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Rozalén – Cuando El Río Suena…
Continúa María Rozalén tirando de refranero y puntos suspensivos para titular sus álbumes. Tras sorprender a todos con Con Derecho A… y confirmarse más allá de la mera revelación de temporada en Quién Me Ha Visto… (rematado con el DVD en directo …y Quién Me Ve), llega ahora este Cuando El Río Suena… que sigue perfilando y cimentando la carrera de una joven que, a cada paso, parece dejar más claro que poco se deja influenciar por el éxito de crítica y público. Y lo demuestra tanto en las fuentes de inspiración (ahí quedan los vídeos de conversaciones con su abuela) como en el mensaje de las canciones. Llaneza sin trampas ni cartón, contando historias familiares, jugando por aquí y allá con los sonidos cálidos que casan a la perfección con su voz arenosa pero sobrada de facultades. Lo hace sin caer en la repetición de fórmulas hacia canciones festivas de fácil digestión, con una autenticidad imponente que, ante todo, transmite con mucho seso, algo fundamental para resultar creíble y para, en suma, trascender.
Poncho K – 11 Palos
Cuatro años después de su Caballo de Oro, el disco más difícil de Poncho K con todas las circunstancias personales que lo rodearon y, por consiguiente, el estado de ánimo, llega la nueva entrega del artista sevillano, en forma de 11 Palos, reflejados con 11 penes en la portada. El séptimo de estudio de Alfonso Caballero, que a sus 36 años atesora ya una discografía tan extensa y sólida que abruma pensar en que puede duplicar esa cantidad en otros tres lustros. Decía en su día que Caballo de Oro era un desahogo y un punto de inflexión en un camino que se ha ido abriendo con sellos de identidad claros. Tras una parada en directo en Despertando, Poncho viene con las pilas muy cargadas en sus nuevas canciones. Es, por lo general, un disco enérgico en las formas, templado en las letras, pero con un espíritu mucho más vitalista y vívido que en su antecesor. Las canciones se despliegan con naturalidad recogiendo una gama variada de influencias, pero sin excederse demasiado la heterogeneidad.
Naipes – Quattro
Hace unas semanas veía la luz este primer larga duración de una de tantas bandas que luchan por hacerse un hueco con su música, disfrutando de su pasión. Hay muchas formas de afrontar ese momento. Algunas formaciones reúnen unos cuantos temas y los graban y mezclan de manera artesanal con tal de colgarlo lo antes posible en sus redes sociales, rapidez en detrimento de la calidad. Los hay que se patean y mandan decenas de correos a un sello que les edite el material o que les financie su primera grabación. A veces se consigue, aunque eso tan en desuso de comprar discos cambió las reglas del juego hace tiempo. El caso de Naipes es el de una banda, un cuarteto, que, pese a su juventud, ha tenido la paciencia de reunir las diez canciones, madurarlas, darle vueltas, presentarlas en escenarios apretados y, a la hora de la verdad, contar con un estudio y productor al alza. Nada de vacas consagradas que parecen trabajar con los grupos como en serie. Javier Salas de Nadye (La Caverna Estudios) continúa demostrando su capacidad a la hora de capitanear una grabación y el resultado así lo refleja. Y luego están las canciones, bombásticas, pateando géneros, jugando a la comercialidad con riffs y solos muy técnicos y baterías al tempo que sacuden cuando deben. Menudo estreno.
Chelo & Cía – Chelo & Cía
Chelo García es la voz de este proyecto que se estrena con un álbum epónimo después de superar con éxito el peaje del crowdfunding. Se trata de un grupo almeriense (sí, hoy me pongo el traje localista en aras de cumplir deudas pendientes y coger ritmo a un inicio de curso que se ha hecho cuesta arriba por motivos exógenos) formado por músicos de dilatada trayectoria como los hermanos Pírez (en los ochenta en el grupo Trementina, de plena movida madrileña, y del que algún día hablaré en las críticas de discos remember de los viernes). Vocalista de jazz y soul, Chelo se lanzó hace poco tiempo al castellano y a territorios más rockeros, con tan buena acogida y resultados que se embarcaron en la grabación de este debut que les está permitiendo cierta notoriedad por la zona. Un rock con mucho swing y estilo, que cuando carga hacia territorios más distorsionados nos recuerda al sonido del Sabina de los ochenta, con ligeras pinceladas de soul y blues gracias a las teclas y acordes de guitarra, respectivamente. Un disco de muy grata escucha que, cuanto menos, debe ser más que suficiente para, esperemos, una continuidad no muy lejana.
Mamá Ladilla – Un Bis y A La Cama
Soy uno de ellos, de esos que lo piden y piden, lo confieso. Y no sólo lo he venido haciendo con Mamá Ladilla, sino que es algo que se echa en falta en más de una formación aunque, como en este caso, muchos sean alérgicos a ello. Estamos hablando, amigos lectores, del querido y (molto) obligado disco en directo. Quizá por aquello de llevar cientos de conciertos a la espalda y de ir teniendo ya una cierta edad (cuatro días me quedan para subir otra cifra –no es una forma de hablar-), hay algo de egoísmo personal en ese deseo, si es que acaso los deseos no pueden ser otra cosa que egoístas. Tener un refugio, una muesca, una reliquia, una evocación de lo bien que ‘lo pasemos’ con equis grupo cuando este ya no exista o ya no se le pueda ir a ver por los motivos que sean, quizá buenos, que tampoco hay que ponerse siempre en lo peor. Y sí, aunque el primer disco fue una mezcla de directo-maqueta, podemos considerar este Un Bis y A La Cama como el primer disco oficial en directo de Mamá Ladilla, con Juan Abarca al frente, aquí acompañado por Sergio González al bajo y Abel del Fresno a la batería.
