Archivos Mensuales: octubre 2020

_juno – _BCN626

“El ser humano es una criatura singular. Todos sus actos los motiva el deseo, pero su carácter lo forja el dolor. Y porque más que intente reprimir el dolor y contener el deseo, no logra liberarse del eterno grillete de sus sentimientos. Mientras la tormenta brame en su interior no encontrará la paz ni en la vida ni en la muerte. Y así, día tras día se verá zarandeado por ella. El dolor es su barco, el deseo su brújula. De lo que es capaz el hombre…”. Esta disertación, que extraigo del capítulo séptimo de la segunda temporada de la serie alemana Dark sirve para reflejar la intensidad del querer y el deseo que van más allá de lo racional, en el puro y noble arte de amar en plenitud, de una manera casi cósmica, espacial y total. Podría ejercer de introducción perfecta a este _BCN626, primer trabajo discográfico que firma _juno, el dúo formado por Zahara y Martí Perarnau (Mucho), que comparten de manera equilibrada composición de texto, instrumentación e interpretación de un disco que trasciende y pulveriza la concepción del amor en su vertiente más corpórea. La seductora voz de la jiennense y la fina y elegante electrónica del catalán se entrelazan como la cadena de ADN imantada de dos cuerpos, de dos corazones, de dos almas que anhelan hacer del refugio de un hotel su mundo perfecto. Tan bello que es imposible escapar de él. Como _BCN626.

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Los Rodríguez – En Las Ventas, 7 Septiembre 1993

Como casi todo en la vida, el mundo del rock tiene casuísticas de todo tipo que vienen a concluir que nunca hay reglas ni patrones fijos para determinar el éxito, vida y longevidad, continuidad, ascenso o caída de una banda. Tenemos grupos que no han roto su senda durante más de cuarenta años (Medina Azahara, Asfalto…), casi Obús, Barón (aunque sea con los Castro como continuidad), Ñu con Molina… Ejemplos de constancia que las han visto de todos los colores, crisis o menos crisis, años de bonanza, otros más crudos. Luego los hay que duran poco, desanimados porque la cosa ‘no tira’. Y los hay que firman una espectacular discografía en pocos años de trayectoria, con una influencia descomunal en su género. En ese grupo encontramos a Leño (sólo cinco años), Triana (sólo 8) o Los Rodríguez (sólo 6). Con solo tres discos de estudio (Buena Suerte 1991, Sin Documentos 1993 y Palabras Más, Palabras Menos 1995) y un directo con algún tema inédito (Disco Pirata 1992) su leyenda es gigantesca, como el dream team que los conformaba: Ariel Rot y Julián Infante se reunían de nuevo tras el furor de Tequila (también vida acelerada e intensa, con Alejo Stivel al frente), reclutando a un desconocido Andrés Calamaro desde Argentina y con Germán Vilella a la batería. En la coctelera, el descaro rocanrolero mantenido de la juventud pero con poso de madurez  y desencanto noctámbulo, desengaños y afrentas por tapices de crooner, de balada, de sones latinos o de rumba. Elegancia de teclas y riffs, una potente base rítmica y el alma en brindis constantes.

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Platero y Tú – Correos (2000)

Fito Cabrales ‘Fito’, voz y guitarra; Iñaki Antón ‘Uoho’, guitarra; Juantxu Olano ‘Mongol’, bajo; Jesús García ‘Maguila’, batería. Vale, no llega a ser un ‘once’ histórico del fútbol, ni siquiera un quinteto histórico del basket, pero sí es el póker de ases que (exceptuando a Leño por motivos evidentes), junto a Héroes del Silencio, tiene el honor de ser la banda más demandada del rock español cuando se le pregunta a alguien a qué grupo les gustaría ver de nuevo sobre un escenario. El caso es que gracias a Miguel Muñoz, que quiso contar con mi opinión para un reportaje publicado hoy sobre la banda en Cuarto Poder, caí en la cuenta de que justo un 2 de octubre, pero del año 2000, hace justo 20 años, se publicó el que a la postre sería el último disco de estudio con nuevas canciones de Platero y Tú. (No hay que olvidar que luego llegarían los dos volúmenes del recopilatorio Hay Mucho Rock And Roll, que supuso regrabar muchos de los temas, especialmente del 7 hacia atrás). La banda haría de la gira de este álbum su despedida de los escenarios, para pena de quienes nunca tuvimos ocasión de verles en directo. Con toda seguridad ellos ya sabían, sobre todo sus dos líderes, que este sería el último disco y de ahí ese título de desbarre final. Eran los Platero, pa’ lo bueno y pa’ lo malo.

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Néstor Rausell y Los Impostores – Placeres Vacíos

 

Suma y sigue Néstor Rausell forjando una sólida y coherente trayectoria en solitario, pese a su juventud, después de que saliera de Stuntmen para liberarse de los corsés que impone siempre una banda y que se diluyen cuando te plantas con tu nombre propio y un grupo acompañante (sin importar que muchos de esos músicos sean también del grupo anterior). Como ocurriera en Carreteras, que me dio buenas sensaciones como di testimonio hace poco más de dos años, Rausell se acompaña para la ocasión del cuarteto formado por Cristian Quílez y Jorge Ruiz a las guitarras, Dídac Corbí al bajo y Niko Fernández a la batería y, corto y al pie, Placeres Vacíos viene a ser considerado como su primer larga duración aunque se quede en menos de treinta minutos y los ocho temas. (Eterno debate sin solución sobre el dónde están los límites de una y otra cosa). Si entonces elogiábamos su capacidad para aligerar la pesadumbre del terreno del rock de autor sin por ello tener que fruncir el ceño para “hacer crecer a unos de esos solistas del rock a los que parece que siempre se les pide más autenticidad que al resto, además de doctorados en folk, americana, bluegrass, country, blues, etc”, este Placeres Vacíos consigue el mismo efecto, si bien aumenta la graduación etílica, con mayor peso en la distorsión y mayor velocidad y hedonismo en las formas. De nuevo, recomendado. Lee el resto de esta entrada