The Son of Wood – Asfalto y Cereal

La subdivisión y multi ramificación estilística de la última década y media hace que los grupos nacidos de esa hornada, quien ha crecido escuchando esa variedad guiados por el denominador común de la propuesta cuidada y elaborada, más que por la formalidad del género musical, a la hora de coger unos instrumentos, mezclen en la batidora todas esas influencias y presenten una amalgama que, como este caso, descoloca en su escucha pero no en la lógica. The Son of Wood es el campo de La Maravillosa Orquesta del Alcohol y el rapeo que se ha insertado en las bandas con vientos metales, es el arreglo preciosista en las cuerdas de Robe y los suyos, el bandarreo de lo urbano con querencia de neón funk y el folk americana teñido de matices autóctonos, la mirada individual para la vocación por el colectivismo. Un grupo forjado en las calles de Salamanca que combina instrumentos como guitarra acústica, armónica, violín, bajo, saxofón y batería con influencias folk, rock, indie y country. El joven septeto está formado por Kike Hernández en la batería, Fer P. Núñez al bajo, Gonzalo López a la percusión, Xavi AKD a la voz rapeada, Diego Hernández en saxo, guitarra eléctrica y voz, Lucía Urones en el violín y Sergio Dimald en guitarra acústica, armónica y voz. Este Asfalto y Cereal (que el título de por sí ya da bastantes pistas del contenido) es su segundo trabajo discográfico de estudio y viene avalado por el sello de calidad del pequeño sello Calaverita Records, que se consolida por derecho propio en uno de los más reputados de la escena.

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Luz Casal – Las Ventanas De Mi Alma

Aunque el tiempo entre el lanzamiento de Que Corra El Aire y este Las Ventanas De Mi Alma con su antecesor disco de estudio ha sido prácticamente el mismo (cinco años), sí que este nuevo álbum de Luz Casal (el decimosexto de su impresionante legado) viene con un aura mucho más cercano, fresco, de constancia. Quizá sea por ese primer directo oficial publicado en toda su carrera (Sólo Esta Noche) o también por esa generosidad que mostró en tiempos de confinamiento, en los que llamó a cerca de 2.000 personas con el simple objetivo de dar ánimos y compañía. Luz es de otra pasta, está claro, y por eso se le quiere desde todos los géneros musicales, el rock incluido, por supuesto. Si Que Corra El Aire nos mostraba a una artista entrando a la numérica sexagenaria en plena forma, Las Ventanas De Mi Alma no solo iguala aquel alarde sino que, desde la primera escucha, lo supera. Son doce temas en los que no está todo lo que es Luz pero sí que hay una cierta heterogeneidad donde no se rehúye el cuerpo a cuerpo del rock más potentón, incluso con canción compuesta por Los Zigarros, los arreglos de cuerdas, atisbos de una bien entendida modernidad de bases programadas y pianos animosos, fragilidad y entereza en doce temas que hacen honor al título en lo que se ha promocionado como el disco más personal de la artista. Sea como sea, el resultado es más que notable y ejemplifica, como ya hicieran otros colegas mayores que ella, que se puede seguir avanzando en los guarismos sin necesidad de perder el norte ni abrazarse en el autoengaño de la complacencia.

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Ginebras – ¿Quién Es Billie Max?

Para alguien que en su niñez se ha cantado buena parte de la discografía de Aerolíneas Federales (vía hermano mayor), que en los tiempos universitarios celebró el resurgimiento de esa sonoridad con Los Fresones Rebeldes o Nosotrash, bajo etiquetas poco acertadas con el muy mal llamado ‘tontipop’ (se me ocurren muchos más géneros y formas de encarar la música donde el calificativo podría ser más apropiado), que otros buen puñado de años más tarde sigan surgiendo bandas que beban de esa forma naturalizada, divertida y melódica manera de contar historias y cantar canciones me sigue conmoviendo al extremo. Es una suerte de conciliación con ese presente tan deslavazado y pueril en el que los “Viejos Rockeros Viejos”, que diría León Benavente, y sus discos como concepto ya no tienen apenas sitio más allá de su reducido coto de endogamia. Para mí Ginebras es eso. Un grupo que trasciende de toda moda para cantar en plena sencillez historias que no por triviales resultan inanes. Ya sorprendieron con su debut en el primer largo Ya Dormiré Cuando Me Muera (que se quedó sin crítica porque lo escuché algunos meses después de su lanzamiento, así que siempre tendremos la carta de dedicarle una crítica remember de viernes dentro de unos años) y vuelven a hacerlo con este segundo, ¿Quién Es Billie Max? Y lo consiguen porque lejos de clavar la misma fórmula desenfadada, consiguen trasladar lo aprendido a lo largo de estos tres años, narrando con el mismo sentido del humor pero con algo más del poso que da la experiencia. Incluso atreviéndose con temáticas y arreglos más elaborados. Y lo que me sorprende es que tengan haters declarados habiendo tanto mal por esos reproductores de streaming

