Archivos Mensuales: febrero 2021

Vantroi – ¡¿…Otra Vez Frijoles?! (2001)

El movimiento se demuestra andando. Si ayer en la entrada sobre Rompan Todo (donde me marco una relación y playlist de cerca de 1.300 bandas de toda Latinoamérica) comentaba que, pese a que siempre han estado presentes, quería reforzar la entrada de bandas del otro lado del charco (ya tenemos por aquí mucho en #Mis10de y críticas o crónicas de Andrés Calamaro, Bersuit, La Vela Puerca, Molotov, Café Tacvba, La Beriso, Bulldog, Rata Blanca, Ariel Rot, Sepultura, Milongas Extremas, Aterciopelados…), me he tomado la palabra y, al día siguiente, siendo viernes, la crítica remember de la semana viaja a México para recordar a Vantroi. Banda mexicana nacida en 1992 en el DF y que, con este disco, los dos anteriores (¡No Nos Moverán!, de 1996, Bajo Palabra, de 1999) y el posterior (Para No Morir De Locos, 2005) tuvieron una muy estrecha relación con bandas, sellos y festivales de nuestra escena. Pasaron por Viña Rock, Aúpa Lumbreiras, Extremúsika, Festimad, Derrame y tantos otros. Tuvieron muy estrecha relación con Boikot –no olvidemos que coincide con la trilogía de La Ruta del Che, con la que los madrileños hicieron ‘américas’- o Canallas, con Fernando Madina de Reincidentes, que las ha producido varios discos, tocaron con todos las bandas del momento (alguna entrada se puede encontrar por ahí siendo los teloneros de ¡Extremoduro! en varias fechas), hasta que de alguna manera y por vicisitudes extramusicales un frenazo en seco les paró el recorrido. Va por la memoria de aquellas canciones y momentos vividos (algunos de ellos peligrosos, con armas de fuego de por medio, en una noche en la que también actuaban Canallas en su gira de despedida y un todavía sin disco… Albertucho) y porque ya les iba tocando.

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Rompan Todo… y mil grupos más

Poco antes de las fechas navideñas y durante ellas redes sociales y webs se llenaban de comentarios y artículos sobre Rompan Todo, la serie documental de seis capítulos de Netflix que, aquí el problema, se subtitula ‘La Historia del Rock en América Latina’. Claro, los títulos categóricos dan pie a que te lluevan palos por todas partes. Quizá, en términos lingüísticos, con un simple cambio de “la” por “una” hubiese bastado para curarse en salud ante la avalancha de críticas negativas que tildaban la serie de tendenciosa, muy parcial y un largo etcétera, demonizando casi a Gustavo Santaolalla y resto de productores. Partamos de una premisa clara: ningún documental es ajeno a la mirada reducida. Ninguno. Desde el montaje, como la duración de los testimonios, la variedad de opiniones que se quieran incluir… y un largo etcétera. Después, tengamos claro que es materialmente imposible contar 60 años de rock (aunque solo hablemos del ortodoxo, el de autor, el melódico, algo de blues…, pero poco de heavy, punk o metal) de una veintena de países y en tan solo cinco horas. ¿Os imagináis un documental sobre rock en España en solo cinco horas? ¿Cuántos grupos nos faltarían? A poco que nombremos cien grupos, solo podríamos dedicarle tres minutos a cada uno de ellos. Si asumimos esto, el valor documental de ‘lo que hay’ en Rompan Todo es innegable. Es un dibujo impresionista, sí, y muy focalizado en dos países, Argentina y México, con Chile como actor secundario y Colombia y Uruguay como actores de reparto. Lo de Perú es casi solo un cameo. Así las cosas, es evidente que ‘lo que no hay’ siempre va a ser más. A fuerza de leer artículos y opiniones (Mondosonoro, El País, Juan Puchades, Diego Manrique…) pensé, ¿por qué no completar la playlist oficial de la serie (reducida a 100 canciones de unos 80 grupos)? Y aquí entró mi batalla campal con la búsqueda, a la que tuve que dar fin porque era un laberinto imposible. Es decir, vengo con más de 1.200 grupos. Y sigo siendo consciente de que faltarán el doble. Pero… lo que hay bien está. Y siempre me podéis ayudar a hacerla más grande. Rompan todo… y mil grupos más: una playlist de elchayi y RockSesión. ¡Defiendan, difundan y disfruten!

