Alén Ayerdi (Ciclonautas, Marea, Dromedario…): “Me da mucho miedo que el Rock que hemos visto crecer no tenga relevo”

Hace escasos días que los tres Ciclonautas, (Mariano, Txo y Alén) han aterrizado de su segunda visita a Argentina en apenas tres meses y ya están con los motores a punto para embarcarse en una gira por salas por España a la vieja usanza. Hechos de otra pasta, el baterista de la banda (además de otras muchísimas cosas más de las que también hablamos) sigue peleando con el jet lag a escasas 24 horas de volver a subirse en el escenario en la sala Peter Rok Club de Valencia. Será el inicio de un periplo que continuará por Barcelona (11 de marzo), Zaragoza (12 de marzo), Salamanca (25 de marzo), Donosti (27 de marzo), Madrid (6 de mayo), Almazán (13 de mayo), Valladolid (14 de mayo), Vigo (20 de mayo), A Coruña (21 de mayo) y Tarragona (27 de mayo), con los festivales confirmados en Viña Rock de Villarrobledo (28 de abril), Rockfest de Barcelona (2 de julio) y Resurrection Fest (3 de julio). Una quincena de fechas que, sumadas a la quincena Argentina y a las ofrecidas el pasado año nos llevan a cerca de 50 fechas. Nada mal para tiempos pandémicos. En esa lucha por recuperar los horarios, hablo con Alén de ese corazón incandescente que es Ciclonautas. Otros tempos, otras texturas, otras hechuras… Puro pundonor que se deja la piel en cada escenario. También habrá tiempo para hablar del futuro de El Dromedario Records, el sello que, más allá de la cantidad sin filtro de otros, se ha convertido en un sinónimo de calidad garantizada en el mundo de nuestro rock. No falta tampoco los nuevos proyectos de Marea, ni de Robe, ni pinceladas a sus referencias musicales o de, simplemente, la actitud vital y las ganas de seguir viviendo el rock and roll de sus múltiples maneras.

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Duncan Dhu – Canciones (1986)

Día lluvioso, helor de humedad, pre astenia primaveral, nostalgia… y Canciones. Y un vinilo. Repasando la amplísima galería de nombres que todavía no han pasado por la crítica remember de los viernes (por suerte, nuestra música es infinita por más que nos acerquemos a las trescientas) siempre se me clava la espina de no haber dedicado unas líneas a Duncan Dhu. Uno de esos grupos que ‘me encaminaron’ desde niño ya que mi hermano y mi hermana, mayores que yo, tenían en vinilo tanto el que nos ocupa como el posterior El Grito Del Tiempo. Hasta hace relativamente poco todavía discutían sobre de quién era este Canciones. Un debate que se cerró, ¿adivinan?, con el vinilo en mis estanterías. Mejor que una resolución salomónica que lo partiera en dos. El caso es que hasta hoy mismo he dudado sobre de cuál escribir porque para mí son casi como uno. Y quizá también para la banda, ya que, sin ir más lejos, la edición internacional de este álbum llevaba temas del posterior, que llegaría apenas un año después. Mentalmente también he identificado siempre más este Canciones a mi hermana y El Grito Del Tiempo a mi hermano así que, como por circunstancias personales me apetece darle un impulso de ánimo a ella. El trío formado por Mikel Erentxun, Diego Vasallo y Juan Ramón Viles es uno de los más indiscutibles legados y referentes que ha dado el pop-rock estiloso de nuestro país en los años ochenta y noventa. No hay debate posible. No se les puede discutir la grandeza de su pop rock intimista en los primeros años, el protagonismo de la base rítmica con ligeros aires de rockabilly, su capacidad para crear melodías de guitarra y voces adictivas, sugerentes y cálidas. Hoy nos quitamos la espina (del jardín de rosas) de Duncan Dhu.

