Archivo del sitio

Califato ¾ – Lô Amantê de Çan Pablo

Que el boom promocional mediático haya bajado después de la publicación de su espectacular y atinadísimo La Contraçeña el 28 de febrero del año pasado no significa que los buenos de Califato ¾ esté de brazos cruzados. Además de una ingente cantidad de citas para la agenda de conciertos y festivales, la formación flamenco – eléctrica – transgresora viene de publicar el pasado año su ‘No Înno de Andaluçía’ con el que cerraban sus conciertos el verano pasado, hace unas semanas La Contraçeña (RemÎççê Bol. I) y, hace apenas dos semanas un nuevo single de lo más jugoso, con los nueve minutos de su revisión de Montescos y Capuletos en ‘Lô Amantê de San Pablo’, que le da título, y una ‘cara B’ de naturaleza instrumental (aunque regada de quejíos de Andrés de Jerez) con el nombre de ‘Compañerita Mía’. En los dos primeros elepés Califato ¾ lo hacía sumando a la esencia rock que late, ingredientes de breatbeat y mucho de folclore, flamenco, (semana)santero e influencia árabe. Un combinado tan explosivo como adictivo que, además, nacieron de sesiones ‘de encierro’ de varios días entre sustancias, instrumentos y aparatos. Viejos métodos para nuevos delirios. Pero funciona de escándalo. Pero lejos de anclarse en una fórmula acomodaticia de efectismo fugaz, Califato nos ha sorprendido a todos con esta suerte de casi ‘ópera rock’ en la que se busca más el preciosismo y el detalle que los fuegos de artificio. Además, el tema principal viene en forma de videoclip que es casi más un cortometraje. Otra puerta abierta (o derribada) que viene a ejemplificar que entienden poco de límites y fronteras y que les sitúa en una imprevisibilidad que genera cierta adicción.

Lee el resto de esta entrada

Minutos Robados – Volviendo Al Camino

En el arranque de este 2022, que encara ya en el horizonte su sexto mes, os di a conocer a Juan Trece, nombre artístico de Juan Antonio Montoya de las Heras. Uno de esos ‘currelas’ de rocanrol que, a sabiendas de que ya las mieles del éxito y la popularidad no van a llegar como los héroes de los poster de la pared de la juventud, sigue con la ilusión y el compromiso del primer día editando material con frecuencia sin perder ni un ápice de energía y actitud. Tal es así que actualmente combina dos firmas. Por un lado, en solitario como Juan Trece, con el que ha publicado Por Si Me Muero (2019), Caminos Aquellos Instantes (ambos en 2020) y a final del pasado año el Noches En Vela que analizamos entonces, y con la banda Minutos Robados (con quienes ya había publicado el EP Huellas del Tiempo en 2019 y el sencillo Tierra de Nadie en 2021) y con quienes ahora lanza en formato digital un nuevo trío de temas bajo el nombre de Volviendo Al Camino. Tanto a solas como con banda, que se completa con los más que solventes José Luis Carrión -guitarra y coros-, Fran Moreno -batería y coros- y Jesús Morales ‘Ranuchi’ –bajo-, destila un sonido sin ases en la manga y sin dobles lecturas, rock de esencia bluesera cruda y cortante. Si a solas reluce más la esencia de bluesman con tendencia a la soledad del alma callejera (que no es lo mismo que urbana) y a la literatura derrotista (en 2018 publicó su primer libro de poemas, titulado Latidos de un corazón desvencijado y vetusto) con el grupo el músculo guitarrero y rítmico de los compañeros le dan un punto más accesible, pero con un delicioso sonido clásico que conduce inevitablemente a un blues rock que derrocha estilo especialmente en los solos, prestadles atención, y con algo de atrevimiento en el resto de arreglos.

