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Pequeño recorrido endémico (tuitero) por la discografía de Extremoduro
Como saben los fieles de esta casa, los viernes es el día en el que en Twitter dedico la mañana a realizar cinco tuitcríticas (esto es, un par de tuits) comentando los discos que los propios seguidores me proponéis. Ayer, por un cúmulo de circunstancias, no pude abrir el clásico periodo de peticiones así que hoy, y tal y como ha venido dada la semana, lo he dedicado a hacer tuitcríticas de los 12 discos de estudio de Extremoduro. Ya sabéis, en 280 caracteres poco se puede contar, pero creo que es un buen cierra a una semana en la que hemos pasado de la decepción, a la euforia y, muchos, al enfado por las entradas. Esta tarde se anunciaba que Extremoduro había despachado más de 200.000 entradas en apenas 24 horas, récord absoluto en España para cualquier artista nacional o internacional. Casi nada, por más que algunas de esas sean de las odiosas plataformas de reventa. De igual forma, os anticipo que RockSesión cubrirá cuatro conciertos en esta gira. Los dos de Murcia y los de Madrid. Con vuelos y hoteles ya cerrados. Como veréis ahora, muchos de los discos tienen su crítica propia (sea remember o porque era disco actual, como es el caso de Para Todos Los Públicos). En cualquier caso, sin más pretensión que la de compartir impresiones, aquí va este pequeño recorrido endémico por la discografía de Extremoduro. Una cosa más, en Twitter me han lanzado el reto para que haga mi ‘setlist perfecto’ para la gira. Recogí el guante, así que un día de estos os lo comparto. Salud.
Vendetta – Vendetta (2009)
Tuve la suerte de que el debut epónimo de Vendetta, una de las bandas que nació del spin-off de Skalariak, estuviera en mis manos días antes de su publicación, puesto que fui el encargado de hacerles crítica y entrevista para Rock Estatal, en su versión papel. Me ocurrió lo mismo con The Kluba, el primer nombre con el que Juantxo Skalari siguió su camino, antes de tomar su nombre. (Lo mismo que ocurrió, por ejemplo, con Los Feliz que acabó siendo Miguel Costas). Antes de que termine en el año en que este trabajo cumple su década y teniendo en cuenta que la banda, en el momento cumbre de su carrera, con una incipiente e importante vocación internacional, decidiera dejarlo, recupero tanto la crítica publicada en su día en aquella revista y también la entrevista que le hice a la banda, formada entonces por Dr. Pello Reparaz, en el trombón y voz, Rubentxo, trompeta y coros, Javier Etxeberría, guitarra y voz, Luisillo Kalandraka, bajo y voz y Enrikko Vibrato, Batería y percusión. Llegarían después Puro Infierno (2011), Fuimos, Somos y Seremos (Atzo, Gaur eta Bihar) (2012), 13 Balas (2014) y Bother (2016), pero así vi y conté en su día el nacimiento de Vendetta, principal valor de esta narración.
Javier Álvarez – Tiempodespacio (2003)
En una semana que viene marcada por críticas de discos de corte individual (véase: Depedro, Coque Malla, Loquillo) y teniendo decididos los dos estrenos de #Mis10de para este fin de semana (que serán Miguel Ríos y Tina Turner), la crítica remember del viernes tenía que ser también para un artista que hubiese hecho camino con su nombre personal. Hete aquí que el primero que me vino a la cabeza fue mi tocayo, Javier Álvarez. Sí, puede que esté más alejado del corte rock, pero ya sabéis que en esta casa nos pegamos licencias al gusto, siempre y cuando haya una base de calidad detrás… y este es el caso y a raudales. En cuanto a la elección del disco, había muchas opciones, claro está, y creo que casi cualquiera que conozca a Javier Álvarez hubiese optado por alguno de sus tres primeros álbumes. Especialmente el debut de 1995, donde se encontraban ‘La Edad del Porvenir’, ‘Un, Dos, Tres, Cuatro’ o ‘Piel de Pantera’, o incluso el segundo, con ‘Sunset Boulevard’ o ‘Ella Diciendo Sí’. Amando esos discos, reconozco que a mí me ponen mucho más ‘los raros’ que publicó después, con aquel Grandes Éxitos (de versiones) que hizo de punto de inflexión. Las canciones dejaron de ser ‘convencionales’ para un artista que no lo era. La radiofórmula lo dejó de considerar interesante, pero para los que lo seguimos nos hicimos de su clan con este Tiempodespacio y con el exceso de Plan Be (doble, de 25 temas, algunos al límite). Un grande, con todas las letras, este JÁ.