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EON – Rubicón

No debe ser nada fácil lanzarse a promocionar un nuevo disco cuando sabes que la cara visible principal (que suele ser el vocalista) va a anunciar su salida tres días después. Por eso, ante todo, quiero empezar esta crítica al tercer disco de EON, tras In[visible] y Médula (del que escribimos ya aquí hace justo casi cuatro años), elogiando el valor y el poder de valentía que han mostrado desde ese momento sus tres integrantes fundadores, los dos guitarristas Oriol Borrás y Rubén Ortiz y el bajista Miguel Sánchez, y su baterista, David Viana, de emprender desde ya la búsqueda de nuevo cantante para afrontar compromisos para este 2021 que, entre otros, cuenta con el todopoderoso Resurrection Fest. Y es aunque tomará la decisión hace casi un año, y se supiera desde mayo del pasado 2020 (también estuvo a punto de irse en 2019), fue el lunes siguiente a la salida de Rubicón cuando Diego Cardeña emitió un comunicado anunciando que se centraba en las labores de agencia de bandas mediante su marca Die Protokoll (y que entre otros ya cuenta con mis queridos Fausto Taranto, además de Scape Land, Oslo Ovnies o Fuck Division). Como sabéis, Diego también es presentador en Rock FM así que, si tenemos en cuenta que los compromisos familiares también han aumentado, es entendible que se haya visto en la tesitura de tener que enfocar sus objetivos, siendo honesto con aquello a lo que no puede prestar la debida atención. Y tras este ‘revolutum’, ¿qué nos queda? Pues como casi siempre, la música. Porque Rubicón vio la luz más de seis meses después de lo previsto, se ha quedado sin su voz original, pero es un disco magnífico. Un auténtico pelotazo que, en condiciones normales, debería situar a la banda en otro nivel. El problema es que lo normal ha dejado de ser lo habitual.

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Angelus Apatrida – Angelus Apatrida

Las bandas de metal tienen siempre dos ases en la manga que jugar a la hora de publicar un nuevo disco. Uno es el de marcarse un ‘álbum negro’. El otro viene en forma de homónimo. En este caso, lo habitual es que sea el debut pero sí esa ocasión pasó de largo, no importa. Siempre es buen momento porque tiene algo de puñetazo en la mesa, de autenticidad. Algo así como decir… ahora sí que somos nosotros o seguimos siendo nosotros. Ambas son válidas para los manchegos Angelus Apatrida, que lo han hecho como un ejercicio de absoluto refuerzo enérgico, teniendo en cuenta que el estallido de la pandemia en el pasado año 2020 se llevó por delante lo que iba a ser la celebración de su vigésimo aniversario como grupo. ¿Cómo se han desquitado de fatal revés? Tirando de título y, lo más importante, claro está, despachando una colección de diez canciones que no dejan el más mínimo lugar al descanso ni al desfallecimiento. Una auténtica sucesión de temas con el nivel de adrenalina, potencia y atronamiento por las nubes. Dicen los expertos que cuando pase (de verdad) todo esto de las mascarillas, las limitaciones y las restricciones, el mundo vivirá algo así como unos felices años 20, como los del siglo pasado, donde la algarabía y las ganas de celebrar se verán multiplicadas. Pues bien, este disco de Angelus Apatrida, en lo que se refiere al thrash metal, es un anticipo de todo eso. Un desahogo ante tanta contención, con arrojo de delirio atronador, veloz, de pura técnica, de mucha mala leche y de una fórmula que es tan infalible como hipnótica en su virtuosismo. Un auténtico discazo que los alza, más si cabe, entre la primera línea del género en todo el mundo.

