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Nadye – Intrapolar
Sigue Nadye con su loable empeño de seguir haciendo canciones y discos, después de haber tenido que afrontar varios cambios de alineación y algún que otro tiempo de barbecho. Lo hace cinco años después de su anterior El Último Minuto. Un lustro en el que su principal capitán, Javier Salas, no se ha alejado lo más mínimo del mundo del rock, ganando una experiencia fundamental en producciones desde La Caverna Estudios, además de convertirse un tiempo en el baterista de NoProcede, de quien hablaremos mañana. En definitiva, una palpable pasión por la música que es la que sigue actuando como denominador común en la trayectoria de sus Nadye. Y es que la banda parece algo remozada y decidida a cambiar registros para acercarse a terrenos más propios del indie (del guitarrero con sangre, no del cortavenas) que del rock urbano o rock poeta. Eso los aleja de la previsibilidad y linealidad del género para concederle una mayor creatividad a la hora de trabajar con ritmos y formas, lo que se agradece. Como también hay que hacer mención al abandono del punk chicletero americano (sí, ya sabéis que no me gusta demasiado). Un álbum que se aleja de cualquier tipo de purismo para ser un hijo de su tiempo. Modernidad desde un prisma de autenticidad. Sin normas ni cortapisas.
Avalanch – El Secreto
Aunque es posible que haya habido que esperar un poco más que lo inicialmente previsto cuando se anuncio el regreso de Avalanch, por fin tenemos entre manos el primer disco de estudio de la banda en los últimos ocho años. Eso es mucho tiempo como para decir que la espera ha valido la pena pero, sí que es cierto que el resultado final está lo bastante conseguido como para una vez más tener que reconocer a Alberto Rionda su imponente habilidad para crear rotundas canciones de power metal melódico, con tienes sinfónicos y combinando la épica con el tono romántico que siempre ha caracterizado a sus melodías y a sus vocalistas. Y es que Avalanch también tiene ‘el mérito’ de ser uno de los grupos que más ha tenido que renacer de sus cenizas y afrontar constantes cambios de alineación. Quién sabe, igual tanto movimiento ha servido siempre de estímulo, pero también uno puede cavilar qué hubiese sido de ellos con una mayor estabilidad. Sea como fuere, aplaudimos a rabiar el regreso a los sonidos que nos han hecho volar a lo largo de los años. Algo que ya retomó en Alquimia, pero que ahora perfecciona en este El Secreto.
Vita Imana – Bosa
Hace poco más de un año, las redes sociales de Vita Imana informaban de un pequeño terremoto que, para sus seguidores, hacían temblar los cimientos de la posible continuidad de una de las mejores bandas de metal extremo de nuestro país. Con más de diez años de trayectoria en la formación, el guitarrista Puppy decidía dejar la banda y Javier Cardoso, su vocalista, salía también del grupo por discrepancias con el resto de integrantes. Dos pesos pesados, referentes en los directos y discos de la formación. Como si de un parto se tratara (curioso símil si tenemos en cuenta la historia narrada en el tortuoso, cruel y complejo El M4l), nueve meses más tarde la banda recuperaba las constantes vitales con la canción nueva alineación y, lo mejor de todo, con un adelanto del inminente nuevo disco, este Bosa. La nueva etapa de la banda, tras los cambios, queda como sigue, Román García y Diego López a las guitarras, Miriam Baz a la percusión y voces, Toni Mero Mero en las voces (antes en Cuernos de Chivo y colaborador habitual de Leo Jiménez), Daniel García en la batería y Pepe Blanco en el bajo y también en coros. La bestia de Vita Imana ha vuelto, con una base de sonido bastante familiar a las entregas anteriores pero con una menor ambición conceptual y complejidad en las formas.
Leo Jiménez – Mesías
A punto de llegar a los 40 años (cualquiera lo diría teniendo en cuenta que llevamos más de veinte viéndolo y escuchándolo en la primera línea del heavy metal de nuestro país), Leo Jiménez continúa perfilando su trayectoria en solitario, que ahora combina con el regreso de los anhelados Stravaganzza. Viendo su currículum y sus andanzas, es cierto que el ritmo es casi inhumano. Tanto es así que incluso tuvo que explicar en redes que sufría de algunas dolencias que le afectaban a sus capacidades vocales en directo, tuvo otro enfrentamiento por el tema de las fotos post-concierto que algunos seguidores se tomaron como una afrenta. En fin, problemas del primer mundo y alejados de lo que realmente importa en estos casos que es, sencillamente, la música. He considerado a Leo, desde 1999, como la mejor voz del heavy metal en España. Lo era con Saratoga, lo seguía siendo con Stravaganzza, incluso con LEO:037, pero reconozco que su trayectoria en solitario (después del ‘robo’ del nombre) nunca me terminó de llenar del todo. Discos muy heterogéneos, canciones con muchas luces y sombras… Pero poco a poco el camino, la banda, las composiciones… se encauzan. Si La Factoría del Contraste ya ofrecía algún momento brillante, en Mesías encontramos, sin duda, su mejor álbum de esta década.
