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Smoking Souls – La Cura

¿Recuerdan la película ‘Siete novias para siete hermanos’? Pues algo así es lo que ha venido a realizar la banda de Pego, Smoking Souls en La Cura, su nueva entrega discográfica. Un total de siete canciones que han sido grabadas en otros tantos estudios y con otros cuantos productores para terminar de demostrar (si es que todavía era necesario y hacía falta) la amplísima versatilidad de un grupo que se ha desvelado con el paso de los años como incatalogable. También os digo que las fronteras mentales son más peligrosas que las territoriales ya que solo eso puede explicar que una banda que se come todo escenario que pisa desde hace años, vea circunscrito su ámbito de actuación a la Comunidad Valenciana (Viña Rock casi que entra dentro del circuito valenciano, como sabéis, por la profusión de grupos y asistentes de la zona), Cataluña, País Vasco y Madrid en casi todas las giras. En este arranque: estreno en Barcelona el pasado viernes, Valencia 12 de marzo, Alicante 30 de marzo, Bilbao 1 de abril, Madrid 2 de abril. Sin ir más lejos, no fue hasta 2018 cuando Smoking Souls pisó suelo andaluz, en The Juergas Rock Festival. Los levantinos siguen perfeccionando y destilando esa mezcla explosiva y diferente de voz melódica de timbre a veces imposible, melodías luminosas cercanas al indie con una base rítmica que lo sustenta en territorios metaleros. Salvando las diferencias y algunos matices, vienen a ser al valenciano lo más parecido a los añorados Berri Txarrak. Y ahora que los nombro, precisamente la banda de Gorka Urbizu jugó a eso de canciones con tres productores distintos en su álbum triple titulado Denbora Da Poligrafo Bakarra y que tanto elogiamos aquí en su momento. Los ‘sucesores’ evolucionan hacia la madurez con el mismo talante aperturista.

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Ciudad Jara – Cinema

No está teniendo ninguna prisa Pablo Sánchez en forjar su camino fuera de La Raíz porque, prisas nunca fueron buenas consejeras, está prestando un mimo y dedicación que se aleja de los estándares del rock al uso, más urgente, más impulsivo. No lo tuvo para dar a conocer su proyecto mientras que sus antiguos compañeros se alinearon rápidamente con nuevas cabeceras (Valira, Nativa…), tampoco para su lanzamiento, que acabaría llegando quince meses después del concierto de despedida en Valencia y más de dos años del directo registrado en Vistalegre en Nos Volveremos a Ver. A Ciudad Jara le cogió el arranque de la pandemia justo en la primavera y el verano que tenía firmadas numerosas fechas y festivales donde presentar su nueva propuesta, a caballo entre la clásica canción de autor reivindicativo y con esencia de folclor latinoamericano y esa épica más rockera de la banda que dejaba atrás. Su carta de presentación, Donde Nace El Infarto, era tan híbrida que lo mismo confirmaba festivales de corte ‘indie’ como Cooltural Fest o Sonorama, que de mestizaje como Rabolagartija y a buen seguro pintaba a ser incluido aquel ‘interrumpido’ Viña Rock (está para este año). En 2021 salió de gira en formato íntimo, con conciertos adaptados a las circunstancias, despachó la nada despreciable cantidad de más de treinta actuaciones bajo el nombre de Solo Nos Queda Una Espina, y en otoño decidió recluirse para dar forma a su segundo trabajo. Un debut permite ubicar el punto situacional, el segundo es el que empieza a dibujar la trayectoria, de ahí su importancia. Y en esta entrega Pablo refrenda su camino alejado de viejas fórmulas, buscando ya sin ambages el ambiente intimista y de autor que combina la nostalgia de niñez con la mirada más madura. Lejos de proclamas y más de la reflexión. Sin duda un paso que cogerá a más de una persona de sorpresa aunque lo cierto es que se veía venir. Con un halo conceptual, Cinema es la entrada definitiva de Pablo en un circuito que busca confidentes que escuchen más que seguidores que griten.

