Vetusta Morla – Cable A Tierra

La banda madrileña continúa cumpliendo con su metrónomo de llegar con nuevo disco con una media de tres años largos o cuatro cortos y así lo hace una vez más con su quinta entrega, Cable A Tierra. Aunque la cuenta del número del álbum difiere de donde situemos el listón, porque como bien sabemos eso no significa no tener más material suyo en esos intervalos de tiempo porque podemos sumar otros cinco de por medio entre el par de directos (el sinfónico y el del Palacio de los Deportes de la Comunidad de Madrid allá por 2015), dos bandas sonoras (de videojuego y de La Hija, del director almeriense Manuel Martín Cuenca) y esa auto-revisión de Mismo Sitio, Distinto Lugar (MSDL) que publicó en 2020. Vetusta Morla presenta el álbum como una deconstrucción del folclore de ambos lados del charco para reconstruirlo a partir de sonidos y lenguajes contemporáneos, entre la electrónica y la tradición y con un halo de popularidad que viene, como es habitual, con un revestimiento conceptual algo más elevado, equilibrando entre lo críptico y lo explícito. Me resulta fascinante la expectación que presentan sus lanzamientos sabiendo que va a haber un significativo porcentaje de prensa dispuesta a darles palos hagan lo que hagan, como si así purgaran la pureza del rock, se exorcizaran de las posibles influencias que hayan podido provocar en otros grupos de mejor o peor calidad y, de paso, señalaran la paja en ojo ajeno desde la arrogancia de la viga propia. Todavía hay quien confunde la parte por el todo y quien discurre con un alarmante reduccionismo que, a la postre, es lo que viene a explicar ciertas irrupciones en la opinión pública y en política. En esta casa nos parece un álbum sobresaliente en su planteamiento e intachable en su ejecución.

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La M.O.D.A. – Nuevo Cancionero Burgalés

Hay bandas que emergen en su efectismo inicial y se convierten en un fenómeno de temporada y en un nombre que te encuentras por todas partes y cada vez en mayor medida, ejemplificado en la proliferación de presencias en la temporada festivalera. Al combo de La Maravillosa Orquesta del Alcohol le ocurrió eso con su debut en ¿Quién Nos Va a Salvar? y se reforzó con La Primavera Del Invierno. Hubiese sido fácil para cualquiera acomodarse a favor de la corriente y explotar la fórmula como suele ser lo habitual, pero La MODA demostró claramente que el triunfo y el aplauso no les iba a hacer perder el norte y que su integridad e inquietud artística estaba muy por encima que convertirse en una pieza fácilmente encajable en el engranaje. Ellos no rechazan participar en el sistema, pero que sea el sistema el que se acomode a las aristas y particularidades genuinas y auténticas de la pieza que representan. Así, comenzaron a bucear y a romper los moldes de la previsibilidad con un Salvavida (De Las Balas Perdidas) mucho más complejo y rico en matices y con una vuelta de tuerca en la poética. Pero es que, por si fuera poco, tras un EP enjundioso (Ni Un Minuto Más) llegaría el excepcional Ninguna Ola con el que, del todo, reafirmaron que están aquí para crecer y explorar sin directrices ni guías. Con este espíritu, el grupo recluta a todo un símbolo del rock, metal, punk y canción de autor como Gorka Urbizu (Berri Txarrak) para la producción y se lanza a musicar poemas y canciones de la tradición popular de su Burgos natal. Una impresionante vuelta de tuerca que descerraja ocho temas impresionantes, que equilibran la urgencia distorsionada con el poso de la historia del pueblo.

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Vuestros Discos del Año 2021. Listas y playlists

Después de algo más de dos semanas de votaciones, ya tenemos los resultados definitivos tras vuestros numerosos votos y reparto de 3, 2 y 1 punto. La lista, vista con perspectiva más allá de los datos numéricos, ofrece un amplio catálogo de lo que musicalmente fue el de por sí extraño 2021. Con ella hemos elaborado dos playlists Spotify (por primera vez, no hay un solo disco que no esté en dicha plataforma) que ofrecen un variado abanico de sonidos al que os animamos que os acerquéis. Tanto de aquí, como de fuera. Ese es su principal valor. Descubrir. Esperamos que no os quedéis solo con lo que conocéis, sino que exploréis en aquellos grupos que están en la lista y que os sirva para apreciar cosas que os sorprendan y llenen, verdadero valor de este tipo de acciones. Los tres primeros en cada lista tienen tres temas, el resto de top 10 tienen dos temas cada uno. El resto uno. Recordad que la lista editorial de Discos del Año de RockSesión estará, como siempre, el 5 de enero. ¡Pasen!

