El Reno Renardo – El Mundo Se Va A La Mierda

La realidad y la estulticia que se reparte, contagia e inunda todas sus estancias es una fuente de inspiración inagotable para aquellos grupos que tiran de crónica irónica para sus canciones. Si a eso sumamos que también lo es el legado de los distintos géneros y subgéneros metaleros, parece claro que vamos a tener discos de El Reno Renardo hasta el fin de los tiempos. No va mal la media de producción, de hecho, si tenemos en cuenta que este El Mundo Se Va A La Mierda viene a ser su octavo disco de estudio, con otra quincena de cortes y bien de duración hasta la hora y cuarto. Y porque no habrán querido seguir. Las cosas que dan grima -desde los puretas a los opinólogos, desde los malotes de pastel a las frases de madre, desde la ultra derecha a la falta de criterio propio- se agolpan en los textos mientras que el armazón sonoro continúa ganando contundencia disco a disco, con un brío de guitarras de lo más agradecido, un empaque rítmico sólido y unas letras que nos suenan ya quizá previsibles en la voz de Jevo, pero que siguen haciendo sonreír en numerosos momentos. El Reno vuelve a descerrajar un trampantojo que se presenta con el revestimiento de parodia fútil del (heavy) metal  pero esconde un grupo que sabe armar canciones poderosas mientras las palabras afilan y alumbran, cual linterna haciendo de foco, lo más risible (gisible, que dirían en La Vida De Brian) de la sociedad. Por muchos más.

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Medina Azahara – Llegó El Día

Se acabaron hace tiempo los calificativos para elogiar la longevidad de la banda cordobesa Medina Azahara. Camino del noveno lustro de trayectoria ininterrumpida, Llegó El Día viene a ser el vigesimoprimer disco de estudio del grupo. El trigésimo – no sé cuántos si incluimos los directos, los recopilatorio oficiales, las ediciones especiales con deuvedés y/o extras, los recopilatorios no oficiales (ya saben). No hay en España ni un caso como el de ellos. Ninguno. Hay formaciones de ‘su camada’ en activo, pero casi todas han tenido un tiempo en barbecho, idas, venidas… Ni siquiera los proyectos en solitario de su fundador, Manuel Martínez, y de su guitarrista fijo desde 1989, Paco Ventura, han empañado el proyecto común que es leyenda por derecho propio. Con sus vicios y sus muchas virtudes. Entre ellas, las de ser el mejor representante de la escuela de Triana, pese a que pronto su querencia a la distorsión del hard rock y al heavy les separará un tanto del aire germinal de los Jesús de la Rosa, Eduardo Rodríguez Rodway y Juan José Palacios ‘Tele’. Un trío que se convirtió en símbolo de un movimiento musical sin paragón, complejo y rico en formas y esencia, en unos años que acabarían siendo un légamo de modernismo veloz (y muchas veces atroz). A lo largo de su carrera, Medina Azahara ha versionado numerosas canciones de su discografía pero es ahora cuando ‘oficializa’ su amor a Triana con un disco íntegro, con diez temas, y una gira especial que le llevará por una treintena de fechas durante 2022. Y a eso, sumen el dolor de la pérdida reciente de Manuel Martínez ‘Mart’, vocalista y alma de Estirpe, productor, excepcional e inquieto creador y músico, hijo de Manuel. Trágica pérdida, como la de Jesús de la Rosa. ‘Mortal y Rosa’, como el libro que Paco Umbral escribió con motivo de la enfermedad y muerte de su hijo de cinco años, que he releído por tercera vez en este no-puente para intentar salir del estado ágrafo en el que me sumía. Buscar sentido, buscar seguir para no ser un Bartleby y compañía como los de Melville y Enrique Vila-Matas. Vamos.