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Los Vinagres – Buen Clima

Habla Nacho Vigalondo en una entrevista publicada ayer en Vanity Fair, al hilo de la ‘polémica’ reaccionaria sobre la bondad o no de las nuevas canciones de Rosalía, que cuando se reniega de formas musicales que van dirigidas a un público generacional más joven la reacción es la misma que los padres de los primeros seguidores del punk o del rap, años más tarde. Que uno puede tener sus propios gustos es innegable, pero de ahí a regodeo o cachondeo hay un nivel fóbico que, en su extremo patológico, puede rozar hasta la mala educación. Que si sacamos hemeroteca qué decir de las declaraciones de Frank Sinatra sobre el rock and roll: “La música rock la hacen deficientes que cantan letras maliciosas, lascivas. Es la forma de expresión más brutal, nauseabunda, desesperada y viciosa que he tenido la desgracia de escuchar. Yo a esa mierda de música llamada rock and roll no le doy ni cinco años de vida”. Como la paloma, el tío Frankie se equivocaba. Pero al final ejemplifica un tanto el movimiento cíclico. Si dilapidamos corremos el riesgo de ser dilapidados y todo es mucho más sencillo. Con reconocer que hay códigos que se nos escapan y hace que algo ‘no nos guste’ es suficiente. Más allá de eso se alcanzan los límites de la ofensa gratuita y perniciosa.  Digo toda esta introducción al hilo de la crítica del nuevo disco de Los Vinagres porque cualquier ‘rockero fundamentalista’ que lo escuche considerará que esto no es rock, en su opinión más suave, y muchos de ellos quizá hasta acompañen la bravuconada con el algún exabrupto. La verdad es que vi a estos jóvenes partirse la cara en un escenario en mitad de una ciudad mediterránea, a las cuatro de la tarde  y en pleno mes de agosto, en la segunda edición de Cooltural Fest, y os aseguro que con más o menos ingredientes añadidos, su actitud y su propuesta es tan rock como el que viste de cuero y se acompaña de todos los tópicos. Y está bien que existan bandas así, que mantengan la constante, pero también que haya valientes como este trío de La Palma que añade ritmos urbanos y sonoridades más bailables al armazón clásico.

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Ilegales – La Lucha Por La Vida

Que Ilegales, con Jorge Martínez al frente, ha sido siempre un grupo indómito es de sobra conocido desde que su frontman andaba repartiendo mandobles (quizá la mayoría sin quererlo) o se paseaba con gabardina y stick de hockey por las calles. Después la cosa se remendó de manera socialmente aceptable, aunque eso no impidió que el bueno de Jorge demostrara en televisión que no se cortaba ni un pelo en sus opiniones incendiarias y con algo de natural aristocracia intelectual frente a la inmundicia generalizada. El caso es que para todo lo que se ha jugado la boca a lo largo de cuarenta años, Jorge sigue siendo capaz de reunir a una impresionante corte de rockeros, artistas más o menos coetáneos en el tiempo o cercanos en espíritu y hasta algún que otro opuesto a poco que descuelga el teléfono o menea el árbol. A falta de giras ‘en condiciones’, es lo que ha hecho para celebrar el cuadragésimo aniversario de su banda. Pero lejos de querer plantear un testamento apócrifo de grandes éxitos con figuras del momento, Ilegales ha querido retarse a sí mismo y a sus invitados a la mesa para grabar canciones inéditas (la mitad) o de muy reciente creación (la otra mitad), con solo una excepción, como veremos más abajo. Un disco que valdría la pena por sí mismo pero que se multiplica gracias a un compromiso palpable en cada una de las colaboraciones reunidas en La Lucha Por La Vida, que son, por orden de aparición: Loquillo, Josele Santiago, Coque Malla, Andrés Calamaro, Los Auténticos Decadentes, Iván Ferreiro, M-Clan, los dos guitarristas de Vetusta Morla, El Niño de Elche, Evaristo Páramos, Bunbury, Cycle con León Benavente, Carlangas de Novedades Carminha, Dani Martín, Luz Casal y Kutxi Romero. Con título inspirado en una trilogía de Pío Baroja… Ni tan mal, ¿no?

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Kaótiko – Sin Filtro

Si es duro salir indemne del paso de los años para cualquier banda de rock más si cabe lo es para los grupos que se mueven dentro de lo que, en términos generales, podríamos llamar punk, aunque sea con una fuerte y marcada tendencia melódica. No hay ni un solo grupo en el que ‘la cla’ no ejerza su función plañidera de la autenticidad, de la defensa de los orígenes y principios de cada una de las formaciones, despreciando cualquier atisbo de novedad, evolución o sencillamente, que no hagan las mismas canciones que antes. Si le pasa hasta al patriarca Evaristo, imagínense con el resto de los mortales. Kaótiko lleva conviviendo con ello, sin hacerle ningún caso, desde hace casi diez años. Desde el EH Calling!!!, por fijar un referente discográfico. Claro, luego llegan los directos en los festivales y ahí poca gente les puede toser en el escalafón del género. Con este caldo de cultivo, tres años después de su anterior Aprende Violencia y con una pandemia de dos de por medio, los de Agurain – Salvatierra presentan el décimo de su trayectoria, noveno de estudio, con bastante poco que demostrar y sí como un nuevo ejercicio liberador para seguir guitarreando y ofreciendo melodías que no por accesibles pierden contundencia y agresividad, intentando dar otra vuelta de tuerca más a lo que ya saben hacer. Si en el anterior era algo más de oscuridad y efectos vocales, aquí ha sido todo lo contrario. Sin Filtro es una apuesta por la autoproducción menos intervencionista, lo que le ha dado al disco un sonido de directo bastante acusado, salvo los dos escarceos electrónico – bailables por los que ya veo a algún integrista del punk rasgándose (más) las vestiduras. Para esta casa es su mejor disco desde el citado EH.

