Cierre de cartel y playlist de 10º The Juergas Rock Festival 2023

Transición y efectos pandémicos superados con éxito. Ese es el feliz titular que nos dejó la novena edición de The Juergas Rock Festival, celebrada el mes de agosto del pasado 2022. Y no era fácil vaticinarlo porque la incertidumbre era grande. El cambio de propiedad en la última edición antes de los dos siguientes años complicados por la pandemia hacían, de alguna manera, entrever que The Juergas Rock ‘se la jugaba’ en la edición de 2022 y para triunfo de público, bandas, organización, patrocinadores y medios de comunicación, el resultado fue excepcional. Qué mejor base que esa para preparar, nada más y nada menos, que un décimo aniversario como el que se desarrollará los días 2, 3, 4 y 5 de agosto en la localidad costera almeriense de Adra. Una cita que vuelve además con el impulso de recuperación de viejas costumbres ‘sacrificadas’ en aras de aliviar costes, como es tanto el escenario Agustico como la fiesta de bienvenida. A falta de concretar los nombres de dicha velada, hoy se ha desvelado el cierre del cartel, con otros quince nombres propios entre los que destacan S.A., Talco, Los De Marras, El Canijo De Jerez, Los Chikos Del Maíz, Porretas, Kaos Urbano y con especial agrado la inclusión de los emergentes La Élite y el local El BomboRockSesión volverá a estar un año más cubriendo un festival que hemos tenido la suerte de ver crecer cada año, en el que incluso hemos trabajado durante un par de ediciones haciendo entrevistas. Como es tradición también, os completo la playlist recomendada para ir calentando el ambiente de aquí a agosto, que actualizaremos con la fiesta de bienvenida junto con los horarios. Está organizada con una canción por banda en el primer bloque y, a continuación, bloques de cuatro temas de cada una de ellas. Nos vemos en Adra. Quien quiera que le firme allí mi libro de Poesía Básica. Extrechinato y Tú ensancha el alma, ¡que avise!

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Havalina – Maquinaria

Muy mal tiene que evolucionar un disco para que eche a perder un arranque tan magnífico como el desarrollo instrumental (de más de la mitad de la duración del tema) del primer corte de esta Maquinaria. Tampoco es sorpresa si tenemos en cuenta que quien lo firma es una banda como Havalina, a la que siempre le he tenido un respeto brutal por la autenticidad de su rock, que ha jugado siempre en territorios sobrios, rozando el rock alternativo artístico, el stoner, los desarrollos más espectrales y una técnica que nada tiene que envidiar a los monstruos totémicos del progresivo, aunque siempre de manera contenida a beneficio de un impacto más inmediato de la canción. Ahí quedan cortes magníficos como “El Estruendo”, “Desinspiración”, “Imperfección”, “Incursiones”, “Objetos Personales”, “Viaje Al Sol”, “Tus Huesos”, “Norte”, “Las Hojas Secas” o “Desierto”. Angustia, desarrollos vibrantes, tan capaces de congelar con frío o arrasar de manera abrasadora, de navegar por terrenos de shoegaze o tener cierto punto de electrónica oscura, de lo oriental a lo sureño. Y con esa experiencia y terrenos andados, más de cinco años después de su anterior álbum en estudio, Muerdesombra, llega este nuevo álbum con halo conceptual donde el ser humano se rebela contra la falta de sentimientos de los engranajes para buscar, precisamente, algo de humanidad entre la desolación. Por el camino rock, cruento rock, pero también ambientaciones electrónicas, pasajes intrincados más complejos y el poso que da llevar más de veinte años a contracorriente de modas. Honor y respeto, siempre, para Havalina.

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Ciudad Jara – La Velada del Lobo