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Mafalda – Les Infelices

A estas alturas, poca necesidad tengo de regalar los oídos (ojos, para la lectura) a nadie a la hora de escribir una crítica y, aunque siempre les vi una proyección que iba más allá de la proclama y el aprovechamiento de una lógica y necesaria corriente feminista, la evolución de Mafalda es una de las más gratificantes que ha dado el rock-metal de trinchera (para que la palabra independiente no genere confusión) en los últimos veinte años. Ya quisieran algunos grupos que llevan esos años en primera línea haber presentado una línea evolutiva a la hora de escribir y musicar como ha hecho este numeroso combo valenciano. Quizá sea más fácil repetir piloto automático pero el peterpanismo acaba descolgando tarde o temprano a quienes quieren que sus bandas, las de su vida, también maduren y ofrezcan más matices a los ya conocidos. Por si hace falta explicarlo, eso no significa que uno ‘rechace’ su pasado (porque escuchar esas canciones añejas nos conectan con nuestro propio yo de entonces), pero sí que es necesario tener más estímulos para seguir enganchados a ellos. Sorprende que pese a su todavía notable juventud -aunque llevan más de diez añitos ya sobre los escenarios y festivales- Mafalda lo haya entendido y ejecutado tan bien y con una naturalidad pasmosa. Les Infelices es un disco maravilloso por eso, porque es valiente y no le importa que haya menos metal que nunca, que haya más pasajes tranquilos que nunca, que las canciones tengan arreglos casi imposibles e inesperados. Me parece tan sorprendente y alentador que bandas como ella dan sentido a la curiosidad a querer ver de qué son capaces en el próximo álbum.

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Morgan – The River and The Stone

Suele ser el típico consuelo para soportar el paso del tiempo pero hay ocasiones, pocas, en las que el refrán tiene razón con aquello de que la espera valió la pena. Recordemos: apenas un mes antes de que se cumpliera un año de estallido pandémico, en febrero de este año, Morgan publicaba una foto desde el estudio de grabación con la que anunciaban que ya habían terminado de grabar su cuarto disco. Las cuentas no salían, claro. NorthAir… ¿Dónde estaba el tercero? Días después se despejaba la incógnita Queen mediante, ya que su versión del ‘Somebody To Love’ servía de adelanto del lanzamiento digital de Home (Live At Circo Price) que recogía las mejores tomas de los dos conciertos que el grupo ofreció en dicho espacio de la capital los días 19 y 27 de enero de 2019, en la programación de Inverfest. Así que dicho cuarto era este The River and The Stone, que ha estado un tiempo esperando nacer. Siempre me ha causado una admiración increíble que los grupos sean capaces de grabar un disco y tenerlo guardado durante tantos meses. (Se me ocurren como ejemplos los casi dos años de Mayéutica, de Robe, o un jugoso EP que está en mi poder desde hace casi seis meses de una de mis bandas favoritas y del que ni siquiera se ha anunciado todavía su salida…). Los motivos, eso sí, son perfectamente comprensibles. Lanzar un disco la primavera pasada sin la posibilidad de planificar una gira a la altura de las circunstancias con un mínimo de seguridad llevó al grupo a apostar por el otoño. Un acierto absoluto al estar la situación algo más estable y, por el camino, por ese pelotazo que es su inclusión como apertura de los conciertos de la gira de Fito & Fitipaldis. Entre unas y otras, casi una cuarentena de fechas… y las que vendrán, teniendo en cuenta que la anterior fueron unas 200. Morgan y su The River and The Stone así lo merecen.

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Corizonas – III

En esto de la música cuando la excepcionalidad se convierte en rutina se acaban diluyendo los fuegos artificiales y el efectismo de la novedad. Frente a esa ‘ley de vida’ lleva peleando Corizonas desde hace ya unos diez años. Realmente, desde el momento en el que aquel cameo eventual entre Arizona Baby y Los Coronas acabó teniendo nombre propio fusionado. (Como Extrechinato y Tú, pero mejor). Tras una gira de versiones y algunas adaptaciones recíprocas (deuvedé y cedé en directo incluido), la prueba de fuego llegaría con el primer álbum de estudio, aquel antológico The News Today, que llegó casi sin descanso. Cuando ese furor comenzó a decaer, las bandas volvieron a sus proyectos para volver a los cinco años con una inesperada vuelta de tuerca… ¡pasarse al español! en Nueva Dimensión Vital. Un disco que, coincido con la opinión de la banda y me incluyo, pilló un poco a contramano a todos los que lo pasamos en grande con ellos hasta entonces. Y es que ese cambio de idioma vino aparejado con una limpieza de polvo sureño y fronterizo. Todo se hizo más sintético, más melódico, más cool, más neón. Que no digo que esté mal, pero la convivencia de unos temas y otros era tremendamente extraña. Otros nuevos cinco años después ahora llega este III que viene a ser un eslabón perdido entre ambos elepés. Mantiene el rock básico y primigenio del primero (aunque sin trompeta) pero reafirma su apuesta por el español. Un álbum en el que además tienen que afrontar la salida de Fernando Pardo, que decidió bajarse del barco y centrarse en Sex Museum y Los Coronas. Así, Corizonas parece seguir abocado a tener que reafirmarse en cada paso. Cuestión baladí porque igual que ‘los Cero‘ seguían teniendo a dios de su lado ellos tienen el talento.

