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#Mis10de Héroes del Silencio

 

He comentado en más de una ocasión que a mí la época álgida de Héroes del Silencio me pilló ‘en otras cosas’. Cuando ellos estaban pegando los guitarrazos más fuertes que nunca en Avalancha y con su posterior directo de despedida, yo andaba sumergido en el mundo de la música electrónica. Con simpatía hacia el rocanrol siempre, sí, pero lo del rollo fanático que despertaba la H y la S entrelazada, aquello que parecía casi como una religión… me tiraba para atrás. De hecho a mí no me pareció mal del todo la aventura sintética de Radical Sonora, por la valentía y por el concepto en sí. Tres meses antes, The Prodigy había hecho saltar la banca con The Fat of the Land. Nos desviamos. Empecé a meterme de lleno en su discografía gracias a que Pequeño Cabaret Ambulante, su primer disco en directo en solitario me voló literalmente la cabeza. Entonces sí, fui a Pequeño, un disco del que algún día tendré que escribir y, más allá, a Héroes del Silencio. Metido ya de pleno en mundos rockeros y con los gritos de los acérrimos ya más tranquilos, pude apreciar lo que no supe en su momento. Quizá sea un ejercicio recomendable con determinados grupos (o solistas) que generan animadversión por lo encendido del momento. Es cuando más objetivo se puede ser, siempre y cuando nos liberemos de los prejuicios. Tras gritar en silencio ayer, claro, hoy tocaban los héroes.

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Héroes del Silencio – El Espíritu del Vino

Empezaré esta crítica remember reconociendo que en el momento no me gustaban. No soportaba ni el aspecto, ni la entrega incondicional de sus acólitos, ni la hiperteatralización de los directos, nada. La ignorancia es atrevida. En un momento concreto de mi vida llegó a mis manos el directo de ‘Pequeño Cabaret Ambulante’. Empecé a tirar del hilo hacia delante y hacia atrás…. Y entonces sí.

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Rompan Todo… y mil grupos más

Poco antes de las fechas navideñas y durante ellas redes sociales y webs se llenaban de comentarios y artículos sobre Rompan Todo, la serie documental de seis capítulos de Netflix que, aquí el problema, se subtitula ‘La Historia del Rock en América Latina’. Claro, los títulos categóricos dan pie a que te lluevan palos por todas partes. Quizá, en términos lingüísticos, con un simple cambio de “la” por “una” hubiese bastado para curarse en salud ante la avalancha de críticas negativas que tildaban la serie de tendenciosa, muy parcial y un largo etcétera, demonizando casi a Gustavo Santaolalla y resto de productores. Partamos de una premisa clara: ningún documental es ajeno a la mirada reducida. Ninguno. Desde el montaje, como la duración de los testimonios, la variedad de opiniones que se quieran incluir… y un largo etcétera. Después, tengamos claro que es materialmente imposible contar 60 años de rock (aunque solo hablemos del ortodoxo, el de autor, el melódico, algo de blues…, pero poco de heavy, punk o metal) de una veintena de países y en tan solo cinco horas. ¿Os imagináis un documental sobre rock en España en solo cinco horas? ¿Cuántos grupos nos faltarían? A poco que nombremos cien grupos, solo podríamos dedicarle tres minutos a cada uno de ellos. Si asumimos esto, el valor documental de ‘lo que hay’ en Rompan Todo es innegable. Es un dibujo impresionista, sí, y muy focalizado en dos países, Argentina y México, con Chile como actor secundario y Colombia y Uruguay como actores de reparto. Lo de Perú es casi solo un cameo. Así las cosas, es evidente que ‘lo que no hay’ siempre va a ser más. A fuerza de leer artículos y opiniones (Mondosonoro, El País, Juan Puchades, Diego Manrique…) pensé, ¿por qué no completar la playlist oficial de la serie (reducida a 100 canciones de unos 80 grupos)? Y aquí entró mi batalla campal con la búsqueda, a la que tuve que dar fin porque era un laberinto imposible. Es decir, vengo con más de 1.200 grupos. Y sigo siendo consciente de que faltarán el doble. Pero… lo que hay bien está. Y siempre me podéis ayudar a hacerla más grande. Rompan todo… y mil grupos más: una playlist de elchayi y RockSesión. ¡Defiendan, difundan y disfruten!

