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Qverno – Isolated Tracks
Marzo, abril y mayo de 2020. Tres meses para apurar la cuantiosa gira del Vol. 1 de Qverno, una banda de power rock de aires setenteros que debutó con un más que notable disco, que le llevó a cerrar hasta una veintena de fechas con varios ‘entradas agotadas’ por el camino y cuyo cartel contenía la leyenda de “más fechas por anunciar…”. Para esas citas, otros grupos de corte similar. Rock musculoso pero no por ello exento de clase y estilo. Ezpalak, Liher, Le Mur y Viven / Ànteros. Fue justo hace casi un año cuando llegó el estallido de la pandemia, el confinamiento, las fechas suspendidas primero, aplazadas después, canceladas algunas. Meses de planificación que se van al traste y que cada formación ha afrontado como ha podido. En el caso de Qverno, ¿qué hacer? Pues se han marcado un pequeño gran lujo de resultado fastuoso. Un EP de cuatro temas, cada uno de ellos con la colaboración de una de las bandas invitadas de la gira y versionando a cuatro leyendas del rock, como son The Rolling Stones, Devo, Styx y Todd Rundgren. Eso es Isolated Tracks. Un fantástico aprovechamiento de las circunstancias mal dadas. Un brindis entre colegas para soñar con un futuro mejor y el compromiso no escrito de hacer lo posible por quitarse la espina. Un sobresaliente ejercicio hedonista que encierra mucho de catarsis y de influjo anímico. En suma, cinco bandas de esas que no copan grandes espacios ni recintos pero que están entre lo más genuino y recomendable de la escena con las que también me comprometo a traer por aquí cuando realicen sus respectivos próximos lanzamientos discográficos. Porque el Covid 19 podrá alterar los planes, pero no la decisión en firme de nuestro amor indeleble por el rock.
Lee el resto de esta entradaC Tangana – El Madrileño
Sabéis que en esta casa, con frecuencia, nos tomamos licencias más allá del nombre de la cabecera, porque no entendemos la música como una guerra de clanes y terrenos vallados sino como algo de lo que disfrutar, aprender y conocer sin demasiados prejuicios. (Ya lo dijo El Drogas, “los compartimentos estancos dicen mucho de la capacidad intelectual de quien los maneja”). Nos gustan las guitarras y la distorsión, sí, pero eso no impide que la gama se reduzca a eso. Por eso me gusta traer cosas ajenas, sobre todo cuando encuentro que el objeto en cuestión lo merece y necesito compartir impresiones. Hay decenas de ejemplos y, hoy, C Tangana y su disco El Madrileño entran a formar parte de ese grupo de anotaciones aparte. También reconozco que, como el salmón, me puede el ir contracorriente o, quizá, el sacar la espada de madera ante causas imposibles. Mis muros (rockeros de pro, incorruptibles) se llenan de numerosas críticas sin sustancia, de ese golpeo tendencioso que provoca cualquier artista cuando se le atribuyen todos los méritos a la sobreexposición en los medios de comunicación, al marketing y un largo etcétera y empieza esa rueda contraria de desprecio por el simple hecho de tener éxito. Una mezcla resultante del síndrome de Solomon y de la frustración que sienten por el triunfo de los demás. ¿Pensamos en nuestro rock? Mägo de Oz, Ska-P, Extremoduro, Héroes del Silencio, Pereza-Leiva,… Cualquiera que triunfa de manera ‘masiva’ se merece aquel famoso calificativo de ‘vendido’. Porque se tolera la victoria siempre y cuando no se salga de su ‘círculo de acción’ o ‘público potencial’. Por eso, cuando C Tangana se movía, de forma cronológica, en mundos de rap, trap y reguetón, era un personaje circunscrito a un cubículo determinado que no molestaba demasiado. Los problemas llegan cuando se rompen las fronteras. Y aquí, no nos gustan.
Lee el resto de esta entradaAcid Mess – Sangre De Otros Mundos
Decía el pasado domingo que la semana venía cargada y tras Hora Zulú y su revisión de grandes éxitos de sus dos primeros discos pero con el sonido actual y la guía al complejo y sustancioso segundo álbum de Califato ¾ y tras anunciar que mañana jueves le vamos a dedicar unas cuantas líneas al último de C Tangana (no, que no es broma) la cosa no decae hoy con Acid Mess. Y, sí, es cierto que es sin duda el nombre que menos te suene de los cuatro pero, aunque lo haya descubierto ‘tarde’ (si es que poco más de tres meses después de su lanzamiento se equivale con ese calificativo en estos tiempos de consumo rápido), os aseguro que el poderío sonoro de esta banda asturiana merece la pena. Cinco años han tardado en volver con nuevo material, pero la espera ha servido para enriquecer su stoner iniciático en una suerte mucho más compleja donde se afila más el sentido progresivo que ya trabajaban, los estruendos, pero también las dinámicas hacia pasajes que (ojo a la novedad) esbozan querencia de raíz flamenca en los compases, coros y hasta palmas. En una casa donde adoramos tanto a Viaje a 800 o Atavismo, ese sonido no podría tener mejor recibimiento, completando precisamente esa gama de acercamientos representada esta semana tanto por los de Granada y Sevilla/Málaga de lunes y martes y por ‘el madrileño’ de mañana. Cada uno a su manera pero, demostrando, en suma, que no hay límites ni fronteras cuando las cosas se hacen con seso y trabajo. Sangre De Otros Mundos, allá vamos.
