La Frontera – La Rosa De Los Vientos (1989)

Aunque hay gente que se empeña en demonizar nuestra música ‘comercial’ de los años 80, no me cansaré de reconocer y aplaudir el legado y labor de un buen número de bandas más que respetables para acercar un rock más comercial o accesible (o como demonios se le quiera llamar) al gran público. En ese gran cajón del podio entra gente tan dispar, pero con ese denominador común, como Seguridad Social, Los Rebeldes, Danza Invisible, Radio Futura, La Unión, Nacha Pop, Duncan Dhu, Los Secretos, Gabinete Caligari, Hombres G, La Guardia, Tahúres Zurdos, Pistones, 091, … y un larguísimo etcétera donde se encuentra, cómo no, La Frontera, la banda que han liderado desde el primer día el incombustible Javier Andreu y Tony Marmota. Un sello inconfundible a aires polvorientos, sureños, de western, bourbon, botas de punta, corbata de cordón, calavera de búfalo y todos los tópicos genuinos del género que, en nuestro país, nadie ha sustentado tantos años, más de treinta, como ellos. Pero La Frontera asumió todo ese imaginario después de demostrar que todo ello no impedía que en sus discos también hubiera espacio para otros matices y un lado más aperturista hacia a alguna concesión melódica, canciones de tempo elegante más allá del acelerón marchoso de bombo y caja, e incluso algunos arreglos souleros de metales. Todo ese ‘aperturismo’ y ese ejercicio que aumentó su registro sonoro y, con ello, el número de seguidores que compraba sus discos e iba a sus conciertos, se inicio con su cuarto trabajo, este La Rosa De Los Vientos.

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Bauer – La Salvación

Tener que cubrir la programación de actividades culturales de mi ciudad y los conciertos de Cooltural Fest (los dos últimos años con sendos ciclos de más de treinta eventos cada uno) ha acelerado el ir descubriendo con frecuencia nuevas bandas a las que ir siguiendo la pista. Una actitud incorporada ya de por sí, pero que viene facilitada en este caso por ‘el proceso inverso’: verlos en directo y después esperar su siguiente lanzamiento. A los malagueños Bauer, capitaneados por dos hermanos de madre alemana (es de su segundo apellido de donde toman el nombre de la banda), Gabriel y Lucas Bauer, encargados de voz y bajo y teclado y coros, respectivamente, con Abel Asensio en guitarras y coros y Fernando Gallardo en baterías y percusiones, les vi en agosto del pasado año en una de las líneas de actuación del ciclo de conciertos de Cooltural Go!, denominada Ruta Gastromusical y que viene a ser una actuación ‘callejera’ en un punto en el que hay numerosos bares alrededor, además de incluir una degustación de cortesía. Pese a lo adaptado del formato, más íntimo y orgánico, Bauer me convenció y tomé buena nota de que estaban cerca de publicar su nuevo trabajo discográfico, el tercero, que finalmente ha visto la luz hace hoy casi cuatro semanas exactas. Un álbum que, dadas las circunstancias pandémicas, ha sido más repensado y meditado que nunca y que nos ofrece a un grupo muy seguro de sus posibilidades, abierto a matices intimistas y delicados como a estruendosos y enérgicos, con nombres como Mumford & Sons, Ben Howard, Kings of Leon o Bon Iver, foráneos, y Morgan, Fábula, L.A., Shinova o Bunbury / Héroes como ejemplos a seguir. La Salvación son trece cortes sin fisuras, emocionales y versátiles, que se aleja de modas, con una no pretendida sensación de atemporalidad.

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Los Punsetes – España Necesita Conocer

No es nada habitual que escriba de discos recopilatorios al uso pero en el caso de hoy haré una excepción por numerosos motivos. El principal es que, entre unas cosas y otras, en estos diez años no había traído nunca a la web a Los Punsetes (el quinteto está formado por Manuel Sánchez y Jorge García a las guitarras, Ariadna Paniagua a la voz, Chema González a la batería y Luis Fernández al bajo), una banda que me parece de lo mejorcito que podría encuadrarse bajo la etiqueta del ‘indie’, pero para mí, como numerosísimos casos ya explicados en su momento, son mucho más que eso. Sobre todo porque su humor corrosivo, su actitud en escena y la contundencia de muchas de sus canciones me hacen considerarlos más en ‘ese otro tipo de punk’ que no precisa del exabrupto ni la denuncia al sistema ni el abanderamiento de todas las ideas progresistas que uno pueda encontrar en el manual. Estuve cerca de traer ¡Viva!, de 2017 en su momento, pero la acumulación de álbumes pendientes hizo que me fuera imposible y se me hacía pronto traer a las críticas remember de los viernes el LPIV de 2014. Así que si ellos, con diecisiete años de trayectoria, han aprovechado su reciente entrada en el sello Sonido Muchacho (del bajista, Luis Fernández y donde están entre otros Carolina Durante y Airbag y los también notables Cariño, Depresión Sonora, Mujeres, Hinds, Kokoscha o La Plata) para reunir parte de sus mejores canciones en una compilación de lo más aprovechada y aprovechable (23 temas en 70 minutos), nosotros los servimos en el escaparate de esta semana para disfrute generalizado, con portada del amigo Joaquín Reyes de regalo, que ya les había hecho la de LP2.