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Los 100 de Tipo – Volumen 3 (2002)

«Crítica remember número 100 para el volumen 1. Demonios, ya sabéis cuáles van a ser las críticas 200 y 300. Para esa fecha, os quiero a todos aquí».  Así cerraba el texto en el que afronté la muy aplaudida y celebrada revisión al famoso recopilatorio (que creo que debió rondar aquello del Disco de Oro de la época, dada la gran cantidad de lectores que tenían también copia del quíntuple cedé) Las 100 de Tipo Volumen 1. Con el compromiso adquirido, llegado el siguiente centenario, continué con Los 100 de Tipo Volumen 2: «Cumplimos 200 críticas remember, 200 historias de recuerdos a discos que pasan por ser obras maestras, o hitos en la vida particular de cada una de las bandas o artista en cuestión, o han cobrado nueva vida por nuevas gira, o porque por algún hecho puntual han venido a mi memoria. Los motivos de las cosas que me llevan a la elección concreta son siempre tan múltiples y variados, que habría que ver caso por caso, azar incluido. El tema es que seguimos haciendo historia. Aquí seguimos. Vosotros y yo. Y quien no esté que levante la mano como los crucificados de La Vida de Brian. Salud. Seguimos». Y aquí andamos. Cerca de las 2.000 entradas. Más viejos y un poco más sabios. O no. También dependerá de cada cual. Llegamos a Los 100 de Tipo volumen tres, publicado en 2002 en un canto de cisne y casi muerte dulce de una época. Tres ediciones, quince cedés, trescientas canciones de 226 grupos y solistas distintos. 48 de ellos hicieron doblete aparecieron en dos de los recopilatorios y sólo trece bandas estuvieron en los tres volúmenes. ¿Os aventuráis a decir quiénes son? ¡Felices 300 críticas remember!

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¡Pendejo! – Volcán

Sé que no son muy populares, pero eso no es impedimento para que puedan salir en nuestra casa. Sobre todo porque me parece que es una banda digna de conocer y con una historia particular, similar al caso de Dead Bronco (banda vasca con cantante americano y un pantanoso mundo de folk, banjo, mandolina y punk). El mundo globalizado nos regala a veces fantásticas alineaciones que recuperan el romanticismo musical, la pasión por el estilo en el que uno cree, que rompe cualquier tipo de limitación territorial. Con integrantes de ascendencia latina, ¡Pendejo! es el nombre de una banda afincada en Holanda que les dio, hace unos años, y después de mucho amor al rock urbano español y al bandarrerío del metaleo latinoamericano, coger los instrumentos y llevar su particular mezcla explosiva de sonidos al disco Cantos a la Vida. Ese álbum llegó a mis oídos y me enamoré de su cazurra (porque algo de brutote tienen sus formas) propuesta de bombos fuertes, de stoner y metal y fanfarria de trompeta que les da el grado de explosividad festiva y, por qué no, casi apocalíptica, que les faltaba. Todo ello, en castellano. Con un par. Después llegaría Atacames y, más adelante, otro tercer trabajo discográfico de estudio, llamado Sin Vergüenza, que afilaba todavía más su autodefinido: “heavy brass, brutal riffage, pounding drums, cojones (del tamaño de Danny De Vito, and Spanish urban lyrics”. Ahora, su nueva entrega se titula Volcán.