Lee el resto de esta entradaCalifato ¾ – La Contraçeña
Lanzaron su primer larga duración, Puerta de la Cânne, un 4 de diciembre (de 2019), el día de Andalucía no oficial. Tras una buena colección de EP’s de remixes y varios adelantos, hace apenas dos días, el 28 de febrero (el oficial) veía la luz La Contraçeña, el segundo LP de estudio de este artefacto sonoro medio sevillano, medio malagueño, que se llama Califato ¾ y que para el mundo del rock y el metal les sonará porque es donde ubicamos con mayor dedicación y empeño a Curro Morales, de Narco, aquí guitarra, además de voz. Acompañado por Manuel Chaparro (capataz y voz), Esteban Espada (bajo), Sergio Ruiz (teclados) y Lorenzo Soria (electrónica) y una grandísima cantidad de colaboradores, como Roxana Pappalardo, que casi parece una más de la banda, la bola de arte sigue creciendo y se antoja imparable, porque los medios han puesto el ojo y, claro, hay material bueno para dar y tomar. Así, lo que parecía una broma de entretenimiento se ha convertido en una apuesta tan sólida que ya ha trascendido las emisiones regionales (concierto en Al Sur Conciertos, de Canal Sur), las del ‘underground’ (Los Conciertos de Radio 3 de La 2) y ya tomaron ‘La Resistencia’ de Broncano hace una semana. Y es que ahora que muchos ‘reivindican’ eso de utilizar el folclore entre bases electrónicas y modernidad (spoiler, tengo la firme intención de escribir de C Tangana el próximo jueves. Curioso, ambos mostraron su pesar por la reciente pérdida del compositor de marchas procesionales Sergio Larrinaga, Larry), Califato ¾ lo hace sumando a la esencia rock que late, ingredientes de breatbeat y mucho de folclore, flamenco, (semana)santero e influencia árabe. Un combinado tan explosivo como adictivo que, además, nace de sesiones ‘de encierro’ de varios días entre sustancias, instrumentos y aparatos. Viejos métodos para nuevos delirios. Pero funciona de escándalo.
Lee el resto de esta entradaHora Zulu – Limpiar, Fijar y Dar Esplendor
A pocas bandas de nuestro país se le podría ocurrir o, más allá, sentar mejor el uso de la histórica leyenda de la Real Academia de la Lengua como título de un disco. Teniendo en cuenta que llevan años “manejando a su antojo el lenguaje”, que en su día su vocalista, Aitor Velázquez, intentó la machada de leerse el María Moliner al completo y que el álbum va de pulir, perfilar y sacar lustre con el sonido y sabiduría actual a una colección de canciones de sus dos primeras entregas (Me Duele La Boca De Decirlo (2002) y Crisis De Claridad (2004)), inferimos que tiene todo el sentido del mundo, con Paco Luque a la guitarra, Javi Cordovilla a la batería y Álex Bedmar al bajo. ¿Cuántas veces sea ensoñado aquello de ‘me gustaría volver a los 20 años pero sabiendo todo lo que sé ahora’? Empujados por el lado tenebroso ‘del negocio’, que les ha llevado a grabar las canciones para recuperar los derechos de autoría de las mismas, este álbum va de eso. Es un ejercicio que casi siempre es ingrato (porque siempre te dirán aquello de que ‘antes era mejor’, por ahí ya pasó Extremoduro, Soziedad Alkohólika, etcétera) pero del que Hora Zulu sale del todo victorioso, con corona láurea y vítores merecidos. Un sonido mucho más grueso (cada vez más), un tono, por lo general, más sobrio en lo vocal, unas guitarras repletas de arreglos y sonoridades que enriquecen las líneas melódicas de las originales, un bajo muchísimo mejor mezclado y una batería más afilada y contundente. Como resultado, un sonido más fiel a lo que le venimos escuchando en el escenario antes de la pandemia y la madurez de unas canciones que nos calentaron las venas con 20 años, pero sonando con el empaque y la seriedad que queremos a los 40. Si la pena es que se hayan dejado la otra mitad de cada uno de ellos.