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Adventus – Morir y Renacer

Mucho movimiento en el mundo del heavy metal en los últimos tiempos, con varias nuevas formaciones con viejos conocidos de la escena. La salida de Carlitos y Frank de Mägo de Oz derivando en Runa Llena; el ‘supercombo’ Alderaan, con el bajista de Saratoga, Niko del Hierro; el teclista Manuel Ramil (Avalanch, Warcry, Sauze, Adventus); el guitarra de Warcry, Pablo García, Manuel Seoane (Mägo de Oz, entre otros muchísimos), Txus (Mägo de Oz) y Patricia Tapia (Mägo de Oz y Khy); o, también, el caso que nos ocupa, Adventus, que tiene además su propia intrahistoria. Resumiendo la jugada, recordemos que Manuel Ramil (teclados), Fernando Mon (guitarra) y Alberto Ardines (batería) formaban parte de Warcry, la banda liderada por su reconocible y sobresaliente vocalista Víctor García, hasta 2008 el primero, hasta 2007 los otros dos. En el caso del baterista hasta siendo miembro fundador. Bien, estos tres músicos, entre otras cosas, formaron Suaze. Un grupo que contó en la voz con Toni Amboaje y que no tuvo el recorrido esperado. El bajo corría a cargo de Luis Melero… que también está en este Adventus. Y, como guinda, Víctor a las voces. Simplificamos en que es la misma formación de Sauze solo que con Víctor a la voz o que es el Warcry de 2007 pero sin la guitarra de Pablo y cambiando el bajo de Roberto García por el de Melero. Sin olvidar que Víctor, Alberto y Manuel también tienen su particular pasado con Avalanch… Lo dicho, una combinación, sin duda, de lo más sorprendente por lo inesperado. ¿Y el resultado? Pues no se parece a ninguna de las tres bandas, que es el principal valor de este debut de Adventus. Que, pese a todo, han logrado tener un sello propio. Y ya veis que no era nada fácil con tanto pasado cruzado.

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Tino Casal – Lágrimas De Cocodrilo (1987)

A veces tengo planificadas tres o cuatro semanas consecutivas, pero ya saben los más fieles del lugar que la elección de la crítica remember de los viernes tiene un punto azaroso bastante acusado. Es el caso de esta semana. La idea de traer a Tino Casal a la sección lleva rondándome desde el primer día (ya le dediqué un #Mis10de en twitter e incluía su Etiqueta Negra de 1983 en aquello de ‘un fav, un disco, tres canciones’) pero ha sido hoy cuando se ha concretado su presencia. Mera apetencia sobre todo, pero que viene motivada por escribir ayer de Manolo García que, como Tino, aúna a su faceta musical una gran producción pictórica y escultórica y, también, por una de las peticiones de tuitcríticas para este viernes, los alemanes Mono Inc, que a su metal y rock gótico añaden teclados y tintes electrónicos que me han hecho azuzar las ganas para elegir a este asturiano que perdió la vida en un accidente de tráfico, como otros grandes genios de la música de nuestro país… Jeanette, Jesús de la Rosa de Triana, Cecilia, Eduardo Benavente, Bruno Lomas, Manolo Caracol, Nino Bravo… Tantos. Tino Casal fue un artista total con una visión atrevida, completa y avanzada de lo que es la música y su tratamiento. Como en el caso de Camilo Sesto, el mundo heavy siempre le ha rendido pleitesía. Por ejemplo, Fortu habla maravillas de él, como productor de los primeros discos de Obús (también lo dejó por escrito en su autobiográfico Mil Demonios), también Leo Jiménez ha reivindicado su legado más allá de la versión que hizo Stravaganzza de ‘Eloise’ y también otros ilustres asturianos como el vocalista Víctor García (Warcry, Adventus, ex- Avalanch) o Igor Paskual no han dudado en recordar su figura con cariño y respeto. Era obligado que tuviera su lugar de honor en esta sección a apenas 6 días de lo que sería su 71º cumpleaños.