A Ciudad Jara le cogió el arranque de la pandemia justo en la primavera y el verano que tenía firmadas numerosas fechas y festivales donde presentar su nueva propuesta, a caballo entre la clásica canción de autor reivindicativo y con esencia de folclor latinoamericano y esa épica más rockera de la banda que dejaba atrás. Su carta de presentación, Donde Nace El Infarto, era tan híbrida que lo mismo confirmaba festivales de corte ‘indie’ como Cooltural Fest Sonorama, que de mestizaje como Rabolagartija y a buen seguro pintaba a ser incluido en aquel ‘interrumpido’ Viña Rock. En 2021 salió de gira en formato íntimo, con conciertos adaptados a las circunstancias, despachó la nada despreciable cantidad de más de treinta actuaciones bajo el nombre de Solo Nos Queda Una Espina, y en otoño decidió recluirse para dar forma a su segundo trabajo, Cinema. Un debut permite ubicar el punto situacional, el segundo es el que empieza a dibujar la trayectoria, de ahí su importancia. Y en esa segunda entrega Pablo refrendaba su camino alejado de viejas fórmulas, buscando ya sin ambages el ambiente intimista y de autor que combina la nostalgia de niñez con la mirada más madura. Lejos de proclamas y más de la reflexión. Con un halo conceptual, Cinema era la entrada definitiva de Pablo en un circuito que busca confidentes que escuchen más que seguidores que griten. Fruto de los conciertos de presentación del segundo álbum, Pablo y Tato James compusieron esta colección de temas en los que las frescura y la algarabía del directo se traduce en canciones muy optimistas, más ligeras y directas, que vienen a completar de alguna manera una trilogía variada que recoge todas las influencias y gustos sonoros de un Pablo que termina de quitarse cualquier tipo de amarre ni límite a la hora de cantar y llevar las canciones. La Velada del Lobo es una buena piedra de toque que sacude penas y le da una tesitura complementaria a todo lo planteado.

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Carmencita Calavera – Una Noche En El Desierto

A la banda granadina Carmencita Calavera le tenía marcada la pestaña de seguimiento desde que, en el primer aniversario de la apertura pandémica, pude verles en directo por primera vez en una de las actuaciones con sillas y distancias de Cooltural Go!, el ciclo de casi cuarenta conciertos con el que Cooltural Fest regó cuatro meses de programación de mayo a septiembre de 2021. En aquella ocasión se encargaban de abrir la velada para La Pegatina y me convencieron en su aprovechada actuación de apenas cuarenta minutos. La sorpresa entonces fue de lo más agradable, con su punk equilibrado entre el old school, la serie B con tintes surf, los toques sureños en su conexión tex mex con algo de espíritu de corridos y tequila. Esa guasa y toque de humor se destila desde ya desde la portada (obra de Alhama Molina – Miss Comadres) de lo que viene a ser su tercer trabajo hasta la fecha después del álbum epónimo Carmencita Calavera de 2017 y el EP Un Día En Éxtasis de 2019. Una virgen Inmaculada portando una escafandra de estrellas que bien podrían simbolizar las de Estados Unidos o la Unión Europea, con un tiro en el cristal, un envoltorio de las míticas Maritoñi (dulce típico granadino muy popular desde la infancia post Guerra Civil) en las manos y un guiño al diseño de la portada de The Dark Side Of The Moon de Pink Floyd, con esa descomposición cromática de la luz al atravesar el prisma. Un álbum de ocho temas que viene con las garras afiladas y con una variedad de registros aun mayor que lo ya apuntado en aquel concierto. La banda está formada por Carmen Caballero a la voz, Ignacio García Medina en el bajo, Rafael Navajas en la batería, Luigi Ramos en la guitarra, a quienes se han sumado Wilma Lorenzo en los teclados y Migue Romero a la trompeta.

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Los Brincos – Los Brincos (1964)

Esta semana sí. Aunque desde el principio de los tiempos de esta casa hemos abogado por dar cabida en las críticas remember de algún que otro viernes a bandas que sentaron cimientos de lo que vendría a ser nuestro rock en los setenta (y alguno antes), como El Dúo Dinámico, el disco de Sabicas con Joe Beck, Lone Star, The Storm, Miguel Ríos, Leño, Triana, Asfalto, Alameda, La Banda Trapera del Río, Bloque, Tequila… Fue cuando hice la crítica remember de Los Pekenikes cuando decidí tomar la disposición más férrea de traer a grupos pioneros con mayor frecuencia, casi siempre difuminados por ese mencionado estallido setentero. Hoy nos ocupamos de Los Brincos. Una formación que dentro del beat de corte Beatles y el garaje de guateque siempre me generó una brutal simpatía porque consideraba que su empaque rítmico tenía un plus de potencia y fiereza que le entroncaba directamente con el rock que vino años más tarde. Así lo han visto también muchas otras bandas, como la de rock y ska Salida Nula, versionando el conocido “Flamenco” o los magníficos 091 cuando hicieron lo propio con “A Mí Con Esas”. Es cierto que no todas sus mejores canciones se ubican en el mismo disco, pero esos dos temas, junto con “Borracho”, “Tú Me Dijiste Adiós”, “Mejor” o “Nadie Te Quiere Ya” dibujaban un corte taciturno y atormentado, muy castizo, propio de esa ‘pena negra’ como a mí me gusta llamar a lo que muchos años más tarde harían formaciones metaleras como Hora Zulú, Fausto Taranto o Melibea. También habría luz con las conocidas “Un Sorbito de Champagne”, “Lola” o “Baila La Pulga”. Sea como fuere, honor y memoria para Los Brincos y su legado más que aprovechable y disfrutable, todavía hoy.