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La Excavadora – Todo Es Para Destruir

Viejos conocidos para nuevos mimbres. Entre Gasteiz, Agurain y Lakuntza nació a finales 2019 La Excavadora, una banda que, a la antigua usanza, debutó a comienzos de 2021 con un disco epónimo grabado el año anterior, en el que escarban por su cóctel de influencias hasta doce piedras bien pulidas y que no tenían fisura alguna. Es lo que tiene la experiencia, porque este quinteto está repleto de caras conocidas de la escena del punk rock. En primer lugar, solo con ver los mástiles y trastes ya nos tienen ganados: Raúl Lasa ‘Txiki’ y Ángel Otxoa de Eribe ‘Geli’ en las guitarras y Mikel Azpiroz ‘Buton’ en el bajo. O lo que viene a ser lo mismo, los dos guitarristas y el bajista de Gatillazo, la penúltima banda de Evaristo (hasta la fecha). Garantía de calidad indiscutible y especial debilidad, porque soy de los que ha escrito y defendido en incontables ocasiones la impresionante versatilidad y el sonido que se marcaban. Aquel disco daba testimonio de sus capacidades, por si hiciera falta. Algunas de estas canciones las grabó Ángel, pero recientemente se ha incorporado Joel Márquez (Puraposse, La Zigarra). Pero seguimos hasta completar la alineación del quinteto. En la batería, Mikel Berrozpe ‘Pollo’, al que ya habíamos escuchado en Vicepresidentes y, en mayor medida, en Childrain, y, en la voz Iñaki Urbizu ‘Pela’, que también conocíamos de SCB y, sobre todo, de Marky Ramone´s Blitzkrieg. Con este quinteto en la cancha, comprenderán que estábamos ante un debut ‘ficticio’, puesto que ninguno era un recién llegado. Siempre han sabido lo que quieren y lo ejecutan con un sonido que lleva el sello de garantía que atesora otro nombre habitual de la escena, Haritz Harreguy. Caballo ganador a paladas de punk rock que en esta ocasión viran los matices urbanos autóctonos y algo de ese glam, para abrirse a un sonido más anglo y redondeado a formas más contemporáneas, con grosor de bajos y más brío. Incontestables, en suma. Todo Es Para Destruir.

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Estopa: «Sin Roberto Iniesta no seríamos los mismos»

Dicen que es imposible caerle bien a todo el mundo, y es lo lógico y normal, pero, en lo que a mí respecta, no conozco persona en el mundo que hable mal o no les caiga bien los hermanos Jose y David Muñoz. Esto es… Estopa. El dúo, de orígenes extremeños como han dicho más de una vez y de quien tanto y bueno hemos dicho aquí, no aparece con testimonios en el libro Poesía básica. Extrechinato y Tú ensancha el alma como otros muchos, pero sí que se suman por derecho propio al álbum de fotos que vamos creando poco a poco junto al ejemplar en cuestión. «Dicen que es de bien nacidos ser agradecidos. Así que queremos dar las gracias al gran Roberto Iniesta porque sin él no seríamos los mismos. Larga vida a Extremoduro», han llegado a compartir en sus redes, además de numerosas referencias y mensajes. Hay que recordar que también grabaron su «Camiseta de Rock and Roll» con Fito & Fitipaldis (que os dejo al final). Por eso… fueron a la orilla del río y se encontraron a la sombra de su sombra con una sola puerta de tres abierta y ¡el libro de Extrechinato y Tú!, con el que posan bien felices y, también, agradecidos. Esta nueva imagen se suma a esta galería donde ya andaba el propio Chinato («Me lo he leído sin querer que acabara, como una caja de bombones»), Fito («Es maravilloso que se haya testimoniado toda esa época en un libro como el de Extrechinato y Tú»), Marea («Extrechinato y Tú nos sigue pareciendo una obra de arte y el libro lo refleja»), Poncho K («En “Al Loro” me salió la referencia a Extrechinato y Tú porque siempre me quedé con ganas de una segunda parte») y Rulo («El libro me encanta. Manolo Chinato es una especie en extinción»). Habrá más sorpresas.Recordad que lo tenéis en librerías (si no lo tienen lo piden y llega en pocos días) y también en la tienda de Efe Eme (sin gastos de envío), en Amazon (lleva casi dos meses situado como el más vendido en la categoría de ‘Referencias de música’), en La Esquina del Zorro, en FnacEl Corte InglésLa Casa del Libro

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Juan Luis Serrano “Tío Luis” – Dosis De Heavy Metal