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Manolo García – El Fin Del Principio

Pinturas, fotografía, dibujos en papel, esculturas con todo tipo de materiales, en madera, hierro, música y canciones que forman parte del imaginario colectivo de más de una generación… Manolo García es lo que vendría a llamarse, tirando de topicazo, ‘un hombre del Renacimiento’. Aunque, sabiendo lo que sabemos de él, es bastante probable que comparta el concepto, pero no su traslación física. A Manolo es más fácil imaginarle como un artesano apartado del ruido y la tecnología, en alguna tribu en la que la naturaleza y el respeto a ella sea lo más importante. En esa colección de virtudes talentosas, que bien le valió el reconocimiento hace unas semanas de la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes, no falta la poesía. Que ya deslizó de forma ligera en su Vacaciones De Mí Mismo, en 2004, y que acompañaba a su segundo libro, titulado El Fruto De La Rama Más Alta, publicado en 2011, y que recogía parte de su obra pictórica más reciente, junto a texto poéticos inéditos, “algunos de ellos, más tarde, han sido letras de nuevas canciones”, reza la solapa del libro. Veremos si alguno de estos aparece prístino en nuevos temas. Porque aquí, sin embargo, las tornas se cambian. Encontramos una generosa colección de más de 150 poemas de verso libre (dos de ellos en prosa) y varias ilustraciones que salpimientan el resultado final, por cierto impreso siguiendo los parámetros de respeto al medio ambiente de la asociación Bosques Para Todos Para Siempre. Aunque ya me lo leí hace unos meses, he vuelto a sumergirme esta semana en sus páginas y lo he disfrutado mucho más. Será por la calma en la tormenta, imagino. Así que, siendo un habitual verso suelta de esta casa, del que hemos escrito tanto, me animo a compartir algunas impresiones.

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El Drogas. El Documental

Conscientes de que la situación no permitía mucho más recorrido en cines, hace unas semanas EiTB emitía El Drogas. El Documental, el estreno cinematrográfico de Natxo Leuza, centrado en la figura de uno de los símbolos del rock español como es Enrique, por más que su modestia real, no impostada, le impida reconocerlo. Viviendo lejos de ‘la zona Norte’, se me ofrecía al fin la posibilidad (ya está en otras plataformas, como Movistar) de ver una película que, en apenas 80 minutos, recorre la vida de El Drogas a una velocidad de vértigo. Esto es, claro, que se hace corta. Candidata a 8 premios Goya, nominado en los premios Forqué, habiendo participado en la Sección Zinemira del Festival Internacional de Cine de San Sebastián… Ante todo, más allá de esos méritos, me quedo con esa nueva semilla de calidad para que el Rock (con mayúscula) y sus protagonistas también sean objeto de propuestas narrativas sencillas pero bien trabajadas como es el caso. Es un ejercicio de puesta en valor que, personificado en este caso en el magnético Enrique, debe ir calando como algo habitual, más que infrecuente, que supere al típico montaje rápido que viene como extra en el DVD de cualquier directo. ¿Cuántos documentales ‘serios’ hay sobre nuestra escena? Es precisamente, una vez más, el Norte quien va avezado. Si repasamos, así a bote pronto, la cinta sobre Eskorbuto (Generación Anti Todo, que tengo pendiente), el 160 Metros sobre la escena a los dos lados de la ría bilbaína o, moviéndonos un poco, el Mi Vida Entre Las Hormigas del asturiano Jorge Martínez de Ilegales. Así las cosas, el visionado del documental ofrecerá muy pocas sorpresas para quien haya seguido a El Drogas a lo largo de su carrera. No hay trampa ni cartón. No hay personaje. Hay una persona con unos valores claros y una actitud encomiable ante la vida.