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Pablo Und Destruktion – Ultramonte

En ese inmenso universo de opciones que representa la música, con el asturiano Pablo Und Destruktion me encontré por primera vez en ese oasis en televisión que sigue representando el programa ‘Los Conciertos De Radio 3’, allá por abril de 2016. En aquel momento andaba presentando y girando con los temas de su último disco de estudio por entonces, Vigorexia Emocional. Desde ese día pasó a formar parte de mi compartimento mental (siempre porosos, eso sí) que podría llegar el nombre de ‘música maldita’ o ‘música de malditos’ o ‘música poético-intensa’, ‘poesía visceral – suicida’, la que prefieran. Es un cajón donde habitan nombres a los que le he tenido devoción y obsesión absoluta en momentos determinados de mi vida, y respeto para siempre como Nacho Vegas, Javier Corcobado y, más duros pero con emociones similares, 713avo Amor o Viaje a 800. Canciones como ‘Bares Vacíos’, ‘Busero Español’, ‘Los Días Nos Tragarán’, ‘A Veces La Vida Es Hermosa’, ‘Ganas de Arder’ o ‘Mis Animales’ se hicieron sitio con rapidez en mis particulares selecciones del género. Rock alternativo, con mucho folk, como una suerte de paranoia psicodélica y unas hechuras muy alejadas a lo que viene siendo ‘la convencionalidad’. Ese soberbio disco de 2015, del que no escribí en su momento porque lo descubrí más de un año después de su salida, tuvo continuidad dos años después en Predación, donde Pablo llegó a todavía más gente con fórmulas que coqueteaban con el rock más al uso y hasta con cierta sonoridad indie. Así, del desvío tomado replicaría en recato y parquedad en Futuros Valores, más sobrio, desnudo y adusto. Un ejercicio voluntario de apartarse de las expectativas, por más que ‘Gijón’ diera tantísimo que hablar. Ahora, tras casi dos años de pandemia, llega Ultramonte. Quizá su disco más rico musicalmente, más decidido y más equilibrado, si es que ese adjetivo todavía puede aplicarse a algo.

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Vega – Mirlo Blanco

Más alto, más lejos, más fuerte. El lema olímpico original bien vale para representar el triunfo personal e individual de una persona que ha visto todo negro a su alrededor, hasta el punto de querer abandonarlo todo, y que, sin embargo, acaba sacando las ganas, el valor y la valentía para superar el trance y encontrar nuevos estímulos con los que seguir, con más brío y reafirmación propia su camino. Más alto, más lejos, más fuerte. Es el caso de Vega, la artista cordobesa que se vio ofreciendo un concierto de despedida (sin ser comunicado con anterioridad) en octubre de 2019 que, sin embargo, acabó siendo el bello comienzo de una nueva etapa, mucho más decidida, mucho más libre si cabe. Se alinearon los astros con el cariño de los compañeros de profesión, con un público que agotó entradas meses antes, con el resultado de la grabación y, especialmente, con las reconstituyentes emociones vividas durante la histórica velada. Uno no puede huir de lo que es, así que Vega entendió entonces que no era el momento, que había que seguir cantando porque la llama seguía encendida por más decepciones, contratiempos, sinrazones, discriminación negativa y cansancio de llevar todo autogestionado llevara encima. Ni siquiera una pandemia que truncó la gira de continuación que vino aparejada al lanzamiento de aquel directo ha podido con la entereza de Vega. Armada con su gente de confianza, grabando a la vieja usanza, partiendo de lo que iba a ser su canción de despedida como base, ofrece en Mirlo Blanco su décimo trabajo discográfico de estudio, el quinto de manera independiente. Un álbum de doce canciones de atmósferas distintas pero con el sentimiento común de la autodeterminación y el poder de la voluntad como medida de éxito.