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Pereza – Animales (2005)

Si una banda nace del mero hedonismo de juntarse para tocar canciones de Leño, nada puede salir mal. Después de casi 1.500 entradas en la web, después de haber escrito de los discos en solitario de Rubén (también con Lichis), de Leiva, haciendo referencia a ellos al escribir de Buenas Noches Rose o de Sidecars… Iba siendo hora de que un disco de Pereza asomara el hocico por las críticas remembers de los viernes. Y si de morro hablamos, qué mejor que este Animales de dual portada, cambiante en las múltiples ediciones posteriores que ha tenido el disco. No es para menos. Aunque en términos globales (porque también depende del día y el estado de ánimo) considero que su mejor disco es Aproximaciones, fue con este álbum con el que el dúo se colocó en el centro del foco de (quizá) la última gran época dorada del guitarreo inundando las radiofórmulas, antes de que las programaciones latinas se comieran a la distorsión. Lo he escrito ya más de una vez. Benditos tiempos en los que ‘lo comercial’ era Pereza, El Canto del Loco o La Oreja de Van Gogh, como antes lo fueron Piratas, M-Clan o Los Rodríguez o, más atrás, La Frontera, Seguridad Social, Hombres G, La Guardia o Gabinete Caligari. Por no hablar de cuando Los 40 fijaron su atención en los Dover, Extremoduro, La Fuga con Rulo o Marea. (¿En qué maldito momento se jodió todo?). Animales simboliza también el equilibrio entre los dos discos iniciáticos, más ‘primitivos’ (con los que abrían para bandas más rudas como Enemigos, Siniestro Total o hasta Porretas) y la posterior vuelta de tuerca, donde al guitarreo marca de la casa añadieron una dualidad de complejidad compositiva, a la vez que sobriedad acústica o, del otro lado, la búsqueda de singles descarados destinados a ampliar cada vez más el círculo. El tiempo le ha dado más valor si cabe a lo firmado.

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Pedro Andreu – En Mi Refugio Interior

“Vivencias, recuerdos, aventuras y desventuras de un Héroe del Silencio”. Con este subtítulo se completa la portada del libro editado por Efe Eme, dentro de su colección Biblioteca, en el que el baterista de la formación aragonesa compila una serie de textos escritos durante la fase más dura del confinamiento de la primavera de 2020. De hecho, la introducción está datada en el viernes, 13 de marzo, y su último capítulo, el quincuagésimo segundo, el 26 de abril. Y es normal. Todavía lo vemos cercano, quizá con la ausencia de perspectiva que da el temor a que vuelva a suceder algo similar en esta incipiente y temida tercera ola (de ahí que nosotros nos aferremos al título del último disco de La Maravillosa Orquesta del Alcohol, Ninguna Ola) pero ese ‘apagón’ de la vorágine diaria fue un golpe brusco que cada uno somatizó a su manera. Y sí, empleo de manera consciente el verbo. Los más extrovertidos y ‘tecnoadictos’ se lanzaron a la sucesión de streamings, los que son capaces de sacar cuatro estrofas de cualquier hecho se marcaron canciones de ánimo (con mayor –Robe, Fito, Coque Malla, El Kanka, Vanesa Martín, Funambulista, Rozalén, Vetusta Morla– o menor acierto –guardo silencio decoroso, no hay necesidad-), otros les dio por iniciar, culminar o perfeccionar trabajos que poco a poco van viendo la luz con algo más de enjundia (La MODA, de nuevo), a otros nos dio por hacer una base de datos y ordenar miles de discos y cientos de libros que aparecían detrás de cualquier lugar, estante, cajón, armario o bolsa (por cierto, tarea inconclusa), y otros, como Óscar Sancho, de quien escribía hace unas semanas, o Pedro Andreu, que nos ocupa, optaron por desfogar emociones internas a través de las palabras en forma de diario desordenado. Esto es, En Mi Refugio Interior. El respiro liberador y una colección de hechos esbozados que han ido regando y llenando los días del baterista de un grupo que qué les voy a decir que no sepan. ¿El resultado merece la pena? Vamos a dar nuestra versión y algunas hipótesis.