Fausto Taranto – El Reflejo del Espanto
Poco más de tres años después de aquel ‘Loco Por Saber’, la primera canción que Fausto Taranto hizo pública y la que provocó que Paco Luque apostara con decisión por el proyecto, tenemos ya entre las manos el segundo trabajo de la formación granadina. Atrás quedan los primerizos cambios de formación y esa necesidad imperiosa de abrumar con metal compacto, marcado y directo. Con la seguridad que da el reconocimiento de las tablas y el de unos seguidores que se suman poco a poco, pero con fidelidad inquebrantable, Luque, Quini Valdivia, Ismael de la Torres, Adrián Barros y Miguelo Martínez nos presentan una segunda entrega en la que las formas se atemperan y todo parece respirar de manera más armonizada, menos agresiva y, por ende, más progresiva. Una paleta de canciones que aumenta la variedad de dinámicas de cara a los conciertos, que año tras año parece ir aumentando de manera consecuente. El Reflejo del Espanto ahonda en la semilla de Morente, en el rock y metal de raíz flamenca, aquí algo más trianero, y con la pena negra como bandera, junto a la ropa tendía.
En Vela – Viajero
Si ayer viajábamos a Argentina de la mano de La Beriso y su Pecado Capital, hoy seguimos nuestra ruta por Latinoamérica desplazándonos hacia Colombia, donde encontramos a esta joven formación llamada En Vela. Aunque la denominación de origen en este caso es poco significativa, puesto que estoy convencido que la gran mayoría que escuche este disco consideraría a la banda como un grupo español. Nombre de la formación con un título de canción de La Fuga (aunque también tiene que ver con el apellido de su cantante y guitarra, Sergio Velandia), teloneros de Marea en su visita a Colombia con la gira de En Mi Hambre Mando Yo, referencias al ‘Eterno Viajero’ de Manolo Chinato en el libreto del disco… Están claras las influencias y, como apuntaba, todo en ellos respira rock de este lado del charco. De la mano de El Dromedario Records y con el toque de distinción que siempre pone Javi San Martín (que estuvo a los mandos de casi todos los discos de La Fuga, entre otros muchos), Viajero es una piedra de toque más que interesante.
La Beriso – Pecado Capital
Canta Andrés Calamaro, compatriota de La Beriso, en ‘Todas Son Iguales’ (primera canción del disco –dedo- dos del mastodóntico y añorado El Salmón) que “también hay y parece broma un repertorio en otro idioma. Canciones que no leemos y solamente tiramos”. A veces, ni siquiera es necesario que estén escritas en otro idioma. El rock argentino es una fuente inagotable de talento, antes, ahora y a buen seguro en el futuro, pero, a no ser que se haga una búsqueda concienzuda y un trabajo de profundización que requiere, sobre todo, tiempo que no siempre se tiene, muy poco nos llega para todo lo que hay. Conocemos el combo Tequila, Los Rodríguez, Calamaro y Ariel Rot porque casi son ‘españoles’ de adopción. No llegó con fuerza, aunque de manera fugaz, gente como Bersuit o Los Fabulosos Cadillacs. También identificamos a Soda Stereo, Ratones Paranoicos, Attaque 77… Pero todavía quedan muchos más: Bulldog (debilidad personal), Babasónicos, La Renga, Todos Tus Muertos, Los Piojos, Las Pelotas, Viejas Locas, Guasones, Gustavo Cerati, Intoxicados. ¿Y Spinetta, Charly García o el gran Pappo Napolitano? La Beriso, otro nombre para sumar a la lista de tareas pendientes.
Efecto Lucifer – Cadáver
Va cogiendo ritmo de publicación Efecto Lucifer, la banda nacida en torno al siempre inquieto J.M. Gómez (voces, coros, guitarra eléctrica, guitarra acústica, teclados y samplers, además de grabador, mezclador y masterizador en sus Estudios Aleatorios). Poco más de un año y medio después de su notable Siembra, nos llega este Cadáver, un trabajo de cinco canciones y un corte instrumental que, ante todo, aumenta los registros sonoros que conocíamos de la banda, completada y afianzada con Sergio Ortuño (coros y guitarras eléctricas principales), Mario Marco (bajo, coros, teclados y samplers) y Jesús Puche (baterías). El stoner opresivo del disco anterior relaja un tanto el músculo de distorsión a cambio de tempos algo más lentes y pesados y alguna experimentación instrumental y hasta psicodélica, pasando por una revisión de un tema de The Beatles. Lo que no cambia es esa visión desencantada de la realidad, retratada más bien como algo estático, como aguas putrefactas estancadas.



