se va a meter en los 60 años. Y, que ladren, que parece que hay cuerda para otra década más.
Coque Malla – ¿Revolución?
Si hace unos días escribía del cántabro Rulo y sobre cómo (dicho por él) ha afrontado la crisis de cumplir 40 componiendo canciones, ¿Revolución? es el álbum con el que el madrileño Coque Malla entra en el medio siglo. Lo hace sin el menor atisbo de cansancio o agotamiento, especialmente renovado por su vuelta a la ciudad. Claramente confiado por la buena aceptación que supuso el, de alguna manera, revolucionario El Último Hombre En La Tierra, que se ganó de forma meritoria aquella coletilla de ‘su disco más maduro’, tan manida como aquello de ‘el más oscuro’ o ‘combinar modernidad con tradición’ de las críticas culinarias. El álbum ha nacido sin prisa (en torno a tres años) y confirmando el excelente estado de forma creativo en el que se encuentra Coque. Con libertad plena (si es que alguna vez no la tuvo) para sonar discotequero, sinfónico o, incluso, rapear. Un trabajo del que se cita como mayor influencia las sesiones de escucha de Daft Punk, aunque yo destacaría más su lado sinfónico y de cuerdas. Donde aparece claro el referente de The Beatles, de quien solo he leído referencias a Fernando Neira desde la página web del artista, y también de Supertramp o, incluso, Frank Sinatra y otros crooners. Para un tipo que tiene himnos generacionales en su época con Los Ronaldos y otra gran colección de puñales en el corazón en solitario, decir que prevemos que su próxima década va a ser la mejor es mucho decir, pero es que ¿Revolución? hace pensarlo.
Depedro – Érase Una Vez
“La madurez del hombre es haber vuelto a encontrar la seriedad con la que jugaba cuando era niño”. Con esta frase del siempre denostado Friedrich Nietzsche viene a ser una buena introducción para comenzar la crítica del nuevo trabajo de Depedro. El músico trotamundos y multicultural (que no mestizaje) se pone serio en su nueva entrega a la que ha cuidado con mimo durante largos cinco años. Y no es para menos, ya que son los niños y niñas los protagonistas de un álbum en el que compila vívidas emociones de infancia, en las que fabula sobre dragones y castillos, elefantes que vuelan, tiburones de trapo, islas pirata, astronautas, charcos, lobitos buenos, brujas hermosas, príncipes malos, piratas honrados, estrellas que pescar… Donde prima la imaginación y se desecha todo lo que se da por supuesto, reivindicando el derecho a jugar. Lo hace sin mutar su expresión musical, con sus armas bien conocidas y con la banda habitual que lo lleva por un viaje por los compases cálidos, los sones dulces y elegantes, una voz repleta de matices y una ilusión contagiosa ya que, como él escribe, el álbum está dedicado “a eso tan importante que es la niñez, que en mi caso no he superado y espero que así continúe”. Así debería ser siempre.
Segismundo Toxicómano – Sangre Fácil
Nunca se lo he confesado a Placi, que lo leerá por primera vez, pero reconozco que a Segis le fui cogiendo el punto y el gusto con el paso de los años. Cuando actuaban en el extinto Aúpa Lumbreiras o en las fiestas de presentación de dicho festival, su actuación estaba lejos de ser de mis favoritas, incluso me venía a desgana. En primer lugar, primaba mi desconocimiento. No había profundizado lo suficiente en ellos. En segundo lugar, hay que tener en cuenta que su sonido ha ido ganando con los años. Es decir, que fue su evolución, a partir de Auschwitz 05 y, sobre todo, Una Bala, cuando le presto más atención hasta convertirse en unos imprescindibles. Pero creo que no es casual, creo que es esta década que está cerca de expirar cuando la banda ha encontrado su momento dulce. Un reconocimiento meteórico también en cuanto a público. Por eso, todo el mundo se quedó a contrapié cuando Segis, en una exclusiva de RockSesión, anunciaba que hacía un parón indefinido. Mañana se cerrará un pequeño círculo. Tuve la suerte y la confianza de la banda para dar aquella exclusiva y también me han confiado la redacción de la hoja promocional de su primer disco en más de cuatro años. Tengo la suerte de llevar varias semanas escuchando Sangre Fácil y sus trece canciones. Y hoy, un día antes de su lanzamiento, os comparto mi texto al respecto, que ejerce de crítica y adelanto de lo que os vais a encontrar. Son los Segis y van al puto lío… pero mejor todavía.