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Los Vinagres – Buen Clima

Habla Nacho Vigalondo en una entrevista publicada ayer en Vanity Fair, al hilo de la ‘polémica’ reaccionaria sobre la bondad o no de las nuevas canciones de Rosalía, que cuando se reniega de formas musicales que van dirigidas a un público generacional más joven la reacción es la misma que los padres de los primeros seguidores del punk o del rap, años más tarde. Que uno puede tener sus propios gustos es innegable, pero de ahí a regodeo o cachondeo hay un nivel fóbico que, en su extremo patológico, puede rozar hasta la mala educación. Que si sacamos hemeroteca qué decir de las declaraciones de Frank Sinatra sobre el rock and roll: “La música rock la hacen deficientes que cantan letras maliciosas, lascivas. Es la forma de expresión más brutal, nauseabunda, desesperada y viciosa que he tenido la desgracia de escuchar. Yo a esa mierda de música llamada rock and roll no le doy ni cinco años de vida”. Como la paloma, el tío Frankie se equivocaba. Pero al final ejemplifica un tanto el movimiento cíclico. Si dilapidamos corremos el riesgo de ser dilapidados y todo es mucho más sencillo. Con reconocer que hay códigos que se nos escapan y hace que algo ‘no nos guste’ es suficiente. Más allá de eso se alcanzan los límites de la ofensa gratuita y perniciosa.  Digo toda esta introducción al hilo de la crítica del nuevo disco de Los Vinagres porque cualquier ‘rockero fundamentalista’ que lo escuche considerará que esto no es rock, en su opinión más suave, y muchos de ellos quizá hasta acompañen la bravuconada con el algún exabrupto. La verdad es que vi a estos jóvenes partirse la cara en un escenario en mitad de una ciudad mediterránea, a las cuatro de la tarde  y en pleno mes de agosto, en la segunda edición de Cooltural Fest, y os aseguro que con más o menos ingredientes añadidos, su actitud y su propuesta es tan rock como el que viste de cuero y se acompaña de todos los tópicos. Y está bien que existan bandas así, que mantengan la constante, pero también que haya valientes como este trío de La Palma que añade ritmos urbanos y sonoridades más bailables al armazón clásico.

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Ilegales – La Lucha Por La Vida

Que Ilegales, con Jorge Martínez al frente, ha sido siempre un grupo indómito es de sobra conocido desde que su frontman andaba repartiendo mandobles (quizá la mayoría sin quererlo) o se paseaba con gabardina y stick de hockey por las calles. Después la cosa se remendó de manera socialmente aceptable, aunque eso no impidió que el bueno de Jorge demostrara en televisión que no se cortaba ni un pelo en sus opiniones incendiarias y con algo de natural aristocracia intelectual frente a la inmundicia generalizada. El caso es que para todo lo que se ha jugado la boca a lo largo de cuarenta años, Jorge sigue siendo capaz de reunir a una impresionante corte de rockeros, artistas más o menos coetáneos en el tiempo o cercanos en espíritu y hasta algún que otro opuesto a poco que descuelga el teléfono o menea el árbol. A falta de giras ‘en condiciones’, es lo que ha hecho para celebrar el cuadragésimo aniversario de su banda. Pero lejos de querer plantear un testamento apócrifo de grandes éxitos con figuras del momento, Ilegales ha querido retarse a sí mismo y a sus invitados a la mesa para grabar canciones inéditas (la mitad) o de muy reciente creación (la otra mitad), con solo una excepción, como veremos más abajo. Un disco que valdría la pena por sí mismo pero que se multiplica gracias a un compromiso palpable en cada una de las colaboraciones reunidas en La Lucha Por La Vida, que son, por orden de aparición: Loquillo, Josele Santiago, Coque Malla, Andrés Calamaro, Los Auténticos Decadentes, Iván Ferreiro, M-Clan, los dos guitarristas de Vetusta Morla, El Niño de Elche, Evaristo Páramos, Bunbury, Cycle con León Benavente, Carlangas de Novedades Carminha, Dani Martín, Luz Casal y Kutxi Romero. Con título inspirado en una trilogía de Pío Baroja… Ni tan mal, ¿no?