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Fito: «Es maravilloso que se haya testimoniado toda esa época en un libro como el de Extrechinato y Tú»

Tal y como apunto en el libro, Fito Cabrales tiene, entre sus muchos honores, el de haberme ofrecido una de las mayores sorpresas que me ha dado la profesión a lo largo de los años gracias a este libro. Cuando quise contactar con él para realizar la entrevista para tener testimonios suyos exclusivos para Poesía Básica. Extrechinato y Tú ensancha el alma (tal y como hice con Chinato, Robe Iñaki y otros muchos), lo hice a través de los cauces oficiales, dando casi por hecho que tendría que tirar de agenda en planes B, C o D. Al final, resulta que esa misma tarde me llamó ‘a teléfono descubierto’ porque le habían reenviado mi correo ‘oficial’ y le había encantado la idea. «Joder, es maravilloso que alguien se haya dedicado a documentar toda esa época, que para nosotros igual está un poco nublada por toda la velocidad de aquellos años y que cuente con todos». El pasado 10 de de febrero Fito & Fitipaldis actuaba en Roquetas de Mar y allí que me fui a verles para cumplir con la palabra que le di a Fito tras la entrevista que tuvimos en noviembre: «en ese concierto, te llevo un libro, que sale a final de enero». Dicho y hecho. Fui invitado a ver toda la prueba de sonido y, a su término, volvimos a encontrarnos y estuvimos charlando un poco, esta vez con numerosos abrazos de por medio, para cerrar el círculo. Me pidió que le dedicara el libro después de hacernos la foto. «No esperábamos nada del disco. Solo queríamos hacer algo juntos, no contábamos a priori ni con los seguidores de Extremoduro, ni con los de Platero, y que al final fuese Disco de Oro… ¡y que años después todo se cuente en un libro! ¡Es la hostia!». El libro está a punto de cumplir un mes a la venta. Lo tenéis en librerías (si no lo tienen lo piden y llega en pocos días) y también en la tienda de Efe Eme (sin gastos de envío), en Amazon (lleva ¡15 días! como el más vendido en la categoría de ‘Referencias de música’, en La Esquina del Zorro, en Fnac, El Corte Inglés, La Casa del Libro

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Corada: «Reflexión e impulsividad, ¡hacemos un rock donde las letras importan!»

Nunca es fácil echar a andar con una nueva banda, una nueva cabecera, un nuevo nombre con el que llegar al público, pero cuando tras dicha nomenclatura se encuentran músicos curtidos y experimentados ya en otras lides, como es el caso, está garantizada una calidad y solidez significativa de cara a afrontar la escucha de su debut. Es lo que ocurre con Corada y su estreno en el sobresaliente De Vuelta De Nada. En esta nueva formación en la que encontramos al dúo formado por Joanjo Bosk y Albert Serrano. A Bosk (voz, coros y letras) le tenemos ubicado desde los tiempos de Aspid, banda que acabó muriendo un poco en la incomprensión de su propuesta más lírica, y posteriormente como cantautor rockero más al uso, recordando autores clásicos de la canción catalana o haciendo un EP temático sobre bombardeos nazis en el 38 o el 39, como hizo años después convirtiendo “The Partisan” a “El Maquis”. Por su parte, Albert Serrano (arreglos, guitarras eléctricas, acústicas, mandolina, mellotrón, pads y hammond) ha sido guitarrista de estudio de numerosos autores del pop rock nacional e incluso se le ha podido ver de gira, que no es poca cosa, en los exigentes directos de Manolo García. Hemos tenido la oportunidad de mantener una larga y agradable charla con los dos protagonistas, que reflejan en su música una combinación de reflexión, energía, ilusión y ganas por hacer llegar al público el resultado de sus múltiples influencias, en un álbum de canciones muy cuidadas en sus melodías, textos y arreglos.