Mägo de Oz – Ira Dei
No sé si me congratula o me asusta estar de acuerdo con tantas declaraciones de Txus en las últimas semanas. Al hilo del lanzamiento de su nuevo trabajo de estudio, este doble Ira Die (nadie le va a quitar nunca el mérito a Mägo por ser la banda española con más discos dobles de la historia), el baterista y letrista de la formación reconocía que Mägo de Oz es tan odiada como amada, que no se compone con la misma rabia cuando uno se quiere hacer un hueco que cuando ya ha probado las mieles del éxito, que los anteriores discos se habían alejado del heavy metal… Como dirían Los Zigarros, a todo que sí. El caso es que dentro de los numerosos vuelcos, lanzamientos, giras y proyectos del grupo, este Ira Dei, digamos, se encuentra dentro de los más acertados de los últimos tiempos porque devuelve muchos de los mejores argumentos que les ha hecho ser un referente para millones de seguidores. El hilo conceptual, el formato trilogía (esta es la entrega dos, después vendrá la tres y, por último, la precuela), porque conecta de alguna manera con la oscuridad del Gaia II (para mí, su último Gran Disco, así, con mayúsculas) y con, incluso, el romanticismo primigenio del Jesús de Chamberí. Está claro que no todos los cortes están al mismo nivel pero podemos concluir que la media es notable, rozando el alto.
Antonio Flores – Cosas Mías (1994)
Antes incluso de conocer la canción ‘Mártires del Rock’, siempre he tenido una especial inquina o rechazo a quienes convierten en moda y genios a los artistas al hilo de su muerte, más si cabe cuando hay detrás un suicidio. El ejemplo máximo es el de Nirvana, que no me hacía demasiada gracia en su momento (aunque les salvaba muchas cosas) pero se convirtió en rechazo tras el balazo de Kurt Cobain. En la lista hay muchos más. Quizá sea porque los accidentes mortales (Jesús de la Rosa) han robado tanto talento al arte que me parece ‘injusto’ que otros precipiten su final. Hablo desde el punto de vista artístico, que ya en las enfermedades personales que empujan a ello, habría que analizar caso a caso. El tema es que, no tanto por la muerte precipitada con barbitúricos y alcohol ingeridos con ese fin por el dolor de ausencia de la muerte de su madre, dos semanas antes, a Antonio Flores le cogí una de esas tirrias irracionales por el tema de ‘la moda’. Parece que tuvo que morirse para que le valoraran como merecía. Las cosas, en vida, por favor. El hijo mediano de Lola Flores y El Pescaílla encontró el éxito demasiado tarde, cuando su vida interior estaba rota y sentenciada. El caso es que con el paso de los años limpié mis oídos de prejuicios y, hoy, que se cumple justo un mes que perdí a mi padre, le entiendo más que nunca.
Derby Motoreta’s Burrito Kachimba – DMBK
Tomado en el justo grado que un programa de La 2 puede tener, el nombre de Derby Motoreta’s Burrito Kachimba saltó al gran público en el estreno del programa con el que Ariel Rot nos está deleitando cada martes, visitando distintas zonas de la geografía española en ‘Un País Para Escucharlo’. El formato del programa, si es que aún vives en el error de no disfrutarlo, es que el bueno (porque es bueno, en lo personal y con una guitarra en la mano) de Ariel visita una zona de España donde un ‘anfitrión’ lo guía visitando a varios artistas y grupos de dicha zona. Lógicamente, disco formato presenta la laguna de que debería durar tres horas para no dejarse estilos y nombres fuera, pero, salvando la imposibilidad material del tiempo, es un auténtico cañón. En primer lugar por ser maná en un desierto y en segundo porque ver a Ariel, al anfitrión de turno y las bandas o artistas referenciados interpretar canciones juntos es una delicia en la mayoría de los casos. Fue ahí cuando, como otros miles de amantes de esto de la música y los rocanroles, apunté a fuego el nombre de estos sevillanos que, casualmente, lanzaron su primer larga duración apenas unos días después de su salida en el programa. Un cañón de los buenos.
Santero y Los Muchachos – Rioflorido
Su primer disco, Ventura, cayó a mis oídos demasiado tarde como para hacer crítica del disco como si fuese una novedad y demasiado pronto como para poder considerarse una crítica remember de los viernes. Con ‘la pestaña de seguimiento’ activada, los tenía en la lista para seguir sus pasos en siguientes lanzamiento, por si el nivel lo merecía, traéroslo a colación. Y así ha sido. A principios de este mes de marzo veía la luz este Rioflorido, el segundo larga duración de la banda valenciana Santero y Los Muchachos, que guarda los principios fundacionales de su debut, pero yendo un paso más en la ambición que da la seguridad de que se está apreciando lo que se ofrece. Autodefinido como rock reposado, la escucha de Santero en general y de este Rioflorido en particular debe considerarse como una suerte de delicatesen para momentos elegidos. Las guitarras eléctricas tienen la distorsión justa, se juega con terrenos semi acústicos y desenchufados al completo, aparecen sutilmente metales, dobros, contrabajos, lap steel y percusiones orgánicas. Si a algún despistado le contamos que algunos de sus componentes han formado parte de bandas como La Pulquería y Obrint Pas, no nos creería. Pero es que la música es así de grande, por eso nos tiene locos.