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Porco Bravo – Somos

Decidí hace tiempo que de todos los días posibles para escribir la crítica del cuarto disco de Porco Bravo, este Somos que hoy nos ocupa, el 16 de febrero era el mejor de los días para ello. Fue el día, de 2017, que Pulpo, guitarrista de la banda, pasaba al otro lado del escenario, dejando unas ganas de rendirle honores para toda la vida por parte de sus compañeros. Así lo hicieron en el Porcofest en su memoria, que comparten cada año y, cómo no, se deja sentir en el primer disco de estudio sin él. Tras un curso complicado, Porco Bravo decidió hacer un parón indefinido tras aquel evento, a lo que se sumaron más pérdidas (la N y la P de la portada son por Nines -pareja de su guitarrista y compositor- y el propio Pulpo) y también paternidades. Cuando por fin tenían la maquinaría en marcha, llegó el contratiempo sanitario. La banda iba a entrar al estudio para grabar el presente disco el 16 de marzo de 2020, pero tres días antes se decretaba el Estado de Alarma y el férreo confinamiento. Ante esta situación y ante la imposibilidad de poder realizar una gira ‘lo más normal posible’ (lo que es acostumbrarse a usar aberraciones de este tipo…) el grupo optó por ir retrasando el lanzamiento que diera continuidad a La Piara de 2016. Pero, claro, sin disco y, sobre todo, sin girar, los ahorros se fueron yendo poco a poco entre local y ‘porconeta’ y se apostó por un crowdfunding que también ha tenido sus propios contratiempos. El caso es que uno de los mejores grupos de power rock en castellano, por la vía Turbonegro y Mötorhead, tiene nuevo disco y la piara soltando guarridos de felicidad y, por qué no, también sorprendida por algunas novedades estilísticas que obedecen a tanto dolor asumido en este tiempo y como por los dos nuevos integrantes del grupo. Hoy era el día de la crítica de Porco Bravo y allá vamos.

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Bourbon Kings – XXX

En el fragor de la noche, a la luz de la luna es cuando los ‘moonrakers’ (contrabandistas) de los Apalaches producían y distribuían whisky clandestinamente durante la ley seca de hace aproximadamente unos 100 años. Whisky destilado, a menudo de 95º. Las ‘X’ indicaban cuántas veces había pasado el lote ilegal de alcohol por el alambique. Tres ‘X’ significaban que lo había hecho tres veces y que el brillo era puro. Tres. Llega el tercero”. Así presenta la propia banda navarra Bourbon Kings su tercer álbum discográfico de estudio desde el interior de portada, tras su estreno en 2015 con 40º y su continuación en 2017 con Performance. Pude verles con aquella gira en el marco de la fiesta de bienvenida de The Juergas Rock Festival de Adra y lo cierto es que cumplieron con solvencia porque desde entonces tenía claro que se merecían unas líneas para su siguiente lanzamiento. Para esta ocasión, el grupo ha contado con producción propia y de Iker Piedrafita de Dikers, que también se hizo cargo de las labores de las mezclas y la masterización. Con este ‘triple equis’ la formación presenta una evolución de todo lo apuntado en sus hermanos mayores, un sonido que se basa clara y ampliamente en los cánones básicos de rap metal de armazón nu metal propio de los años noventa pero aquí evolucionado con toques más contemporáneos, sobre todo en algunos coros y en arreglos menos anquilosados, lo que de alguna manera les ha ayudado a crear estribillos mucho más naturales, pegadizos y efectivos. La etiqueta negra de su cosecha, sin duda. El golpe en la mesa definitivo.

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El Bombo – El Disco

Estoy convencido de que no he escrito con tanta continuidad sobre bandas locales en los alrededor de veinte años de periodismo y crítica musical como lo que vengo realizando de manera constante y regular desde el pasado mes de enero hasta este mitad de febrero (de hecho el viernes se avecina otro concierto más). Desde el 30 de diciembre hasta hoy, han pasado por aquí Brasi, JJ Fuentes (por partida doble), Antonio Álvarez, Lepanto, Los Ruina, El Lunático, Juan Trece, The River Band… Y hoy es el turno para otro más, El Bombo. Es el nombre artístico bajo el que encontramos a Diego Teruel Soler, de quien ya hemos escrito al ser una de las dos voces principales de No Potable. Un grupo que, antes de la pandemia, había llegado a traspasar hacía tiempo los límites provinciales para colarse en festivales como el Weekend Beach de Málaga. Un formato que les viene como anillo al dedo como bien sabe el público de The Juergas Rock Festival (han estado en casi todas las ediciones), el del Solazo Fest (dos de dos). El caso es que el parón pandémico hizo que Diego retomara algunas canciones propias y les diera una forma mucho más rica en matices y menos veloz o encorsetado que el ska de tintes épicos, entre Ska-P y La Raíz, de No Potable. Presenta en El Disco diez temas de lo más sorprendentes, adictivos y melódicos, que se mueven con soltura en territorios accesibles de rumba rock, actitud casi ‘garrapatera’ y pinceladas varias que van del rap metal al funky e incluso el pop a secas. Honestamente, muchísimo más de lo que esperaba. Es de esos álbumes que uno sabe que hace unos años hubiese vendido copias como churros.

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