Archivos Mensuales: abril 2021

Mon Laferte – Seis

Aunque desde que abrimos las puertas de RockSesión la cantante y artista chilena ha publicado otros cuatros discos de estudio previos: Tornasol en 2013, Mon Laferte, vol. 1 en 2015, La Trenza en 2017 y Norma en 2018, además del directo Sola Con Mis Monstruos en 2020, no ha sido hasta entrar en Seis, su nueva referencia discográfica, cuando decidí que ya era hora de que entrara por la puerta grande en esta casa. Aunque entre 2012 y 2014 tuvo dos escarceos con el heavy metal (Abaddon y Mystica Girls), la conocí con el álbum de 2015, después de ‘tropezar’ con ella en YouTube. Un disco en que recordaba el estilo de la música que escucha su abuela (de hecho ‘El Cristal’ está dedicada a ella) y de rocambolesca historia para su grabación, puesto que tuvo que andar con enganches de electricidad y con ayuda de sus amigos. Una revisión latina de la canción pasional, con alma de rock, con mucho de soul y swing y una actitud desbordante y cantinera que encontró en ‘Tu Falta De Querer’ su explosión más certera llegando al metal de ventas en México (donde reside) y Chile (país de origen). Fue a partir de ahí cuando llegarían las grandes inversiones posteriores, las colaboraciones de Juanes (‘Amárrame’) o Enrique Bunbury (‘Mi Buen Amor’) y las cifras milenarias se multiplicaron, también alcanzando Perú, Ecuador y Colombia. En su entrega pretérita se lanzó a un álbum conceptual, narrando las fases del amor… desde el ‘Ronroneo’ inicial, desbordante de sensualidad, hasta la decisión de la ruptura de ‘Funeral’ y el adiós de ‘Si Alguna Vez’. Todo ello con la visceralidad y entrega marca de la casa. Así, ahora nos llega Seis, un disco que no se presenta como temático o conceptual per se, pero que bien podría serlo: el simbolismo poderoso de la mujer con una fina capa de ironía que se desliza también en cierta crítica al neoliberalismo y una forma de amar y cantar tan intensa que traspasa la piel. Sin duda es ya la mejor artista femenina de toda Latinoamérica en nuestros días.

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Travis Birds. Secret Show Cooltural Go! 10 de abril

Igual que me gusta ‘mover el árbol’ en redes sociales de manera sutil cuando se va a hacer pública una noticia en pocos días, algo de ese espíritu tenía el que haya sido esta semana que hoy muere cuando haya traído a la web la crítica de La Costa de los Mosquitos, el segundo disco de Travis Birds. Y es que, como parte del engranaje de Cooltural Fest, sabía que la cantautora madrileña iba a ser la encargada de alzar el telón de una nueva edición del ciclo de conciertos Cooltural Go!, que celebrará más de 50 fechas en Almería desde este mes de abril hasta el próximo mes de septiembre. Y tiene su aquel, porque lo hacía en el formato de ‘Secret Show’. Esto es: una original propuesta que hace que los asistentes no conozcan hasta apenas 24 horas antes dónde se va a celebrar el concierto en la ciudad y en el que hasta que el artista no aparece en escena, no sabe de quién va a ser la actuación. Una manera romántica de celebrar el ritual de la música en directo, dejándose sorprender y descubrir. Y Travis salió vencedora. Dejo a partir de este momento la crítica realizada como jefe de prensa del festival. Salud. (FOTOS: RockSesión)

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Sujeto K – Sujetrónika (2012)