Lee el resto de esta entrada

Biznaga – Bremen No Existe

Llevo muchos años ‘alertando’ a quienes por sistema rechazan todo aquello que va al saco del ‘indie’ (véase esta categorización a través del tipo de festival donde tocan o por los medios de comunicación que hablan de ellos de manera mayoritaria) que se están perdiendo a una serie de bandas de lo más recomendables. Los ejemplos se pueden contar por decenas, cada uno con sus particularidades específicas. Que si León Benavente, Vetusta Morla, Triángulo de Amor Bizarro, Airbag, Nudozurdo, Carolina Durante, Los Punsetes, Ángel Stanich, Inc, Chica Sobresalto, Love of Lesbian, Los Hermanos Cubero, Mausoleo, Sandré, Sidonie, Depresión Sonora, La La Love You, Alice Wonder, María De Juan, El Columpio Asesiono, Kitai, Sexy Zebras, Varry Brava, Novedades Carminha… En fin… Que como veis la cosa da para mucho. En esa lista de elementos recomendables que no deben circunscribirse a un engranaje excluyente podéis añadir, desde sus comienzos, a Biznaga. Desde su demo y primer EP de hace diez años, rabiosamente punk, a esa búsqueda equilibrada con la melodía forjada con Centro Dramático Nacional (2014), Sentido Del Espectáculo (2017) y Gran Pantalla (2020). Siempre amantes del desencanto y el descreimiento hacia una sociedad en la que sobreviven pero en la que no creen (ni tampoco en su generación, como plasmarán de manera explícita en este álbum), Biznaga terminan de trazar la línea de separación conceptual con su mundo en este Bremen No Existe, trayendo como referencia la Ítaca soñada por los animales que escapaban del sacrificio. Por si hubiera dudas de las intenciones (ya lo decía Bart hace 20 años, “gracias a la televisión no recuerdo ni lo que ha pasado hace ocho minutos”) lo refuerzan en el subtítulo: “Música para otra generación perdida”.

Lee el resto de esta entrada

Luz Casal – Solo Esta Noche

Resultan sorprendentes los vericuetos y trayectorias que va dibujando la vida y, como extrapolación a la música, las que ofrecen las carreras de algunos artistas que llevan en el imaginario colectivo tres o cuatro décadas. Que Solo Esta Noche sea el primer disco y deuvedé en directo de Luz Casal es tan increíble como cierto. Y no habrá sido por falta de ocasiones o por déficit de facultades. Sea como fuere, cuarenta años después de la publicación de su primer larga duración (Luz, 1982), la artista gallega aprovechó la exclusiva oportunidad que le concedió ofrecer un concierto el 21 de julio del pasado año en la Plaza del Obradoiro de Santiago de Compostela y acompañada por la Real Filharmonía de Galicia, bajo la dirección de Paul Daniel y con el trabajo del arreglista César Guerrero, para dar el ‘sí quiero’ y compartir al fin Solo Esta Noche. Toda una declaración de intenciones desde su título. (No olvidemos que algo así también haría El Drogas con aquel maratón de cinco horas, varios registros musicales y escenarios y una veintena de invitados al que tituló Un Día Nada Más). Con Luz siempre me pasa que me sobrecoge la entereza que ha demostrado siempre incluso cuando la salud le jugó dos manos malditas que superó con la misma presteza con la que es capaz de entrar en el corazón. Siguiendo con ejemplos, conectando con la disparidad de trayectorias, resulta paradigmático que, por otro lado, uno de los artistas con más directos y vídeos oficiales editados de nuestro país, Enrique Bunbury, se vea abocado a dejar los escenarios por problemas de salud y garganta a la hora de interpretar. Quién podría imaginar una cosa o la otra. Qué hacer cuando se vive siendo esclavo de la intensidad.

Lee el resto de esta entrada

The Dry Mouths – Thödol

La dinámica de trabajo lleva a abordar escuchas y ‘trabajadas’ de discos de manera casi sistemática, al objeto de poder traeros aquí una crónica más o menos certera de las emociones que despierta. En esa bendita costumbre, a veces ‘lo que toca’ no es lo que más te apetece, pero hay otras que uno encuentra una comunión perfecta entre el oficio de contar y el arte de escuchar. No hay nada como cuando un disco te llega con sus emociones en el momento idóneo y preciso. Y con The Dry Mouths es cierto que me viene ocurriendo con frecuencia tanto con los discos como con los conciertos que me ha tocado cubrir, y vuelve a pasar con su nuevo trabajo lanzado hace apenas diez días, este Thödol que vuelve a la senda de lo completamente instrumental. Después de liberar dos discos en los que todavía se sentía el calor de su bajista Andy Reyes, Memories From Pines Bridge y Lo-Fi Sounds For Hi-Fi People, el trío aborda en este Thödol un ejercicio conceptual en torno al Libro Tibetano de los Muertos, que viene a ser como una guía para moribundos y para recientemente fallecidos para encontrar el camino a la reencarnación. Es fácil caer en la impostación y el postureo ante tan magno reto, pero con The Dry Mouths no hay ni medianías ni brindis gratuitos. La banda consolidada ya con Víctor Gutiérrez como bajista, acompañando a Josh Morales a la batería y Christ O. Rodríguez a la guitarra (y esta vez también sitar y sintetizadores) ofrece un viaje de meditación real y efectivo, que ofrece paz entre sonidos de guitarras, baterías rituales, atmósferas epatantes y una ejecución de alta categoría.