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Carlos Escobedo (Sôber): “Animamos a la gente a que se vuelva a enamorar de la música en directo”

Ahora que la denominada ‘sexta ola’ comienza a remitir y parece que ya de forma definitiva acercándonos al final de la pandemia, son muchas las bandas que este final de invierno y principio de primavera van a volver a los escenarios para empezar o retomar sus giras, con ganas de disfrutar ese reencuentro con un público que también debe ‘reactivarse’ y volver a las salas para que el circuito, eso que tanto han defendido con ‘Alerta Roja’ y ‘Hacemos Eventos’, salga de su propia UCI. Sin ir más lejos, este mismo fin de semana vivirá los inicios de gira de Gritando En Silencio, de Ciclonautas (tras su segunda triunfante vuelta de Argentina) y Sôber, que tras una serie de fechas en verano y un concierto el pasado mes de enero, comenzará la primera parte de la gira ‘Elegía Tour’ en Barcelona (sala Razzmatazz 2), este sábado, 5 de marzo. A continuación, seguirá por Oviedo, Burgos, Valencia y Valls (días 18, 19, 25 y 26 de marzo), Pamplona, Bilbao, Ponferrada, Málaga y Granada (días 6, 7, 14, 27 y 28 de mayo) y Santiago de Compostela (3 de junio). Después se abrirá una tanda de festivales y fechas de verano para volver con la gira a final de año, con Santander ya confirmada para el 28 de octubre. Cuando no está generando melodías está escribiendo letras o, si no, produciendo a alguna banda. Así pillamos a Carlos Escobedo esta mañana haciendo un parón en el estudio para atender la entrevista de RockSesión con motivo del inicio de la gira. (FOTOS: Javier Bragado)

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Amset – Katarsis (2004)

Igual que lo de Ramoncín en el Viña Rock fue una de las grandes páginas negras de nuestro rock (por más que hay gente que todavía se lo tome a chufla), el escarnio sádico que se hizo contra Amset en su momento también tiene su aquel. ¿El motivo? Tan sencillo como el de dejarse llevar por unos supuestos de autenticidad o integridad que nada tiene que ver con la música o, al menos, con la escucha sin prejuicios de ella. Intento resumirlo. En unos años en los que heavy metal había vuelto a despertar algún creciente interés comercial (es lo que llamo la segunda época dorada, con Mägo de Oz, Avalanch – WarCry, Saratoga, la vuelta de Obús, Tierra Santa…) aparecieron a comienzos de la primera década del milenio unos jovencitos de apenas 18 años que se presentaban caracterizados, maquillados y con una maquinaria de inversión detrás, buscando el nicho de mercado del ‘shock metal’. Tanto que, de la nada, empezaron a aparecer en festivales, telonearon a Deep Purple a su visita en Madrid e hicieron una gran fiesta promocional en la capital donde hasta acabó yendo un programa del corazón de TeleCinco. Toda inversión venía de la mano del sello de reciente creación Rimer Rock, propiedad del padre del vocalista, que también acabaría fichando a Obús, que los llevarían de teloneros con este segundo disco y Fortu les produjo el debut. Todo eso provocó el rechazo de todo heavy metalero de pro, que lo consideró como una ofensa a los principios de cualquier superior chusquero: el que hay que comer mucha mierda antes de poder permitirse eso. No importaba si los chicos mejoraban o no, si buscaban cosas buenas o no. El estigma y el vapuleo fue tal que la banda nunca fue tomada en serio y tuvo que disolverse. Quienes siguieron en la música se hicieron hueco en los grupos de Ix Valieri, Bárbara Black, Silver Fist, Cuatro Gatos o Infernoise.

