Otro inútil artículo sobre Operación Triunfo
Apagándose ya los ecos de los vítores por los resultados de la final del repescado formato televisivo, me gustaría añadir un artículo más a la colección de escritos, que se mueven entre diatribas o panegíricos. Aquí, no será ni una cosa ni la otra. De hecho, más que un artículo es la puesta en orden de varias opiniones sobre el asunto, que ya he debatido con muchos de vosotros en persona o a distancia. Como por algún sitio hay que empezar, por situarnos, diré que no estoy en contra de estos formatos televisivos. Para un rockero que se le presupone cierta autenticidad igual no está bien decir eso, pero qué quieren que les diga, prefiero que los jóvenes (la mayor franja de edad en la que ha penetrado el concurso en esta edición) estén pendientes de los gorgoritos, arreglos y demás de varios cantantes con voces interesantes que de las hormonas de Hombres, Mujeres y Viceversa. Ahora, Operación Triunfo (OT a partir de este momento) no debe ser el principio ni final de nada, ni ser considerado el termómetro fiable de la virtud de la música. Es lo que es, entretenimiento donde se premian ciertas virtudes que, al menos, están relacionadas con el trabajo, el compromiso y la consecución de un objetivo.
Narco – Espichufrenia
Se han visto arrasados por su propia dinámica festiva. Los sevillanos, que llevan de gira desde que volvieron hace ya cerca de diez años, han ido trasmutando su sonido dando mayor protagonismo a los graves y a la electrónica hasta parir un álbum como Espichufrenia, que ni siquiera da concesión al mono. Muy centrado en el mundo de las drogas, con bases limpias y estilosas del rap al punk oscuro, del rock al drum’n’bass, al ragga o los sonidos industriales que vienen de la mano de un amplísimo abanico de colaboraciones. Todo ello confiere al álbum un espíritu hedonista (pasote, diría yo) que hace que el tono generalizado sea de mucha, ¿demasiada?, diversión a cambio de sacrificar la oscuridad de discos pretéritos. Un moderno y efectivo ejercicio que (entiendo) ha de ser tomado como una compilación de estilo, de una necesidad puntual, que como una llegada a meta que marque la constante para tiempos venideros. Bronce en los discos del año de esta casa.
Force – Force (1989)
Y la verdad es que cuando uno pone la aguja sobre el vinilo parece que es más añejo de lo que marca la fecha de su edición. Force es un grupo madrileño de hard rock estiloso (véase ramalazos glam por aquí, AOR por allá, algún de heavy de heavy clásico…) y solo lanzaron un álbum. Bueno, y una demo previa en 1988 que se incluye en la reedición en CD que se hizo hace unos siete años. Protagoniza la crítica remember de este viernes como segundo capítulo de continuidad de una trilogía con motivo de un inesperado regalo, como ya expliqué la semana pasada en la crítica del single promocional de 1983 de Barón Rojo. Este Force epónimo nos trae, como iniciaba, un regusto añejo y clasicote que suena muy mal pese a lo voluntarioso de un cuarteto en el que, por cierto, hay algún componente con bastante historia y desarrollo en esto de la música y que desconocía hasta que no afronté la investigación. Allá va, vamos con Force.
Malos Tragos: “ahora todos los discos suenan brutales y ni la mitad de esos grupos suenan así”
El pasado lunes os traía la crítica de Back To The Past, el séptimo disco de estudio de Malos Tragos. Una banda que, vicisitudes de los componentes del grupo, ha tenido que empezar casi de cero tras un largo parón de más de diez años. Hardcore y punk de marcado corte enérgico, vitalista y divertido. Como muestra, dicho álbum, en el que versionan diez clásicos del pop de los años 80. Un viaje en toda regla donde no faltan fragmentos de películas y guiños a otras canciones dentro de sus particulares adaptaciones. Sergio Fuelcore atiende la llamada de RockSesión y hablamos con él del pasado, del presente y del futuro, del grupo, de la música y de la sociedad.