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Bunbury – Posible

 

Costumbre para los seguidores, necesidad para el artista, lleva Enrique Bunbury reinventándose en cada uno de sus trabajos discográficos de estudio desde que decidiera poner fin al camino del exceso de Héroes. Sobran los motivos, que diría el autor de su última versión (Donde Habita El Olvido en el Tributo a Sabina), para reconocerle méritos pero, sin duda, el hacer que una legión de seguidores en todo el mundo siga con la atención de siempre cada uno de sus pasos pese a la amplia gama de registros alcanzados es un caso casi único en la escena musical. Por eso, también porque siempre se ha caracterizado por una visión adelantada a su tiempo, sumen su inquietud constante y, por último, porque de conformista ha tenido bien poco, su actitud encomiable le ha valido cierta unanimidad en el aplauso (que no es nada fácil en estos tiempos): te puede gustar más o menos su nueva propuesta, pero siempre se cimenta en la búsqueda, el conocimiento, la experimentación testada y mucho seso detrás. A ello, hay que añadir que a Enrique le ha sentado bien el cambio de decena. No le gusta que comparemos sus discos en términos de mejor o peor pero, considero que es algo objetivo, la curva vuelve a dibujar una trayectoria ascendente, superando incluso la emoción contenida de un Expectativas de por sí sobresaliente. Con Posible ‘se saca’ de alguna manera la espina de los sintetizadores y la electrónica, refuerza la mirada circunspecta de su predecesor y aumenta la oscuridad propia de quien ve la vida con cierto desencanto romántico que impone el paso de los años, pero siempre manteniendo el halo de luz que da la bondad.

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#Mis10de Bunbury

 

Es un problema que se puede aplicar a casi cualquier grupo o solista a la hora de hacer una selección. ¿Nos quedamos con la alegría del golpeo melódico de canciones animosas o con su lado más circunspecto y reflexivo? Esta dicotomía se hace más palpable si cabe en, precisamente, cantautores. Pasará con Calamaro, con Quique González… y también pasa con Enrique Bunbury. Hay un lado muy rockero y festivo donde temas como ‘Bujías Para El Dolor’, ‘Lady Blue’, ‘Anidando Liendres’, ‘La Actitud Correcta’, ‘Hermosos y Malditos’, ‘Lo Que Queda Por Vivir’, ‘La Señorita Hermafrodita’ y otras muchas más pelearían por entrar en el top. El caso es que al ponerme a hacer la selección, me ha salido más bien del otro lado. Un tono reposado y visceral, derrotista, quizá. Lo que haría justificable más que nunca el hacer dos listas. (De hecho, os confieso que hace años me hice dos recopilatorios para el coche, uno titulado A y otro B, con ese espíritu). Pero como esto hay que tomarlo como un juego que nos permita aprender y comparar, las reglas son las que son y la lista es la que es. Un Bunbury al que, por más haters que le señalen, pasa por ser uno de los artistas más grandes que ha dado la música en nuestro país. Y lo que todavía le queda por dar.