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Kaótiko – Sin Filtro

Si es duro salir indemne del paso de los años para cualquier banda de rock más si cabe lo es para los grupos que se mueven dentro de lo que, en términos generales, podríamos llamar punk, aunque sea con una fuerte y marcada tendencia melódica. No hay ni un solo grupo en el que ‘la cla’ no ejerza su función plañidera de la autenticidad, de la defensa de los orígenes y principios de cada una de las formaciones, despreciando cualquier atisbo de novedad, evolución o sencillamente, que no hagan las mismas canciones que antes. Si le pasa hasta al patriarca Evaristo, imagínense con el resto de los mortales. Kaótiko lleva conviviendo con ello, sin hacerle ningún caso, desde hace casi diez años. Desde el EH Calling!!!, por fijar un referente discográfico. Claro, luego llegan los directos en los festivales y ahí poca gente les puede toser en el escalafón del género. Con este caldo de cultivo, tres años después de su anterior Aprende Violencia y con una pandemia de dos de por medio, los de Agurain – Salvatierra presentan el décimo de su trayectoria, noveno de estudio, con bastante poco que demostrar y sí como un nuevo ejercicio liberador para seguir guitarreando y ofreciendo melodías que no por accesibles pierden contundencia y agresividad, intentando dar otra vuelta de tuerca más a lo que ya saben hacer. Si en el anterior era algo más de oscuridad y efectos vocales, aquí ha sido todo lo contrario. Sin Filtro es una apuesta por la autoproducción menos intervencionista, lo que le ha dado al disco un sonido de directo bastante acusado, salvo los dos escarceos electrónico – bailables por los que ya veo a algún integrista del punk rasgándose (más) las vestiduras. Para esta casa es su mejor disco desde el citado EH.

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Siniestro Total, despediremos a los ‘viejos rockeros viejos’

“Hay que saber irse de una fiesta antes de que se vayan los demás”. Así dice uno de los estribillos de ‘Viejos Rockeros Viejos’, tema que forma parte de Era, el último disco de estudio de León Benavente, donde se ríen de sí mismos y su particular forma de sentirse cuando hacen gala de su condición rockera. No dista en demasía del “Hay que saber retirarse a tiempo” pronunciado hoy por Julián Hernández en la rueda de prensa que, junto a Javier Soto y Miguel Costas, ha dado hoy Siniestro Total sobre su concierto de despedida el próximo 6 de mayo en el Wizink Center de Madrid, bajo el subtítulo de ’40 Años Sin Pisar La Audiencia Nacional’. Que teniendo en cuenta que en el 88 ya cantaban aquello de “…y yo que viejo”, nos han aguantado más de lo que se podía imaginar entonces. Ha costado congelar algunas agendas para las que suelo trabajar, ha costado mover algunos pocos hilos, pero puedo confirmar ya que RockSesión estará ahí para contarlo y es de justicia que así sea. En primer y principal lugar por la propia relevancia de la banda. Siniestro Total ha representado el Rock con mayúscula en todas sus ‘desviaciones’. Desde la querencia acedecídica hasta el folk de raíz propia, de la fase ‘caca-culo-pedo-pis’, como alguna vez la ha llamado Julián en algún directo, hasta las múltiples referencias culturales y sociales elevadas e infrecuentes en el género en nuestro país. Del sentido del humor más corrosivo y la fiesta más bullanguera y etílica al blues más elevado y sofisticado. En segundo lugar, y en lo personal, porque Siniestro Total es uno de los primeros recuerdos rockeros de mi infancia, con los vinilos de mi hermano (Menos Mal Que Nos Queda Portugal o el Surfin CCCP con Os Resentidos, él con 14 años, yo con 4) sonando por casa de mis padres. Mi hermano se bajó del barco cuando Miguel Costas se fue, pero a mí me quedó Siniestro Total para siempre, disfrutando todas y cada una de sus épocas. Alegrándome el día… Había que estar. Y estaremos. (FOTO de la rueda de prensa Miguel Paubel – La Trinchera. Foto de la banda – Ricky Dávila).