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Bunbury – Exilio Topanga

En el año ‘más literario’ de RockSesión, puesto que en un periodo de trece meses ha habido hasta catorce críticas de libros (dejo los link al final del artículo), me parecía simbólico que la última publicación de este 2021 fuera para otro. En su encomiable capacidad de trabajo e inquietud intelectual y tras haber perdido sus primeros escritos en un robo de ordenador, Enrique Bunbury mantiene su hiperactividad pandémica sumando su primer libro de poemas a un periodo en el que también ha publicado dos discos (Posible y Curso De Levitación Intensivo) y un EP, El Puerto, del que hablamos justo ayer. Lo primero que cabe preguntarse en estos casos (interrogante lógico, como cuando vemos a un actor o actriz publicar un disco) es si el libro ve la luz porque lo merece o porque es un músico de alcance. Coincide también con recientes ediciones de poemarios de Rulo, de Xoel López, de Abraham Boba, la novela de Santi Balmes (aunque en este caso ya lleva mucho recorrido en la literatura)… Por suerte hay preguntas que pueden dejar de ser retóricas de forma tan sencilla como pasando a la acción. Emprendida la lectura de Exilio Topanga sí que se reconoce la propuesta sobrada como para ser publicada, independientemente de su firma. El debate, claro está, pasaría a ser que hay muchos autores talentosos que ven sus puertas cerradas, pero de eso Enrique –que se sepa, dirían sus haters- no tiene la culpa.

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Brasi. Teatro Apolo. 29 de diciembre

Dice el historial de Crónicas Conciertos que esta es la entrada número 26 de la sección en este particular y tan condicionado 2021. Teniendo en cuenta que a la web no llega ni una cuarta parte de los eventos que tengo que cubrir para el Área de Cultura de mi ciudad, da vértigo pensar que han rondado el centenar… con la que cae. En 2020 fueron casi otros tantos. Y, toco madera, por ahora el coronavirus me ha dejado tranquilo. Esto viene a dar un granito de arena más y un recordatorio, al menos, de que la Cultura Segura es un hecho indiscutible. Ahora que se debaten nuevas medidas, reducciones de aforo y demás… Que se tenga en cuenta. De naturaleza optimista para cosas que no tengan que ver conmigo de manera directa, estoy convencido de que el virus está dando sus últimos coletazos con una cepa menos virulenta que, entre su propagación, la tercera vacuna, la vacunación infantil… hará que la primavera y el verano se presenten bastante halagüeños. Hecha esta consideración global a modo de balance rápido, anoche fue el almeriense Brasi el que tuvo ‘el honor’ de ser mi último concierto del año. En lo personal tiene su aquel, ya que iba a verle en directo en 2019, justo el día que falleció mi padre. Así que para mí tuvo mucho de catarsis verle ayer con su banda y, además, con un sonido tan espectacular y una propuesta mucho más sólida que la que ya iba apuntando bien a su paso por Cooltural Fest en 2018 o, años antes, en la presentación de su debut allá por 2015. Músicos y artistas como Brasi son necesarios porque, desde su modestia, son pequeños guardianes de rock más llano, más natural. Dos guitarras muy corpóreas, un bajo que no solo usa una cuerda, una batería muy presente y canciones sin ampulosidad ni barroquismos, pero con letras elaboradas. A por otro año de conciertos, compas.