Tahúres Zurdos – Nieve Negra (1991)
El santoral sirve de excusa para celebrar ‘días de’. Hoy, Santa Cecilia, está considerado como el patrón de los músicos. Y al caer caprichosamente en viernes, ¿qué mejor que traer un disco que en su interior tenga un himno a ella, ‘Tocaré’? Una canción que se ha convertido en uno de los símbolos máximos de Tahúres Zurdos, pese que para su autora, para Aurora Beltrán, está muy lejos de ser una de sus mejores canciones. Estoy de acuerdo, pero ya sabemos que lo que triunfa no tiene porqué ser necesariamente (a veces diría que necesito no serlo) lo mejor. Ese es otro de los motivos que me llevan a habar de los tramposos del juley (que de ahí viene su nombres, de los hombres –porque eran hombres- que iban al casino a jugarse las pagas), mi extensísima conversación con Aurora para la entrevista de portada del número 37 de Rock Estatal, ahora que el 38 ya viene en camino y en el que, medio spoiler, volveré a tener la entrevista de portada (van unas cuantas). Y, por si fuera poco, pocas semanas después de aquella entrevista, se anunció el concierto puntual de Tahúres por motivos solidarios. Y la chispa adecuada a veces genera una combustión que se prolonga en el tiempo… y la banda vuelve para dar más fechas, que pronto se irán conociendo. Ya lo decía aquel, al final, siempre nos sobran los motivos.
Lurte – Neopatria (2011)
No es que sean precisamente juglar-metal o medievales (porque tendría más sentido si hubiese sido de Lèpoka, por ejemplo), pero trabajar la crítica del último disco de Débler, Adictium, publicada ayer, me trajo a la memoria el disco que recupero hoy para la sección de las críticas remember de los viernes. Se trata de Lurte, una numerosa y asamblearia banda aragonesa que se caracteriza en lo musical, ante todo, por destilar un heavy metal folk sin la necesidad de usar ni una sola guitarra eléctrica. Quizá ahora no sorprenda tanto, pero cuando este disco llegó a mis manos para entrevistarles y hacerles la crítica en un número de la revista de Rock Estatal, de veras que sí que me voló la cabeza. No porque no entendiera cómo era posible el concepto, sino la fiereza de la consecución del resultado final. Puro heavy metal. Como ellos mismos tomaron como lema: “¡Demasiado Heavy para ser solo Folk!”. Eso sí, reconozco que les perdí la pista. Si esta Neopatria era la continuación de las entregas Dispierta Ferro (2006), Deus Lo Bol (2008) y Biellas Esferras (2010), tras este álbum llegarían Última Frontera (2013), Fierros D’a Baralla (2016) y V (2018), lo que significa que tengo unos cuantos discos pendientes para ponerme al día con ellos. Lo haré pero, por el momento, vamos a adentrarnos en el mundo de Neopatria, recuperando lo que publiqué en su día.
Eskorzo – El Árbol de la Duda (2004)
Con ellos no tuve duda desde el principio y los he seguido con el tiempo en cada paso discográfico que han dado desde que me grabara de forma casera el Mundo Bullanga y La Sopa Boba en el mismo disco para el coche. En directo no he tenido tanta suerte, y eso que son vecinos. Casi siempre que se han cruzado en mi camino no los he podido ver por otros compromisos adquiridos, por viajes, porque han tocado demasiado tarde para mi edad (sic), porque han tocado en fiestas de presentación que siempre tengo que ‘perdonar’ por motivos laborales… Eso sí, el 21 de diciembre en el Teatro Cervantes de Almería me pienso quitar la espina a lo grande, además, con una de las giras a las que más ganas le podría tener, ya que su Alerta Caníbal coincide con ese punto latino-canalla que tantas veces he defendido con otros artistas en esta casa. Fíjense hasta qué punto llega mi compromiso, que a Pablo Milanés solo le veré la primera hora de concierto para poder llegar a tiempo. Además de la proximidad ‘conciertil’, el hecho de que no hubieran pasado todavía por las críticas remember de los viernes y tal y como iba la semana de festiva, calorífica y mestiza, no se me ocurría otra oportunidad mejor para traerlos a la sección, aquí con las colaboraciones estelares de Bersuit y Tabletom (sí, la banda groove de Rockberto, de quien Robe tomaría el ‘Me Estoy Quitando’ en Agila). Si es que Lemmy los cría y el rock los junta. Sea, a la vez, un recordatorio de todo lo bueno de Granada.
El Dúo Dinámico – Recordándote (1959)
El pasado 9 de septiembre se cumplieron 60 años de la salida del primer single de cuatro temas que publicó El Dúo Dinámico. Seis décadas de música, cientos de publicaciones entre discos, EP’s, recopilatorios oficiales, piratas y hasta extraterrestres. Manuel de la Calva y Ramón Arcusa andan de gira de despedida y agotando entradas, como ha ocurrido en su reciente cita en Granada. Más de 80 años les contemplan y, por el camino, noches de guateque, pero también de Sonorama. Vale, puede que no se reinventaran al extremo de lo que ha podido hacer Raphael, pero creo que no puede haber nadie en este país que hable mal de ellos o de sus canciones. Combinando el inglés y el castellano, moviéndose por el rock más prototípico, pasando por las baladas para arrimar el ascua a la sardina (por no utilizar una expresión manchega mucho más bestia). Lone Star tenía el ‘honor’ de ser la crítica remember más lejana de las más de 200 que han pasado los viernes por esta web. Creo que, a partir de hoy, ya nadie podrá ganar a los buenos de Manolo y Ramón, el dúo dinamítico, que dirían Martes y 13. Va por ellos… y que no os extrañe que antes de que llegue el verano no caiga su #Mis10de.