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Despistaos – Ilusionismo

Después de escribir ayer de un álbum, en principio, tan fuera de la línea editorial como el Motomami de Rosalía, ¿cómo podría darle continuidad a la salida de tiesto o a la puesta de los nervios de los más puristas? ¿Qué tal trayendo a una de las bandas más acusadas de haberse ‘vendido’ dentro de nuestro rock? Un término que, por otra parte, siempre me recuerda a aquel tema homónimo de Evaristo que decía: “Nunca serás un vendido, tú nunca te venderás. Es porque a ti, ‘so cretino’, nadie te quiere comprar”. Pues sí, Despistaos ‘cometió’ la terrible falta de salirse de ‘lo establecido’ y hacer que su rocanrol inicial, entre lo poético, lo etílico y lo urbano, se abrazara primero a baladas melódicas, después a algunos matices country y, finalmente, melodías y arreglos más pop y edulcorados que sirvieron para hacerles ganar popularidad (y, con ello, bastante más dinero) pero perder puntos en la autenticidad que reglan los cánones de la integridad. Visto con perspectiva, el cambio fue gradual y coherente (¿acaso hay algo más coherente y honesto que acabar cantando aquello con lo que una banda se sienta más cómoda?) y tras un parón de seis años tras Las Cosas En Su Sitio y su regreso en 2019 con Estamos Enteros, han ‘sobrevivido’ a la pandemia, con más tiempo para escribir y dar forma a esta décima entrega, titulada Ilusionismo, donde quizá naturalizan más todas sus influencias y empacan más las formas al haberse grabado con toda la banda tocando a la vez y no por fases, para dar un resultado no tan crudo como el del debut, pero bastante disfrutable para los oídos más abiertos a terrenos más suaves.

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Rosalía – Motomami

Prometo que después de ‘desahogarme’ en su día con la crítica kilométrica de El Mal Querer en noviembre de 2018 e, incluso, con la de C Tangana de marzo de 2021, no tenía pensado volver a salirme tanto de guion en la línea, ya de por sí amplísima, de RockSesión. Al final, tras consultarlo con una encuesta no vinculante en Twitter este pasado fin de semana (en la que las dos opciones del ‘sí’ ganaron a las dos opciones del no por un 56,5 % – 43,5%) me lanzo a escribir unas líneas sobre el tercer larga duración de Rosalía tras el citado El Mal Querer y Los Ángeles, de 2017. Convertidas las redes sociales en una amplia barra de bar en la que todo el mundo suelta su granito de arena sobre cualquier tema sin preguntarse antes si va a aportar algo constructivo al asunto –no hablo ya siquiera de respeto, educación o conocimiento en la materia-, como bien sabréis y habréis podido leer cada vez que se ha compartido alguna novedad, un fragmento o un nuevo tema del disco, hasta su lanzamiento definitivo el pasado viernes, todo lo que hace Rosalía (convertida, objetivamente, en una estrella internacional admirada en todo el mundo con tan solo 28 años) parece venir aparejado a una especie de manteo público donde parece que quien hace la gracia más ofensiva es el que gana. Llamadme defensor de causas perdidas (algún amigo ya me lo decía desde hace muchos años) pero a mí esas cosas me siguen enervando porque es sano, lógico y respetable que no todo tenga que gustarte a algo por imposición promocional o por seguir la corriente del agua, pero de ahí a las faltas de respeto y a echar por tierra el trabajo de casi tres años de una artista que dice pasar 14 horas en el estudio hasta dejar cada arreglo como quiere y que cuando tiene que preparar una coreografía se pasa 4 o 5 horas bailando durante un mes y medio, pues qué quieren que les diga, prefiero a una persona que se esfuerza en ‘crear’ justo eso en ‘lo que cree’, que quien, con la excusa del no me gusta, ofende y ridiculiza.