Lee el resto de esta entradaOpium Tea – Mundo Muerto
Siete años después de su debut epónimo, Opium Tea (que toma su nombre de una de las canciones de Nick Cave & The Bad Seeds, por lo que nos situamos ya de inicio en un espectro sonoro determinado) vuelve a la carga con Mundo Muerto. Sí, todo con el mismo halo de oscuridad que posee su música, una suerte de dark electrónico donde los matices punk y post punk son muy acusados, nada de extraño si tenemos en cuenta, como decía, el origen de su nombre. Pero si tenemos en cuenta que este dúo está formado por Txarly Cuevas ‘Usher’ y Pablo Lázaro ‘Peibol’, la cosa adquiere otra dimensión. Al bueno e hiperactivo de Usher lo tenemos con una personal trayectoria en solitario, también con Los Ejemplares (uno de nuestros discos del año del pasado 2020), con Radiocrimen, Radio X (con Placi de los Segis), Los Carniceros del Norte… y mucho más. Un alma inquieta que se mueve siempre entre las sombras con una elegancia e interpretación vocal siempre certera y magistral. En esta aventura se acompaña de Peibol, otro viejo conocido de la escena bilbaína, entre el rock, la electrónica y la producción y que se ha cruzado, además de en Opium Tea, con Txarly en multitud de ocasiones a lo largo de los años, como en homenajes a Parálisis Permanente, por ejemplo. El año pandémico ha servido para que uno compusiera la música y el otro las letras y regalar (está en descarga gratuita en su bandcamp, aunque también se ha editado en formato físico) un segundo disco al Mundo Muerto, que así se llama, bañado en lo conceptual de varias ciudades.
Lee el resto de esta entradaValira – Supernova
Si conocemos decenas de ejemplos en los que la convivencia acaba minando la pervivencia de los grupos, incluso en casos de formato trío o el arquetípico de cuarteto (voz, guitarra, bajo, batería) más mérito tiene en los combos numerosos como era La Raíz, con once personas en el barco. Si ya en la convivencia tiene mérito, imaginen a la hora de escribir letras y músicas… Las caras más visibles y reconocibles eran sus cuatro vocalistas y, confieso, recibí con gran alegría que el primero en asomar la cabeza con un proyecto propio fuera el guitarrista, Juan Zanza. Y no solo eso, sino que además no se limitaba a tocar la guitarra, sino que cogía el protagonismo como vocalista y, para terminar de sorprender, se encargaba de todos los textos y músicas de su Ecos De Aventura, publicado en la primavera de 2019. Un disco que bien le valió (aunque hay que reconocer que le soplaba el viento a favor) presencia en festivales tan dispares como el Viña Rock o Cooltural Fest (de predominancia indie) y que, en cualquier caso, demostró las buenas sensaciones que ofrecía un disco fresco, sin miedo a la melodía y al poder de los sintetizadores que, como todo, usados con gusto e inteligencia no tienen porque lastrar el resultado final. Las fronteras, por lo general, tienen poco de constructivo. Solo sirve para compartimentar y reducir la capacidad de pensamiento o discernimiento hasta el punto de excluir, rechazar o violentar a lo que no está dentro de nuestro perímetro. Es aplicable a todo, también a la música. Valira juega en ese ejercicio libre que sobrevuela por encima de ellas. Hay accesibilidad pop, ánimo bailable del indie, pero está latente esa ascendencia de la distorsión de la banda anterior que empaca más el conjunto. Todo a beneficio de la canción sea cual sea la etiqueta que le queramos pegar y aquí yendo al universo de lo esencia.