En una semana de novedades que hemos cerrado con la electrónica rapera-mediterránea-latina de Zoo, que ha dado un impresionante salto de calidad en su último álbum Llepolies y coincidiendo que llevo un par de semanas hincándole el diente a la discografía de los alemanes Mono Inc., que también conjugan el metal (aunque en este caso gótico y sinfónico) con la música electrónica bailable, se me antojaba una asociación natural (al fin) traer a la crítica remember de viernes el que a la postre fue el último trabajo discográfico de estudio de los valencianos Sujeto K. La banda debutaría en 2008 con Resujetokados, un estreno en el que deslizarían ya su contundencia rítmica y su gusto por los tempos maquinales. Guitarrazos que iban y venían también en la intensa segunda entrega, suministrada, cual medicamento, bajo el título de Sujetokaína, lanzado en 2010. Quizá demasiado pronto, quizá sin todavía habituar al público a un registro, el grupo apostó fortísimo y valiente en su tercer disco, este Sujetrónika, pese al salto de repercusión del segundo disco. Una explosión de estilos que iban del metal al hardcore o el rap, del reggae hipervitaminado al rock al uso, letras combativas, incluso un medio tiempo con toques poéticos, hasta una incursión aflamencada y un punto hedonista reforzado con una carga considerable de música electrónica de los años 90, con ese techno inconfundible y muy melódico. Pocos discos más ambiciosos y ricos en matices fueron tan incomprendidos por los oyentes ‘de palo’ que, en una gran mayoría, dieron la espalda al grupo tan solo por la portada. Aquí siempre le tuvimos cariño. También por esa puesta en escena como fichas de parchís. Va nuestro recuerdo para Sujeto K.

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Zoo – Llepolies

Cuatro años han tenido que pasar para contar con el tercer larga duración de los valencianos Zoo, si bien por el camino han ofrecido algún que otro single, incursión al castellano incluido, o un disco y deuvedé en directo. La banda de Gandía publica su nueva colección de Golosinas, que eso significa Llepolies, donde demuestran que la pujante energía de los comienzos se ha transformado en una mayor dosis de sabiduría, de meditación, de trabajo de los temas que los ha multiplicado en arreglos, melodías y armonías vocales para ofrecer esa expresión tan manida de las hojas de promo o de las críticas que es ‘su disco más maduro’. La excepción confirma la regla, aquí sí es cierto. Quizá porque las circunstancias también habían obligado a ello. Porque si ya la banda se lo tomó con calma de inicio, puesto que comenzaron a trabajar ideas y canciones cinco meses después de concluir su anterior gira, el parón pandémico frenó el proceso algo más, lo que ha servido para ese reposo ya premeditado y, también, para trabajar con más calma en esta aventura por la autogestión global de la edición, fabricación de vinilos, merchandising y todos los aspectos relacionados con el grupo. Como resultado, una colección de canciones que, como esbozaba, parecen rechazar el golpeo inmediato y efectista, urgente, de los primeros dos discos (y eso que a Raval ya le llovimos flores y lo incluimos en nuestras medallas a disco del año en aquel 2017), para ahondar con profundidad en sus propios registros. Electrónica, sí; espíritu combativo del rock, sí; melodías mediterráneas y latinas, sí; pero también manejo de dinámicas con un mayor sentido de la musicalidad y del arte, redondeando así una propuesta sólida y de, pese a todo lo dicho, fácil escucha.

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Travis Birds – La Costa de los Mosquitos

Es posible que ya la conozcas con gran probabilidad de que sea por alguno de estos motivos. El primero, que te prendaras de su single ‘Coyotes’, elegida como cabecera de la serie El Embarcadero. El segundo, que lo fliparas con la forma de interpretar la continuación de ‘19 Días y 500 Noches’ en el tema escrito por Benjamín Prado, ‘19 Días y 500 Noches Después’, para el disco de homenaje a Joaquín Sabina, Ni Tan Joven Ni Tan Viejo. O que, más reciente, la hayas visto pasar por La Resistencia de David Broncano hace tres semanas. Y si no, me sentiré satisfecho si tengo el honor de que sea a través de estas líneas. Porque si lo haces con la misma atención, dedicación y seriedad con la que los niños juegan es muy posible que no seas la misma persona al terminar de escuchar el segundo disco de Travis Birds, La Costa de los Mosquitos, publicado a través de Calaverita Records (de quien ya elogiamos aquí su apuesta por Tanxugueiras, Balkan Paradise Orchestra o Cromática Pistona). Porque igual que nadie se baña dos veces en el mismo río, como decía Heráclito de Efeso, la propuesta artística, narrativa y musical, delicada y pasional, que ofrece la cantautora madrileña es tan inmensa y bella que sobrecoge en cada uno de sus pliegues vocales y arreglos musicales minimalistas, hechos con un inmenso buen gusto, basados en esa premisa de contención que es el menos es más. Alma de desencanto rockero tamizado de folclore y modernidad. Términos que se han vinculado con frecuencia en los últimos tiempos pero que en Travis Birds encuentra la paz sin artificios, el arte sin la urgencia comercial. Un viaje tan salvaje como sereno, tan interno como desbordante, aumentando todavía más las positivas sensaciones de su debut en Año X (2016).