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Capitán Cobarde. Palabra de Músico. 18 de marzo

Hay barcos y trenes a los que uno se sube cuando ya están en marchas porque antes desconocía de su existencia, o porque no sabía valorarlo en su momento. Pero hay otros en los que uno está desde el principio de los tiempos, en el caso de la música, desde antes incluso de que sacara su primer disco. Y verlos evolucionar, y evolucionar a la vez con ellos, con el paso de los años, comprobando como las viejas emociones siguen estando ahí mientras llegan otras de matices nuevos y se aprenden y perfeccionan otras formas de cantar, de contar, de revestir la música… Es la magia de la que uno se siente partícipe. Como los ‘te quiero’, no por haberlo escrito o dicho en tantas ocasiones deja de ser una verdad que se reafirma en cada una de las oportunidades y anoche volvió a pasar viendo a Capitán Cobarde en una nueva cita de Palabra de Músico. Un formato de Kuver Producciones que consiste en una pequeña entrevista previa antes del concierto, generalmente de corte intimista. Como ya dejé patente una vez más en la crítica de su último disco, Camino De Vuelta, Alberto es un grande. Ha tenido que lidiar con sus propios conflictos y, también, con cierto anquilosamiento carca del público rockero… y el no rockero. Porque en su viaje musical ha perdido a esa gente que, sin escalas de colores de por medio, pasa del sí al no, del blanco al negro sin prestar atención. Demasiado rockero y ‘azalvajao’, que diría Tomasito, para los puristas de la música de autor, americana y folk más circunspectos, demasiado ‘verso libre’ para los que le gusta que el rock poeta sea de una determinada manera. Que se lo pierdan. Anoche Capitán Cobarde demostró una vez más que tiene verdad y corazón en la voz y en los dedos. Por muchos más años. Os dejo a partir de este momento la crónica que he realizado para como redactor del Área de Cultura y Educación del Ayuntamiento de Almería y Contraportada / Pisadas En La Luna.

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Antonio Vega – No Me Iré Mañana (1991)

Hace aproximadamente un mes tuve que hacer un regalo, de esos ‘invisibles’, que tenía como únicas dos condiciones no sobrepasar determinada cantidad de dinero y que estuviera relacionado con la música. Se trataba de una comida de Navidad pendiente con una productora de festivales y conciertos y, conociendo al agraciado, opté por regalarle el libro ‘Mis Cuatro Estaciones’, que recoge el resultado de largas horas de conversaciones entre Antonio Vega y Juan Bosco, “en las que el artista desgrana sus opiniones e inquietudes, así como su particular visión del mundo que lo rodea. Los textos, en los que se incluyen letras de canciones inéditas de Antonio, van acompañados de fotografías de su entorno más próximo, tanto familiar como de sus amistades, cedidas especialmente para el libro”. Resultó al final que mi amigo destinatario (fan de Manolo García o Pau Donés, de ahí mi elección) no conocía la figura de Antonio Vega. Al menos, me consta que comenzó la lectura al día siguiente y aprovecharé la presente para preguntarle de nuevo qué tal el resultado. El caso es que desde aquel día en la librería fui consciente de que, aunque sí que hay #Mis10de Antonio Vega, no lo había traído nunca a las críticas remember de los viernes. Tampoco a Nacha Pop, pero vamos poco a poco. Para rematar esta introducción diré, como curiosidad, que Almería fue el primer concierto suspendido de Antonio Vega (lo anunció aquel 23 de abril de 2009, el concierto era el día 30 y tenía previsto acudir) antes de ingresar por última vez en el hospital, donde fallecería el 12 de mayo. Fue el primer concierto que ya no dio… Aunque lo cierto es que ya llevaba tiempo con la mente en otra parte.

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Sergio Makaroff – Desastre Con Patas

