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Gabinete Caligari – Camino Soria (1987)

Hubo un tiempo en España en el que la música comercial, la que vendía, no estaba reñida con la calidad. Treinta años han pasado (salió en mayo) de la irrupción de Camino Soria, el tratado de amor y aridez castellana que despachó una de las bandas más importantes del pop-rock del país, encabezados por el tosco pero siempre brillante Jaime Urrutia. Un grande, sin la menor de las dudas. Después de haber hecho evolucionar su oscurantismo gótico a compases de pasodoble y rock, Camino Soria fue toda una sorprendente muestra de grandeza, de madurez y casi solemnidad. El resultado visceral del desamor supurando. Nueve cortes que conforman uno de los mejores discos de nuestra música, de principio a fin. Nueve monumentos al placer de escribir con sentido, de tocar bien, con elegancia, con salero y con un derroche de talento que todavía hoy sigue abrumando cuando uno se sumerge media hora en el viaje. Treinta años de Camino Soria, grabado en letras de oro.

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Leone – Canciones de Amor y Odio vol. 1 y Crónica presentación

En casi 1.500 entradas en esta web Leone va a tener el honor de ser la primera en la que va a ejercer, de manera dual, de crítica de su nuevo disco, Canciones de Amor y Odio vol. 1, publicado a través del sello de mi buen amigo Laureano Navarra, Clifford Records, y también como crónica del concierto de presentación del mismo. Y es que apenas ha pasado una semana exacta entre el lanzamiento y la puesta de largo, anoche, en el Teatro Apolo de Almería. Avanzo ya, viene spoiler, porque aunque no tengo claro el metal que se llevaré, intuyo de manera bastante fiable que se va a llevar presea en aquello de Mis Discos del Año, que vienen cada 5 de enero. Con un nombre de banda en clara referencia al director de cine que elevó a mito a Almería como plató natural, con mucho de tino y algo de guasa, Leone se autodefine como una banda de rock, con influencias del bolero, la copla, el surf, el western, la canción mediterránea y, en general, la música en español, como también ‘reivindican’ “el bar español y el plato redondo”. Leído esto, uno se puede esperar una suerte de Gabinete Caligari versión lejano oeste folclórico, pero nada de eso. Si el disco corta el aliento, su directo más. Os dejo, a partir de este momento, mi crónica de agencia para el Área de Cultura. Alma de bolero, textos copleros, música surf y ascendencia de Western. Salud.

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Toundra – Das Cabinet des Dr. Caligari

 

Siempre habrá quien tenga debilidad personal por algún otro nombre menos conocido o asociado a alguna vivencia o por alguna compresible otra razón, pero creo que es opinión generalizada que Toundra es la banda de rock instrumental más importante de nuestro país de manera casi indiscutible. Seguro que la más reconocida fuera de nuestras fronteras. Después de una serie de cuatro discos numerarios que se quebraron con el árido Vortex hace un par de años. Liberados, por tanto, del serial, la banda se marcó como reto para este 2020 (antes de que el virus rompiera el resto de planes) celebrar por todo lo alto el centenario de una de las películas más influyentes y recomendadas de todos los tiempos. Esa que aparece siempre en todas las listas de cintas que hay que ver para tener una base sólida en conocimientos sobre el séptimo arte: la alemana ‘El Gabinete del Doctor Caligari’, de Robert Wiene. Título que, está claro, también inspiró, como se pueden imaginar, el nombre de la banda de Jaime Urrutia que, no olvidemos, arrancó su carrera haciendo post punk gótico y tenebroso. No deja de tener su gracia, claro. Una banda de rock instrumental creando la banda sonora original de una de las leyendas históricas del cine mudo.  Eso sí, ni siquiera la formación lo considera como un disco nuevo de Toundra, sino como un ejercicio, un reto, el desafío de poner sonidos alejados de la evidencia para una película que tampoco es tan evidente como parece.

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#Mis10de Status Quo

 