Rulo y La Contrabanda – Basado En Hechos Reales
Cuarto disco de estudio para Raúl Gutiérrez, Rulo para el rock desde que se colgara una guitarra en plena adolescencia y que le cantara odas al alcohol y la madrugada en los tiempos de La Fuga, de donde hizo honor al nombre, escapando de ella. Viene con La Contrabanda que tan bien le viene acompañando desde que iniciara una muy difícil senda por el año 2010 y de la que está a punto de cumplir sus diez primeros años. En plena forma creativa y un momento de dulce en cuanto a público. Y nadie le ha regalado absolutamente nada. De hecho, hasta os diría que se lo han querido poner un poco más difícil que al resto, por aquello de las personas a las que les gusta que todo siga igual siempre. Y que los discos sean como ellos quieren que sean. Si Señales de Humo fue un paso de transición entre el grupo y su camino en solitario, Especies En Extinción fue una búsqueda más amplia en la paleta de sonidos y opciones y El Doble De Tu Mitad fue la concreción de todas las sinergias, Basado En Hechos Reales se presenta, y entro ya en el meollo, como un equilibrio perfecto de los mejores ‘Rulos’. Con más de 25 años componiendo nadie le va a decir que es ahora cuando lo hace bien, pero sí que se me antoja un aprendizaje constante en el que ha cosechado la suficiente seguridad como para no caer en sus propios clichés. Y tampoco de alejarse demasiado para querer entrar en unas ligas que no son las suyas. Esa naturalidad, que siempre ha tenido pero que no siempre se ha transmitido igual es lo que hace fuerte y notable su último trabajo.
Débler – Adictium
Para el próximo número de la revista de Rock Estatal, que está ya en fase final precierre, dentro de la media docena de entrevistas encomendadas, he tenido la oportunidad de conversar con formaciones del punk, del rock y del heavy. Entre este último bloque, con bandas dispares pero con cosas en común como son Dünedain y Débler. Diferentes porque los primeros podemos decir que es un grupo contrastado y asentado, con varios trabajos publicados en los últimos quince años, además de otra serie de singles entre los LP’s, con más de 10 referencias en el mercado. Los segundos, aunque llevan mucho tiempo trabajando en el local de ensayo, lanzaron su primer disco en 2015 y, eso sí, con un ritmo constante, repitieron en 2017 y vuelven en el mismo tiempo para su tercera entrega, este Adictium. Digamos que se pueden considerar todavía en ese saco sin fondo que suponen las palabras ‘banda emergente’. Y, por el contrario, comparten la firme ilusión de que, por calidad de sus propuestas, deban ocupar más pronto que tarde la primera línea del género. En el caso de los madrileños, con una dosis extra de valentía que les ha llevado a apostar por diferenciarse cada vez más de ‘sus padrinos’, Txus y, por extensión, Mägo de Oz. Para ello, su metal sinfónico ha ido perdiendo orquestaciones a cambio de la electrónica, aquí presente, según se desprende de sus declaraciones, en un paso intermedio a lo que quieren finalmente ser. Desde aquí, aplaudimos no seguir el camino más cómodo y también el golpeo inmediato que tienen los temas de Adictium.
Josele Santiago – Conde Duque En Directo
Cuánto tenemos que celebrar cuando los artistas que emprenden caminos en solitario (que no solos) consiguen encontrar el equilibrio, tanto a la hora de componer como a la hora de llevar los tempos de agenda, de poder continuar con la de su trayectoria con ‘el grupo’. Cuando Enemigos puso fin en 2002 a una trayectoria que, según los protagonistas, no daba para más, Josele se abrió a una búsqueda personal por otras formas de trabajar con su particular voz. Y nos despachó cuatro discos de una calidad que supo apreciar toda la crítica musical pero no tanto el público que le fue perdiendo la pista. Eso, unido a ciertos vaivenes que se cuentan en el libro de este Conde Duque En Directo, van haciendo mella en Santiago que acaba ‘resucitando’ de alguna manera con el inesperado regreso de Enemigos. Y es aquí cuando llega la buena nueva. Que la vuelta a los escenarios y al estudio (Vida Inteligente, 2014) no ha supuesto el fin del camino paralelo. Así, tras un sobresaliente Transilvania, llega este disco en directo que viene a compilar lo mejor de su discografía, revisitando y dando otros aires a algunos temas, y poniendo en valor (aberrante expresión) un cancionero que tiene su sello inconfundible.