Adgar – Más Allá del Sol (2004)
Tras la querencia zeppeliana de Derby Motoreta’s Burrito Kachimba en la crónica del lunes, me vinieron influjo de guitarras afiladas y, de la siempre interminable lista de discos a los que le haría crítica completa, decidí hacer una selección mucho más heavy. Así, tras el análisis a los últimos discos de Dünedain, Eveth y Lujuria, de martes a jueves (y ojo a los #Mis10de de este fin de semana), tenía claro que la crítica remember de los viernes quería dedicarla a otra formación heavy. Pero heavy, de las de sonido de toda la vida. Y cuál fue mi sorpresa cuando al comprobarlo (porque confieso que me extrañó no haberlos elegido en estos casi ocho años de RockSesión) vi que el debut de los cántabros Adgar no había pasado por la sección. Mi historia con la banda, además de escuchar con atención todos sus discos y tenerles un fuerte aprecio, se cimenta en una mala noche, de esas que tenemos cualquiera (los torpes como yo, en más de una ocasión, incluso), de su vocalista por entonces, Ángel Rubin (que por cierto emprendió carrera en solitario hace unos años, aunque quizá no con la continuidad debida). El caso es que se debió de tomar al pie de la letra aquello que suelta Robe en el Iros Todos a Tomar Por Culo, lo de “esta noche me voy a poner como una burra a vuestra salud”. Y para que vean que no es una cosa mía, les dejo más abajo una crónica firmada por un redactor de The Sentinel.
Circodelia – Circodelia (2002)
Circodelia regresó a los escenarios el pasado fin de semana, el último de septiembre. Lo hizo en las fiestas del barrio El Tubo, de Zaragoza. Diez años habían pasado de su último concierto. En 2009, debido a la salida de su último batería, Javier Planelles, y que Víctor Pérez, su vocalista y letrista, la cosa no dio para más, quizá también auspiciado porque ‘los mass media’ habían dejado de prestarle atención, después de haber convertido en 2002 a ‘Las Chicas de las Canciones’ en la segunda canción más radiada del año. Fundados entre 1994 y 1995, Circodelia era entonces una banda madrileña que venía curtiéndose en pequeños escenarios y locales, haciendo versiones de The Clash, los Stones, Faces… Puro hedonismo y tocar entre colegas. Llegaron los primeros temas propios y las primeras victorias en concursos. El famoso Villa de Madrid les supuso el espaldarazo definitivo y todo comenzó a ir demasiado rápido. Pep Record’s (la casa discográfica con la que debutó Malú en 1998) vio claro el filón y contó con el productor ‘de oro’ del momento: Alejo Stivel. Venía de subir en una catapulta la carrera de Joaquín Sabina con 19 Días y 500 Noches, antes hizo lo propio con el debut de La Oreja de Van Gogh, venía de subir al carro de la accesibilidad a M-Clan con Usar y Tirar. Llegaría el debut de El Canto del Loco, el equilibrio entre la canalla y lo popular de La Cabra Mecánica en Vestidos de Domingo… Entre otros muchos éxitos artísticos y comerciales. Todo cuadraba. Circodelia nacían bendecidos y el glam rock hizo el resto.
Los Fresones Rebeldes – ¡Es Que No Hay Manera! (1997)
El verano nos ha dejado muchas pérdidas en el mundo musical. La de Íñigo Muguruza, la de Camilo Sesto y, también, la de Inés Bayo, vocalista del grupo Los Fresones Rebeldes. Encuadrados la etiqueta del tonti-pop, subgénero del indie, y de la potente factoría de Subterfuge Records, la banda se hizo un hueco a las primeras de cambio con su quizá único tema conocido más allá del circuito que es ‘Al Amanecer’. Una canción que siempre me hizo recordar a una banda, algo más punk, como Aerolíneas Federales, que también usaban las bases aceleradas, con voces femeninas y letras que, en su sencillez, jugaban a una bisoñez e ingenuidad impostada, lo que quiere decir que, en el fondo, están pensando todo lo contrario. Por eso quizá le tengo más cariño a Los Fresones que el que realmente merecían, pero así de subjetivas son estas cosas. Mucho más centrada en su trayectoria profesional como ilustradora española, sus escarceos musicales siempre fueron más por diversión que por profesión. Sin pretensiones, Las Blunders, Los Sobertanos, Los Popop o Los Colibríes… Por eso no parece extraño, ahora, que lo dejase en cuento vio que la cosa con Los Fresones Rebeldes se iba poniendo seria. De haber tenido mayor continuidad quién sabe si no los veríamos en el centro del estallido de la burbuja festivalera indie… O nunca es tarde, porque el grupo (sin ella) ha vuelto a los escenarios.












