Leño y El Origen Del Rock Urbano. Kike Babas y Kike Turrón

33 Leño y El Origen Del Rock UrbanoHay pocos casos en el rock hecho en nuestro país en los que exista cierta unanimidad a la hora de valorar la trascendencia, más allá de los gustos (y sectarismos) personales, de una formación. Es cierto que en el caso de Leño hay muchos motivos que ayudan a ello: su actividad concentrada en seis años, el hecho de que la formación fuera siempre Rosendo Mercado, Tony Urbano y Ramiro Penas (el propio Rosendo reconoce en la biografía que para él la fase con Chiqui Mariscal no era aún Leño como tal, que su percepción de grupo vino después), el que no haya habido constantes reuniones esporádicas con fines recaudatorios, el respeto con el que Rosendo, triunfador en solitario, habla de sus compañeros y de esos discos, otorgan a Leño un halo de majestuosidad inusual. (Quizá solo Triana llega a ese nivel, con la salvedad trágica del accidente mortal de Jesús De La Rosa, del que precisamente hoy se cumplen 30 años). ‘Los Kikes’ (como se les conoce en el mundillo), decidieron, mucho tiempo antes de ponerse a trabajar en ello, realizar esta biografía oral de Leño, que te invitamos a conocer.

Como hiciera con ‘De Profundis, La Historia Autorizada de Extremoduro’, firmada por Javier Menéndez Flores (permítanme que lo tome como referencia comparativa en más de una ocasión, ya que además los libros salieron al mercado con tan solo un mes de diferencia), empezaré a hablar de la biografía de Leño por los aspectos puramente formales. Para empezar el estilo. ‘Leño y La Historia Del Rock Urbano’ se desarrolla como un documental, solo se recogen frases textuales de los protagonistas de la historia, que ejercen de centro, mientras alrededor se engloban el resto de testimonios. Como si fueran círculos concéntricos, unos más cerca, otros más lejos. Desde las personas más cercanas a ellos como sus propias parejas, técnicos de sonido, road manager; los conocidos que en algún momento puntual tuvieron relación directa con ellos, productores, casa de discos, promotores, músicos compañeros de local o salas (en aquellos años en los que al principio compartir era lo normal, hasta que se empezó la carrera de a ver quién la tenía más grande) o los influenciados que después desarrollaron sus propias historias en mayor o menor medida inspirados por aquel trío. Se echa en falta testimonios de referentes como su primo Joaquín Sabina, Yosi, Robe, Uoho (en su doble papel de guitarrista Platero-Extremoduro) o El Drogas –es al único que se cita que no respondió después de comprometer su participación- pero los que están, son. Sin duda.

Si bien es cierto, como se enseña en las primeras clases de las academias de cine, que la tarea de montaje de las imágenes (en forma de testimonios en este caso) y la selección de las frases y el orden es ya una manera de inducir y orientar hacia un determinado propósito, la sensación que ofrece la lectura de esta biografía, a diferencia de la de Extremoduro, es la pureza. Es mucho más fresca, más directa. Y, lo más importante, al dar voz a personas de todo tipo, no todos los testimonios son de loa y boato (en el de Extremoduro principalmente del narrador-conductor, en ocasiones demasiado caramelizado…). El ejemplo más claro es el de José Carlos Molina de Ñu (faltaba más) que aun así habla con respeto y casi con cariño de aquella época, pero también andan en esa línea Armando de Castro de Barón Rojo, Morfi Grei de La Banda Trapera Del Río o Julián Hernández de Siniestro Total. No es un panegírico constante y eso se agradece. Además de los representantes entonces de Chapa Discos, división de Zafiro, la agencia de contratación… Y además estableciéndose con naturalidad algunas contradicciones. Algunas ajenas a la historia como la de Ariel Rot con Mariskal Romero, y otras sobre fechas de conciertos, meses en los que situar algún acontecimiento, la invitación (o no) a participar en la BSO de ‘¿Qué hace una chica como tú en un sitio como éste?’ de Fernando Colomo… Lo normal del recuerdo oral de cosas que sucedieron hace 30 o 35 años.

El libro se divide en siete capítulos y un epílogo. El primero para relatar los orígenes y primeros pasos de la formación. (Si Controlas Tu Viaje Serás Feliz). Del segundo al quinto se corresponden cada uno de ellos con el espacio temporal de cada uno de los discos de Leño. (Ahora Mola El Rocanrol, Me Va La MarchaLeño; Hoy Va a Ser La Noche De Que Te HabléMás Madera; A Lo Mejor No Es Decente… Maneras De VivirDirecto; y Si Hiciste De Pirata la Primera ComuniónCorre, Corre). El sexto capítulo es Ponme Otra Cerveza, Que A La Próxima Será, que narra la entrada de Leño en la gira organizada por Miguel Ríos en El Rock De Una Noche De Verano y los estertores de la formación hasta su fin. Y el séptimo es un compendio visual (Leño Pa’ Siempre, La Leyenda Tras La Separación), que recoge todo tipo de imágenes de recuerdos, merchandising y encuentros posteriores. Por último, un epílogo en el que, por primera vez, Kike Babas y Kike Turrón explican desde el proceso de gestación de la idea (al finalizar la biografía de Rosendo) hasta la recogida de testimonios a última hora y las revisiones finales. Todo muy claro y ordenado cronológicamente.