La Fuga – Humo y Cristales / Mientras Brille La Luna
La historia del rocanrol está llena de bandas que han vivido el duro, pero también lógico, proceso de escisión. No olvidemos que, al fin y al cabo, los grupos están formados por personas y, como tal, nadie está obligado a estar donde no quiere. Rulo y Fito dejaron de pertenecer a La Fuga hace ya siete años y, desde entonces, ha habido seguidores empeñados en hacer de la vida una confrontación. Negando a una y otra parte. Con la valentía y el arrojo necesario, La Fuga, liderados por Nando G. Miguel y Edu Karma, siguieron adelante y, superando los comentarios agoreros, se plantaron en los 20 años, que ha celebrado con la edición conjunta a todo lujo de maquetación y libreto, con disco de estudio de nuevas canciones (Humo y Cristales) y una auténtica demostración de fuerza en un espectacular directo con significativos artistas invitados (Mientras Brille La Luna). Los cántabros vivirán siempre con el estigma del pasado pero disco a disco, año a año y gira a gira están demostrando que están muy por encima de esas minucias y este trabajo (al que le di una de mis medallas en los discos del año) es buena prueba de ello.
Malos Tragos – Back To The Past
Los barceloneses Malos Tragos forma parte de esa familia (numerosa, por desgracia) de grupos que llevan currándoselo muchos años y que, sin embargo, no han tenido la suerte, el ‘chispazo’ de entrar en el circuito molón festivalero. Y eso que ingredientes no les falta. Punk, rock y hardcore pegadizo y repleto de actitud han caracterizado siempre su obra. Tanto en la primera etapa como, especialmente mejorados, en esta segunda con un ritmo de lanzamientos brutal en los últimos cinco años. Hasta despachar cuatro discos en seis años. (En Esta Locura, 2012; Reacción, 2013; Welcome To Hipsterland, 2015; y este, del que hablamos). Tanto han pisado el acelerador que al final el coche se ha convertido en el mítico Delorean y, con él, han viajado por el tiempo hasta regresar al pasado, volviendo del futuro. En este Back To The Past, que ha sido grabado en los estudios Akrasonic de Hospitalet en marzo y abril del pasado año con producción propia y de Mariano Toledano, nos ofrecen diez versiones punk-hardrockeras de otros tantos temas alejados de dicho género de los años 80. Todo ello regado de películas, de guiños a otros temas… Un auténtico viaje en el tiempo de media hora. Lee el resto de esta entrada
Barón Rojo – Invulnerable/Herencia Letal (1983)
Tenía bastante claro que las primeras críticas remember del año debían ser los tres vinilos (sí, digo vinilos) que os presentará esta semana y las dos siguientes. Os cuento. En el viaje-combo realizado hace unos años a Estocolmo, Helsinki, Riga (cómo echo de menos el Kristall Kummel, de efectos casi alucinógenos), Moscú y San Petersburgo conocí a una pareja de madrileños. Compartimos bastantes noches de cervezas, alcoholes y hasta algún concierto de heavy/hard rock en un garito finés, entre otras. El caso es que hace unas semanas Raúl Muñoz (pintor de arte contemporáneo, fue un placer ver algunos museos en San Petersburgo en su compañía) me escribía para regalarme tres vinilos que habían aparecido en el proceso de una mudanza. Para ser fieles a realidad, me escribió para decirme los títulos y preguntarme que qué me parecían. Fue después cuando me sorprendió al decirme que “me apetece que los tenga alguien que les guste y los valore”. Recibido el obsequio, qué menos que sean ellos los protagonistas de la sección. El primero de ellos es este ‘single obsequio’ que acompañaba al Metalmorfosis, tercer larga duración de Barón Rojo. Allá vamos.
Sínkope – El Parque de los Poetas
Se nos viene acostumbrando de nuevo Sínkope a un alto ritmo de producción después de aquel obligado tiempo en barbecho que supuso el rifirrafe discográfico después de Esta Noche Se Merece Otra Ronda y Cuando No Te Pones Falda, que les llevó de alguna manera a cumplir contrato con aquel compendio de temas reunidos que fue, como bien definía su título el Canciones Repescás, Retocás y Arrejuntás y Otras. Este El Parque de los Poetas se llevó hace unos días (demonios, parece que ha pasado ya un mes casi) una de mis platas en Los Discos del Año de 2017 de esta casa. Más que merecido. Y es que tras el escarceo de creatividad técnica y en estudio que fue aquel Museo de Rejas Limadas (un álbum que quizá irá cogiendo poso con el paso de los años pero que en su momento me pareció algo irregular) en esta entrega la banda tira de riñón, de víscera, de orígenes. Las canciones han sido compuestas y pulidas en el local de ensayo, ha sido grabado ‘en casa’, como quien dice, y con la producción de su técnico de sonido en directo. Como Drácula, que para guardar todo su poder debía viajar en tierra sagrada de su lugar de nacimiento. Pocas influencias externas para los Sínkope más reconocibles y, ahora sí, tan acertados como suelen promediar.