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Ángel Stanich – Polvo de Battiato

Esta vez no podía dejarlo pasar de nuevo. Por fin Ángel Stanich pisa esta casa y lo hace con la publicación de su tercer larga duración (ya sabéis que de Ep’s no suelo escribir demasiado), que viene a cerrar un 2021 en el que ya publicó un EP con anterioridad (Una Visión Global Bastante Aproximada). Verán, Camino Ácido llegó a mis oídos a través de una de las conocidas peticiones de tuitcríticas para los viernes (por cierto, resulta curioso que numerosos músicos –el último Toni Mejías en la entrevista que le hice en el Festival Literario Salitre de Valencia el pasado fin de semana- me hablen de esa sección en Twitter, porque me parece un silente aunque fantástico reconocimiento a esa tarea que acumula ya unos diez añitos). El disco me sobrepasó por su torrencial verbo, por sus influencias musicales, por la voz inconfundible, ‘Apadrinado’ por el cori-arizónico (la semana que viene voy con ellos) Javier Vielba, entre desidia lisérgica y teatral y tonalidad dylaniana… Como llegué tarde, se me escapó por entonces para dedicarle crítica completa. Como en 2017, con Antigua y Barbuda, su segunda entrega, que me cogería en una de esas rachas funestas de desborde laboral (no es que ahora haya bajado, es que ahora he aprendido a surfear). Pese a todo, también le dediqué palabras en twitter a raíz de otra petición: “Será por la barba, será por el aire Dylan, este cantau-rock de voz irritante y concepto musical amplísimo siempre me ha caído en gracia”. Canciones como ‘Camino Ácido’, ‘El Outsider’, ‘Mezcalito’, ‘Metralleta Joe’ o ‘Miss Trueno ‘89’ del debut o ‘Mátame Camión’, ‘Un Día Épico’, ‘Le Tour ‘95’ o ‘Escupe Fuego’ me han acompañado con frecuencia en estos años. Ahora se sumarán otras cuantas gracias a Polvo de Battiato. Otro excelente ejemplo sobre cómo quitar pretenciosidad a la creación no impide firmar canciones sobresalientes. Talento desbordante que nos comparte en sus juegos.

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Nat Simons – Felina

Lo queramos o no, en este país sigue siendo más complicado si cabe hacerse un hueco y obtener reconocimiento si cantas en inglés que en español. Las excepciones, como en casi todo, las hay. Tenemos a Dover, tenemos a Morgan, a Angelus Apatrida y Crisix en el lado más afilado… Pero está claro que no es lo habitual. Son muchos los grupos que empezaron en Shakespeare y terminaron en Cervantes, como Love Of Lesbian, Marlango, Corizonas… Una lista a la que suma ahora Nat Simons, que tras Home On High (Audiomatic Producciones, 2013) y Lights (El Dromedario Records – Autoeditado, 2018) ataca ahora con Felina (El Dromedario Records, 2021). Un cambio de registro que, a la postre, no solo se ha limitado al mero aspecto idiomático, sino que, con mayor amplitud de miras, ha llegado a la música, que ha sacudido ese aura polvorienta de la canción de género americana, para bañarse de una sonoridad sintética, de neón y glam, para lo que se ha valido de grandes nombres destacados del presente expertos en la materia, como Eduardo Baos de León Benavente, entre otros, o Igor Paskual, guitarrista de Loquillo, solista y antes también en Babylon Chat de los que algún día tendré que escribir al fin en la crítica remember de los viernes. Y como referente en el horizonte, el camaleón de los ojos de distinto color, David Bowie, de quien toma no solo algunas formas sonoras sino también ese impulso creativo de creación de un personaje en forma de alter ego que cuenta una ascensión y caída, como Ziggy Stardust. Con todos estos mimbres y mucha dedicación, Nat Simons presenta un disco corto pero muy aprovechado. Melodías directas y pegadizas, sin desmerecer la distorsión y el empaque, que abren una puerta de posibilidades y de crecimiento realmente amplias. El tiempo dirá.