La edición del libro tiene luces y sombras. Sus tapas duras con una contraportada que se asemeja a una cinta de cassette, así como las portadas interiores (la cinta en sí) le dan un punto histórico bastante interesante. El papel también es de gran calidad pero… ay la maquetación y corrección. El material gráfico es muy interesante y variado, pero en ocasiones se repite casi en formatos idénticos. Hay algunos errores de bulto. A cada disco se le dedican páginas con la portada, datos técnicos, letras… Pues al Más Madera le faltan dos canciones o te pegará un puñetazo en los ojos leer Rooling Stones o te sorprenderá que se empleé el termino en desuso ‘harmonioso‘.

En cuanto al contenido es, en su mayor parte, pura magia. Al menos para mí, que no viví nada de aquella época ya que ni siquiera había nacido cuando sacaron su Más Madera (disco que los colegas del Zappa consideraban demasiado blando y de ahí se decidió grabar el directo), pero a buen seguro también para aquellos que vivieron esos años en sus propias carnes. De la lectura se infieren algunas cosas. El carácter discreto y correcto de Tony (tanto que casi parece pedir perdón por sustituir a Chiqui en los inicios), las paranoias mentales de Rosendo con la responsabilidad de crear él casi en exclusividad los textos (y las paranoias económicas del reparto a partes iguales del ya de por sí pequeño beneficio), el ego inquebrantable de Ramiro cimentado en su porte animal sobre el escenario. En el libro, así como en distintas entrevistas siempre se ha dicho que el distanciamiento vino poco a poco y casi sin notarlo hasta que era irreversible. Que quizá no pusieron las cartas sobre la mesa como debieran. Me gustaría saber si de alguna forma alguien aconsejaba a Rosendo aquellos años, alguien externo al grupo. En cualquier caso de todos es sabido la cantidad de problemas que tuvo para poder grabar su primer disco en solitario, ya que el compromiso con Chapa era por cinco discos. Estuvo a punto de grabarse para salir del paso, pero la compañía exigía para ello una renovación de otros dos álbumes. Años de dique seco y depresión para todos.

También uno siente nostalgia al leer los grupos coetáneos que se citan en los inicios y desarrollo de la trayectoria de Leño. No ya por los que siguen activo con cierto grado de consolidación, pese a que los años felices ya pasaron, como Barón Rojo, Obús y demás, sino por aquellos que iniciaron junto a Leño un camino difícil, en plena Transición y cuando no había la menor infraestructura para realizar conciertos de rocanrol en este país, más allá de las discotecas a 100 km a la redonda de Madrid y otras cuantas en el Levante y fiestas de pueblo con escenarios sobre tractores o con unas instalaciones eléctricas más que deficientes. Asfalto, Topo, Coz, Mermelada, Bloque, Zarama, Araxes II, Burning, Smash o Triana (mucho más grandes)… El papel de Teddy Bautista (que habló para este libro unas pocas semanas antes de que se descubriera todo el tinglado que tenía montado en la SGAE), se presenta como fundamental no solo para Leño, sino para el rock estatal. “Yo no podía ni hablar, para mí era muy grande”, dice Rosendo en un pasaje. Músico y persona. Luz y sombra.

Anécdotas curiosas como la detención de Tony en Londres cuando fueron a grabar Corre, Corre en los estudios del vocalista de Deep Purple Ian Gillan (“que era una mierda”, según varios testimonios) y viaje comprometido en dinero y donde Rosendo conoció a su querido Rory Gallagher (le pidió que tocará algo con una guitarra suya y Rosendo no quiso), como fueron al pilón tras un concierto en el que Chiqui tuvo un mal viaje con los tripis (se habla de drogas sin tapujos), la odisea del Rocktiembre y cómo la gente se colaba a golpes (uno de ellos a la nariz de Rosendo), cómo Rodrigo Mercado vino al mundo horas antes de que su padre grabara ‘Este Madrid’ o cómo Rosendo dejó para el final la interpretación de ‘La Fina’ porque le daba corte y se fue a tomar un par de cervezas antes para hacerla del tirón. Solo unas pocas anécdotas de una gran colección que a poco que te interese Leño te van a compensar el gasto.

Los protagonistas de la historia dejan claro no entender cómo vendiendo los discos que vendían (el directo fue Disco De Oro, de lo que se enteraron años después al ver a Obús posando con él en una foto) y teniendo el tirón de público creciente en directo que tenían, apenas les salían las cuentas y cobraban más los colaboradores que ellos. Es cierto que mucho dinero iba a mejorar sonido y luces, pero solo tuvieron la sensación de ser grandes cuando acompañaron a Miguel Ríos… y ahí el grupo ya estaba muerto por dentro. Volver a las malas condiciones después de aquello fue el golpe definitivo y eso que ‘se engañaron’ montando un local propio para ensayar donde nunca tocaron los tres juntos. No entendían (y no se entendería aun hoy si no es porque ya sabemos que eran otros los que se llevaban la mayor parte del pastel) que unos Obús y Barón Rojo se estuvieran haciendo de oro y ellos no. Y les enervaba que cuatro ‘niños’ montaran una banda sin saber tocar (La Movida –aunque siempre hay honrosas excepciones) y recibieran mayor atención mediática que ellos que llevaban cinco años partiéndose la cara escenario tras escenario.

Intentaron encuadrarlos en varios cajones, pero siempre se sintieron libres. Ni heavys, ni Movida y casi lo de rock urbano lo aceptan a regañadientes, porque son conscientes de su influencia posterior. Leño era Leño y en España en aquellos años no había nadie como ellos. Y con sus luces y sombras, así queda reflejado en este libro más que notable.

Este sí, recomendado.

Más de Leño:

Leño, 1979

Más de Rosendo:

Vergüenza Torera

Loco Por Incordiar

#Mis10de Rosendo y Leño.

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Publicado el octubre 14, 2013 en Actualidad y etiquetado en , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. 3 comentarios.

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