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Bunbury – El Puerto

Que en los casi diez años de vida que tiene esta casa (los cumplirá a comienzos de marzo de 2022) haya escrito una veintena de artículos y críticas sobre la figura, discos, documentales, directos, giras o selección de temas de Enrique Bunbury, tanto en solitario como con Héroes del Silencio, como en sus proyectos con Bushido, Carlos Ann y Panero o Calamaro dice mucho de la notoriedad, de la relevancia y de la importancia del músico. Es un hecho irrefutable, además de demostrar su constante movimiento en búsqueda de algo nuevo que ofrecer a su público, que anda soliviantado en los últimos tiempos (¿quién no?, ¿quizá?) por distintos motivos. Que si el derrotero estilístico, que sus opiniones extra musicales… En fin. Ya saben, la furia y el ruido, que diría William Faulkner. En esta casa, por lo general, nos hemos abstraído con frecuencia de las opiniones personales de todos y cada uno de los artistas y bandas que han pasado por este escaparate. ¿Acaso conocen las opiniones sobre todos los temas de los músicos o cantantes de sus bandas favoritas? Lo que ocurre con Bunbury, y se viene notando, es que su hartazgo está saltando claramente a sus creaciones y su descreimiento ante los derroteros que viene tomando la opinión pública de un tiempo a esta parte ha inundado ya su forma de contar las cosas en las canciones y también en ese estreno con la poesía literaria de Exilio Topanga. Dos lanzamientos cercanos en el tiempo que refuerzan esa hiperactividad que tuvo el pasado año con la publicación de dos discos de estudio, Posible y Curso De Levitación Intensivo. A falta de gira, Bunbury se exorciza creando y desde aquí deseamos que pronto pueda hacerlo desde el escenario. Que falta hace.

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Leiva – Cuando Te Muerdes El Labio

El álbum era muy fácil de vender por su efectismo formal. Que para su quinto disco Leiva avanzara que iba a consistir en duetos en cada una de las canciones con una artista internacional se vende solo. Que si un disco de laboratorio, pensado para entrar con más fuerza en mercados de Latinoamérica, que si bandera del feminismo, que si buscando nuevos públicos a través de las artistas que colaboran… Todo eso formaría parte de las armas arrojadizas de lo que vengo a llamar el haterismo común. Pero, claro, luego está la realidad o, lo que sería mejor todavía, esperar a opinar hasta conocer el resultado al completo. Y es ahí cuando Leiva, como viene haciendo en cada uno de sus trabajos (para esta casa especialmente desde Pólvora, puesto que Diciembre nos parece el más perjudicado por las ínfulas de los ecos post Pereza), gana por convicción y con argumentos. Estas 14 colaboraciones se han gestado de la amistad forjada a lo largo del tiempo, en algunos casos hasta quince años y nada de relumbrones forzados que hubiesen multiplicado los fuegos artificiales mediáticos ni salidas de tono grotescas. Esto hace que con 14 temas en las que se acompaña de 14 voces distintas Leiva suene más Leiva que nunca, potenciando y mejorando su narrativa y dejando que su rock más clásico se impregne de arreglos más sutiles, de vaivenes más armónicos, de un preciosismo que completa y potencia casi un tratado argumental del amor con pocos visos de perdurabilidad en sus distintos estadios (ruptura asimilada o inminente, recuerdos de pasado o del futuro que no será, pasiones que convulsionan hacia el fin) y una buena colección de referencias a series y al modo de vida contemporáneo.

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Dani Martín – No, No Vuelve

El cantante y artista madrileño viene a ser paradigma de muchísimas cosas dentro del mundo de los rocanroles. Líder o cabeza visible de un grupo de éxito rabioso y generacional que decide, contra corriente y de manera totalmente impopular, empezar un camino en solitario. Eso, por un lado, lleva aparejado sí o sí la cruz perpetua de quienes considerarán, haga lo que haga, que se ha cargado algo especial y que lo que hará tendrá dos losas del mismo peso arrojadizo: que lo hace por dinero y que será peor que lo que hacía el grupo. Robe, Fito, Leiva, Bunbury, Mikel Erentxun, otro Mikel en camino, Andrés Calamaro, bueno… hasta Rosendo pasó por eso en su día. Por otro, vivir siempre con la sombra constante de “la reunión pa’ cuando”. El record lo tiene sin duda Fito Cabrales e Iñaki Antón, pero Dani debía estar un tanto hasta el gorro también para marcarse este No, No Vuelve, que durante unas horas afiló los colmillos de quienes vieron en la campaña prueba un regreso de El Canto del Loco. Esté completamente descartado para el futuro o no, lo cierto es que era de cajón que esa vuelta no iba a ser en un terreno tan lleno de incertidumbres (todavía) para los eventos masivos como los que se avecinan todavía para 2022. Está claro que esa reunión excepcional, de ser, habrá de ser libre de cualquier sombra covídica. Hubiese sido quemar un cartucho muy jugoso, el mismo que le explotó a Extremoduro, a LPR o a Barón Rojo, cada uno a su escala. El cartucho que sí que ha gastado Dani es precisamente el que ofrece en este disco. Una revisión actualizada de diez temas de su banda madre, acompañadas de un tema inédito donde hace un brutal ejercicio de sinceridad. Para bien y para mal, no hay medianías con Dani Martín, tan odiado como adorado, pero, a mi parecer, siempre fiable y honesto con lo que dice, piensa y hace.