Lee el resto de esta entradaLa Excavadora – La Excavadora
Viejos conocidos para nuevos mimbres. Entre Gasteiz, Agurain y Lakuntza nace La Excavadora, una banda que, a la antigua usanza, debuta con un disco epónimo en el que escarban por su cóctel de influencias hasta doce piedras bien pulidas y que no tienen fisura alguna. Es lo que tiene la experiencia, porque este quinteto está repleto de caras conocidas de la escena del punk rock. En primer lugar, solo con ver los mástiles y trastes ya nos tienen ganados: Raúl Lasa ‘Txiki’ y Ángel Otxoa de Eribe ‘Geli’ en las guitarras y Mikel Azpiroz ‘Buton’ en el bajo. O lo que viene a ser lo mismo, los dos guitarristas y el bajista de Gatillazo, la banda de Evaristo. Garantía de calidad indiscutible y especial debilidad, porque soy de los que ha escrito y defendido en incontables ocasiones la impresionante versatilidad y el sonido que se marca dicha banda gracias al trabajo de esos ‘menos mediáticos’ Mikel y Ángel. Este disco da testimonio de sus capacidades, por si hiciera falta. Pero seguimos hasta completar la alineación del quinteto. En la batería, Mikel Berrozpe ‘Pollo’, al que ya hemos escuchado en Vicepresidentes y, en mayor medida, en Childrain, y, en la voz Iñaki Urbizu ‘Pela’, que también conocemos de SCB y, sobre todo, de Marky Ramone´s Blitzkrieg. Con este material, comprenderán que estamos ante un debut ‘ficticio’, puesto que ninguno es un recién llegado. Saben lo que quieren y lo ejecutan con un sonido que lleva el sello de garantía que atesora otro nombre habitual de la escena, Haritz Harreguy. Caballo ganador a paladas de punk rock que lo mismo juega en la accesibilidad que en territorios más metálicos. Así cualquiera.
Lee el resto de esta entradaEON – Rubicón
No debe ser nada fácil lanzarse a promocionar un nuevo disco cuando sabes que la cara visible principal (que suele ser el vocalista) va a anunciar su salida tres días después. Por eso, ante todo, quiero empezar esta crítica al tercer disco de EON, tras In[visible] y Médula (del que escribimos ya aquí hace justo casi cuatro años), elogiando el valor y el poder de valentía que han mostrado desde ese momento sus tres integrantes fundadores, los dos guitarristas Oriol Borrás y Rubén Ortiz y el bajista Miguel Sánchez, y su baterista, David Viana, de emprender desde ya la búsqueda de nuevo cantante para afrontar compromisos para este 2021 que, entre otros, cuenta con el todopoderoso Resurrection Fest. Y es aunque tomará la decisión hace casi un año, y se supiera desde mayo del pasado 2020 (también estuvo a punto de irse en 2019), fue el lunes siguiente a la salida de Rubicón cuando Diego Cardeña emitió un comunicado anunciando que se centraba en las labores de agencia de bandas mediante su marca Die Protokoll (y que entre otros ya cuenta con mis queridos Fausto Taranto, además de Scape Land, Oslo Ovnies o Fuck Division). Como sabéis, Diego también es presentador en Rock FM así que, si tenemos en cuenta que los compromisos familiares también han aumentado, es entendible que se haya visto en la tesitura de tener que enfocar sus objetivos, siendo honesto con aquello a lo que no puede prestar la debida atención. Y tras este ‘revolutum’, ¿qué nos queda? Pues como casi siempre, la música. Porque Rubicón vio la luz más de seis meses después de lo previsto, se ha quedado sin su voz original, pero es un disco magnífico. Un auténtico pelotazo que, en condiciones normales, debería situar a la banda en otro nivel. El problema es que lo normal ha dejado de ser lo habitual.
Lee el resto de esta entradaAngelus Apatrida – Angelus Apatrida
Las bandas de metal tienen siempre dos ases en la manga que jugar a la hora de publicar un nuevo disco. Uno es el de marcarse un ‘álbum negro’. El otro viene en forma de homónimo. En este caso, lo habitual es que sea el debut pero sí esa ocasión pasó de largo, no importa. Siempre es buen momento porque tiene algo de puñetazo en la mesa, de autenticidad. Algo así como decir… ahora sí que somos nosotros o seguimos siendo nosotros. Ambas son válidas para los manchegos Angelus Apatrida, que lo han hecho como un ejercicio de absoluto refuerzo enérgico, teniendo en cuenta que el estallido de la pandemia en el pasado año 2020 se llevó por delante lo que iba a ser la celebración de su vigésimo aniversario como grupo. ¿Cómo se han desquitado de fatal revés? Tirando de título y, lo más importante, claro está, despachando una colección de diez canciones que no dejan el más mínimo lugar al descanso ni al desfallecimiento. Una auténtica sucesión de temas con el nivel de adrenalina, potencia y atronamiento por las nubes. Dicen los expertos que cuando pase (de verdad) todo esto de las mascarillas, las limitaciones y las restricciones, el mundo vivirá algo así como unos felices años 20, como los del siglo pasado, donde la algarabía y las ganas de celebrar se verán multiplicadas. Pues bien, este disco de Angelus Apatrida, en lo que se refiere al thrash metal, es un anticipo de todo eso. Un desahogo ante tanta contención, con arrojo de delirio atronador, veloz, de pura técnica, de mucha mala leche y de una fórmula que es tan infalible como hipnótica en su virtuosismo. Un auténtico discazo que los alza, más si cabe, entre la primera línea del género en todo el mundo.
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