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TNT Band – Compañero

¿Os acordáis? Os intento resumir. TNT Band es esa banda gallega de la que os conté hace un par de años, con la crítica de su debut, Parte Colectivo, que lanzaron con apenas 16 años. Dos años antes, cuando el cuarteto tenía 14 años de media, el padre de uno de ellos me escribió porque les hacía ilusión que les diera unas cuantas opiniones sobre su maqueta. Bien. El tiempo pasó y aquellos adolescentes se estrenaron con un disco que se movía entre el clasicismo de AC/DC y con vertiente española entre la sabiduría de Platero y Tú y el descaro de los Tequila más gamberros. En aquel texto, firmado el 30 de enero de 2019, además de contar la historia que ahora os he resumido, lo despedía, a modo de nuevo acicate y deseo personal, diciendo que nos veíamos con el segundo disco. Y aquí está (aunque Correos haya tenido a bien hacerme entrega de él 14 días después de su franqueo desde Vilagarcía de Arousa). Con una estrenada mayoría de edad, Iñaki Fernández, Carlos Galbán, Manu Esperón y Sergio Di Natale dan un paso adelante con Compañero, titulado así en honor al Rocky, casi un quinto integrante de la banda porque, tal y como detallan en los agradecimientos, ha estado con el grupo desde el primer ensayo y vivió toda la composición y maquetación de este álbum. No deja de ser un pequeño detalle más, transmitido también en los textos del debut y de esta segunda entrega, de que TNT Band todavía respira una sana transparencia que le lleva a dedicarle el disco a una mascota, cantar contra el bullying, rendir honor a Federico García Lorca, a los enfermos de Alzheimer, a la diversidad sexual y por una vida con más ilusiones que lastres. Bienvenidos de nuevo, esta es vuestra casa.

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Berri Txarrak – Dardara (película de Marina Lameiro)

Ikusi Arte Tour fue el título de la gira de 2019 de Berri Txarrak. La banda de Lekunberri liderada por el compositor, vocalista, letrista y guitarrista Gorka Urbizu, escoltado a la perfección en la última década por David González en el bajo y Galder Izagirre en la batería, se despedía con una setentena de conciertos por todo el mundo. Con la misma humildad de siempre y con el mismo compromiso y dedicación por su oficio. Viviendo con la misma capacidad de aprendizaje el ser la primera formación vasca en llenar a solas el Wizink Center de Madrid, o ser la primera vasca que llena las 20.000 del Kobetamendi de Bilbao, hacer doblete de entradas agotadas en el Navarra Arena en apenas minutos, tocar por primera vez en Almería después de 25 años de trayectoria o ante centenares de personas en Alemania, Holanda, México… o en Kofu-Yamanashi. Sí, ya conocéis la historia, también tocaron ante un solo espectador en Nantes. Nada de suspender. Una banda incuestionable, intachable, ejemplar tanto en su compromiso como en su evolución e inquietud musical. Un grupo forjado de dentro a fuera, para después recoger el triunfo en un país que le dio la espalda en primera instancia por (sencillamente) cantar en euskera, mientras que el mundo y quien los conoce se rinde a sus pies por la intensidad de su música, que trasciende idiomas. Todo eso y más se recoge en Dardara. La película documental dirigida por Marina Lameiro y en la que, de la mano de Gorka Urbizu y la música se dibuja la historia de emociones.