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Antílopez – Mutar Fama

Hay días en los que uno tiene que contenerse para no mandar a freír espárragos a gente que se lava las manos ante competencias propias, que ni se inmutan ni haciéndoselo ver. Partiendo de esta casilla de inicio en el tablero, uno entiende discos como el que ha lanzado Antílopez hace unas semanas. Mutar Fama ha venido desgranándose buchito a buchito en los últimos meses pero es ahora, con la obra completa, donde inferimos casi una obra conceptual frente al cutrerío, los artistas insuflados en las inversiones publicitarias y/o las promociones televisivas, la cruz del ir contracorriente, la incomprensión entre la mediocridad… El desengaño de saber que nunca van a entrar en el circuito ‘mainstream’ por más que entierren a canciones sobresalientes a los demás. Y, bueno, todo eso. Claro, porque se puede uno armar de paciencia y confiar en que el talento, el esfuerzo y el trabajo van a valer algún día para algo más… Pero hay días y discos en los que solo cabe resignarse y disfrutar de aquello que cantaba Robe en el ‘Sucede’ de Extremoduro. La estrellita firme, el único e inequívoco aplauso y reconocimiento de quienes saben la verdad del cuento. Pocos pero buenos. Mal de muchos, consuelo de tontos, posiblemente. Pero que nos quiten lo pensado, que más vale la autenticidad y capacidad de disertación que ser un estómago agradecido con pocas luces de cruce. Vamos al lío con el quinto de estudio de Félix y Miguel Ángel.

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Stafas – Melodías Para Un Mundo De Locos

Siete añitos y medio, casi como los años de mala suerte que trae romper un espejo, ha tardado Stafas en volver al estudio de grabación para ofrecer un nuevo álbum de temas inéditos. La cabecera creada por Michel Molinera (Canallas y Johnny Juerga…) tras descartar el nombre de Leinad empezó fortísimo con dos discos que se separaron tan poco en el tiempo que casi se podrían tomar como aquellos Human Touch y Lucky Town de Bruce Springsteen, las dos partes de Use Your Illusion de Guns n’ Roses o los Keeper Of The Seven Keys de Helloween. Álbumes siameses que sirvieron para colocar al grupo en un buen impulso de conciertos, recogiendo ese rebufo de, como todo aquel que muere, generó de buen rollo la despedida de Canallas. Por Arte De Birlibirloque (2005) y Doble o Nada (2006) son dos trabajos nerviosos, todavía urbanitas y descabalgados, urgentes, pero ya se dejaba notar una querencia negra, tanto en los coros femeninos como en algunos arreglos más ‘de club’. Se dejó pasar cierto tiempo, entre unas cosas y otras, y pasaron cinco hasta que Volverán Los Viejos Tiempos  (2011) se convertía en un tercer asalto que, además de la nostalgia y el dolor marca de la casa, se apreciaba un mayor desencanto vital y una disminución de los tempos para entrar del todo en matices menos encorsetados. Dos años después Hotel Esperanza jugaría en los mismos términos y, aunque no terminó de recuperar el pulso popular, sí que dio lo suficiente para darse el lujo de grabar un cedé y deuvedé en directo en La Vida No Mata Ni Engorda, absolutamente imprescindible. Y, tras superar la maldición del espejo, el alma se libera de los pedazos rotos, como creían los romanos, repite con su banda en Melodías Para Un Mundo De Locos.

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