Lee el resto de esta entrada

Boni – Nada Más

Escribía hace unos días, al hilo del doble concierto de despedida de Siniestro Total desde el Wizink Center que “Julián Hernández y Miguel Costas, que dejó la banda en el 94, y el resto de músicos han dado un ejemplo magistral de cómo se debe actuar en situaciones que merecen enterrar divisiones, ofreciendo la despedida perfecta para quienes soñaban volver a verles en escena juntos”. Un concepto similar se puede aplicar a este doble cedé y triple vinilo en el que hasta 26 bandas (que realmente son 27 porque uno de los temas reúne a dos) rinden honores a Boni, nuestro Boni, fallecido en enero de 2021. Lo hacen por méritos propios, porque su legado merece ser recordado, reivindicado y redifundido para los distintos seguidores de cada uno de los grupos participantes. Pero también porque el álbum tiene una labor altruista de cara a la familia de Boni, puesto que los beneficios serán para ellos. Un trabajo descomunal que se ha gestado gracias a la cabeza siempre pensante y leal, sujeta a códigos de honor hoy en peligro de extinción, de Kutxi Romero, que ha tirado de rock-agenda (además de de Kolibrí para la parte técnica) para reunir a esta jauría de aullidos para rendir tributo a una de las figuras esenciales de nuestra música (Muchas de ellas me las puso en su móvil en aquella tarde – noche – madrugada de agosto pasado). Por eso hay mucha escuela navarra, mucho grupo cercano al universo cercano a Berriozar, pero también sus viejos compañeros, sus alumnos más aventajados, otros nombres más lejanos y hasta alguna sorpresa fuera del género. Como decía, la ocasión lo merecía (en esta casa le despedimos con un artículo de esos de corazón en el teclado) y la persona todavía más. M-Clan, Rosendo, Rulo y La Contrabanda con Fito Cabrales, Tahúres Zurdos, Izal, Miss Octubre, Los Zigarros, Sínkope, Reincidentes, Ciclonautas, Dikers, Leize, Malaputa, El Drogas, Marea, Rozalén, Sôber, Tropa Do Carallo, La Fuga, Jesús Cifuentes de Celtas Cortos, Bocanada, Koma, Desakato, Parabellum, Porco Bravo y Uoho se suman a la pleitesía, que culmina con un inédito del propio Boni. Pasión por el ruido.

Lee el resto de esta entrada

La Vela Puerca – Discopático

“Aquel que ostenta la enfermedad de los discos. Ésta afecta al disco intermusical que se encuentra formado por una sustancia vinílica llamada LP. Está alojada entre cada surco y su función es proporcionar felicidad a los oídos”. Así definen los uruguayos La Vela Puerca el significado de Discopático, el título elegido para el que viene a ser su octavo disco de larga duración, que llega cuatro años después de Destilar. Como me contaba Sebastián Cebreiro la semana pasada en una entrevista en exclusiva concedida a RockSesión, es un disco hijo de la pandemia, puesto que el impedimento a salir de gira les ha hecho tener más tiempo que nunca para trabajar y rodar las canciones en su local y estudio, regándolo así de arreglos de teclados y un no buscado equilibrio entre las canciones enérgicas y poderosas con la introspección habitual. La Vela Puerca son, desde el principio (1995) y hasta hoy: Sebastián Teysera ‘Enano’ (voz y guitarra), Sebastián Cebreiro ‘Cebolla’ (voz), Carlos Quijano ‘Coli’ (saxo tenor), Santiago Butler (guitarra), Rafael Di Bello (guitarra) y Nico Lieutier (bajo), con Alejandro Piccone ‘Ale’ (trompeta y flügel) desde el 98, José Canedo ‘PP’ (batería) desde 2004 y Diego Méndez (teclados), desde 2014. Ellos se han encargado de la producción con el apoyo de Alejandro Vázquez y, el resultado, aunque lejos de la mítica mística de los cuatro primeros discos, sí que eleva el nivel con respecto a sus dos predecesores, Érase y Destilar. “Discopático es un reflejo perfecto de lo que vive este grupo humano con respecto a la música y por eso terminamos inventándole un concepto a esa palabra que no existe, para un poco identificarnos a nosotros mismos con ella”. Esta sí sería una dulce pandemia.