No creo que sea el único que cuando le viene a la cabeza el nombre de Obús, las primeras caras que nos vengan a la memoria sean las de Fortu Sánchez, a la postre uno de los mejores vocalistas que ha dado nuestro rock duro y heavy metal, y Paco Laguna, el eterno consorte guitarrista. En esa impronta instantánea, claro está, hay un error de base fundamental. Y es que no podemos sacar de la ecuación el nombre de Juan Luis Serrano, alias “Tío Luis”, bajista fundador e incluso primera cantante del grupo, antes de que llegara Fortu. Aunque no es excusa, si que tengo una ligera coartada para que me ocurra. Cuando la banda se estrenaba con el estratosférico debut de Prepárate, yo apenas sabría andar… Y, aunque soy incapaz de precisar con exactitud la primera vez que vi a Obús en directo, no creo que los viera demasiadas veces con el Tío Luis al bajo, ya que acabó saliendo de la banda (con lágrimas en los ojos) en 2004, por lo que puede darse el caso que fuera ninguna. Los de mi generación anterior y los coetáneos al nacimiento de la banda sí que señalan al Tío Luis como un auténtico fuera de serie, como un motor y alma más de una banda que de por sí ha estado siempre enmarcada en unos códigos de autenticidad y fiabilidad inquebrantable por más que pasen los años. Ahora este libro, que viene de la mano de Desacorde Ediciones, viene a hacer justicia para que ignorantes como yo situemos a Juan Luis en el sitio que merece: una parte indispensable para una banda de leyenda y, además, autor de muchas de las canciones hímnicas de Obús. La entrada la completo con una playlist con todos los temas escritos por Serrano, tanto con Obús como con Venganza y para Mercury Rex.

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Manzano – Al Límite De La Pasión (1990)

A veces el destino tiene crueles casualidades. Hoy se cumplen cuatro años del fallecimiento del gran José Antonio Manzano, voz legendaria de nuestro heavy metal. Se marchó un 31 de marzo, el de 2019. Precisamente, el día en el que se conmemora el Día Mundial Contra el Cáncer de Colon, la dolencia que se complicó sus últimos años de una vida que se acabó llevando. Pero con los parámetros de resistencia, fuerza y honor del heavy metal, Manzano siguió en activo mientras pudo, como los grandes, se fue con las botas puestas y regalando su garganta de oro en conciertos y alguna colaboración. Cantaba cuando tenía fuerzas y viceversa. Hoy, que su efeméride coincide con el día de las críticas remember por antonomasia en la web, me apetecía dedicársela. Además teniendo el honor de ser la número 299 de esta casa. La última antes de ese compromiso adquirido con vosotros, lectores, de dedicar la del tercer centenario a Los 100 De Tipo volumen 3, como hicimos con el volumen 1 en el 100 y con el volumen 2 en el 200. Tendremos que pensar qué nos montamos para la crítica remember 400, porque no hubo cuarto volumen. Ya llegará eso a su debido tiempo, que tenemos mucho que recorrer mientras tanto, siempre y cuando la salud y la fortuna lo permitan. Hoy toca rendir honores a Manzano con este Al Límite De La Pasión, publicado en 1990 y que supuso el tercer álbum de su trayectoria en solitario, entre tantos y tantos proyectos.

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Neuman – Waterhole

En este camino vital repleto de música, me crucé por primera vez con Neuman cuando llegó a mis oídos The Family Plot, su segundo trabajo, publicado en 2012, prendándome de temas como “Jane”, “Ben Gun”, “Waldoword”, “Doggy” o “Lovers”. El guiño velado al título de la última película que grabó Hitchcock tiraba mucho para alguien que está siempre deseoso de descubrir inquietudes y pulsiones nuevas. Fue entonces cuando miré a su anterior álbum, su debut en Plastic Heaven de 2010. Un fantástico ejercicio de post-rock y shoegaze al que había añadido toques de folk en su siguiente entrega. Con estos cimientos, he seguido siempre con curiosidad la trayectoria de Paco Román, alma del grupo con el que también ha firmado los recomendables Bye Fear Hi Love (2013), IF (2014), que le supuso el salto definitivo a otro plano dentro de su circuito, y el magistral Crashpad (2017), que rezuma paz y belleza en canciones como “Gibberish”, “Kids”, “Deleted Files”, “Dizzy”, “Quiet”, “End”… Resumiendo: La discografía de Neuman es maravillosa. Del britpop de los noventa o al shoegaze más frágil y siempre con un cuidado extremo en las mezclas, sonidos y arreglos. Por eso, esta espera de seis años (curiosamente, casi el mismo tiempo que ha habido que esperar para otro larga duración de José Ignacio Lapido, nuestro protagonista de ayer) bien ha valido la pena cuando el resultado vuelve a palpar por momentos la excelencia y, como siempre, dando una vuelta de tuerca a la propia evolución del sonido. Siempre orgánico, analógico y cuidado al extremo. Neuman, ese fantástico verso suelto al que es imposible compartimentar en etiqueta alguna.

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