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Fino Oyonarte – Arrecife

Resulta fascinante, al menos para mí lo es, que un músico con más de treinta años de carrera, desde los tiempos de bajista en Glutamato Ye-Yé, pasando por su impresionante trabajo en Los Enemigos y como productor de algunas bandas destacadas de los noventa, con escarceos paralelos en Clovis o Los Eterno, sienta la inquietud de presentar su propia narrativa y propuesta artística con 54 años, como hizo en 2018 en Sueños y Tormentas, un disco al que llegué, como muchos, tras su aparición en el programa Un País Para Escucharlo de Ariel Rot, donde interpretó uno de sus temas acompañado por una sección de la Orquesta Ciudad de Almería. Después de centrarse a continuación en lo que sería el brutal último disco de estudio de Los Enemigos hasta la fecha, el fantástico Bestieza, que tuvo la mala suerte de salir un día antes de que nos recluyeran a todos en el confinamiento de marzo de 2020, por lo que toda la gira estuvo condicionada y afectada por lo que no tuvo un desarrollo ‘normal’. En ese impase, Fino optó por seguir buceando en la manera de escribir, perfeccionando algún material que no entró en su debut solista y creando nuevas canciones (paradójicamente las más optimistas y vitalistas del álbum). Un proceso en el que no estuvo exento de pena puesto que perdió a su madre y, menos de un año después, a su padre, a quienes dedica sendos temas que cierran cada cara del vinilo, cada bloque del cedé. Un disco esencial, en continente y en contenido, para el que ha contado con hasta catorce músicos, pero que no por ello se aleja de un delicioso minimalismo preciosista que construye belleza desde la reflexión y la música más delicada, sutil y cuidada.

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Revólver – Adictos A La Euforia

En enero de 1989, Carlos Goñi decide fundar Revólver, grupo con el que daría continuidad a una carrera musical que inició cinco años antes bajo el nombre de Garage y con mayor perdurabilidad con Comité Cisne. Ahora, 34 años después y tras diecinueve trabajos discográficos previos, entre los que se incluyen sus famosos Básico de los que hay hasta cuatro volúmenes, llega bajo el nombre de Adictos A La Euforia su vigésima álbum. Nada mal para quien ha sido (es) uno de los grandes letristas y compositores del rock de nuestro país. Y, claro, en una carrera de largo recorrido como la suya hay espacio para todo tipo de ondulaciones, búsquedas y maneras de hacer. Después de haber simplificado su discurso en Babilonia y suplirlo con más cantidad de temas en Capitol, estos cinco años han rearmado al bueno de Goñi para volver con su capa más esencial y germinal, recordando en estos nueve temas (uno de ellos es una versión al castellano de la archiconocida “Johnny and Mary” de Robert Palmer) todas sus influencias que le impulsaron a paliar con la guitarra la lesión adolescente que le retiró del balonmano. Volviendo al sonido del rock americano al uso, también con un par de escarceos del folk más Neil Young y con canciones que vuelven a abrir la presa hacia el río con letras como las de “El Anillo De Boda” o “Calor y Tiempo”, que tienen hechuras antológicas para el otoño de su carrera. Para rematar, el tono general del álbum es profundamente vitalista, por dos motivos fundamentales: su rechazo a escribir ni una sola línea en tiempos de pandemia y por un saneamiento y depuración corporal que completa la renovación.

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Lori Meyers – Cronolánea (2008)

Ayer mismo decía en la presentación de la crítica de lo último de los jóvenes gallegos TNT Band (grupo del que llevamos hablando aquí desde que tenían 14 años) que, aunque más o menos tengo una relación de discos pendientes de los que escribir, las semanas van cogiendo vida propia. Tal cual ha vuelto a ocurrir con la crítica remember de los viernes en esta ocasión, ya que la tenía programada para Los Brincos (ya os lo avancé con la mirada primer elepé de Los Pekenikes, que tengo la firme intención de reforzar la presencia de pioneros en esta sección con mayor frecuencia de lo que ya hacíamos de por sí) y sin embargo la actualidad me ha hecho cambiar de elección esta misma mañana. Para los más desconectados, todo viene dado porque esta semana salían a la venta las entradas para lo que iba a ser (y lo será finalmente) un apoteósico concierto de los granadinos Lori Meyers en el Wizink Center de Madrid el próximo 30 de diciembre. Pronto surgió la polémica porque lo que se ha venido ‘tolerando’ con muchos artistas internacionales: la división de zonas dentro de la propia pista, con precios desorbitados con ciertos ‘derechos’ (denme comillas más grandes) como que una azafata te sirva una copa de cava y demás aderezos como fiesta previa con DJ (150 euros) o Golden (45 euros). Claro, para una banda que ha mostrado cierto compromiso o visión más crítica de la realidad, sin ser necesariamente panfletaria, chirriaba de manera escandalosa. Una gentrificación de los conciertos bastante perversa y unas redes soliviantadas. Después de dos o tres días de ruido, la propia banda emitía un tuit clarificador: «A la mierda las zonas Golden y VIP. Toda la pista a 35€. A los que habéis comprado esas entradas muchísimas gracias, se os devolverá el importe completo o la parte correspondiente si pasáis a pista u otra localidad. Nos vemos el 30 de diciembre en el WiZink».

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