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Amaral – Una Pequeña Parte Del Mundo (2000)

La primera vez que vi a Amaral en directo fue en agosto del año 2000. En un tiempo en el que escuchaba (de vez en cuando, no es que fuera asiduo) La Jungla de Cadena Cien, con José Antonio Abellán, el debut del dúo zaragozano me pareció interesante pero este segundo, con el que giraba ya aquel verano (el álbum salió en marzo, justo faltan 7 días para que cumpla la mayoría de edad) me resultaba magnífico. Digno de una mayor repercusión. Y fue curioso porque aquella intervención de Amaral en la Feria y Fiestas de Almería fue para telonear, en acústico, sólo Eva y Juan en el escenario, a Celtas Cortos. Cosas de la música, como aquellos tiempos en los que Héroes del Silencio eran teloneros de Gabinete Caligari. Amaral protagoniza la crítica remember de este viernes tras vencer en la encuesta tuitera a la otra opción, el Pa Fuera Telarañas de Bebe, que algún día caerá. No hay prisa. Con ella culmino, tras Chica Sobresalto, Christina Rosenvinge, Mercedes Ferrer y Luz Casal, una semana de críticas dedicada íntegramente a álbumes con nombre de mujer, con motivo del 8 de marzo. Además, recordad que este fin de semana los #Mis10de en twitter también tendrán género femenino. Mañana sábado, Mónica Naranjo. El domingo, Tina Turner. Salud.

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Aphonnic – Indomables

Me enamoré de la banda con Héroes (2013) el cuarto disco de su trayectoria, el segundo en castellano tras los dos primeros escarceos en inglés. Álbumes que con canciones como ’58 Hombres y 14 Mujeres’, ‘Luz y Fer’, ‘Mi Capitán’, ‘Mala Virgen’ y, especialmente, ‘Ahora Que Tengo 33’, te hacen ponerle la muesca mental de ‘banda a seguir’. Este Indomables veía la luz en noviembre del pasado año. Cuatro meses es casi un récord negativo de tiempo tardado en hacer una crítica de un disco en esta casa, es cierto. Pero era necesaria hacerla por aquello de la ‘justicia musical’. Y es que las dos primeras escuchas que le di al disco no terminaron de convencerme. Sobre todo por el abuso del recurso melódico de coreos muy abiertos, una fórmula tan de moda que pasa por ser usado desde el power-pop, al indie, a las singstar de turno y que poco a poco también se está infiltrando en el rock y metal patrio (‘Heroes’ de Vulcano, de Sôber, es otro ejemplo muy descarado). Creía que tanta edulcoración había echado a perder la esencia metalera de la banda, pero, tras varios meses… ego te absolvo a peccatis tuis in nomine Lemmy Kilmister.

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Extremoduro – Agila (1996)

agila-rocksesionCerramos el año con uno de esos discos que conforman la base, esencia e Historia del rock en España. Agila de Extremoduro fue el álbum que situó al grupo en un panorama mucho más amplio que la de la marginalidad, las malas producciones, los conciertos caóticos y los números rojos. Después de varios escarceos, como la colaboración en el disco ¿Dónde Están Mis Amigos? y la consabida Pedrá, Roberto Iniesta pone los mandos del tinglado a Iñaki ‘Uoho’ Antón, hasta entonces muy centrado en Platero y Tú, naciendo así uno de los dúos creativos más importantes del rock duro, como Lars Ulrich y James Hetfield. En sus menos de tres cuartos de hora, Agila tiene una colección de singles apabullantes, dando salida tanto a piezas reflexivas que marcan ese continuum con el presente, como otras de alma punki, pasando por una sonoridad más hardrockera y zeppeliana que nunca. Como hicimos con el Omega de Morente y Lagartija Nick hace unos días, rendimos homenaje por su 20 aniversario a dos que, como me dijo Robe, “son discos que han marcado muchas cosas. Han marcado lo que se puede hacer. Han ido abriendo puertas. (Ni el flamenco ni el rock) no sería lo mismo, desde luego que no”. Es el regalo del Día de Navidad de RockSesión: “Merry Christmas Manué”.

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