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Celtian – Sendas De Leyenda

A una velocidad vertiginosa, Celtian se ha convertido por derecho propio en una de las bandas llamadas a recoger el testigo de ese noble arte del heavy metal melódico de ascendencia celta. Un mundo que, ya saben, en España abrió la veda Ñu (a su adusta y sobria manera) y que terminaría explotando –y rentabilizando- Mägo de Oz, con otros escuderos de lujo como Saurom, Landevir, Ars Amandi, o, más recientes, Salduie, Lèpoka, Celtibeerian, Sylvania o Debler (aunque habrá que ver si las múltiples marchas del grupo sostienen el nombre al mismo nivel). El grupo nació de manera primeriza cuando Diego Palacio, flautista eventual de Mägo, decidió emprender un proyecto en solitario que debutaría de manera tímida y sin grandes pretensiones con un disco instrumental llamado The Druid’s Awaiting. Pasado el tiempo, fue en 2018 cuando la granadina Raquel Eugenio, que venía versionando a todos los grandes del rock y el heavy nacional en su canal de Youtube, editando incluso recopilatorios en formato digital. Palacio suma a la convertida en Xana Lavey como vocalista de Celtian y todo se acelera (y eso que ha habido un año de parón pandémico de por medio). En 2019 publicarán En Tierra De Hadas y el pasado mes de septiembre salía su tercer trabajo (segundo con voz) Sendas de Leyenda. En los últimos tiempos estoy recuperando algunas bandas de las que me gustaría haber escrito antes pero que, por distintos motivos, no pudo ser con los anteriores. Así que hoy toca el turno de dedicarle unas cuantas líneas al folk optimista y vitalista de Celtian.

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N.E.O. – Punto De No Retorno

Tras el fugaz destello de ECO (que sigue adelante pero sin la formación inicial que alumbró el debut Réplica), N.E.O. (Near Earth Object) fue la banda en la que pudimos disfrutar de nuevo a Alberto Cereijo (de quien sobra cualquier tipo de presentación para una persona iniciada en el rock) Venía para ello fantásticamente rodeado con músicos curtidos: nada menos que Tino Mojón (también Los Suaves y ex Eco), Diego P. Castro (ex Eco) y Pedro Regueira (Velvet Rain). Una banda de ejecución perfecta por los caminos del rock duro, pasando por ligeros toques de progresivo y destellos de heavy. De su debut, Objeto Cercano A La Tierra, publicado en 2019 y del que no pude escribir dado que no siempre da el tiempo para hablar de todos los lanzamientos que lo merecen, me quedé con lo bien definidos que estaban cada uno de los temas, de un nivel medio alto. Mis preferidos fueron ‘Sobre El Mar’, ‘Inmortal’, ‘Avanzo’, ‘Sólo Algunas Veces’ y ‘Adoctrinados’. Dos años y medio más tarde, aunque con una pandemia de por medio que eso viene a ser, precisamente, como un agujero negro que relativiza el tiempo, llega esta segunda entrega llamada Punto De No Retorno. La base del hard rock sigue estando muy presente aunque el grupo ha optado por liberarse de la búsqueda de público a través de estribillos y coros accesibles para destilar un rock duro de altos vuelos, con la técnica consabida de Cereijo, la solvencia de la base rítmica y de la versátil voz de Regueira, donde el virtuosismo respira con naturalidad contenido en las necesidades de cada una de las canciones, que no es fácil.

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Mosh – Vértigo

Impecable trayectoria la que va dibujando Mosh con cada uno de sus discos. La banda lanzó su primer disco en 2015 con Impune y, pese a las buenas maneras presentadas y excelente respuesta de crítica y público, se lo tomó con calma para lanzar El Filo, su siguiente álbum, en 2017. El listón estaba muy alto y, conscientes de ello, han trabajado sin prisas para dar el salto definitivo con el tercer artefacto sonoro, Vértigo. Un disco que es cierto que sale un año más tarde a causa de la pandemia, pero refleja de manera clara esa forma de trabajar, con una producción de dulce, infinidad de arreglos que van más allá de la tralla conocida y reconocible de la banda y una importante dosis de aderezos estilísticos que completan la potencia metálica conocida, pasando con facilidad del thrashcore a casi el pop, el hardcore, el punk, los estribillos más elaborados y pegadizos y una conjunción de voces que van de lo más desgañitado a lo melódico y edulcorado de los coros. Así, Mosh avanza en el terreno más duro de la escena independiente con diez canciones (otra marca de la casa) que dejan sin aliento en su poco más de media hora de duración. Un punto de inflexión en toda regla al que auguramos una gráfica bastante elevada a poco que la situación permita sin inclusión en festivales del género y una igual o superior inspiración para la próxima entrega.

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