Los más de 200.000 compradores de entradas para la gira de despedida de Extremoduro están todos ‘con la mosca detrás de la oreja’, ‘como un conejo al que echan las largas’, ‘más mosqueados que un pavo en Navidad’. Los plazos se empiezan a agotar y tras un doble comunicado hace un par de semanas, y tras conocer ayer que el estado de alarma se prorrogará hasta el 26 de abril, los primeros conciertos de mayo (que ya los pesimistas veían negros) comienzan a estar más cerca del alambre. Yo, por numerosos motivos, le sigo teniendo fe a que la gira solo tenga que ‘adaptarse’ y no aplazarse entera. Veremos. Ante esta situación y después de marcarnos ayer el desahogo de hacernos el #Mis10de Extrechinato y Tú como homenaje poético a la muerte de Luis Eduardo Aute, nos traemos a la sección hoy domingo, el día internacional, a Status Quo. Grupo tan venerado por Iñaki ‘Uoho’ Antón, con ese ‘Rockin’ All Over The World’ que siempre cierra los conciertos de las bandas allá por donde pasa (Platero, Extremoduro, Inconscientes). La banda londinense tiene el honor de ser unas primeras cintas de casete, siendo niño. Como el Bad de Michael Jackson o el Camino Soria de Gabineta Caligari. No parecía tener mal gusto. Por eso siempre les he tenido un cariño quizá por encima de la media. Sus formas suelen ser algo previsibles, pero no por ello dejan de ser deliciosas. Rock rítmico con matices de blues y algo de psicodelia. Buen rato para este primer domingo de abril. Salud.

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Décima Víctima – Décima Víctima (1982)

 

Desde el nombre de la banda a sus primeros Ep’s con canciones como ‘El Signo De La Cruz’, ‘Tan Lejos’, ‘El Vacío’, ‘La Razón de la Discordia’ o ‘Sumido En La Depresión’. Décima Víctima es uno de los grupos malditos de una época que tiene mucho más enjundia de la que los detractores se empeñan en renegar. Que sí, que la movida tuvo mucho petardeo pero es innegable que permitió surgir un poso subrepticio que dejó mucho más de lo que ‘la vertiente’ más cerril se empeña en creer. Un ejemplo de ello (de tantos) es el caso que nos ocupa para la crítica remember de este viernes: Décima Víctima. Una banda cuya actividad se limita a solo dos años, de 1981 a 1984… si bien su último concierto, incluso, fue en 1983. Dejaron por el camino dos Ep’s previos, el LP que nos ocupa, tres singles, un maxi y un segundo largo, titulado Un Hombre Solo. Este trío, venido con el tiempo a cuarteto, ya que la batería al inicio se realizaba con una caja de ritmos, presenta la escuela más opresiva del punk deprimente. Mucho más apesadumbrado que una new wave demasiado sintética, bebiendo de referentes claros como Killing Joke, Joy Division, Siouxsie and the Banshees… y en nuestro país los inicios de Gabinete Caligari o Derribos Arias, que tenían componentes en común con Décima Víctima en los iniciáticos Ejecutivos Agresivos.

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Polanski y El Ardor – Chantaje Emocional (1983)

No me llevo demasiado bien con las verdades absolutas. Aplíquese a cualquier ámbito de la vida. En el musical, y a lo que este disco en particular respecta, una de las que me afano en contradecir es la que desprecia por sistema La Movida (tampoco es la primera vez que hago referencia a ello, ni a buen seguro será la última, porque me queda mucho de los escribir de aquella ‘hornada’). Claro que, del lado contrario, no significa esto que me lance a encumbrarla. Sencillamente, como en cualquier movimiento cultural o social, hay cosas livianas, otras aceptables, otras notables y otras que merecen ser recordadas y apreciadas. A cada cual lo que trascienda. Como pasa con el rock urbano, con el RRV, con el rock progresivo, el rock poeta o, incluso, el indie. No, no hay verdades absolutas a la hora de valorar un movimiento y las bandas que en él ‘se meten’. Porque también es cierto que hay veces que, por simplificar los esquemas mentales, todo va al saco, sin distinción, y eso tampoco. Que no es el caso que nos ocupa, porque Polanski y El Ardor (con i latina, que la y de la portada es casi como la doble SS de las Vulpes, un invento) sí son hijos de pleno derecho de La Movida. Y de algunas cosas más.

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BSO La Bola de Cristal – ¿Qué Tiene Esta Bola? (2003)

No es la primera vez que ocurre, ni será la última. Las peticiones de las tuitcríticas que suelo pedir los jueves en Twitter suelen servir en ocasiones de fuente de inspiración a la hora de elegir la crítica remember completa que propongo, más amplia, en la web. Es el caso de esta semana, motivado por el reciente fallecimiento de Lolo Rico, su directora, está en el ambiente (si es que alguna vez se fue de entre los más acérrimos y/o nostálgicos) el recuerdo al programa infantil La Bola de Cristal, emitido desde 1984 a 1988. Aquel formato televisivo convertido en un símbolo de muchas cosas, posiblemente muchas de ellas excesivas para su pretensión inicial. Modernidad pseudo—electrónica y tecnológica y tintes de terror para divertir a la infancia de la época, con un toque irónico muy acusado y un libre pensamiento que no fue bien tolerado por todo el mundo. Especialmente, cuando Pilar Miró llegó al mando de RTVE en 1987 y decidió meter tijera. Aquello indignó a Rico, junto a la supresión de algunos gags, lo que llevó al fin de La Bola en 1988. Después llegaría el Cajón Desastre de Miriam Díaz Aroca y, a continuación, No Te Lo Pierdas, con Leticia Sabater. ¿Cualquier tiempo pasado fue mejor? En algunos casos, la respuesta es clara.