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Kike Babas & Kutxi Romero – La Sangre Al Río

“Palabras y agasajos de ida y vuelta”. No engañaba el algodón y tampoco lo hace el subtítulo de este libro epistolar entre dos truhanes, dos señores, como Kike Suarez ‘Babas’ y Kuxti Romero. Nuevo libro editado por la familia de Desacorde Ediciones, que se ha convertido en habitual de esta casa si tenemos en cuenta que en el último mes también les he dedicado unas líneas al España En Guerra de Albert Pla, al Ni Política, Ni Religión, Ni Fútbol, de Óscar Sancho de Lujuria y, más atrás, Mil Demonios de Fortu Sánchez de Obús o Qué Dura Es La Vida Del Artista de Evaristo Páramos. La Sangre Al Río es una compilación que viene a dar orden y valor (fija, limpia y da esplendor) a la relación profesional y personal de ambos personajes, punta de lanza de la escena rockera en nuestro país, cada uno en sus competencias, muchas y variadas, como poetas, letristas, artistas, vocalistas, escritores y demás virtudes talentosas. De ninguno de los dos es necesario explicar demasiado si eres habitual por estos lares. Solo hay que dejarse llevar y disfrutar como espectador silente de cómo se narra o se infiere, a partir de las misivas, el crecimiento y fortalecimiento de una verdadera relación de amistad y compadreo, puesto que, esto es así, nada une más en el mundo que cuando notas a las primeras de cambio que hablas el mismo lenguaje, sientes fuego por las mismas cosas o, como diría mi padre, están tocados del mismo ala. Quien entiende la amistad así sabe de lo que hablo. Todo ello bien datado, documentado, con un generoso reportaje fotográfico y una cronología que nos hace sentir que el tiempo vuela y, por otro, que seguimos vivos pese a tamaño recorrido. Contagiado del tono de la lectura y para que intuyáis qué encierran estas páginas, les mando mi carta a modo de crítica inusual.

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Antonio Arco – 40 Años, 40 Canciones

El próximo viernes, 5 de febrero, verá la luz 40 Años, 40 Canciones, el libro con el que Antonio Arco repasa sus primeras cuatro décadas de vida, pautando el relato con otras tantos temas que ha compuesto tanto en su etapa de El Puchero del Hortelano como en la de su carrera en solitario. Os ofrecemos en exclusiva la crítica de un libro que supera las 250 páginas en el que, también, tenemos un álbum fotográfico que ilustra en buena medida todo lo que nos va contando en su viaje (no cronológico, lo que lo hace más dinámico) y se acompaña de dos discos con las citadas cuarenta canciones vueltas a grabar. Del Puchero tenemos cuatro temas de Candela (de 2005), otros tantos de Harumaki (2007), siete temas de El Tiempo De Manuel (2010), tres de su 2013 (2013). Mientras que de su carrera en solitario son la mayoría de Uno (2016), 100 Veces (2020) y Abril (2018), en este orden. Una ingente cantidad de material que, ahora que lo dejo por escrito, refleja en mayor medida si cabe la constante y trabajada carrera de un artista del que ya os he contado cosas buenas tanto con la banda como a solas. Os diré, por culminar esta entrada a la crítica, que el libro se lee a una velocidad considerable, porque Antonio escribe sin artificios, como canta y busca letras a sus melodías que siempre revolotean por su cabeza. No cuenta toda la verdad, pero sí es verdad todo lo que cuenta. Y se nota. Y lo que hay es vibrante. Hace reír, hace llorar, hace sentir lo injusta y cruel que es la vida y lo bonita e ilusionante que puede llegar a ser. Por el camino, música y más música. Canciones y más canciones. Y unas ganas de vivir con el corazón y el amor, antes que con cualquier otro sentimiento.

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