Lee el resto de esta entrada

Rubén Pozo – Vampiro

Trabajando este disco me venía constantemente, a modo de titular, uno de los versos del segundo movimiento de Mayéutica, de Robe, ‘Mierda de Filosofía’, ese que dice: “volver a lo primario”. Quizá sean las palabras que mejor definen la nueva entrega del madrileño Rubén Pozo, que viene con su cuarto disco en solitario, quinto si contabilizamos el Mesa Para Dos con Lichis. Y traigo lo de primario porque así lo evoca la escucha de este álbum de diez temas en los que Rubén confiesa haber querido reducir todo (hasta el tiempo dedicado en la composición) para que las canciones reflejen de la manera más fidedigna posible el estado de ánimo en el que fueron concebidas. Sin importar que muchos versos puedan ser mejorables o que algunas canciones se sustenten en todo su metraje en apenas tres acordes sencillos (que no fáciles). Así, el trabajo de producción apuntado por José Nortes en Habrá Que Vivir, que naturalizó el punto científico – artificial de Nigel Walker en En Marcha, gana todavía más enteros en esta entrega, haciendo que, pese a ser un disco predominantemente acústico, no caiga en los clichés del género y se deslizan varias eléctricas en algunas canciones e incluso un saxo en otro de los cortes. Para completar la sensación normalizada, en el disco encontraremos a su hijo Leo tocando la batería en otro tema y contando con una amiga no profesional (Ana Diego) para hacer los coros. Como guinda, un enfoque reflexivo dual (para dentro y hacia fuera) en letras muy certeras de Pozo en, sin lugar a dudas, un disco cantado mejor que nunca. No parece extraño que, dicho todo esto, se acumulen por ahí comentarios  en el mundo digital asegurando que es su mejor trabajo.

Lee el resto de esta entrada

Leone – Canciones de Amor y Odio vol. 2

Con un nombre de banda en clara referencia al director de cine que elevó a mito a Almería como plató natural, con mucho de tino y algo de guasa, Leone se autodefine como una banda de rock, con influencias del bolero, la copla, el surf, el western, la canción mediterránea y, en general, la música en español, como también ‘reivindican’ “el bar español y el plato redondo”. Leído esto, uno se puede esperar una suerte de Gabinete Caligari versión lejano oeste folclórico, pero nada de eso. En un mundo musical donde las fronteras se rompen de manera constante, es complicado definir esa sensación en la que algo que se escucha tenga la capacidad de recordar a media docena de géneros y referencias y, a su vez, que sea imposible de circunscribir cada una de las canciones a un nombre propio o etiqueta única. Es el caso de Leone, banda madrileño-almeriense que, poco más de año después, viene con la segunda parte de su Canciones de Amor y Odio, de mano de nuevo del más que recomendable sello discográfico Clifford Records. Como apunté entonces, en el primer volumen, de donde también extraigo esta introducción ambivalente, Leone borda la emoción entre la pena, el dolor, el desengaño, la falta de superación y las ganas de volver (o recaer) al amor, y el recuerdo a los amigos perdidos en el camino con ese tono grave y solemne, que le sienta como espuela a la bota a su propuesta artística, melodías y desarrollos que parecen curtidos por el desamor, el clavel en la solapa, la copa de brandy, el sol en la piel y las madrugadas interminables. Once temas nuevos que disparan haciendo nuevas muescas en la memoria.

Lee el resto de esta entrada

Manolo García – Desatinos Desplumados

Como decíamos ayer… Desatinos Desplumados es el segundo de los discos que Manolo García ha lanzado de manera simultánea e independiente, emulando así a los foráneos Guns N’ Roses o Bruce Springsteen, que hicieron lo propio en septiembre de 1991 y marzo de 1992, respectivamente. Ayer viajamos con el barcelonés al lado eléctrico desplegado en Mi Vida En Marte que, en términos generales, también fue compuesto con anterioridad a este hermano siamés, que ofrece una faceta mucho más orgánica, acústica y rumbera que, quizá por ello, le esté haciendo ser considerado superior en los foros de opinión. Es curioso que en la lista de ventas haya sido al contrario, Mi Vida En Marte ha entrado al número uno y Desatinos Desplumados al número dos, en cualquier caso superando así ambos a sus potentes compañeros coincidentes en la fecha de salida, Loquillo y su Diario De Una Tregua y Rammstein con Zeit, y a los tótems de la revisión modernista de lo castizo, Rosalía con Motomami y C Tangana con El Madrileño. Quizá el tiempo haga que se cambien las tornas. ¿El secreto de esta preferencia popularizada? Que si teníamos a un Manolo certero en el equilibrio de textos y arreglos eléctricos en el álbum comentado ayer, en el de hoy toda su capacidad para conmover llega de manera más directa y diáfana si cabe, sobre todo por la querencia aflamencada que tan bien le sienta, por un trabajo de coros y segundas voces delicioso y con otro compensado ejercicio de inmediatez de guitarra española con algún otro arreglo de piano más barroco. Trece canciones más para dar un total de 27 composiciones que confirman la trayectoria ascendente dibujada desde Todo Es Ahora.  

Lee el resto de esta entrada