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Lichis. Palabra de Músico. 23 de marzo

Atención, cuña resabiada: a Lichis le tengo aprecio artístico desde que ‘Reina de la Mantequilla’ entrara como un cañón a mis oídos en 1997. Un tema incluido en el excepcional Cuando Me Suenan Las Tripas, lleno de transgresión callejera, de poesía barrial y del talento de un músico que lo mismo te hacía una canónica canción de autor que una rumba, un rap, un desarrollo beatleliano o un coqueteo metalero, como demostraría en su segundo Cabrón. Después llegaría Vestidos de Domingo que cambió todo sin que, en las intenciones canallas, hubiese cambiado nada. Así, un artista del underground (palabra dignificada por Gabinete Caligari, claro) se convirtió en el simpático rumbero de bares que sonaba por la radio. La actitud se mantuvo con el excepcional directo Ni Jaulas Ni Peceras, pero, ay, masa cruel, Hotel Lichis no era lo que se esperaba de él y otros ya andaban explotando el formato. La Cabra siguió, como siguen las cosas que no tienen mucho sentido, hasta morir, eso sí, dignamente con una gira de despedida acompañando a Fito. Tiempos difíciles, grupo de versiones de blues, rearme mental y personal y nuevas canciones, sabor americano por la tierra de conejos, para entrar en unas sonoridades menos populares (Quique González sabe de ello) pero coherente con la apetencia vital. Ayer vi a Lichis por primera vez con esta propuesta y aquí os dejo la crónica realizada para la agencia.

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Amaral – Una Pequeña Parte Del Mundo (2000)

La primera vez que vi a Amaral en directo fue en agosto del año 2000. En un tiempo en el que escuchaba (de vez en cuando, no es que fuera asiduo) La Jungla de Cadena Cien, con José Antonio Abellán, el debut del dúo zaragozano me pareció interesante pero este segundo, con el que giraba ya aquel verano (el álbum salió en marzo, justo faltan 7 días para que cumpla la mayoría de edad) me resultaba magnífico. Digno de una mayor repercusión. Y fue curioso porque aquella intervención de Amaral en la Feria y Fiestas de Almería fue para telonear, en acústico, sólo Eva y Juan en el escenario, a Celtas Cortos. Cosas de la música, como aquellos tiempos en los que Héroes del Silencio eran teloneros de Gabinete Caligari. Amaral protagoniza la crítica remember de este viernes tras vencer en la encuesta tuitera a la otra opción, el Pa Fuera Telarañas de Bebe, que algún día caerá. No hay prisa. Con ella culmino, tras Chica Sobresalto, Christina Rosenvinge, Mercedes Ferrer y Luz Casal, una semana de críticas dedicada íntegramente a álbumes con nombre de mujer, con motivo del 8 de marzo. Además, recordad que este fin de semana los #Mis10de en twitter también tendrán género femenino. Mañana sábado, Mónica Naranjo. El domingo, Tina Turner. Salud.

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Los Secretos – Los Secretos (1981)

Alejado siempre de los territorios más duros del rock, alguno de los primeros recuerdos musicales de la infancia los tengo ligados al pop-rock español que mis dos hermanos escuchaban en casa. Una más de Hombres G y Duncan Dhu, el otro más de Tequila y Sabina y, como mucho Siniestro Total o el Cuéntame Un Cuento de Celtas Cortos en vinilo (y Glutamato Ye-Yé, cierto). Esos años en los que se aprende sin saberlo, marcaron que siempre tuviera en gran estima (con excepciones) a casi todo lo perdurable de esos años. Luego llegaron las primeras fiestas propias, antes de que llegara el rock duro, donde pinchar la colección de éxitos de cada uno de estos grupos era una satisfacción en toda regla. Y de Los Secretos, claro, ‘Déjame’. Aquella canción veloz, de sonoridad no tan distorsionada, de cierta afección lánguida… Era un pelotazo, pero a la vez era diferente al resto. Con el paso de los años descubrí esa nostalgia opresiva que guiaba la creación de Enrique Urquijo, que moriría hace hoy 18 años.

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