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Silvio y Sacramento – Fantasía Occidental (1988)

Es imposible resumir en unas cuantas líneas lo que era Silvio Fernández Melgarejo (1945-2001), como músico, artista, bohemio, culto (porque lo era), cantante, capillita, futbolero, alcohólico, desapegado a lo material, improvisador profesional, surrealista no militante y genio y figura, en suma, como muestran sus incontables anécdotas y su vida, tan intensa como partida en dos a partir de una falla que rompió el eje del espacio tiempo en su forma de morir diariamente. Porque si Evaristo cantaba aquello de “yo quiero morirme de lo que tengo”, Silvio murió, como se dijo en su entierro, “de sí mismo”. Su fama y divinización se circunscribe a la Andalucía Occidental en su inmensa mayoría, aunque su condición de ‘artista de artistas’ hace que sea considerado un referente de culto y en muy alta estima por nombres tan dispares como Miguel Ríos, Kutxi Romero (lo tiene pintado en la entrada de su Kutxitril), Luz Casal, Enrique Bunbury (que versionó uno de sus temas más populares en el proyecto de Los Chulis), Joaquín Sabina o Santiago Auserón, como inolvidables son sus entrevistas con Jesús Quintero. Hasta Califato ¾ lo lleva en la portada de su último álbum. Y, cómo no, toda la corte de ‘alumnos’ del humor nacido en los años 90 (la carrera musical de Silvio es más intensa de 1980 a 1993, cuando graba Al Este del Edén con Luzbel -1980-, Barra Libre con dicha banda -1984, y Fantasía Occidental y En Misa y Repicando, 1988 y 1990 con Sacramento –banda en la que estaban el recientemente fallecido Juanjo Pizarro y Andrés Herrera Pájaro, de quien ya he escrito varias veces), véase El Sevilla o Pepe Begines, quien llegó a escribirle varias canciones para intentar resucitarlo de su primera gran caída a principios de los 90. Disco que nunca llegó a grabar, puesto que estaba siempre tan borracho e hinchado que solo pudo grabar media canción en siete meses. De aquella salió tras más de dos semanas en el hospital. En 1999 grabaría, casi como terapia, un lúcido A Color (1999) con Los Diplomáticos, pero tanta actividad ‘formal’ acabaría minando sus fuerzas, hasta que entre el alcohol, el tabaco y comer poco o nada lo llevó a morir en octubre de 2001. “¿Le importaría a usted que yo me muera?”, decía siempre por sorpresa. Le llegó entonces el día, pero se convirtió en mito antes.

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Pura simbología: Robe estrena el primer videoclip de su nuevo disco en Jueves Santo

Tomad y escuchad, porque esta es mi música. Casualidad o no, el advenimiento del nuevo disco de Robe llega en Jueves Santo. Una fecha de lo más simbólica. El día de la última cena de Jesucristo, antes de ser vapuleado, vilipendiado y, finalmente, crucificado al día siguiente, tras ser vendido y entregado por 30 monedas. Una imagen poderosa, se quiera o no, muy asociada al extremeño, gracias a aquella mítica portada del Yo, Minoría Absoluta y, mucho antes, por la canción del Rock Transgresivo en la que la gente sana acababan todos ciegos, o hasta la versión que se marcó de Rosendo en aquel tributo coral, ‘Crucifixión‘. Hoy nos llega una parte de sus para muchos ‘sagradas escrituras’. La palabra y la música del primer adelanto de lo que será el tercer trabajo discográfico de estudio del proyecto Robe. La banda con la que Roberto Iniesta viene traspasando los géneros de manera más explícita si cabe que con Extremoduro y que lanzará su nuevo disco esta misma primavera, el 30 de abril, con El Dromedario Records. Una nueva canción que viene de la mano de otro espectacular videoclip y que confirma lo que apuntamos aquí hace unos días, que el sonido viene algo más duro y rockero, gracias a la incorporación de Woody Amores, guitarrista al que también hemos disfrutado en los últimos tiempos con Sínkope, y que se suma al excelente combo de músicos reunidos en torno a la mesa de Iniesta en este proyecto de madurez: Carlitos Pérez: al violín, David Lerman al bajo, saxo, clarinete, Alber Fuentes a la batería, Álvaro Rodríguez en piano, teclados y acordeón y Lorenzo González en las voces. ‘Segundo Movimiento: Mierda de Filosofía’ es la canción, lo que deja caer a las claras que mucho de La Ley Innata tendrá, como avanza el grupo en la descripción del vídeo. Y pronto tendremos las primeras fechas de la gira. Lo de Extremo… ojalá sólo una locura transitoria, ojalá sólo un momentito de bajada. Sólo una ruptura leve. Habrá que entonar el credo. Mientras tanto, empieza la cuenta atrás para vernos de nuevo. Aquí tenéis la canción.

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