Tras haber hablado aquí de más de un millar de discos (entre novedades y críticas remember) los últimos diez años y otros tantos en otros medios de comunicación desde hace veinte, uno todavía siente algo de esas mariposas en el estómago de los inicios cuando afronta la escritura de un disco de una de esas bandas autores que están en tu memoria desde tus primeros recuerdos musicales, pero de la que todavía no se había dado la ocasión. Es lo que me ocurre en un día como hoy, en el que os traigo la crítica del ya noveno trabajo de estudio del bonaerense Sergio Makaroff, de quien cantaba de niño su ‘Rock del Ascensor’ de Los Makaroff (banda que compartía con su hermano Eduardo y que, más tarde, en la adolescencia, cantaba abrazado a los colegas aquello de “oh, qué bolinga voy, qué contento que estoy”. Makaroff es de esos autores del imprescindible rock argentino que tiene una innegable, aunque olvidada demasiadas veces, influencia en el rock español. Igual que Moris desembarcó en España a mitad de los setenta haciéndose una influencia fundamental para los grupos ‘perdurables’ de la Movida, o Ariel Rot y Alejo Stivel desataban el fenómeno fan con Tequila, Makaroff viajó a España para quedarse en Barcelona y desde ahí forjar una trayectoria que rozó el éxito masivo con Un Hombre Feo, publicado en 1996 y eterno candidato a protagonizar una crítica remember de los viernes, pero que a la postre se ha desarrollado sin grandes altibajos, más allá de una desconexión en los entre finales de los ochenta y primera mitad de los noventa, con esa naturalidad de quien se deja llevar por las olas más que intentar doblegarlas a su parecer. Desastre Con Patas es una brillante nueva colección de canciones para un compositor que hace de la narración sencilla un ejercicio de fino humor, de cálido amor y de lúcida ironía, disfrutando el mero hecho de poder compartir historias, sin pretensiones ni grandilocuencias.

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Tigre y Diamante – Qué Asco Más Rico

Si la pandemia complicó la vida a todos los grupos, en términos generales e independientemente de su grado de popularidad, por muy alta que fuera, imaginen con esa legión de candidatos a ‘clase media’, que se tenía que pelear cada oportunidad en el barro, alejada de las letras grandes de los carteles de los festivales y que apuntaba muy buenas maneras en su evolución. A unas condiciones ya de por sí complicadas se le sumó la imposibilidad de ir rondándose, banda y canciones, en escenarios pequeños debido al cerrojazo a las salas, la lenta recuperación de las inercias ya de por sí maltrechas y un largo etcétera de males endémicos de la música. Alternativas y formas de seguir en boga para no perder la inercia había muy pocas y, entre ellas, Tigre y Diamante optó por ir publicando cada mes cada una de las canciones que ahora forman parte de su segundo larga duración, tras Buena Gente, tercero si incluimos el EP titulado II, cuarto si la maqueta epónima. Así llega este Qué Asco Más Rico, con diez temas en los que los gijonenses despliegan una muestra más de su corrosiva ironía sarcástica y sonoridad, sustentado en una interesante muralla de rítmicas y una ascendencia punk de lo más acusada y notoria tanto en tempos como en los propios textos, algo surrealistas, envuelto todo ello con una capa de modernismo indie, toques de melancolía y aires garajeros que terminan de hacer más indefinible todavía el resultado. La banda, nacida como dúo, redefine y afina su propuesta en esta nueva entrega, consolidándose como cuarteto, dispuestos a recuperar el tiempo perdido. Y lo van a conseguir, a tenor de su inclusión ya en varios festivales y con una gira de presentación ‘al uso’ de la que pronto darán a conocer las primeras fechas.

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Sevilla Distorsión – Sevilla Distorsión

Más madera. Si ayer traía a la web el segundo larga duración de los almerienses Compro Oro, y hacía referencia a otras bandas de la nueva generación de raigambre flamenca como Derby Motoreta’s Burrito Kachimba o Califato ¾ (de hecho colabora en uno de los temas Rosana Pappalardo) o RomeroMartín, bien podrían valer dichas referencias para el caso que nos ocupa hoy, el de Sevilla Distorsión. Una banda de crecimiento vertiginoso puesto que en apenas tres años se han hecho con su círculo de fieles seguidores gracias a sus conciertos explosivos y un sonido que han venido en auto bautizar como ‘psyco cani’.  ¿Y esto de qué va? Bien. Cojan como voz un timbre más flamenco que rockero, pero con más cuerpo y cazalla que un cantaor al uso. Ejemplo… Un Chico Ocaña de Mártires del Compás o un Manuel Chaparro de Califato más afinado y versátil. En guitarras, imaginen la furia incendiaria del rock andaluz derivado del más orgánico de Triana, Medina, Smash, etcétera. Sumen ciertas derivaciones jazzísticas de aquellas que podría hacerse Elbicho, pero mucho más salvajes en las formas y con unas dinámicas bastante más complejas. Con esos nombres como base, el abanico de elementos conocidos es todavía mayor, porque hay guasa de Pata Negra y Kiko Veneno, rumba rock accesible por la vía de las maquetas de Estopa, mucho de progresivo que conecta con las influencias más anglosajonas (la tipografía tipo Yes ya da pistas). Una bomba de relojería que viene con diez cortes (nueve temas y una introducción) que quizá se antoja descontrolada por momentos, pero que nos ofrece otra muesca más que sumar al círculo mencionado.

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