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Pablo Und Destruktion – Ultramonte

En ese inmenso universo de opciones que representa la música, con el asturiano Pablo Und Destruktion me encontré por primera vez en ese oasis en televisión que sigue representando el programa ‘Los Conciertos De Radio 3’, allá por abril de 2016. En aquel momento andaba presentando y girando con los temas de su último disco de estudio por entonces, Vigorexia Emocional. Desde ese día pasó a formar parte de mi compartimento mental (siempre porosos, eso sí) que podría llegar el nombre de ‘música maldita’ o ‘música de malditos’ o ‘música poético-intensa’, ‘poesía visceral – suicida’, la que prefieran. Es un cajón donde habitan nombres a los que le he tenido devoción y obsesión absoluta en momentos determinados de mi vida, y respeto para siempre como Nacho Vegas, Javier Corcobado y, más duros pero con emociones similares, 713avo Amor o Viaje a 800. Canciones como ‘Bares Vacíos’, ‘Busero Español’, ‘Los Días Nos Tragarán’, ‘A Veces La Vida Es Hermosa’, ‘Ganas de Arder’ o ‘Mis Animales’ se hicieron sitio con rapidez en mis particulares selecciones del género. Rock alternativo, con mucho folk, como una suerte de paranoia psicodélica y unas hechuras muy alejadas a lo que viene siendo ‘la convencionalidad’. Ese soberbio disco de 2015, del que no escribí en su momento porque lo descubrí más de un año después de su salida, tuvo continuidad dos años después en Predación, donde Pablo llegó a todavía más gente con fórmulas que coqueteaban con el rock más al uso y hasta con cierta sonoridad indie. Así, del desvío tomado replicaría en recato y parquedad en Futuros Valores, más sobrio, desnudo y adusto. Un ejercicio voluntario de apartarse de las expectativas, por más que ‘Gijón’ diera tantísimo que hablar. Ahora, tras casi dos años de pandemia, llega Ultramonte. Quizá su disco más rico musicalmente, más decidido y más equilibrado, si es que ese adjetivo todavía puede aplicarse a algo.

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Vega – Mirlo Blanco

Más alto, más lejos, más fuerte. El lema olímpico original bien vale para representar el triunfo personal e individual de una persona que ha visto todo negro a su alrededor, hasta el punto de querer abandonarlo todo, y que, sin embargo, acaba sacando las ganas, el valor y la valentía para superar el trance y encontrar nuevos estímulos con los que seguir, con más brío y reafirmación propia su camino. Más alto, más lejos, más fuerte. Es el caso de Vega, la artista cordobesa que se vio ofreciendo un concierto de despedida (sin ser comunicado con anterioridad) en octubre de 2019 que, sin embargo, acabó siendo el bello comienzo de una nueva etapa, mucho más decidida, mucho más libre si cabe. Se alinearon los astros con el cariño de los compañeros de profesión, con un público que agotó entradas meses antes, con el resultado de la grabación y, especialmente, con las reconstituyentes emociones vividas durante la histórica velada. Uno no puede huir de lo que es, así que Vega entendió entonces que no era el momento, que había que seguir cantando porque la llama seguía encendida por más decepciones, contratiempos, sinrazones, discriminación negativa y cansancio de llevar todo autogestionado llevara encima. Ni siquiera una pandemia que truncó la gira de continuación que vino aparejada al lanzamiento de aquel directo ha podido con la entereza de Vega. Armada con su gente de confianza, grabando a la vieja usanza, partiendo de lo que iba a ser su canción de despedida como base, ofrece en Mirlo Blanco su décimo trabajo discográfico de estudio, el quinto de manera independiente. Un álbum de doce canciones de atmósferas distintas pero con el sentimiento común de la autodeterminación y el poder de la voluntad como medida de éxito.

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